La Feria en Oriente  
Programa cobertura
informativa
  Jaime Sarusky, Premio Nacional de Literatura, dicta conferencia en Bayamo

Por Raynor Rivera Licea

“Cada hombre es sin dudas mucho más que un simple apelativo”, expresó Jaime Sarusky, premio nacional de Literatura, en la conferencia "El arte de poner los nombres en Cuba", en el contexto de la XVI Feria internacional del libro.

"Es la marca de una individualidad, seña que identifica a un ser único en el universo, definición de algo hasta entonces innombrado, y credencial de una existencia que se objetiva al darse a conocer y ser reconocida”, sentenció el escritor hoy en la Casa natal de Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, capital de la suroriental provincia de Granma.

Durante una hora el prestigioso narrador, investigador y periodista recorrió el desarrollo histórico de la onomástica en el país, desde los primeros nombres, el de Cuba por ejemplo “quizás única batalla que vencieron los aborígenes contra los ibéricos”; hasta los apelativos actuales que marcarán la primera mitad del siglo XXI.

“Designar con nombres no tradicionales, aquellos sancionados por las costumbres y la religión, es fenómeno relativamente reciente en Cuba, señaló.

“Nada está tan sometido al reino de los caprichos, la veleidades, el azar y hasta lo arbitrario como el acto de nombrar. Se trata de una operación aparentemente inocente, aunque del mismo se desprenden con frecuencia las más contradictorias interpretaciones.

(...) Cada época condiciona y designa sus nombres, y cada nombre es implícitamente propuesta de interpretación de la misma. (...) Quien nombra retrata al nombrado, pero sobre todo a sí mismo, su peculiar modo de ver y designar al mundo.

El autor de Los fantasmas de Omaja citó varios ejemplos, desde los nombres compuestos por sílabas o letras de los paternos, tomados de novelas, países... y otros asociados al contexto histórico del país. En 1916: Genara, 1930: Calixto, 1940: Leonardo, Idelisa; 1950: Modesto, Miriam, Reinaldo; 1960-70: Yesen, Yanet, Yissel, Yandy, Yaima, Yoel. En la última etapa se produce un vuelco total en los apelativos.

“Se trata de una moda y como tal el mimetismo y la repetición se multiplican al infinito hasta que nuevas circunstancias propicien la aparición de otro bloque de nombres con otro origen o motivación.

“Nombrar en estos tiempos ha perdido su antigua jerarquía religiosa, social y hasta estética (...) Se ha abolido el solemne acto ritual de nombrar, así que tal vez se trata de otra de las veleidades propias de tiempos de extravíos y desconciertos, apuntó.

Y asevera: “Difícilmente halla en el mundo otro país que como Cuba exponga nombres tan imaginativos que son inimaginables y que deleitarán al más delirante surrealista, aunque a alguien lo perjudicaron para siempre.

“Es imposible hacer un pronóstico en cuanto a aquellos que prevalecerán en el futuro. Si es previsible que continuará manifestándose ese mestizaje onomástico que tiene los más diversos orígenes, motivaciones y estímulos. La azarosa historia de la onomástica en el país así lo evidencia. En el ‘ajiaco’ étnico y cultural se integra la extensa, original y muy diversa riqueza onomástica de la Isla.”

Tomado de La Demajagua

 
 
Eduardo
Torres
Cuevas
  César
López
Núñez