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¿Existe la ciencia ficción cubana?
O... sencillamente se trata de ciencia ficción hecha en Cuba
¡Llegó visita!
Cuento
Por Ileana Vicente Armenteros
Cuento publicado en la revista Juventud Técnica en mayo 1988.
 
 
Polvo en el viento, antología de la CF cubana
 

La pelota rebotó varias veces en el patio de la casa hasta que, finalmente, rodó subiendo la pendiente del desagüe y quedó inmóvil frente a la puerta entreabierta. Si-multáneamente, en miles de casas de la ciudad de La Habana, otras tantas pelotas multi-colores se asomaban a las puertas entornadas. Era el mediodía cálido de un domingo de Julio.
(-Aterrizamos en suelo elástico, éste nos devolvió la misma cantidad de movi-miento pero al fin logramos frenar completamente. Algunos desperfectos, todos repara-bles, y nadie herido. Subimos una ligera pendiente hasta situarnos frente a una grieta que se pierde en las alturas. Comenzamos el estudio de esta madriguera. Cambio,)
-¡Raulito, ven acá!
El niño se acercó temeroso, desde sus tres años comprendía ese hablar autorita-rio, esos gestos bruscos antesala del regaño.
-¡Cuántas veces te he dicho que no dejes los juguetes regados!
En el patio relucía una pelota, no era suya, de eso estaba seguro, nunca tuvo ninguna de colores tan brillantes. La recogió con sus dos manitas bien abiertas querien-do palparla toda de una vez y, muy apretada contra él, la llevó corriendo hasta la habita-ción compartida con su hermano mayor.
(-Nos ha atrapado un monstruo bípedo y nos lleva hasta su cueva, no sabemos si tenga intención de devorarnos. Los movimientos son bruscos y se han desajustado los controles. Yo mismo siento vértigo, me mantengo imanado a la pared de la nave. Sería una salvación que nos traslade al nido y dejara en calma para emprender las reparacio-nes. Cambio.).
El hermanito, apenas dos años mayor que el niño le pegaba las últimas calco-manías a un avión cuando lo vio llegar con la bola de colores.
-Déjame ver esa pelota.
Sin atenderlo, Raulito la tiró contra el piso en dirección a la pared, era un nue-vo regalo y no quería compartirla... todavía no había jugado con ella. El juguete perdió velocidad y no rebotó, el niño la pateó contra la pared y nuevamente la pelota se negó a avanzar; pero ya el hermano la recogía del piso y al no lograr que saltara decidieron jugar tirándola por el aire.
(-Efectivamente me llevaron al nido, me lanzan en todas direcciones para hacerme salir. Los daños ya son irreparables, pero no nos atraparán vivos. Cambio y corto.)

La mujer oyó el golpe seco en el balcón de su casa y salió a mirar
(-Aterrizamos sin novedad. Comenzamos la observación. Cambio.)
En el piso, un balón de playa rodaba hacia la puerta. La mujer se llevó las ma-nos a la cabeza.
"Niños malcriados, son unos vándalos. Les advertí que si caía otra pelota en mi balcón no la iban a volver a ver. ¡Mis maticas! ¡Mis cristales!.. no, nada sufrió daños; y se escondieron porque no hay ninguno por la calle. Ya verán. Ya verán. Yo se los adver-tí."
La mujer, furiosa, tomó el balón del suelo y buscó las tijeras de podar.
(-¡Nos han capturado! Intentaremos huir. Cambio.)
La esfera saltó de sus manos y rodó hacia el interior del apartamento.
"Deja que te agarre, te voy a hacer trizas. Al fin, aquí están las tijeras... no, el punzón aquel es mejor. Estos chiquillos malcriados, no les van a quedar ganas de tirar más nada para mi casa."
(-Entramos en la cueva del ser que nos atacó, tal como parecía desde el espacio exterior tienen una civilización muy rudimentaria... ¡Han perforado la nave! ¡El aire se escapa! ¡Descompresionamos... yo...!)
La fiesta estaba en todo su apogeo, la música atronaba la casa y, en el portal, un grupo de jóvenes se refrescaba y hacía comentarios cuando un esférico rodó entre los pies de los invitados y se detuvo bruscamente.
(-Nos colocamos frente a un grupo de ellos, son extraordinariamente grandes y poseen un lenguaje mixto del que, hasta el momento, distinguimos gestos y fonemas. Su visión parece ser muy limitada pues no han reparado en la nave. Cambio.)
-¡¿Eh?! ¡¿Y éso?!, ¡Cógela Juanchi!.
Juanchi apenas tuvo tiempo de levantar la mano y atrapar la pelota que iba di-recto a su cabeza.
(-¡Nos han atrapado! Permanecemos imanados al cuerpo de la nave. El movi-miento no me permite accionar los controles. Cambio.)
-¡Agarra chino!
En un momento el juego se generalizó tratando de sorprender a los más despre-venidos, uno chocó con una maceta que fue al piso desparramando tierra y cactus.
-¿Qué la pasó a la mata?
La dueña de la casa salió presurosa a reparar el daño, mientras el último juga-dor dejaba caer la pelota disimuladamente fuera del portal, ésta rodó suavemente hasta la calle.
-Con ustedes siempre pasa algo; vamos entren, déjenme recoger ésto. En la me-sa tienen refrescos.
La turba de muchachos sedientos entró a la casa, el último se detuvo momentá-neamente y vio como una aplanadora hacía polvo la linda pelota multicolor.

-Atención a todas las naves, regresen a la base. Atención a las naves, regresen a la base. Están advertidos de nuestra invasión, no corran peligros. Regresen a la base.

El espectáculo inusual de cientos de esferas multicolores ascendiendo hasta el firmamento, fue observado por algunas viejas asomadas eternamente a sus ventanas.
A nadie lo dijeron.
Nunca les creerían.

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