| Dos libros para niños: la narración oral y una familia peculiar Por L.P.N
Fotos Andrés Barca
Dos libros, uno que se inspira en la historia de una familia que ha montado un establecimiento para vender peces y pájaros, y otro nacido a partir de las narraciones orales, fueron presentados por la Editora Abril, este 13 de febrero, en la sala Lezama Lima. Más allá de sus orígenes peculiares, Claudia Elena y sus amigos y Namach, comparten el hecho de haber sido escritos por dos autoras reconocidas dentro de la literatura para niños y jóvenes: Celima Bernal, Premio La Rosa Blanca 2001, y Haydée Arteaga, quien ha recibido el Premio Nacional de Cultura Comunitaria y dirige actualmente la Cátedra de oralidad del Ministerio de Cultura.
Claudia Elena y sus amigos reúne 21 relatos que recrean la vida de una familia compuesta por tres generaciones, y en la que los abuelos son, de alguna forma, los garantes del conocimiento y de la tradición. La forma peculiar de ganarse la vida de estos abuelos y las costumbres familiares facilitan la entrada en el libro de una serie de animales: perros, gatos, peces, jicoteas, que se relacionan afectivamente con los personajes de la historia. Además de sus once libros publicados, algunos de testimonio y la mayoría de literatura para niños y jóvenes, Celima es conocida por la columna, relacionada con las curiosidades y problemáticas del español, que ocupa las páginas del Granma.
Después de que la editora del libro diera a conocer al público cómo Namach pasó de la oralidad al papel, y la intervención en este proyecto de un grupo de suizos que aportaron el dinero para financiar su publicación, Leyda Oquendo se encargaría de hacer una presentación formal de Haydeé Arteaga, refiriéndose al rescate que ella ha hecho de esa tradición oral que nos llegó de África, España y los demás pueblos que conformaron nuestra cultura, y habló sobre la escuela de narradores orales que ha formado esta mujer que ya tiene 88 años, y sobre las generaciones de soñadores que han estado bajo su tutela. Esteban Llorach le haría la contraparte a Leyda, echando a andar un juego de palabras que tomaba prestados los personajes de Caracusenda y Barquito de papel, y pasaba por los tauros, los toros, las vacas, Ubre Blanca, la caperucita roja, para terminar en la predestinación que implica el apellido Arte-Aga.
Para cerrar la presentación de Namach, y como era de esperarse tratándose de una narradora oral, Haydée representó el cuento “Barquito de papel”, en el que una niña sorprende a un niño con un barquito de papel en la mano, y comienza a burlarse de él, porque ya está grande para jugar con un barquito. Pero el niño le replica que él va a echar ese barquito al río para que llegue hasta el mar. La niña vuelve a reírse y le dice que un barquito de papel siempre se deshace, es imposible que llegue hasta el mar. Entonces el niño le explica que ese barquito lleva una carta, firmada por todos los niños, porque pronto los hombres van a construir un puente que les permitirá unirse, y ¡cómo van a faltar los niños a ese momento en que todos los hombres se abrazarán! El señor reloj pronto vendrá para ayudarlo a echar el barquito al río. La niña empieza a entusiasmarse con la idea de firmar la carta y le pide al niño que espere por ella, irá a su casa y regresará enseguida. Y cuando llega Reloj, apenas es posible esperar, pero en el último momento llega la niña, y junto con los demás niños, que se han reunido en la orilla del río, se pone a soplar porque no hay viento, y el barquito está inmóvil. Pero con el aire que soplan los niños, el barquito va cogiendo impulso y cogiendo impulso hasta que se echa a navegar por el río en dirección al mar. |