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Crítica
Literaria
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Son
escasos los críticos
literarios de oficio en Cuba,
que en realidad dominen los
cánones de la CF. Por
su puesto, tampoco es suficiente
la CF que se publica en nuestro
país, como para brindar
alimento a alguno de ellos.
De esta manera, se convierten
en verdaderas rarezas los
artículos dedicados
a la crítica de obras
literarias de ciencia ficción
y fantasía, en nuestro
archipiélago cubano.
Según podamos recopilarlos,
se expondrán en esta
sección los materiales
publicados sobre el tema.
El
Guaicán Literario
no se hace responsable de
las opiniones vertidas por
los autores.
| Ciencia
ficción cubana
Problemática
y supervivencia
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Nova
de cuarzo
Vladimir
Hernández |
Los
pecios y los náufragos
Yoss
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Los
viajes de Nicanor
Eduardo
del Llano |
La
estrella bocarriba
Raúl
Aguiar
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Sol
negro
Michel
Encinosa Fu |
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Ciencia
ficción cubana
Problemática y supervivencia
Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel
EnríquezPiñeiro)
La CF aparece en Cuba por primera
vez en los años sesenta. Desde
entonces, un nutrido número
de autores dedicados a cultivar este
género ha logrado publicar
sus libros en los que si a veces no
sobra la calidad, nunca falta el entusiasmo.
Con la crisis del papel y sus consecuencias,
la CF se ha visto duramente afectada.
Sin embargo, ante la necesidad de
buscar en el extranjero mercado para
este tipo de literatura, se ha vuelto
imprescindible un análisis
racional y profundo sobre lo que de
este género se ha producido
en Cuba. En estas cuartillas, pretendemos
sugerir algunas ideas que pudieran
tener en cuenta aquellos que acometan
la tarea de hacer la exégesis
de la CF escrita en Cuba.
El período que siguió
al triunfo de la Revolución
se destacó por su efervescencia
cultural. Por estos años, se
publican libros como: El
siglo de las luces,
de Alejo Carpentier;
Paradiso, de Lezama
Lima; Condenados de
Condado, de Norberto
Fuentes; Los pasos en
la hierba, de Heras
León; Los años
duros, de Jesús
Díaz; Los niños
se despiden, de Pablo
Armando Fernández. El auge
alcanzado por la CF a nivel internacional
en la pasada década -verdadera
edad de oro del género- sumado
a este boom cultural propició
que aparecieran los tres primeros
libros cubanos de CF.
De este primer período, llama
la atención en la CF la calidad
literaria y el nivel imaginativo de
la generalidad de las obras. Aunque
nos es imposible explicar esta afirmación
en el escaso espacio que nos permiten
estas páginas, no dejaremos
de mencionar las obras de algunos
autores cuya lectura, creemos, basta
para reafirmar nuestro criterio. En
primer lugar, Oscar
Hurtado, recopilador de la mejor
y más completa antología
del género publicada en la
isla y autor de Los papeles
de Valencia el mudo.
Igualmente, Miguel
Collazo escribe dos libros significativos:
El fantástico
libro de Oaj y El
viaje.
En cuento es imprescindible mencionar
a: Un
inesperado visitante,
de Ángel
Arango; Retroceso,
de Arnaldo Correa; Las
montañas, los barcos y los
ríos del cielo,
de Germán Pinella; No
me acaricies, venusino,
de Juan Luis Herrero, y El
pirotécnico Li-Shiao,
de Manuel Herrera. Cabe señalar
aquí la labor de Virgilio
Piñera dentro de las vertientes
del absurdo, la fantasía y
la fabulación, que también
cultivaron con éxito otros
autores.
Al principio de los años 70,
la política cultural cambió
en busca de una literatura que permitiese
al pueblo sentirse un protagonista
más inmediato de la lucha por
la nueva sociedad. Fueron años
durante los que se radicalizó
el proceso revolucionario. Todo esto
trajo como consecuencia lo que hoy
se llama "el quinquenio gris".
Se promovió una literatura
la que se narraba de manera épica
distintas etapas de la lucha revolucionaria
sin preocuparse por la calidad estética
o argumental de las obras. No se publicó
ningún libro de CF escrito
en Cuba del 72 al 77.
Sólo en los últimos
años de la década del
70 hay un breve respiro, vuelve a
editarse CF nacional y comienza lo
que sería el segundo período
de este género en Cuba. A pesar
de que algunos autores de la primera
etapa seguirán escribiendo,
ya sin la calidad que los caracterizaba,
aparece una gran cantidad de gente
más joven que le dar a la CF
cubana soluciones y enfoques novedosos
aunque no siempre afortunados.
Es también por estos años,
específicamente en 1979, cuando
se introduce el tema de la CF en dentro
del concurso David,
creándose el primer y más
importante premio literario para este
género en nuestro país.
En 1981, la editorial Letras Cubanas
publicó un libro que se convertiría
en un nefasto presagio para el resto
de la década. Expedición
Unión Tierra,
de Richard Clenton Leonard, es una
novela en la que el término
catástrofe literaria parece
no sólo justificable, sino
también apetecible.
En este libro, el autor desprecia
con la tranquilidad que brinda la
ignorancia la ley de gravitación
universal, la ley de la inercia y
la del desarrollo social, por citar
los más evidentes errores.
Expedición Unión Tierra
quedó como el mejor ejemplo
de todo lo que un escritor no debe
hacer. Pero las buenas lecciones,
por lo general, son desaprovechadas.
