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Ángel Arango

Conocido como El Decano de los escritores cubanos de CF, Arango es uno de los iniciadores del género en Cuba. Se considera como el autor más traducido de la CF cubana, y a pesar que ha estado alejado de la arena editorial por algún tiempo, regresa ahora con la novela, La columna bífida, que permanece actualmente en el fondo de la Editorial Unión, en espera del prolongado proceso que sufren casi todas las editoriales cubanas.


Entrevista a Ángel Arango, sobre la ciencia ficción cubana

Entrevista sobre la obra personal de Ángel Arango

El mundo de Sider

Arango nos habla sobre Oscar Hurtado
El famoso cuento Un inesperado visitante

 Novela inédita La columna bífida

 

La Columna Bífida
 

La columna bífida es el título de la última novela que ha salido de la mano del decano de los escritores de la ciencia ficción cubana, Don Ángel José Arango Rodríguez, luego de casi una década sin brindarles alimento literario a sus seguidores.
El libro se encuentra aun en el fondo de la editorial Unión y no es posible predecir cuando tendremos el gusto de verlo en las librerías, pero ya se está augurando que será todo un éxito, pues por lo que vamos a mostrar, puede llegarse fácilmente a la conclusión que no defraudará a los entusiastas de la CF pura.


Esta novela se introduce en el desarrollo de la vida en Ceres, a partir de la evolución de los bicéfalos, que ya Arango había concebido por primera vez en, ¿A dónde van los cefalomos? (cuentos, 1964) y que mantuvo latente en el desarrollo de sus novelas posteriores, haciendo aportes y referencias a su existencia en Transparencia, Coyuntura y Sider.

 

Ángel Arango nació en La Habana, el 25 de marzo de 1926. Es el más antiguo y prolífico de los escritores cubanos de ciencia-ficción. Cultiva el género desde años antes de la Revolución, a excepción de algunas experiencias en poesía no-conformista. Tiene publicados en Cuba 9 libros de ciencia-ficción y fantasía, cuya relación comienza con ¿A dónde van los cefalomos? (cuentos, 1964) y se extiende hasta nuestros días con, El planeta negro (cuentos, 1966); El fin del caos llega quietamente; Robotomaquia (cuentos, 1971); Las Criaturas (cuentos, 1978); El arco iris del mono (cuentos, 1980); Transparencia (novela corta, 1982); Coyuntura (novela corta, 1984), y Sider, 1994. Esta última novela, donde predomina la preocupación filosófica, es un esfuerzo por vencer al tiempo. A través de los prolongados viajes de Sider, de la nemovida y de la visión totalizadora y universal del cosmos, Arango enfrenta ese objetivo. El luminoente sostiene su integridad a través de un extraordinario periplo y va enriqueciéndose con distintas áreas de conciencia que juzgan, analizan y critican las situaciones.


 

Ángel Arango es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC); Doctor en Derecho, especializado en Derecho Aeronáutico, actividad profesional que ejerce desde hace unos 38 años. En este campo ha publicado numerosos artículos en revistas especializadas. Ha sido profesor invitado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Lima, Perú), y formado parte del fondo de árbitros y expertos consultores jurídicos de la Organización de Aviación Civil Internacional y es miembro del Instituto Iberoamericano de Derecho Aeronáutico, del Espacio y de la Aviación Comercial (Madrid, España).

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El Guaicán, en carácter exclusivo para nuestros visitantes, muestra al cyberespacio dos capítulos completos de esta obra inédita, gracias a la gentileza de su autor.

 

Arango ha publicado en España (Nueva Dimensión), Checoslovaquia, la extinta URSS, la RDA, México, Francia (Antares y Cuadernos Renaud-Barralt), en algunas de las pequeñas revistas argentinas de Córdoba y B.A. (Sinergia y otras) y aparece en Lo mejor de la ciencia-ficción latinoamericana, de Bernard Goorden y Van Vogt.

 

La Columna Bífida
está en fondo de la editorial UNIÓN
y será publicado próximamente


¡No se lo pierda!

