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Cuento
Por Bruno Henríquez
Publicado en la revista virtual i+Real
 
 
Polvo en el viento, antología de la CF cubana
 

¡Qué lástima que la televisión no pueda transmitir el olor!- dijo Rosalía Arnaez la conductora (ese día por casualidad) del programa Contacto mientras mostraba en la pantalla un humeante plato de comida recién preparada por un actor famoso.

Y yo en mi casa pensaba - si ella supiera, si conociera todas las dificultades que he confrontado con mi invento que permite transmitir los olores por radio, por teléfono, televisión, vía satélite, hasta por la banda de los radioaficionados.

Primero fueron los ensayos para lograr entender el olor, poder decodificar la química de su origen, la reacción biológica de quien huele, el proceso psíquico, emocional en fin de la sensación que produce cada olor, su regulación, intensidad, amplitud, aroma, tono, fetidez, acorde, fragancia, recuerdos asociados y cada efecto que lo origina o que el olor produce.

Al fin quedó constituida la Enciclopedia Electromagnética del Olor, guardada en discos de computadora y tomada de las muestras que conservo en diez mil frascos, factibles de ser repetidas por amplificadores, bocinas y osciladores de los que hay en cualquier instrumento electrónico de los que se tienen en el hogar.

La recolección de las muestras trajo las protestas de mis familiares y compañeros de trabajo, a quienes le molestaba que cada objeto, perfume, desecho, comida, hez, secreción o extracto que pasaba por mis manos o que levantaba el más leve aroma o peste fuera recogido por mi y envasado, clasificado con un número y un nombre, pasado a la computadora, analizado y decodificado con un método que desarrollé al incluirlo por partes separadas en varias de las tesis que apadriné de los estudiantes de la universidad que me habían asignado. Así trabajé por las noches con la computadora de mi trabajo, con la de la universidad, con la que tiene mi vecino en su casa y que nada más la usa para jugar, pero así es la suerte, él la pudo comprar y yo la aprovecho.

¡Cómo envidié al protagonista de la novela El Perfume, por su capacidad de sentir y entender los olores!, pero yo no me quedaría atrás, yo lograría reproducirlos por medios electrónicos y entonces se podrían guardar los olores en discos o cassettes, se podrían hacer videohueleclips, en los que los olores jugarían un papel principal, se sentiría el perfume de una mujer hermosa, el aroma de las flores, el olor característico de la brisa junto al mar, el olor de las fieras en la selva y muchos otros olores más, uno para cada situación.

Por analogías también pude encontrar el equivalente en olor de cualquier otro tipo de señal y al igual que las imágenes de televisión se pueden cambiar de colores por la técnica computarizada del falso color, así se podía dar falsos olores a una grabación o traducir los colores a olores, las palabras a olores, la música a olores, hacer sinfonías de olores, y hasta evaluar por una escala de olores el contenido de lo que dijera alguna persona, por ejemplo cuando alguien hablara por radio, teléfono o televisión no hacía falta oír lo que dijera para saber si era de nuestro interés o no, con sólo colocar el transformador a olores podríamos oler en que se traducirían sus palabras. Así algunas personas producían en su parloteo un silencio odorífico absoluto porque no decían nada por mucho que hablaran, otras por el contrario con su interesante conversación producían el aroma de frutas jugosas o del aire fresco del campo, mientras que algunas creaban en mis equipos una fetidez tal que se mantenía aún después de haberlos desconectado.

El primer informe con los resultados preliminares lo presenté en la Agrupación de Novedades Inventos y Razonamiento (ANIR) y en lugar de recibir la aprobación del tribunal, lo que obtuve fue una gran carcajada y el mayor desprecio, porque alguien citó a un especialista que decía que el olor era de origen químico, no decodificable, irrepetible, irrecordable y que mucho menos aún se podría reproducir a través de dispositivos electrónicos que, además, no estaban en contacto directo con la nariz.

De ahí en adelante presenté mis aparatos y mis informes ante los más diversos auditorios y algunos como la ANIR de mi trabajo no me tomaron en serio, los que me tomaron en serio me demostraron que era incómodo, incosteable, antihigiénico, irrentable, que no sustituía importaciones y que en fin a nadie le interesaba. Las Brigadas Tecnológicas de Jóvenes (BTJ) por ejemplo me tomaron en serio pero a la hora de la aplicación fue a las BTJ a las que no tomaron en serio.