Los escritores nacionales de CF durante
los 80 lograron abrir un espacio para
este género. Aunque ningún
destacado ensayista ni ninguna revista
de prestigio les dedicó por
eso unas líneas de aliento
(1). Se reconoció
en público la marginalidad
del género y se le mantuvo
oportunamente marginado. Por estos
años también se crearon
la mayoría de los talleres
literarios de CF de la isla y aparece
el premio Juventud Técnica
concedido por la publicación
del mismo nombre. No obstante, poco
se hizo durante este "período
de prosperidad". El impulso de
originalidad creadora de los 60 se
había perdido.
Los escritores más conocidos
de los 80, o al menos los más
publicados, son Alberto Serret, Chely
Lima, Daína Chaviano, F.Mond
y Eduardo Barredo. Sin embargo, aunque
prolíficos, no son escritores
de primera fila. De Daína,
su mejor obra tal vez sea Un hada
en el umbral de la Tierra; lo más
logrado de Alberto y Chely está
en algunos cuentos de su libro Espacio
abierto, mientras que de F.Mond
sólo merece mencionarse
la novela ¿Dónde
está mi Habana?.
Dos defectos fundamentales marcan
la CF del decenio de los 80. En primer
término, el panfletarismo presente
en algunas obras. Las trompetas que
a coro anunciaban desde esos libros
el advenimiento de una Edad de Oro
comunista, trataron de derribar las
murallas de las Jericó editoriales
utilizando un lenguaje caro a los
funcionarios del gobierno. Los libros
se poblaron de ardientes alegatos
sobre la nueva sociedad, de repetitivas
comparaciones entre los sistemas capitalista
y socialista y de épicas narraciones
sobre la lucha contra el "enemigo"
en el futuro. El problema no estaba
en las ideas que defendían
los autores, sino en que esto trajo
como consecuencia el empobrecimiento
de las tramas y la creación
de personajes con menos profundidad
psicológica que un cómic.
El otro defecto de la CF de la pasada
década es el descenso de la
calidad literaria de las obras en
comparación con la CF de los
sesenta. En los 80, la mayor parte
de los nuevos escritores que cultivan
la CF son aficionados; muchos de ellos,
personas con una formación
estrictamente científica. Eso,
unido al desconocimiento de las obras
de los grandes de la literatura latinoamericana
-léase Lezama, Borges, Carpentier,
Cortázar, Vargas Llosa, Juan
Rulfo, etcétera-, y a la sola
lectura de libros CF vertidos al español
de otros idiomas, propició
la proliferación de un estilo
que puede catalogarse como "español
de traducciones". El "español
de traducciones" posee como rasgos
más acusados un vocabulario
limitado, el temor al barroquismo,
a las oraciones compuestas y a todo
aquello que implique un conocimiento
más profundo del idioma que
el necesario para escribirlo y hablarlo
con legibilidad.
No obstante, a pesar de todo lo dicho,
en estos años se publicaron
trabajos con un mayor nivel literario
e imaginativo. Agustín
de Rojas es el mejor novelista
de CF que aparece en este decenio.
Así lo confirman sus novelas
Espiral
y Una leyenda del futuro.
Kappa 15, de Gregorio
Ortega, es un libro cuyo argumento
se emparenta con la Odisea y los Viajes
de Simbad el marino, aunque le reste
calidad cierta pobreza estilística.
En cuento deben citarse: El
canto de los dioses,
de Julián Pérez; Criminales,
de Eduardo del Llano;
Memorias de un traductor
simultáneo, de
Alberto Soto, que es una divertida
historia y resulta agradable su estilo
impregnado de una jocosa superficialidad.
Por último, el libro de cuentos
Timshel,
premio David del 88, de José
Miguel Sánchez, es la promesa
de un joven narrador con mucha imaginación
y un sorprendente dominio técnico.
En la actual década de los
90, nada se conoce de los autores
jóvenes de CF. Esto se debe
fundamentalmente a la crisis editorial
que atraviesa la isla, que ha reducido
las publicaciones anuales. El premio
David desapareció y con él
una de las pocas oportunidades de
publicar que tenían los escritores
desconocidos. Los talleres de CF se
habían desintegrado en la capital,
y, aunque al parecer vuelven a resurgir,
habrá que esperar antes de
emitir un juicio sobre ellos.
Antes de pasar
a analizar el problema de la supervivencia
del género en nuestro país,
es preciso detenerse a examinar una
cuestión que consideramos de
suma importancia: ¿existe
o no una CF cubana?
Para que exista la novela, dice Carpentier,
es necesario asistir a la labor de
varios novelistas, en distinto escalafón
de edades, empeñados en una
labor paralela, semejante o antagónica,
con esfuerzo continuado y una constante
experimentación técnica
2. Si aplicamos la
definición de Carpentier a
la temática que nos ocupa,
nos vemos obligados a aceptar que
la CF "cubana" es sólo
un mito. En realidad, los escritores
cubanos se han limitado a copiar los
modelos literarios creados por la
CF anglosajona o en Europa del Este.
Además de que hablar de experimentación
técnica dentro de la CF nacional,
salvo raras excepciones que no han
tenido consecuencias, es imposible.
Arriesgar una opinión sobre
el futuro inmediato de la CF escrita
en Cuba es intentar profetizar en
un tiempo refractario a las pitonisas.
Aun así, algo diremos.