 
Coyuntura
 

Sider

 

Transparencia

 

En esta ocasión en su última novela, La columna bífida, aun inédita, nos ofrece una ciencia-ficción, interesante por el espacio-tiempo que nos propone, y se mueve, como es distintivo en el autor, con una profunda convicción literaria.

 

 

La columna bífida
© Angel Arango, 1993


INDICE


LEM DESCRIBE

HUECO NEGRO

TARATARA

LA EVOLUCION DIRIGIDA

DOS BRAZOS, DOS PIERNAS, DOS MANOS, DOS CABEZAS

EL DESTINO DEL SOL NATURAL

MILENIOS

LA COLUMNA BIFIDA

LA MAESTRIA DE LOS METODOS

"IN SITU"

LA FUERZA DEL JUICIO

¿SOMOS NOSOTROS O SOMOS ELLOS?

DESDE UNA PROTESIS

INGENUIDAD LETAL

TREMA

EL SILENCIO Y LA NADA

SIGNO ADITIVO

AFINIDAD VULGAR

MUNDOS DOBLES

TERENZO

CONCRETOS DESIGNIOS, IGNOTOS DESTINOS

SER Y NO SER

EL JUICIO FINAL

"REDUCTIO AD ABSURDUM"

LEM DESCRIBE (fragmento)

Lem encontró a los bicéfalos con un desarrollo completo. Doble cabeza con idénticas manifestaciones externas. Cada cabeza duplicó los órganos; los sentidos podían utilizarse indistintamente, pero el centro rector estaba asentado en una sola de las cavidades craneanas, que no era fácilmente identificable. Podía interpretarse sin dificultad que estábamos ante una forma de mimetismo biológico destinado a preservar a través del azar un número de probabilidades de sobrevivencia ante enemigos primarios. Los hombres de la Patrulla Sideral también encontraron sorprendente la forma bicéfala....

EL DESTINO DEL SOL NATURAL

En una de las primeras incursiones teóricas sobre el alcance biológico de la existencia de los bicéfalos, Palas Magorni se preguntaba si aquella disposición dual no estaba previendo el desarrollo de una capacidad doble de pensamiento.

Lem lo imputaba a la necesidad de seleccionar formas más eficientes y homogéneas (simetría binaria) en un curso de desarrollo determinado.

Ovambo-Ovambo repasó cientos de veces las grabaciones obtenidas y llegó a adscribirse al mimetismo biológico, variante hipotética que se vería justificada mucho después, en la época de Irs.

Mientras, Rotus centraba la atención en la intensidad de los procesos a la hora de proponer una alternativa a la vida coresiana.

Lo precario de su salud, que había empeorado a su regreso a Trema, hizo que el explorador ahondase su preocupación por las posibilidades de subsistencia de la materia altamente calificada.

-Debiera asentarse en un estatuto el respeto al sentido original de la fórmula.

Y Lem endosaba sus ideas con el mayor entusiasmo.

-No creo que debemos intervenir en el proceso de la segunda cabeza.

Palas y Ovambo exaltaban el principio de simetría en las especies para salvar la "incuestionable condición humana".

Al margen de estos trabajos, Rotus proseguía sus esfuerzos por organizar otra expedición y así lo hizo saber al grupo. Magorni se opuso y, finalmente, el teórico explorador obtuvo un fallo desfavorable de la Comisión Médica que lo ubicó en un estado depresivo permanente. Su anormal estancia en Cores por tanto tiempo, donde cumplió un imprevisto proceso de adaptación, lo descompensó al iniciarse en Trema el curso regresivo a su condición anterior en un medio demasiado evolucionado respecto al indicador telúrico original.

En el intervalo, Lem hizo una tesis de grado en la Licenciatura de Nuevas Culturas a partir de la teoría de Rotus para demostrar que "cada cultura es parte de una superior y que esto corresponde a diferentes asentamientos en el espacio cósmico, aunque dentro de un mismo planeta puedan continuar coexistiendo diferentes gradaciones culturales".

La tesis fue un gran triunfo para el joven, pero su éxito iba siempre acompañado del prestigio de la teoría de su predecesor.

