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  Me considero un cómplice placentero

Ventura de Jesús

Traducir, y hacerlo bien, con lealtad, no es cosa de juego. Muchos dicen que resulta un oficio ingrato, mal remunerado, y para colmo hay quienes aseveran que el traductor no es más que el mono del novelista o el poeta.

"Para mí significa algo bien placentero", revela sin embargo el matancero Juan Luis Hernández Milián, premio de traducción literaria José Rodríguez Feo por su trabajo con las obras de Alexander Pushkin El conde Nulin, Una casita en Kolomna, y Noches egipcias.

"Traducir es un acto de creación como cualquier otro, y al menos en mi caso lo hago con la plena conciencia de que la gente lo va a agradecer", asegura este admirador devoto de la lengua rusa. "Aunque muchos no lo crean, en cada palabra, en cada frase, hay una musicalidad increíble". Más que su confesión lo atestiguan los hechos.

Juan Luis ha traducido a varios autores rusos, entre los que destacan además de Pushkin, Mayakovski, Pasternak y Visotski.

—¿Tienes algún método en especial?

"No tengo secretos. Eso sí, leo una y mil veces el original, busco información adicional del autor y consulto todos los textos posibles. Finalmente me decido cuando siento que estoy listo y si en realidad se trata de una obra atractiva para mí. No se puede traducir por encargo".

—¿Algún otro tipo de auxilio?

"Bueno, tengo la suerte de poder contar con la contribución de una investigadora literaria de la lengua materna, y que reside en nuestro país. Se trata de Verónica Spasskaya. La descubrí en buena hora. Ella suele aportar a la perfección de lo que hago".

El oficio de traductor no menoscaba al poeta que hay en Juan Luis. "Más bien existe una confluencia. Son necesidades que se complementan en mí y terminan siendo, ambas, una experiencia notable", comenta.

Su obra ha merecido los premios Néstor Ulloa de 1980 (poesía) y 1981 (décima), así como el José Jacinto Milanés en 1984 (poesía). En 1985 ganó el premio Poesía de Amor Varadero y en 1986 fue mención de poesía en el concurso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba. Se considera privilegiado, pues tanto Ediciones Matanzas como Vigía, dice, asumen sin reparto su creación literaria.

En su opinión hay en Cuba sobresalientes traductores del idioma ruso, con un nutrido número de títulos llevados al español con calidad evidente.

Para él un buen traductor debe conservar el espíritu de la obra y respetar, algo bien difícil, la intención del autor, eso que llaman segunda intención secreta.

—¿Piensas que Pushkin se reconocería en las traducciones que has realizado de sus obras?

"Mira, es inevitable hablar del desvelo tradicional, hablar de poesía tradicional, sin hacer referencias a si el traductor es un ‘traidor’ o no. Pero si hay que llamarlos irremediablemente así, ello se suscita por las ansias de uno de conservar la originalidad en el ritmo y el aura melodiosa del poema. Y dichas transgresiones son solo aquellas que Pushkin, quizás, me perdonaría, complacido de que su voz llegue a los cubanos".

Juan Luis Hernández Milián se verá por estos días asediado por un público lector muy diverso. El inquieto intelectual matancero, quien lamenta no haber nacido con talento para la música, presenta su libro en las diversas localidades del territorio que acoge la Feria.

—Por fin, ¿traidor o cómplice de los autores que traduces al castellano?

"Definitivamente me considero un cómplice placentero".

Tomado de Granma

 
 
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