Ante la carencia de papel que afronta
el país, la CF se ha visto
obligada a explorar el mercado editorial
para este género que existe
en España y América
Latina. Sin embargo, contra el escritor
cubano conspira la fatal costumbre
de ver como la mayor parte de su obra
era aceptada sin demasiadas reservas
por las editoriales. No es así
en los países antes mencionados,
donde primero el escritor debe franquear
la barrera del redactor de una revista
profesional o un fanzine y luego,
si su obra es meritoria o vende bien,
llama la atención de un editor
que, tal vez, se arriesgue a publicarle
un libro. Aquí, aunque han
existido revistas dedicadas a la CF
-la más notoria de éstas
fue Nova-, todas desaparecieron
tras los primeros números.
Y como nadie perdía con los
libros invendibles, continuaron imprimiéndose
obras que no merecían mejor
destino que la papelera.
Obligados como están a competir
en un país extranjero y, por
lo tanto, extraño, quizás
sean los jóvenes que comienzan
ahora quienes mejor consigan adaptarse
a los nuevos requerimientos. Para
ello, tendrán que enfrentarse
a los defectos intrínsecos
de nuestra CF y al general desconocimiento
de la CF internacional de los años
80 y principio de los 90. Irremediablemente,
aparecerán libros desfasados.
Sirva para ejemplificar esto último
el hecho de que aunque el cyberpunk
en la actualidad se considere démodé
entre los escritores de CF extranjeros,
ahora es que comienzan a escribirse
los primeros tímidos intentos
de este tipo de literatura en nuestro
país.
Si la CF cubana no podrá salvarse
de la extinción en las editoriales
para limitarse a sobrevivir en los
cenáculos literarios o, por
el contrario, conseguirá abrirse
un espacio en España y América
Latina, aún está por
verse. Cabe esperar que sea lo segundo
y no lo primero. Para lograrlo, tendrá
que despojarse de sus discursos políticos,
aunque no necesariamente de su orientación
ideológica, y adquirir un mayor
nivel literario e imaginativo. Todo
depende de los propios escritores
cubanos y de su capacidad de adaptación.
Una oportunidad para abrirnos un espacio
en el exterior, adquirir una mayor
experiencia y profesionalismo, y,
de paso, crear una CF que pueda inscribirse
con propiedad dentro de las letras
cubanas.
Salvo la revista
Letras Cubanas, que publicó
dos números dedicados a la
CF y en uno de ellos le dio bastante
espacio a los escritores cubanos dedicados
a cultivar este género.
Tomado de Problemática
de la actual novela latinoamericana
de Alejo Carpentier
Ver
a Alejo
Carpentier en Cubaliteraria
Ver a Lezama
Lima en Cubaliteraria
Ver a Heras
León en Cubaliteraria
Ver a Virgilio
Piñera en Cubaliteraria
Ver a Pablo
Armando Fernández en Cubaliteraria
Para leer Un
inesperado visitante
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sobre Agustín
de Rojas
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Eduardo
del Llano
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Los
pecios y los náufragos
Yoss.
Ediciones Extramuros, 2000
Por
Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel
Enríquez Piñeiro)
Ediciones Extramuros ha publicado
recientemente el premio Luis Rogelio
Nogueras en la edición de 1998,
que fue concedido a Los pecios y los
náufragos de José Miguel
Sánchez (Yoss). He leído
con agrado esta noveleta y creo que
encontrará una recepción
muy positiva entre el público
juvenil y los adultos que no tengan
prejuicio hacia la literatura de género,
algo que me temo sea rara avis entre
nuestros intelectuales.
La historia transcurre en el siglo
XXIV, donde la humanidad sobreviviente
de un conflicto bélico ocurrido
en el XXII vive recluida en quince
cúpulas mientras en el exterior
la naturaleza, vuelta a un estado
edénico, se recupera totalmente.
El protagonista trabaja rescatando
valiosas obras de arte que fueron
destruidas en el pasado sustituyéndolas
por copias facsimilares. Su disconformidad
y sus dudas van a llevarlo a descubrir
que la situación en que viven
no es tan paradisiaca como afirma
el Consejo Supremo, lo que le obligará
a buscar la solución en los
Siglos Cerrados del Terciario, donde
vivirá una serie de aventuras
en las que está implícito
un claro homenaje a las novelas J.
H. Rosny. Sin embargo, hay algunos
detalles que no escapan a una lectura
atenta y que desmerecen al autor de
Timshel, un libro tan prometedor dentro
de la ciencia-ficción nacional.
Algunos son pecados veniales, muestras
de un amateurismo sensible de corrección,
resultado más bien de un escaso
trabajo de mesa antes de comenzar
a escribir y de una revisión
descuidada. Existen incoherencias
que no debieron escapárseles
al autor -ni al editor-, verbigracia,
el brusco cambio de sensibilidad olfativa
del tigre macairodo que acompaña
al protagonista, el cual en la página
7 percibe el olor de los rebaños
lejanos y en la 121 se muestra indiferente
a la fetidez insoportable del pangolín
que acaba de cazar. No faltan tampoco
anacronismos y equívocos. Yoss
confunde plioceno con pleistoceno,
sitúa la separación
de los homínidos de los grandes
monos 1.6 millones de años
atrás aproximadamente -casi
5 millones de años después
de ocurriera este suceso-, y le adjudica
a un habitante de Thera una jabalina
con punta de hierro, cuando el uso
de este mineral en Grecia está
asociado con las invasiones dorias
que se produjeron 400 años
después. El protagonista debe
saber, en efecto, poco de antropología
si confunde unos prehomínidos
con los pitecántropos, pero
lo extraño es que viviendo
en el siglo XXIV conozca ese término,
que ya no emplean los antropólogos
del siglo XX, quienes prefieren homo
erectus. Ahora, la guinda del pastel
son los nanosatélites y los
nanomódulos de ataque de 4
y 3 cm respectivamente. Desconozco
por qué Yoss finge ignorar
que al decir nano ya está dando
una medida -0.000000001 m-, y que
la nanotecnología implica máquinas
que operan a nivel molecular lo que,
por principio, excluye una magnitud
tan grande como los centímetros.