Rotus influyó incluso en navegantes posteriores, como Lucio Sider, y en los procesos de extrapolación. Expuesto él mismo a prácticas de telecinesia, había logrado elevarse mediante la acción de factores externos, de fuerzas antigravitatorias: artificiales, antieconómicas e inconsecuentes con la proposición de extrapolar los cuerpos llevando la masa a energía para luego restituir la misma masa proveniente de la energía intermedia.

Al estructurar sus teorías, Sider y los extrapoladores se apoyaban también en alguna forma en una admisión de la relación de Rotus con el espacio e incursionaban en verdades transitorias no aceptadas y las presentaban como factibles en razón de la audacia intelectual de romper el infinito como frontera inalcanzable.

Quienes se desplazaban por el espacio cósmico a velocidades que tendían a aproximarse cada vez más al límite establecido por la velocidad de la luz (en nuestra expresión material) podían vivir varios siglos y desarrollar grandes proyectos. Sin embargo, Rotus no pudo agotar los beneficios de la paradoja del tiempo porque como resultado de su forzada estancia en Cores se consumió prematuramente en una forma extraña. Había vivido 200 años y de ellos los últimos los dedicó al Instituto de Biología, debatiendo con Palas y Lem el destino de los bicéfalos, y formulando una serie de brillantes ideas que más tarde llegaron a convertirse en realidad, como la Sala de Cerebros Excepcionales.

Al morir, pese al corto tiempo de existencia como navegante espacial, era un respetado miembro de la Academia de Filosofía Material y Matemáticas del Tiempo y pudo comprobar el arraigo casi universal de que gozaba su teoría de retorno al punto de origen a través del infinito.

Lem continuó en forma práctica sus esfuerzos casi inmediatamente. Ante el sobrio monumento de metal y piedra erigido a su precursor convocó a Lota Penélope, Joseph-José, Brígida M., Valeria Valen, Ovambo-Tzu, Hari-Mekarí y al mismísimo Ovambo-Ovambo. Navegantes, biólogos, astrónomos, físicos, químicos, ingenieros y secretarios, aunque en lo formal apareciera registrado cada uno con dos o tres ocupaciones asignadas. Humanistas integrales, sólo Ovambo-Ovambo había tenido en los últimos tiempos una experiencia centralizada en el estudio de los coresianos. El propio Lem era polifacético y, a pesar de su juventud, había sido designado capitán por su madurez y potenciales dotes de comandante. Por su poder de imaginación para trascender los hechos y lo multivalente de sus facultades y sus concepciones del cosmos.

En reuniones frecuentes, cada uno expresaba cómo podría llevarse a cabo el proyecto de Rotus. Unos preferían la idea de una expedición convencional (Lota Penélope, Valeria Valen y Ovambo-Tzu) y otros se inclinaban por aguardar al desarrollo ulterior de la extrapolación (en su sentido real) a fin de poder trasladarse con velocidades hiperlumínicas o idénticas a la de la luz. En este sentido coincidían, en primer término, Ovambo-Ovambo, que deseaba proseguir sus trabajos con los bicéfalos y también, en cierta medida, Brígida M. y Hari-Mekarí. En cuanto a Joseph-José, su vocación por el proceso de la extrapolación era profesional. Como físico anhelaba conocer el curso definitivo que habría de seguir esa investigación, pero, por otra parte, subordinarse al propósito de una expedición al infinito podría revelarle un caudal inmenso de nuevas experiencias.

El proyecto en sí era un caro objetivo, anhelado por mucho tiempo, al que Lem hizo compatible con resultados próximos y acorde con las posibilidades y los intereses de los tremenses, cuando adelantó ante el Tribunal su propio discurso.

-La humanidad -advirtió- viaja de un sistema a otro y escoge un planeta habitable en óptimas condiciones. Allí llegan con una elevada civilización, pero el nuevo medio se impone y los doblega. Así, van perdiendo el dominio de sus conocimientos. Adoran algunas formas y, con los restos de antiguos recursos, hacen obras descomunales y dejan huellas notables (desproporcionadas para su grado de civilización). Cuando conciben que su vida en el planeta va a extinguirse, se adentran en el cosmos para alcanzar el óptimo planeta de otro sistema y empezar un nuevo ciclo. Siempre hay un incremento cultural en el conocimiento acumulado. De hecho, el crecimiento se realiza escalonadamente y cabe compararlo con la espiral. Enfrentamos dos puntos de tensión: la marcha al espacio y la preservación de los conocimientos frente al nuevo medio. ¿Dónde radicar el coeficiente principal?