En el Instituto de Comunicaciones Radio-Televisivas (ICRT) me pelotearon por todos los departamentos imaginables, en uno me dijeron que había que cambiar los guiones, para que el olor jugara un papel importante, en otro que tenían que rediseñar los estudios y darse un curso para los escritores, los asesores, los críticos y los censores ya que no todos los olores podían permitirse por televisión, algunos eran de mal gusto, otros tenían problemas ideológicos o no eran aprobados para menores, o para mayores; que se deberían poner antenas especiales y captores, así como amplificadores y ver como reaccionaba el público al lanzar por los altoparlantes el mal aliento de algún orador improvisado o alguna persona entrevistada de sorpresa. ¿Cómo poder controlar o evitar, con el olor presente, las indiscreciones acompañadas de ruidos extraños como los que a veces se sentían por Radio Reloj o cómo enmascarar el aliento etílico de algunos artistas y cantantes? Traté de argumentar que el olor permitía también el doblaje y ahí mismo me cayó encima una avalancha de reproches, pues no existían ingenieros oloristas tal y como existen ingenieros de sonido y si no existían los ingenieros ¿quién iba a formar a los técnicos y quién los va a evaluar y qué cargo van a ocupar en la plantilla, con qué salario? Yo argumenté algo del multioficio y con una ráfaga de protestas me pasaron a otro departamento donde me dijeron que llenara no se cuantas planillas y después me dijeron que como en el país no existían patrones de olores ni las normas para la verificación de los instrumentos, estos no estaban aprobados para ser utilizados en la radiodifusión y que hasta que ese problema no estuviera resuelto no volviera por allí.

Mi odisea no terminó ahí, pues al tratar de establecer mis muestras como patrones en el Consejo de Establecimiento de Normativas (CEN) me dijeron que no se podía pues no existían los patrones internacionales, es decir extranjeros, para la referencia y el contraste de mis propios patrones, además yo tenía que venir apadrinado por el organismo interesado que en este caso debería ser el ICRT.

Cambié mi estrategia y traté de introducir los resultados parciales de mi descubrimiento, podría darle a los perfumistas una herramienta para controlar la calidad del producto, la posibilidad de crear nuevos perfumes por la computadora y poder olerlos antes de que estuvieran hechos.
Se podrían producir perfumes electrónicos, perfumadores portátiles de baterías. Todos fueron vanas ilusiones, los químicos, apoyados en los burócratas me declararon el bloqueo total.

Ya llevo varios años con mis equipos llenándose de telarañas y polvo; los uso sólo cuando viene alguien de alguna dependencia a las que llegan las múltiples cartas que alguna vez envié y que viajan por los laberintos de las gestiones oficiales. Entonces hago una demostración, cada vez con menos entusiasmo aunque le he explicado en que se puede utilizar a infinidad de personas, a los aduaneros para hacer detectores de drogas y contrabando, a la policía como detector de mentiras, a los médicos como un nuevo tipo de análisis para diagnosticar enfermedades, hasta a la sociedad de amigos de los perros se lo propuse para hacer un teléfono con el que se comunicaran las mascotas entre sí, pues los perros tienen un idioma de olores; para detectar las frutas podridas o el grado de maduración y muchas otras aplicaciones más. Pero todos vienen, lo ven como una curiosidad y después no vuelven más o me escriben o me llaman diciendo que no hay dinero para la inversión, que no es de interés ahora, que hay otras tareas priorizadas, etc.
Por todo eso cuando oí que Rosalía estaba interesada en transmitir los olores por la televisión para que los televidentes supieran que es lo que se cocina en Contacto, volvieron a renacer mis esperanzas. La fuerza de convencimiento de un programa estelar de la TV es algo irresistible, si la puedo utilizar y demostrar como pueden salir los olores por cualquier televisor. Voy a demostrar que mi invento es importante para el turismo y que es una fuente de entrada de divisas porque vamos a venderle a los turistas el olor de las playas y del trópico. Creo que ahora si tengo el argumento que convence a cualquiera. ¡Ahora sí! Así que espérenme la próxima semana en Contacto.

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