Todo esto pueden parecer detalles,
pero son una muestra del poco profesionalismo
con que se escribe ciencia-ficción
en Cuba. Nada cuesta perder media
hora con una enciclopedia en la sala
de referencias de una biblioteca -yo
no perdí más para verificar
esto- y excluir así un error
evitable. Lo que no significa que
la ciencia-ficción deba atenerse
a lo estrictamente científico,
de hecho, lo esencial en el género
es el sense of wonder que crea este
tipo de historias -conseguido aquí
gracias al viaje en el tiempo; científicamente
imposible, pero indispensable como
premisa esencial de esta historia.
No obstante, si uno va a utilizar
determinada terminología para
conseguir que el lector suspenda con
más facilidad su incredulidad,
debe preocuparse entonces por verificar
que no incluye errores que producirían
exactamente lo contrario.
Otros problemas, sin embargo, son
más difíciles de obviar
y, si como libro de aventuras lo hallo
bien logrado, como libro de ciencia-ficción
no quedo igual de satisfecho. No pude
evitar la sospecha al leerlo que el
autor no había pensado a fondo
todas las premisas de su historia:
hay detalles que no resultan convincentes
dentro del propio universo de la noveleta.
Un buen ejemplo es la explicación
de por qué no se puede viajar
al futuro, que corre el riesgo de
parecer forzada y, para mí,
es innecesaria ya que la hipótesis
del protagonista resulta más
inteligente que la impuesta por el
autor. Además, no entiendo
por qué los líderes
de una sociedad al borde del desastre,
teniendo la posibilidad no sólo
de viajar al pasado sino a universos
alternativos, no han buscado entre
estos últimos uno donde no
haya aparecido vida inteligente y
sea habitable -debe existir alguno
por probabilidad- para mudar a los
cinco millones de personas que componen
la población de la Tierra.
Si usted se encuentra en un barco
que se hunde y sabe que puede encontrar
otro en buen estado para trasladarse
a él con sólo buscar
un poco, ¿no lo intentaría
por engorroso que resultara el traslado?
Por otro lado, aunque me agradan las
aventuras y acepto las convenciones
que como género implican, no
me resigno a que por ello se resienta
el trabajo de personajes. El joven
protagonista responde a un estereotipo
de héroe cuyas motivaciones
no suelen trascender la actitud romántica
de yo-contra-el-mundo, mientras que
las dudas que le produce su sociedad
responden a una mezcla de la paranoia
típica de la Teoría
de la Conspiración y a la inconformidad
producto de la inmadurez. Su idea
de la ética se reduce en apariencia
a que los buenos dicen siempre la
verdad, sin importar las consecuencias,
acompañada por una incapacidad
para dudar de sus valores y visión
simplista del mundo que terminan por
restarle interés. Su mayor
momento de madurez se produce cuando,
cerca del final, se percata de que
él también es un ser
social y necesita de los demás;
su momento más bajo lo consigue
cuando descubre que la raza humana
es producto de manipulaciones llevadas
a cabo por alienígenas y apenas
condesciende a sorprenderse. En ese
instante eché de menos algún
tipo de reflexión -ética,
filosófica, existencial- que
lo pusiera al nivel de una buena novela
del género.
Aún así, Los pecios
y los náufragos es una noveleta
de aventuras con ambiente de ciencia-ficción
realmente agradable, que puede leerse
con gusto y sin sentirse uno importunado
por nada de lo anterior. Detrás
hay un narrador con talento y oficio
que sabe cómo contar una historia
y cómo mantener el interés.
Su mejor virtud reside en su imaginación
por lo que tanto las reconstrucciones
de nuestro pasado como los atisbos
que nos da de los universos alternativos
están bien logrados, y si utiliza
los clichés del género
-viajes en el tiempo, universos alternativos,
alienígenas- sin aportar nada
nuevo, lo hace con habilidad, en ocasiones
con verdadera inteligencia; por ejemplo,
cuando explica que cualquier cambio
en el pasado crea una línea
temporal nueva sin alterar para nada
el presente de los protagonistas.
Además, maneja con maestría
la analepsis para ir revelando poco
a poco la información y alterna
los diálogos con las escenas
de acción consiguiendo un equilibrio
que no consciente el aburrimiento.
Dentro del panorama actual de la ciencia-ficción
cubana es un libro que se agradece
y que le da al género un tratamiento
que, sin ser original, en nuestra
situación resulta novedoso
y apropiado, al menos -quiero ser
optimista- como punto de giro para
trabajos más serios. Es, también,
un libro entretenido, algo que en
los días que corren no se puede
afirmar de mucha gente.
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| Nova
de cuarzo
Vladimir
Hernández Pacín
Ediciones Extramuros, 1999
Por
Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel
Enríquez Piñeiro)
He leído con agrado los cuentos
de que integran Nova de cuarzo, mención
del Luis Rogelio Nogueras del 98,
de Vladimir Hernández Pacín.
Me sorprendió, sin embargo,
que la calidad del libro superara
con mucho los halagos de la nota de
contracubierta, lo cual, consentirán
mis lectores, es algo poco común.