El complejo telúrico era, en apariencia, una excepción a la teoría de Lem, pero, en realidad, se convertía en un testimonio. Arguria, Solex, Larmes, Cores, R-2 y P-5, no eran sino nombres dentro de lo global. Pese a que la actividad de los hombres alcanzaba a todos y a distintos sistemas, incluso P-5, y formaban una unidad orgánica e institucional, no podía ignorarse el hecho de que eran la Tierra y Trema las que ofrecían óptimas condiciones y en donde la vida inteligente se desarrollaba a plenitud, incrementando y nutriendo el progreso de las demás áreas cosmográficas (y del pensamiento).

Existían en el complejo las condiciones óptimas en la antigua Tierra, y en su inseparable Trema, que el esfuerzo de los hombres había elevado a un rango preferente.

Trema disponía de recursos preconcebidos desenvueltos por la diligencia impaciente de los terrícolas. Pero, eventualmente, una y otra y todo el complejo dependían del destino de cada sol natural o aguardaban la gradual extinción de sus fuentes artificiales de energía implantadas en el espacio cuando los intentos de excitar nuevamente a un viejo sol no ofrecían el resultado apetecido.

Esto hacía más apremiante aún la necesidad de abismarse en el espacio exterior para determinar potenciales centros de asentamiento.


LA COLUMNA BIFIDA

Kosam asciende a lo alto del molino y observa el paisaje. Percibe el rítmico batir de las aspas que repiten un horizonte común en su mundo. A la orilla de los flujos intensos de los arroyos aparecen siempre, en una modalidad que puede animarse también con la fuerza del viento. Esta doble virtud los hace dúctiles y diversifica en medida asequible para la época sus posibilidades. El molino asienta y afirma los conocimientos de física y la vida en común.

Kosam está de espectador porque su condición es la de alquimista. Transforma la esencia de las cosas. En el pueblo, regido por un alcalde que informa a los señores del castillo como todos los demás regidores de villa, ya existe una comunidad bien constituída, que se atiene a principios ético-religiosos y socio-políticos, para actuar económicamente sobre el medio y avanzar dentro de una curva de ascenso material e intelectual.

Kosam, sin embargo, se realiza en unas condiciones de libertad ajenas a la Edad Media del sapiens. No existe compulsión física para sus audacias creadoras de parte de los órdenes eclesiásticos ni por parte del poder señorial.

Predomina en esta Edad Media un sentimiento muy fuerte del deber, del respeto a los cánones establecidos o convencionales. Las contradicciones ideológicas son acérrimas y poderosas, pero no se transfieren a otros campos para su solución. No hay duelos; no hay cárceles; el hombre acepta como destino la oposición de los demás. A la mayoría no le inmuta la permanencia de la minoría, ni a ésta su condición.

Es una Edad Media de castillos sin fosos ni aspilleras.

Kosam es filósofo. El elevado ejercicio de la libertad y la entidad de la alquimia lo llevan a especular con el fondo ignorado de las cosas.

Trasciende así su propia realidad.

Kosam visita los lugares con su hijo, al que va formando en los sentimientos sanos de sus congéneres, de sus vecinos.

Allí está con él, en la plaza, en el templo, en el molino. Asume su comprensión humanista, ecuménica, que se arraiga sin argucias en el joven, porque no encuentra otros ejemplos en la sociedad. Quienes no son como Kosam, tampoco actúan como criminales. Este concepto es extraño para el pueblo.

