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El
Universo de
Los pecios y los náufragos
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Por
Yoss
Siglo
XXIV. Existen los viajes en el tiempo.
Hay una sociedad muy limitada, la
cual después de una serie de
guerras devastadoras, se ha quedado
en una población de cinco millones
de personas, divididas entre unas
pocas ciudades bajo cúpulas
de clima optimizado, cuyo principal
sostenimiento son los estos viajes.
Teóricamente se mantienen a
estas metrópolis aisladas en
domos herméticos, con la supuesta
finalidad de proteger el medio ambiente,
e impedir su contaminación
por el hombre. Sus habitantes de dedican
a viajar en el tiempo, con el fin
de recuperar obras de arte, y tesoros
perdidos de la humanidad a lo largo
de los siglos. Para esto existen distintas
categorías: operadores, observadores
e incursores. Los observadores, que
definen la situación de un
lugar, antes que los incursores acudan;
y los operadores, que son los que
deciden que incursión debe
hacerse, en cuales circunstancias
y que es lo que debe recuperarse.
Los operadores son la elite de los
que pueden viajar en el tiempo. Un
consejo de estos, dirige la sociedad
por medio de lo que podría
llegare a llamarse, una autocracia
democrática. Cuando uno de
ellos comete lo que se considera alguna
falta, es juzgado por un consejo integrado
por esta misma elite, pero enmascarados
con túnicas verdes. Dentro
de esta colectividad, Targo, que es
un joven inconforme, trata de encontrar
su lugar. A él le parece que
la simple recuperación de obras
de arte, a veces se convierte en un
fetiche, cree que no todo procede
de la manera más correcta.
Ha enfrentado diversas sanciones por
su proceder poco ortodoxo y al fin
es colocado bajo supervisión
por parte de un operador.
Targo es un aficionado a las artes
marciales y ha conocido previamente
a este, que es el autor de uno de
los simuladores de combate más
famosos del momento. Más que
una presencia molesta, se convierte
Ián, que así se llama
este sujeto, en su amigo. Revelándole
que todo no es como parece a primera
vista, pues los operadores no están
recuperando solo pecios históricos,
sino que también traen, más
que todo, materia prima.
Por Ián, Tarco descubre la
gran mentira en la que se basa esta
sociedad: no existe afuera ese mundo
colmado de ambiente sano y naturaleza
virgen; las ciudades son los últimos
reductos de un mundo destinado a desaparecer.
Un planeta asolado por corrientes
de tiempo caótico, que son
consecuencia indirecta de los propios
viajes en el tiempo. Una relación
de la entropía. Pues, a la
vez que hay que ordenar, invirtiendo
de algún modo la entropía,
para poder viajar al pasado, se generan
zonas de entropía tendiente
a infinito, donde el tiempo puede
correr en varias direcciones a la
misma vez.
Targo descubre que esta colectividad
no es aquella Arcadia feliz en la
que se pueden dar el lujo de estudiar
el pasado, sin preocupaciones por
el presente, ni el futuro. Sino una
sociedad desesperada, obligada a robar
del pasado, para poder sobrevivir,
puesto que no hay manera, ni de escapar
al espacio, que ha sido ya invadido
por estas corrientes de campo caótico,
ni escapar hacia otros tiempos.
Se percata que cada vez que se viaja
en el tiempo, se crea una corriente
de tiempo alternativa y en muchas
de ellas, los seres humanos, no solo
no existen, sino que a veces no son
siquiera, la especie dominante. Encuentra
que la historia de La Tierra que el
conoce, ha ocurrido en realidad, de
una manera completamente distinta.
Y además, existe una interrogante
que siempre le ha preocupado; hay
cien mil años al final del
Período Terciario, son los
llamados Siglos Cerrados, en los cuales
se puede penetrar, pero es imposible
salir. Sabe también que cualquier
operador que de alguna manera esté
interfiriendo con los intereses del
consejo, está sujeto al enfrentamiento
con los "grendell". Máquinas
inteligentes convertida en asesinos
implacables. Una pequeña máquina
de matar, diseñada para perseguir
a través del tiempo, que no
sabe cuando parar.
Nuestro personaje descubre que los
integrantes de aquella sociedad prefieren
mantenerse en estas creencias irreales
y mantener sus ojos cerrados a la
realidad,. Considerando entonces sin
el derecho de luchar, toma entonces
la decisión de convertirse
en un náufrago del tiempo.
La novela está escrita, alternando
escenas del pasado, en las cuales
Targo cae en uno de los Siglos Cerrados,
domestica un tigre dientes de sable
y descubre cuales son los causantes
de esta misteriosa cerrazón
en el tiempo. Unos seres de origen
no terrestre, los xenos, que además
están interfiriendo de manera
positiva en la evolución de
los prehomínidos, para convertirles
en australopitecos y hombres de Naerdenthal.