Uno de los méritos innegables
del libro es que con él la
ciencia-ficción (a partir de
ahora cf) cubana ha arribado temática
y conceptualmente a los 90, lo que
sonará paradójico sólo
a quienes desconozcan los envejecidos
referentes literarios del género
en nuestro país, fijados mayoritariamente
en las décadas del 40 y el
50. A diferencia de los anteriores,
y como muchos libros de los 90, Nova
de cuarzo está influido por
la estética ciberpunk, un subgénero
que apareció en los 80 en Estados
Unidos y cambió la cf de esa
década, y que sigue marcando,
aunque sea lateralmente, la cf en
nuestros días.
Dentro de Nova de cuarzo, aun los
cuentos que no son ciberpunk están
obviamente influidos por éste.
"Maniobra de evasión",
una historia de space opera, se aleja
de lo convencional al introducir los
conceptos de inteligencia artificial
y realidad virtual, que suelen ser
típicos del ciberpunk. En "Niveles
de conciencia", una historia
de contactos en un futuro lejano,
la presencia constante de la tecnología
y la idea de la post-humanidad como
próximo paso evolutivo entroncan
de lleno con las historias de Bruce
Sterling, uno de los gurús
del ciberpunk en los años 80.
Y es que Nova de cuarzo es el libro
de cf cubano donde con mayor sofisticación
e inteligencia se presenta el impacto
de las nuevas tecnologías en
la sociedad. No quiero decir con esto
que sea un libro de prospectiva o
un manual de divulgación científica,
me refiero al papel determinante que
juegan los gadgets como elementos
desencadenantes de las historias o
simplemente como un fondo, como referentes
para caracterizar esa realidad. Esa
profusión de gadgets, ese barroquismo
tecnológico le transmiten a
los cuentos una sensación de
extrañeza, que nos permiten
reconocer un futuro distinto del nuestro.
Esta "diferencia" con nuestra
realidad, y con las "realidades"
propuestas por otros libros de cf
publicados en Cuba, puede, por esa
misma omnipresencia de aplicaciones
tecnológicas, resultar de difícil
acceso para el lector cubano, desconocedor
de lo acontecido en el campo de la
cf anglosajona en los últimos
treinta años. Con vistas a
disminuir la dificultad de ese primer
acercamiento se ha incluido un breve
glosario donde se explican la mayor
parte de los términos utilizados
en el libro, sobre todo los que provienen
de la literatura de cf y no del entorno
tecnológico de este final de
siglo.
Interesante y novedoso también
resulta en este libro el tratamiento
de La Habana, que se aleja de un costumbrismo
que había lastrado hasta ahora
los acercamientos a nuestra realidad
-valga como excepción El fantástico
libro de Oaj, de Miguel Collazo-.
Los tres cuentos de futuro cercano
de Nova de cuarzo presentan una Habana
cosmopolita y multicultural, una construcción
inteligente e imaginativa que se aleja
de lo que nos tenía acostumbrado
el género en la isla y que
evidencia una mayor madurez a la hora
de pensarnos a nosotros mismos como
parte activa de un futuro posible.
Llama la atención también
el cruzamiento de culturas y de naciones
que se evidencian en estas historias.
Generalmente, las ideas de futuro
ofrecidas por la cf cubana limitaban
sus sets a un momento tan lejano donde
no era necesario -o posible- definir
las nacionalidades, a Norteamérica
o a un futuro comunista donde Moscú,
capital del mundo, resultaba el lugar
idóneo donde emplazar la acción.
En Nova de cuarzo, junto a los países
del Primer Mundo, aparecen ocupando
un lugar destacado las zonas marginales
del planeta y las subculturas típicas
de una sociedad de mosaico, producto
de la fragmentación cultural
que ocurre paralelamente al proceso
de globalización que está
sufriendo el planeta. Así,
un software puede venir de Chile o
de Bangladesh, unos piratas informáticos
pueden ser turcos o ucranianos, y
una megacorporación puede ser
taiwanesa.
En medio de estos aciertos, no debe
obviarse, sin embargo, lo apresurado
del trabajo de edición, que
permite expresiones como "vértigo
acromático" (p. 34), cual
si existiese algún tipo de
vértigo en technicolor, o "hechar
una mano" (p. 26), que es un
error de cierto calibre. A favor de
Extramuros hay que reconocer, sin
embargo, que la ilustración
de cubierta y el diseño de
portada superan con creces a los que
nos han tenido acostumbrado en ese
ámbito nuestras editoriales
y que apenas comienza a cambiar ahora.
Es de lamentar que la calidad del
material de la cubierta no acompañe
este excelente trabajo.
Ya desde un punto de vista puramente
textual, no puede ignorarse que el
estilo sobreadjetivado de Vladimir
Hernández, si por momentos
le permite conseguir efectos notables
al volver palpable la compleja "realidad"
que presenta -su descripción
del ciberespacio en "Mar de locura"-,
en otros resulta molesto para la fluidez
de la acción al recargar las
frases con información irrelevante.
También puede parecer una falta
la visión un poco estrecha
de la sociedad que presentan las historias
por ajustarse quizás demasiado
a una estética que le obliga
a cerrar casi al extremo -"Déjà
Vu" pudiera ser la excepción-
el marco vivencial y social dentro
del que se mueven los protagonistas.
No obstante, quisiera aclarar que
no me parece que nos hallemos ante
una simple imitación del ciberpunk,
sino ante una recreación donde
se hacen coexistir las distintas versiones
del ciberpunk anglosajón (que
estuvo lejos de ser un movimiento
homogéneo) para crear un producto
"puro", un tipo de historia
ciberpunk que en realidad nunca existió
y que juega con las convenciones del
subgénero integrándolas
en un discurso que consigue una marcada
originalidad a partir de su propio
carácter artificial. Esta integración
está conseguida precisamente
por la visión global que permite
el estar afuera -o al margen- de un
fenómeno, que en este caso
es utilizado para especular sobre
un futuro que también va a
ser nuestro. Este libro de cuentos
escritos a lo largo de esta década
y que por fin ahora salen publicados,
marca un cambio en la concepción
de la cf cubana y pone un precedente
de calidad que no deberá ser
ignorado.