La fauna de Cores -próxima a la de la Tierra- se asentó después que se insertó en los coresianos la posibilidad de domesticación y se les anuló el escrúpulo de no ingerir carne de res por su similitud con la propia. De cualquier modo, esta repulsión congénita se tradujo en una mayoritaria adhesión a la mesa vegetariana aunque sólo existía diferencia cualitativa (las bestias estaban más próximas al hombre, pero ¿cómo ignorar los antecedentes de la Tierra y Trema?). Kosam concibió, con bastante anticipación, caldear sus retortas hasta alcanzar, incluso, reposiciones sintéticas, y no cesó de reconstruir fórmulas.

Los señores (una familia en este caso) alentaban ese quehacer como sendero para adentrarse en mejoras y cambios. Esta acogida venía condicionada por la acción subliminal del principio gregario inscrito por el Instituto de Biología y un íntimo afán de superación. Señores y eclesiásticos compartían con su pueblo idénticos afanes morales. Apenas era el suyo un desempeño que aceptaban como destino. En el templo descansaba la más alta responsabilidad reguladora de la conducta sico-social. Apoyados en la mística y sólo en el dogma cuando era absolutamente imprescindible, estos patriarcas afirmaban los motivos sobre causas morales para darles una consistencia inquebrantable a los actos de los coresianos. Normas que surgían de la propia necesidad de una armonía cordial y de un orden indivisible, ajeno a ejercicios de fuerza y violencia, emanaban del templo. Algunos similares a los más altos principios de las mejores religiones humanas.

Es curioso advertir que en todo este proceso no aparecían referencias a la condición bicéfala. Los mandatos se formulaban en términos genéricos y rara vez era requerido o ineludible describir la situación externa.

Kosam aplicó los recursos a su alcance y excavó tumbas. Así inició las primeras investigaciones conscientes, desde el mismo Cores, sobre los antecedentes. Oportunamente, pues su actividad permitió rescatar y preservar evidencias que luego habrían de viabilizar a las generaciones futuras su interrogar al pasado. En ulteriores trabajos, algunos biólogos acudirían al Instituto (en Trema) y al propio Cores para aproximarse al análisis científico e interpretación de la evolución dirigida.

En su carácter de exhumador, el alquimista era un hombre sobrio. Al no encontrar otros aspectos somáticos de interés evolutivo, Kosam preservó sólo los cráneos. Alineados por distintas épocas, algunos incluso provenían del tribalismo contemplativo en que vivieron Taratara y sus coetáneos. Existían diferencias de tamaño. Desde una bicefalia simétrica, casi idéntica o idéntica, a no ser por su interioridad, su oquedad, dispuesta a recoger resonancias externas -hasta la proporción actual en que la segunda cabeza (por así decirlo) llegaba apenas a la mitad del tamaño de la caja que albergaba la materia altamente calificada.

Kosam asentó en sus manuscritos que la conformación craneana primitiva era gemela. El esqueleto de los bicéfalos seguía las mismas líneas de desarrollo en las dos expresiones óseas superiores de su cuerpo. Era el interior el que había sido resuelto de forma diferente. El aspecto exterior, como pudo comprobar en sus contemporáneos, era similar en cuanto a que se reproducían las formas de los sentidos, casi fielmente, incluso con un mecanismo de ojo y párpado que garantizaba efectos aparentes.

Kosam era atacado con persistencia por una fiebre de conocimiento y saber que no encontraba una razón justificativa en el medio circundante. No sólo era atraído por el interés de sus inclinaciones sino que, de súbito, podía presentir que existían otros campos de indagación, impenetrados, desconocidos, que surgían de la actividad coresiana.

A partir del doble cráneo y de la columna bífida (a la altura de la base del cuello) Kosam reunió cientos de ejemplares, representativos de distintos estadios de la evolución del hombre de Cores. Sobre cada par, dejaba asentadas sus observaciones. Al final, podía comprobarse cómo la segunda cabeza había ido reduciéndose gradualmente de tamaño.

Aunque esta labor constituía un gran auxilio para los hombres del satélite de observación y conducta, Kosam no podía penetrar a lo profundo del pasado remoto, en los antecedentes primarios de la especie, por las limitaciones de su época, lo que sí le hubiera sido posible al hombre de la Tierra.

Pero, éste, uncido a su política establecida, de no permitir que los coresianos conociesen su presencia, se mantuvo oculto.


 

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