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Guillermo Vidal recorre el Casino campestre una vez más

Por María Antonia Borroto

De pie algunos, sintiendo el calor, que no tibieza, del sol, con la respiración contenida todos, asistimos hoy a uno de los momentos más entrañables de la actual edición de la Feria Internacional del Libro en Camagüey: un coloquio dedicado a la obra de Guillermo Vidal.

Los más habituales participantes en las ferias internacionales del libro en Camagüey extrañamos la inconfundible presencia de Guillermo Vidal, sus bromas, agudeza y sencillez. A esta feria, coincidimos, le falta algo, y ese algo, como me explicó José Luis Álvarez, profesor y escritor, es precisamente él.

Ramiro Fuentes, poeta y director de la editorial Ácana, evocó los días de la infancia, cuando ambos coincidían en la finca de una tía común. Es ese el mundo que, en buena medida, el Guille evoca en la novela El mendigo bajo el ciprés, obra que muy bien
puede ser asumida como un ajuste de cuentas o un balance vital, como si la premonición del final tan próximo hubiera guiado su escritura. Del Guille profesor, excelente profesor, según aseguró José Luis, hubo abundantes evocaciones, como también las hubo sobre su honestidad, como amigo y esposo, frente a sus hijos y a su obra.

A la poetisa, narradora y editora Lourdes González le resultó muy difícil hablar de un hombre que se mostró inteligente en cada minuto de su vida. Evocó el entierro, en Las Tunas, donde los escritores se consolaban entre sí; entre ellos José Luis Hernández,
también fallecido recientemente.

Alberto Guerra aseguró que para él, sencillamente, el Guille no está muerto, y aún siente que lo mira desde cualquier foto, o desde cualquier libro. Curbelo, a su vez, recordó que Se permuta esta casa le mostró al narrador cubano que él quería conocer. Poco tiempo
después nació su amistad con una persona muy fácil para hacer amigos, uno de los mejores interlocutores a la hora de hablar de literatura.

Las Tunas, aseguró Garrido, era una aldea aún con el Guille. Era una aldea precisamente por no reconocerlo en todo su valor, ahora sigue siendo una aldea, pero desalmada, pues su alma era el Guille. Dueño de una obra superior a la de los autores contemporáneos a él, hay que vivirlo en sus libros.

Esa fue la proposición también de Asela Suárez, editora de Oriente, quien presentó Las alcobas profundas y El mendigo bajo el ciprés, novela esta donde la muerte tiene un peso fundamental. Las alcobas profundas, a su vez, muestra la dureza de la cotidianidad, y a la vez como la amistad y el amor salvan a la personas. Fue, sin lugar a dudas, un momento muy especial, adjetivo que es usado muy a la ligera pero que, en estas circunstancias, se me antoja de una fuerza extraña. ¿Acaso el Guille no fue también una persona muy especial? ¿Acaso lograr una visita suya a la Feria del Libro en Camagüey no es también algo especial, posible solo por el compromiso con él y con su obra?


En esta nueva edición la feria estará dedicada a

 


   

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