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otreun,
mundo del Sol Negro, es una cosmogonía
de fantasía épica, y,
como toda cosmogonía construida
sobre un presupuesto de organicidad,
es difícil de ser descrita
en pocas líneas.
Su cronología
abarca un equivalente a tres mil de
nuestros años. Y en tres mil
años pueden pasar muchas cosas.
Surgen pueblos y razas, mueren pueblos
y razas. Grandes imperios se alzan,
absorbiendo minúsculas naciones,
y son luego tragados por las fauces
del tiempo.
El sol de Sotreun
no siempre fue negro. En la primera
de las Edades, el Verano del Despertar,
era un sol como otro cualquiera. Ciertos
sucesos transformaron entonces el
mundo, el sol ennegreció, una
niebla densa cubrió todos los
paisajes, y llegó el Otoño
de las Tinieblas. Luego vendría
el Invierno de las Espadas, una Edad
en que la magia estaría ausente,
toda su esencia oculta en rincones
ignotos. A este Invierno sucedería
la Primavera de las Crisálidas,
la Edad más larga marcada por
los cronistas hasta la fecha, cuyo
inicio fue marcado por el regreso
de la magia, y que sería dividida
por los historiadores de Sotreun en
varias etapas: Los Doce Reinos, el
Dominio Mercantil, los Segundos Doce
Reinos... La Primavera sería
coronada por el caos, y el nacimiento
de nuevas culturas, en lo que se conoce
como El Nuevo Verano, al que sucedería
el Otoño de los Eternos. Es
hasta los últimos días
de este Otoño que alcanza la
cronología actual.
En Sotreun, a lo largo
de las Edades, los hombres han convivido
con una variedad innumerable de criaturas
no humanas, tales como los elohis,
los elys, los numuls, los vandailris,
los aigs... Por no hablar de la extensa
gama de razas y culturas humanas.
Esta variedad de tipos, así
como la escasez de recursos naturales
de que adolecen gran parte de las
tierras, y las empresas comerciales
y los caprichos de los reyes, han
obsequiado a la historia con no pocas
gestas memorables, como las guerras
de la Dominación Blanca, las
campañas del Imperio Aiallio,
las aventuras de los Corsarios de
Izanda, la Guerra de los Eternos,
y, sobre todo, aquella batalla en
el gran desierto de Sotreun, el Zandain,
donde se enfrentaron unos contra otros
los ejércitos de los Doce Reinos
del mundo, y ninguno salió
vencedor.
La magia ha escrito
en Sotreun páginas extensas.
Excepto en la Edad del Invierno de
las Espadas, no ha ocurrido algo importante
en el mundo sin que la magia haya
intervenido. Los magos más
poderosos y viejos del mundo, los
llamados Potentados, han sido convocados
a concilios y escrito libros de leyes
sobre el empleo de los poderes, con
el fin de establecer equilibrios entre
la energía que la naturaleza
obsequia a los mortales, y la energía
que los mortales le arrebatan. Armas
hechizadas, navíos maldecidos,
gestos de una mano que invocan granizo
o fuego sobre un campo de batalla,
flechas envenenadas que viajan a lugares
remotos, o a momentos distantes en
el tiempo. Y la magia no es una sola.
A lo largo de la historia se han manifestado
varias formas y doctrinas para hallar,
entender y aprender a manipular esta
energía. La magia pura o antigua,
la magia queshmer o de sacrificio,
la magia Signista, la magia corrupta
o sin raíces. La magia Sholyaly,
propia por derecho de nacimiento de
los Yaliandas, descendientes del Cronista.
Uno de los espectáculos más
notables, para el afortunado espectador,
es el duelo entre cultores de dos
o más variantes disímiles
de la magia.
En general, Sotreun
es un mundo fantástico dotado
de una gran variedad en todas sus
facetas. Razas, naciones, métodos
comerciales y de gobierno, doctrinas
religiosas. Todas las Edades cuentan
con varios mapas oficiales, según
los cambios en los contornos de las
naciones y las esferas de influencia
política o religiosa, y las
transformaciones geográficas
producto de sucesos naturales, o propiciados
ya sea por los poderes divinos, o
los poderes de las voluntades mortales
que abrazan la magia.
La
mitología en Sotreun es, tal
vez, más fuerte aún
que la religión propiamente
dicha. Muchos dioses han logrado supremacía
sobre otros gracias a la influencia
de los propios mortales que alimentan
su credo. Pero al visitar una taberna
portuaria, será frecuente,
entre nómadas y soldados,
nobles y sacerdotes, comerciantes
y pillos, topar siempre con dos o
tres viejos sentados en un rincón,
cuchicheando sobre héroes y
proezas de antaño, ciudades
perdidas, profecías olvidadas.
Cada vez es menos común ver
el vuelo de un Dragón o un
Gran Grifo Gris de Vandaler a lo lejos,
al tiempo que la llegada de un gran
mago a la ciudad no despierta el mismo
interés que hace mil años.
Los tiempos cambian, decididamente.
Pero este último
comentario se refiere a las gentes
del Otoño de los Eternos, la
última Edad cuya historia aún
se escribe en los templos. Las narraciones
de Sotreun, escritas por Michel Encinosa,
abarcan todas las Edades del Mundo
del Sol Negro, que son manantial inagotable
de leyendas. Y aún hay que
contar con el manantial, asimismo
infinito, de las próximas Edades
aún por nacer. Ya se encargará
de ello el Cronista. A fin de cuentas,
no basta un solo día para crear
todo un Universo.
Sobre
Michel Encinosa Fú

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