Naborí, un hombre
en su leyenda poética
Por Luis Machado Ordext
El Indio Naborí, refuerza una tradición
poética que lo sitúa entre lo más
auténtico y original de la lírica cubana
desde hace más de dos siglos.
L os estudiosos Juan Eduardo Bernal Echemendía,
Virgilio López Lemus y Yamil Díaz Gómez,
referidas a la encucijada entre la oralidad y la escritura
en la obra de un poeta que desde los primeros versos fundió
el decir popular y el culto a tono con el neopopularismo
que dejó la Generación Española de
1927.
Naborí, Premio Nacional de Literatura Cubana en
1995, y a quien se reconoce en la XIV Feria Internacional
del Libro, rememoró desde la cercanía teórica
de los investigadores una suma de hallazgos localizados
en el discurrir poético de unas seis décadas
de conversación en solitario con las metáforas
y las circunstancias humanas.
La galería de arte del Centro Provincial de Patrimonio
en Santa Clara, en la mañana de este martes, resultó
pequeña para el público que asistió
al intercambio teórico iniciado por Bernal Echemendía
con palabras exactas, para reconocer en el creador una
urgencia social, pública y humanista, en la cercanía
de elaboración poética en que se vivifica
el tránsito por «recursos del repentismo
y la herencia de lo más autóctono de la
lírica española», hasta abarcar lo
nacional en un encontronazo que surge del pesar y nutre
los signos de la esperanza.
También dijo que la «[...] la historia de
los hombres de Cuba tiene un reconocimiento abarcador
en la lírica de Naborí, quien escribe en
todas las formas estructurales del idioma para salvar
su época, y sobre todas las cosas la palabra y
la poesía».
Por su parte, el poeta, crítico literario y ensayista
Virgilio López Lemus declaró que «Naborí
es un hombre de leyenda» que refuerza lo culto y
popular del cubano, desde el repentismo hasta la escritura,
con un sentido de fidelidad a las causas íntimas,
familiares y de pueblo sin igual en la Historia de la
Literatura Cubana.
El ejemplo estaba al lado del poeta, su esposa Eloina
Pérez Collazo, a quien la unen más de cinco
décadas, en un gesto que al decir muy propio, en
el terreno de la composición del verso no hay espíritu
conforme hasta que no reviven las expresiones acabadas
y auténticas de la escritura.
Indicó que en 1939, El Indio Naborí, en
su humildad guajira de habanero y deseoso de explayar
el don natural del cantor silencioso o del verso súbito,
se percató que la décima «necesitaba
de una transformación en el modo de hacer y decir»
y tocó desde entonces su realización vivencial
como poeta neorromático que lo sitúan entre
los escritores paradigmáticos del siglo XX en Cuba.
López Lemus, al igual que Díaz Gómez,
remarcó que Orta Ruiz, representa las más
variadas líneas estróficas y temáticas
de componer el verso, y en su esencia es un cubano inmortal
que sintetiza la dignidad de la nacionalidad cubana y
el modo personal en que se desenvuelve nuestra idiosincrasia.
En diálogo muy personal, Naborí con su
perenne influjo de dedicación literaria, recordó,
a solicitud del redactor, hechos y anécdotas de
la «controversia del siglo» con Angelito Valiente,
en junio–agosto de 1955 en la capital cubana, y
después se explayó a hablar sobre los villareños
Raúl Ferrer Pérez y Severo Bernal Ruiz,
invitados en octubre de ese año al homenaje que
el Circulo de Manzanillo, y en especial Manuel Navarro
Luna, le tributaron allá.
Más de una emoción sintió en la
evocación, cuando aun apenas se conocía,
y refirió que sus armas y su poesía estaban,
como en la actualidad, al servicio de las nobles causas
y aspiraciones de los cubanos de todos los tiempos.
Tomado de Vanguardia
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