Entrevista
realizada por G. Ch. Spínola
el 12 de septiembre del 2002

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Cómo
se hizo Los
pecios y los náufragos
|
Por
Yoss
La
idea del Los pecios y los náufragos
surgió justamente a partir del tigre
dientes de sable. Estaba yo en el primer
año de la carrera en la Universidad,
cuando escribí una especie de prefiguración
de esta novela, que titulé en aquel
momento: Lamadme simplemente náufrago.
En esta yo trataba de retomar los pasos
de Yack London, en Colmillo Blanco, pero
enfocando esta vez la amistad entre un hombre
y un depredador, en este caso un esmirodonte,
un dientes de sable; tanto desde el punto
de vista desde el hombre, como desde el
animal. Para esto solo tenía dos
soluciones: o traigo el dientes de sable
a nuestra época, o llevo un hombre
a la época de los dientes de sable.
A partir de ahí, desde este recurso
básico de la CF, de: "¿qué
pasaría sí?", comencé
a pensar cómo llevaría un
hombre a la época de los dientes
de sable y me dio por ponerlo como un náufrago.
Esta idea de un naufragio en el tiempo me
pareció interesante. Pero para que
hubiera un naufragio en el tiempo, debería
existir una especie de transporte en el
tiempo y ¿qué posibilidades
hay de que un hombre caiga en una zona desierta?,
si no es un sitio en el que se pueda entrar,
pero no se pueda salir. Esto me trajo la
idea de las "zonas cerradas",
este límite temporal al cual se puede
entrar, pero no salir. La ocurrencia de
estos misteriosos seres, que maniobraban
con estas zona cerradas, estos "xenos",
imaginados como una especie de concreción
de todos los temores y esperanzas que tenemos
a cerca de los extraterrestres, que son
simplemente "Los otros". Esa otredad
que siempre esta al borde de toda experiencia
y descubrimientos humanos. Y surgió
también la idea de una sociedad dedicada
a la recuperación de los pecios del
tiempo, o sea: cargamentos hundidos en galeones
españoles; aviones desaparecidos
en la segunda guerra mundial; que en lugar
de desaparecer en el fondo de los mares,
o alguna ignota montaña, eran recuperados
por esta sociedad del futuro, la cual precisamente
como consecuencia de estos viajes en el
tiempo, en vez de enriquecerse, se había
empobrecido al estarse cerrando todos los
futuros posibles. El concepto de este universo
le debe mucho a dos de clásicos en
estas conjeturas de los viajes en el tiempo.
Uno es Guardianes del Tiempo, de Poul Anderson,
precisamente en la idea de esta especie
de policía en el tiempo, estos grupos
que viajan tratando de mantener la integridad;
y la otra es Al fin de la eternidad de Isac
Assimov, yo traté de alguna manera
que mi novela comenzara donde terminaron
Guardianes del tiempo y Al fin de la eternidad.
es una exégesis, casi se Puede decir
que un homenaje explícito a estos
dos autores. El resto fueron una serie de
complementos de los cuales me parecía
que era magnífico mantener una estructura
que me permitiese narrar aventuras y anécdotas
en cualquier tiempo: la Italia convulsa
del milanesado en los estados pontificios;
en la ciudad de Los Ángeles de fin
del milenio, rodeado de pandillas; en la
explosión de la isla de Santorín.
En distintos momentos de la historia y además,
mientras iba narrando estas situaciones
históricas, se me ocurrió
que podía narrar situaciones paralelas:
por ejemplo, lo que hubiera pasado si los
mongoles y chinos se hubiesen mantenido
como un imperio estable, que hubieran desarrollado
la química en lugar de la metalurgia.
O que hubiera pasado si en alguno de los
mundos alternativos, las hormigas hubieran
llegado a la inteligencia de los seres humanos.
y al mismo tiempo me surgió la idea
de convertir esta novela en una reflexión,
a cerca del papel relativo del individuo
y la sociedad. o sea, si el individuo debe
acatar los dictados que le impone la sociedad,
simplemente porque es uno contra muchos,
o tiene el derecho de cuestionarlos. Si
una sociedad hace cosas que desde el punto
del individuo no son éticas, puede,
de alguna manera volverse contra esta sociedad,
y elegir lo que yo llamo, la senda del ermitaño:
separarse de esta sociedad, convertirse,
como el protagonista de mi novela, en un
náufrago voluntario; dado que comprende
que, si tantas personas están de
acuerdo, en cerrar los ojos y no ver la
verdad, él quizá no tenga
derecho a abrírselos a la fuerza,
pero al menos tiene la facultad de no cerrar
él los suyos.
Entrevista
realizada por G. Ch. Spínola el 12
de septiembre del 2002

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