Programa Cobertura informativa

Con los hilos sutiles de la tierra

Por María Antonia Borroto

...yo tuve y tengo una intemperie, y tuve y tengo / una estirpe, y estoy en plena música, transido / del más urgente sacerdocio: vasta y honda es la iglesia / que canta mi canción, tan expansiva como el pecho / de un niño o de un anciano, cuyas edades gozo / en este instante dúctil del relámpago...

Así se describe Roberto Manzano en versos del libro Tablillas de barro II. Por eso y porque en la voz de todo poeta fiel a su sino confluyen todas las épocas, su reciente premio Nicolás Guillén es un premio también nuestro: de quienes cantamos nuestra esencia humana en sus versos, o mejor, de quienes somos cantados y salvados en una poesía de honda filosofía y reciedumbre humana. Sean las palabras que siguen una suerte de presentación de Synergos el libro premiado y de visita anticipada del autor, a quien agasajaremos en la próxima Feria del Libro.

¿Synergos marca algún tipo de ruptura respecto a su obra anterior?
De ningún modo. Synergos se hila perfectamente a lo anterior, tanto en el contenido como en la forma. La búsqueda de una centralidad del mundo, la aspiración a que todo se coordine y enlace para fines supremos, la necesidad perentoria del abrazo dentro de un mundo que avanza con la ebriedad de un asesinado, son corrientes de pensamiento que vienen de libros anteriores a Synergos y que forman parte inalienable de los mensajes más profundos y permanentes de mi poesía. Sólo que Synergos tal vez los arrima de modo más abundante y los configura imaginalmente de modo más preciso.

Pero es justo que se diga que Synergos es otro instante, un momento muy especial de mi evolución poética, pues en él me parece haber conseguido cierta maduración dentro del uso del versículo, que ya venía usando cada vez con mayor frecuencia, como uno de los recursos promisorios de la expresión lírica contemporánea. Aunque en el conjunto hay también, incluidas en el espíritu sinérgico que lo preside, formas que van desde los dísticos, estrofas de mucha antigüedad, hasta ciertas combinaciones renovadoras de la décima. Como puede verse, Synergos es a la vez un producto en tránsito y una estación terminada, como lo es en verdad toda realización artística.

Al saber la noticia del premio, muchos de sus lectores, amigos y alumnos, comentamos que al fin se le había hecho justicia a su obra.
Los concursos literarios, y los premios que ellos adjudican, no constituyen realmente un acabado acto de justicia. Son esfuerzos institucionales por otorgar un poco de estímulo, dadas las carencias sociales, que no permiten atender debidamente en su totalidad a la vanguardia productiva de una manifestación determinada. En muchas ocasiones, y donde no puede verse, crean más problemas que los que resuelven. Pero son un mal necesario. Es mejor fomentar la obra de uno, aunque se desalienten momentáneamente cincuenta, que suprimir toda posibilidad de legitimación social. Pero esta legitimación debe ejercerla un jurado, y es en este punto donde se amplía la franja de los riesgos. El jurado es extraído de la comunidad creadora, y tiende inexorablemente a legitimar lo concursante según los límites y los cánones, conscientes o inconscientes, de su propia conciencia estética. En medio de tantas variables presentes que arriesgan la posibilidad de la justicia, el hecho de que lo escogido reúna tantas conformidades merece un aplauso aparte.
Según me confesó Rafael Almanza, al hablar de poesía es el infinito lo que está en juego.

Usted me afirmó una vez que la poesía solo puede ser sostenida por la generosidad. ¿Hasta qué punto ambas nociones se complementan en su obra, sobre todo en Synergos?
La noción de infinito fuera de todo temblor humano es ajena a la poesía. Sólo el estremecimiento pascaliano, que es al que parece referirse nuestro amigo y admirado poeta Rafael Almanza, posee relaciones profundas con la actividad del espíritu. Y al intuir lo infinito de este modo, el hombre advierte su tamaño y los signos indelebles de su destino. Esto es ya pura poesía, pues expresa las angustiosas relaciones dialécticas entre lo material y lo ideal, entre lo físico y lo lírico. Y la generosidad, que es el amor a los demás, y el concepto de sí mismo como criatura para la dación, es la única forma de prolongarse dentro del tamaño que el hombre posee entre las distancias materiales. En Synergos, como ya he explicado, he querido expresar algunas de esas distancias y de esas prolongaciones, y los estorbos, o los estímulos, que los seres humanos establecen entre sí en medio de la totalidad del mundo, que es nuestra sensación más perentoria del infinito.

¿Cómo es su instante de poesía? ¿Acepta el mito de la inspiración, o ese es otro de los ideologemas que, en su opinión, forman parte de una suerte de mitología propia de los poetas?
Según mi actual modo de ver, el concepto de la inspiración no es más que una metáfora de una fase peculiar del trabajo artístico que se caracteriza por un salto de la medida, por la cristalización de un proceso que ha establecido primariamente una acumulación de la cual no se tiene plena conciencia. Entonces la inspiración existe, si con este término nos referimos a esta fase específica; no existe, si queremos aludir a un estado inefable especial, cuasidivino, que arranca prácticamente del aire mismo, como un llamado atmosférico. Cada adarme de poesía se obtiene después de moler toneladas de realidad, acrisoladas en el horno febril de una psiquis sumamente concentrada.

Usted me ha asegurado que la de maestro es una de las células estructurales de su personalidad. Por eso no es raro que en esta charla tratemos sobre una experiencia en la que se unen el universo de la poesía y del magisterio: el curso–taller de poesía, concebido junto a Jesús David Curbelo.¿Satisfecho con el resultado? ¿Sería posible paladear esa experiencia aquí, en la ciudad de ambos?
Nuestro curso–taller es ya un diplomado, y esperamos verlo convertido pronto en una Cátedra de Poesía, que no sólo posea módulos docentes, sino formativos en el sentido amplio de la palabra. Se imparte sábados alternos, durante dos años, y concluye con las evaluaciones correspondientes y una antología que ofrezca una muestra de lo alcanzado por los talleristas durante el curso. Se desarrollan tres asignaturas: Historia de la Creación Poética, que imparte Jesús David Curbelo; Teoría de la Creación Poética, que imparto yo; y Ejercicios Críticos, que imparte Susana Haug. Nos encontramos en la segunda edición del mismo, y de cien personas que se presentaron inicialmente, hemos escogido cincuenta, que constituyen nuestra matrícula actual. Esperamos en algún momento trabajar también con poetas de las provincias, y estamos estudiando las posibilidades de su realización. Nos encontramos contentos con su diseño, puesta en práctica y acogida. Nos gustaría ofrecer a Camagüey, ciudad que nos pertenece y a la que amamos, nuestros modestos servicios.


En esta nueva edición la feria estará dedicada a

 


   

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