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Críticas
sobre la estrella bocarriba:
Tomado del ensayo Formas del realismo
en la ciudad barroca. Diez narradores
cubanos de los años 90. De
su libro Síntomas
críticos. Alberto
Garrandés.
"Aguiar
es un islote, entre otros, para lo
que ha sido y es la prosa de ficción
en la isla durante la década
de los 90. Aquejado la mayor parte
de las veces del inocultable - y difícil
de evitar - anhelo testimonial, el
género narrativo no ha podido
menos que servir en ocasiones de trasfondo
para que cuentistas como Aguiar, y
en general los narradores que aquí
se dan cita, sobresalgan con el forcejeo
natural y la dosis de extrañeza
de sus respectivas estéticas.
Los relatos de Aguiar, en específico
aquellos que figuran en La hora fantasma
de cada cual, revelan su necesidad
de imprimir una torsión a lo
que yo llamaría lengua de la
noche. (...) Una lengua pluralista,
llena de claves mitopoéticas
y que, por añadidura, establece
una congruencia muy especial con la
cultura ciberpunk, o con lo que la
fabulación de Aguiar, pródiga
en mezclas e intercambios - muy calculados
-, asimila de dicha cultura para conformar
su escenario animado, su retablo.
Su estilo es duro, de gran realismo,
en ocasiones joyceano, y traza un
universo periférico, de la
irreverencia y la blasfemia. Se trata
de un mundo potenciado cuidadosamente,
temerario, pero sin estridencias inútiles,
hecho desde la perspectiva de dimensiones
caracterizadas por su dualismo: el
mito y lo cotidiano, lo virtual y
lo real. Ése es el tipo de
estructura en que se sostiene su novela
La estrella bocarriba. Por una parte
hallamos un imaginario del mal o,
simplemente, de lo otro; un imaginario
de tópicos reciclados, por
así decir, y donde la cotidianidad
accede a una investidura ritualista,
de notable brillantez, y cuya forma
es barroca. Por otra parte encontramos
un mundo citadino reconocible en el
rock, la experiencia "psiconáutica"
y la reflexión "finisecular",
todo lo cual se teje en una red junto
a los "tics" cibernéticos
y las nociones - a menudo en tela
de juicio - de naturaleza, espíritu
y artefacto. La ciudad barroca se
metamorfosea en La estrella bocarriba
hasta ser suplantada por otra en la
que hay una suerte de cosmética
imperial, propia de las urbes mitológicas,
hijas de la imaginación y que,
en este caso, se unen oblicuamente
a la idea de la antiutopía.
Al examinar la novela, sabemos que
los hechos ocurren en un hoy de eso
que llamamos presente, pero tenemos
la impresión de que siempre
vemos las cosas en futuro, o en un
futuro adyacente, virtual como las
imágenes del espejo y sin compromisos,
empero, con la high tech."
"La bifurcación entre
mito y realidad, entre la imagen y
el objeto que la produce, entre lo
virtual y lo tangible, presupone también
la existencia de anomalías
en el plano lingüístico,
específicamente en el lexical.
Aguiar incorpora en el texto un nutrido
grupo de neologismos - colocados al
final en forma de glosario - que nos
separan de lo mismo para sumirnos
en lo otro, en la otredad posible
de su mundo, sin esa violencia auxiliada
por la invención u originada
en el artificio. Hay artificio, es
imposible negarlo, pero él
existe como generalidad, como documento
que resulta de una poética,
y no como acierto particular o recurso
de ocasión con el que podríamos
tropezar durante la lectura Una lectura
en la que reconocemos, dicho sea rápidamente,
dos puestas en escena de una historia,
como si Aguiar dispusiera de dos elencos
(en realidad trabaja solo con uno,
y con un intenso repertorio de máscaras
y disfraces) para representar su narración.
Aunque eso mismo podríamos
decirlo de otra manera: los personajes
entran en una dimensión y salen
por otra en dependencia de las necesidades
configurativas de esa insólita
novela"
Sobre
Alberto
Garrandés en CubaLiteraria
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| Los
viajes de Nicanor
Eduardo
del Llano
Ediciones Extramuros, La Habana, 2000
Los
cuentos del peregrino
Por Rogelio Riverón
Tomado de la sección
Culturales del periódico Grannma
fecha 08/04/2002.
Es natural que la narrativa cubana se haya
acogido, de un tiempo a esta parte, a una
necesidad de brindar testimonio sobre los
momentos actuales. Se trata, en realidad,
de una característica de la época,
la cual rebasa el enclave de un país.
El Realismo como concepción estética
ha sabido ser mutable para bien, y parece
conectado a la perfección con la
sicología de un presente que tiene
ya unos cuantos años. Pero esa inclinación
testimonial ha dejado mucha obra dudosa,
equivocada, herida de muerte por sus presupuestos
vanos.
La presencia de un libro como Los viajes
de Nicanor, de Eduardo
del Llano, puede ser celebrada, habida
cuenta del rumbo de nuestra narrativa, como
un ensanchamiento de aquello que nunca debió
recogerse en sí mismo, pero ojo,
que el ser distinto no le garantiza una
calidad esencial. Probaré a invitar
a su lectura y quizás lo consiga
en buena lid.
