La última
playa
Por Juan Antonio Alfonso Roque
Una de las ofertas de esta Feria del Libro lo constituye
La última playa, Premio
UNEAC de Novela, del escritor y dramaturgo cienfueguero
Atilio Jorge Caballero, a quien se le dedica este año
versión provincial de tan magno evento. El volumen
había visto la luz por la Editorial Unión
en 1999 y por AKAL Ediciones, de Madrid, en 2001, pero
haciendo honor a su nombre, Mecenas decidió volverlo
a publicar en 2004.
Realmente, ésta constituye una oferta suculenta,
un texto mucho más maduro, fluido y contagioso
que los de alguna que otra novela anterior, con un sabor
que le recuerda uno los primeros cuentos suyos que leímos;
una historia donde la intensidad de la trama va creciendo
como una suave tentación, a partir del ejercicio
íntimo del que cuenta junto a tu oído, y
de la oportuna regresión, que aviva los deseos
de conocer la progresión total del argumento, sin
descontar la intensidad de las situaciones: "y...
no sabría decirlo todavía hoy..., pero allí
estaba. En la esquina más oscura de la terraza.
Dónde se había escondido es algo que nadie
logró saber a ciencia cierta. Cuando sentimos el
primer sonido, enseguida supimos que era él. Allí,
en un rincón que ahora se iba llenando de una luz
pálida por la linterna que arrimó un grumete;
estaba sentado sobre un montón de cuerdas enrolladas.
Y como el mismo Dios podría atestiguar, estaba
tocando. Tocaba una música extraña. Suave.
Una tonada o un susurro. Algo pequeño y bello,
quiero decir. Las manos diminutas sobre el instrumento
que se alargaba en su boca como una trompa de plata. No
era un truco, era él, y parecía conversar
en voz baja con el (muerto), como si le pasara la mano
por la espalda".
Autor de una extensa bibliografía, Atilio cuenta
además con una experiencia notable en el teatro.
Graduado de esa especialidad en el Instituto Superior
de Arte (ISA), comenzó su vida laboral como instructor
en la Casa de la Cultura local, pasando posteriormente
a desempeñar similares funciones en el municipio
de Regla…; brindó servicios en Masaya (Nicaragua),
y en el Departamento de Teatro de Casa de las Américas.
Recientemente se ha vinculado a agrupaciones de Cumanayagua
y la Central Electronuclear (CEN).
Ha impartido talleres de creación y dirección
escénica, y ha dirigido espectáculos, entre
los que pueden citarse "La tempestad" y "Encuentro
en el zoo" (Grupo La Rueda, La Habana 1984 y 1986),
"Oficio de tinieblas" (Teatro Caribeño,
La Habana, 1991); "Confabulario" y "Opción
Zero" (Los Elementos, Cumanayagua 2000 y Cienfuegos
2002, respectivamente), "Woyzeck" y "La
bruja y el camarón" (De La Fortaleza, Cienfuegos
2004), y el unipersonal "Hambre" (Cienfuegos,
2001). Algunos de estos se han presentado también
en distintas instituciones teatrales en España,
Italia, Bélgica y Francia.
Con anterioridad ha publicado La suela del
zapato (poesía, 1987), Las
canciones recuerdan lo mismo (Narrativa,
1989), El sabor del agua (Poesía,
1991), El azar y la cuerda (Narrativa,
1995), Naturaleza muerta con abejas
(Novela, 1997 y 1999) y La arena de las plazas
(poesía, 1998). También Tarántula
(Narrativa, 2000), y su ensayo Escribir el
teatro, que comentamos profusamente el pasado
año.
Tomado de 5
de Septiembre
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