Con las increíbles andanzas del popular
Gulliver como
inspiración, Los viajes
de Nicanor (Ediciones Extramuros,
La Habana, 2000) nos son revelados en siete
cuentos moldeados por la fantasía
y las aventuras. Se trata de piezas que,
a la par que enlazan una peripecia con otra,
atinan a conformar un conjunto de alusiones
sobre el comportamiento humano y sus plurales
consecuencias. Confieso que he temido en
ocasiones alejar al lector de lo que deseo
en realidad encomendarle. Debe ser por esa
inclinación de los críticos
a dar razones también simbólicas,
cuando quizás debamos limitarnos
a proponer una lectura dada.
Sin embargo, debemos convenir en que una
buena obra de arte se niega a permanecer
en su propio ámbito. Significa que
hay que leerla de muchas maneras, con la
sospecha de que no se conforma con decir
lo que dice a primera vista. Los
viajes de Nicanor nos cuenta
sobre el recorrido de un personaje singular,
Nicanor O'Donnell, a quien Eduardo del Llano
ha hecho pasar de un libro a otro y de estos
al cine, por tierras extraordinarias, por
parajes sembrados de animales parlantes,
de peligros y de ensoñación.
Dueño de una imaginación efectiva,
de un lenguaje dúctil, sorpresivo
en ocasiones, Del Llano trama escenas en
las que la fantasía se pone a la
orden de lo alegórico y hace que,
por un efecto de reflujo, pensemos en nuestras
propias vidas.
Diversión, reto y pensamiento emanan
de este libro meditado con inteligencia,
como para que lo leamos y nos quedemos sonriendo
misteriosamente.

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| Bocarriba
¿la estrella o el hombre?
Por Amir Valle
Tomado de http://www.cubaliteraria.cu/perfiles/narrativa_4.html
Es injusto. Hace un año ya
asistimos a la presentación
oficial de un libro que se anunciaba
como un escándalo, que se
esperaba luego de casi una década
de que su autor fuera desgranando
capítulo a capítulo
en lecturas de cuanto evento de
narrativa se hiciera en el país,
provocando elogios y reflexiones
sobre el mundo que se movía
en sus páginas.
Se presentó la novela La
estrella bocarriba,
de Raúl
Aguiar, publicada en el 2001
por la editorial Letras Cubanas,
y nada ha pasado.
Es injusto, repito, puesto que es
el único libro de todos los
publicados por la llamada promoción
de los 90 o Novísimos que
logra ofrecer la cosmovisión
del mismo sector poblacional que
los hizo "lo distinto",
al decir de críticos como
Sacha y Padura,
cuando se refieren a las primeras
tendencias temáticas y estilísticas
de esta promoción. No por
gusto hoy los escasos ejemplares
de La estrella bocarriba
que sobreviven, se muestran arrugados,
manchados, deshojados, convertidos
en la Biblia de muchos rockeros
de hoy que nada tuvieron que ver,
y seguro ni siquiera recuerdan,
la fenoménica que conmocionó
el panorama cultural de la nación
a fines de la década del
80 y principios del 90, donde se
gestó el fuego que alimenta
cada una de las escenas de esta
obra.
Se impone hacer algo de historia.
Una historia que vincula a Raúl
Aguiar con uno de los tres grupos
literarios que conformaron los autores
de la promoción mencionada:
El Establo, Seis del
Ochenta, y Diáspora.
Nuestra historia se refiere a Raúl
Aguiar formándose en esa
escuela de jóvenes escritores
que fue El Establo, un
verdadero grupo multitudinario,
por cuyas filas pasaron más
de una docena de noveles escritores,
aspirantes a serlo o simples amantes
de las letras, en su corto período
de vida (1987-1988).
Francisco López
Sacha, uno de los primeros en
llevar a sus trabajos críticos
la fenoménica de los cambios
en la narrativa cubana del 90, se
refiere a este grupo del modo siguiente:
"Los rockeros, encabezado por
José Miguel
Sánchez, Ricardo Arrieta,
Ronaldo Menéndez, Raúl
Aguiar y Verónica Pérez
Kónina. Este grupo comparte
algunos rasgos de estilo con Los
iconoclastas, y a veces, hasta las
mismas preocupaciones temáticas,
pero su sentido del cuento está
más orientado a la acción,
al argumento, a la lógica
de la continuidad. Su estilo de
narrar tiene puntos de contacto
con la generación anterior
-conflicto polar en muchos casos,
violencia física, ruptura
de la sintaxis, interpolaciones
musicales-, pero en ellos estos
rasgos no están modulados,
sino exagerados, en algunos momentos
hasta el paroxismo. Las divagaciones
de los personajes o del narrador
ocupan mucho espacio en la anécdota,
y ésta se reduce en ocasiones
a un acto sin sorpresa, a un rotundo
estallido." (1)
Presente en La estrella bocarriba
está la tipicidad más
visible en la obra de los narradores
de El Establo (a la cual
ya Sacha hace referencia en el párrafo
anterior): la mistificación
creada en torno a una "poética
del escándalo", basada
en una especie de fiebre del performance
más que en la propia obra
literaria. El Establo,
ciertamente, resulta indispensable
para cualquier análisis crítico-histórico
sobre el surgimiento y desarrollo
de las nuevas tendencias artísticas
en las jóvenes promociones,
en especial aquéllas relacionadas
con el campo de la plástica,
el cine y la música, y más
esencial lo es aún si se
analiza la actual influencia de
los "gritos epocales"
de esos géneros dentro del
amplio espectro narrativo que hoy
caracteriza a escritores fundadores
o participantes de aquel Concilio
Establiano.
El éxito de Raúl,
en esta obra de madurez que surge
después de haber publicado
La hora fantasma de
cada cual, donde sienta
las bases de lo que luego se convertiría
en expansión filosófica
y estilística en La estrella...,
consiste en que toda su novela es
un performance preparado para que
el lector participe, rechace o comparta
el juego propuesto en una estructura
laberíntica de acertijos
(cada nueva respuesta lograda por
el lector le da paso a la comprensión
de una etapa más compleja
de la historia narrada en la cual
se sumerge) que lo llevará
a entender la necesidad de las leyes
internas del nuevo mundo que nos
muestra, y lo indispensable, incluso,
de la existencia de un lenguaje
propio, distinto al de esos escenarios
marginales en los cuales se mueven
sus vidas.
Es justamente en 1988 cuando varios
de estos creadores pertenecientes
a El Establo obtienen premios nacionales
de importancia, trasladando de ese
modo el protagonismo de la más
joven narrativa cubana hacia el
occidente y contribuyendo a una
fiebre temática en torno
al universo de la marginalidad a
partir de un submundo de ese gran
mundo marginal: los frikis o rockeros.
La crítica comenzó
a fijarse en ellos, en sus propuestas
renovadoras, en su afán de
escándalo y ruptura, en su
espíritu irreverente y rebelde,
y destacaron, en lo esencial, piezas
que hoy siguen considerándose
puntales para el estudio de la narrativa
cubana de los años 90: Adolesciendo,
de Verónica Pérez
Kónina; La hora fantasma
de cada cual, de Raúl
Aguiar, y Alguien se va lamiendo
todo, de Ricardo Arrieta y Ronaldo
Menéndez, además de
"La Costa" o "Rapsodia
Bohemia", de Sergio Cevedo;
obras todas de iniciación,
en el sentido de que no alcanzan
los niveles de calidad que lograrían
algunos de los autores, pocos años
después, en obras como El
derecho al pataleo de los ahorcados,
de Ronaldo, que se alzara con el
Premio Casa de las Américas
en 1997, y La estrella
bocarriba, de Aguiar,
que es, repito, la única
que mantiene un hilo temático
y una línea de ascenso en
la transmisión y conformación
de una "poética de la
marginalidad", puesto que el
otro autor que se ha mantenido por
esta ruta (Arrieta) no ha publicado
nada desde entonces.
Más allá de lo que
anuncia la nota de contraportada
(en la pasada Feria del Libro de
La Habana, varios editores cubanos
se plantearon la necesidad de mejorar
este aspecto tan primordial de la
edición: un verdadero caos,
según dijeron) es imperdonable
que la crítica no haya prestado
atención a esta novela, pues
en sus páginas se encuentran
cuestionamientos que el debate sociológico
vendría a asumir hoy (es
decir, casi una década después
de que la novela se escribiera),
rebasando la dependencia testimonial
de nuestra realidad que han sufrido
la mayoría de las obras de
los narradores del 90. Y la rebasa
en tanto propone reflexiones: no
es un simple calco, un mero reflejo:
dolencia que frustró las
propuestas de cientos de cuentos
bien escritos pero fugaces en su
introspección dentro de la
realidad cubana que retrataban sin
provocar ni una reflexión
que no fuera "ah, sí,
eso lo vi en la esquina, está
sucediendo". Coloca a los personajes:
jóvenes inmaduros, soñadores,
imperfectos, en la colosal tarea
de construir el mundo que creen
perfecto, lo cual los obliga a darnos
señales de su inconformidad
con su propio papel dentro de una
sociedad moderna que se mueve con
los mismos hilos con los que toda
la humanidad es manipulada. Construyendo
esa cosmogonía particular,
asumen la tarea histórica
del ser humano: mejorarse a sí
mismos mejorando el universo que
habitan. Es un grito que rebasa
las fronteras de lo insular, de
lo continental, para convertirse
en un reclamo universal, tarea que
Raúl conoce (y asume, y propone
como tesis de fondo) pues él
mismo ha confesado haber descubierto
esa similitud de preocupaciones
en escritores extranjeros de primera
línea dentro de la promoción
como el dominicano Junot Díaz
y el español Ray Loriga,
entre muchos otros.
En una promoción donde ya
se cuenta con muy interesantes novelas,
a través de las cuales puede
comprenderse el aporte de esta hornada
de escritores a la actual narrativa
cubana, tales como Cañón
de retrocarga, de
Alejandro Álvarez Bernal,
El caballero Ilustrado,
de Raúl Antonio Capote, El
pájaro: pincel y tinta china,
de Ena Lucía Portela, Silencios,
de Karla Suárez, La
leve gracia de los desnudos,
de Alberto Garrido, y El
paseante Cándido,
de Jorge Ángel Pérez,
por sólo citar las más
recientes (todas, una clara prueba
para los estudiosos de los amplios
registros de estos autores), La
estrella bocarriba
se inserta como una pequeña
y rara joya, que titila con una
luz diferente, cuando se la coloca
junto a las demás: una luz
que no se parece a ninguna.
1
Francisco López Sacha: "Tendencias
actuales del cuento en Cuba",
en La nueva cuentística cubana,
p. 74.
Amir
Valle
(Cuba, 1967).- Licenciado en Periodismo.
Escritor, Crítico Literario
y Periodista. Miembro de la Unión
Nacional de Escritores y Artistas
de Cuba (UNEAC) y la Unión
de Periodistas de Cuba (UPEC).
Ver
Francisco
López Sacha en CubaLiteraria
Ver Leonardo
Padura en CubaLiteraria
Ver más
sobre José
Miguel Sánchez (Yoss)

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