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¿Existe la ciencia ficción cubana?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Son escasos los críticos literarios de oficio en Cuba, que en realidad dominen los cánones de la CF. Por su puesto, tampoco es suficiente la CF que se publica en nuestro país, como para brindar alimento a alguno de ellos.
De esta manera, se convierten en verdaderas rarezas los artículos dedicados a la crítica de obras literarias de ciencia ficción y fantasía, en nuestro archipiélago cubano.
Según podamos recopilarlos, se expondrán en esta sección los materiales publicados sobre el tema.


El Guaicán Literario no se hace responsable de las opiniones vertidas por los autores.

Ciencia ficción cubana
Problemática y supervivencia

 

Nova de cuarzo
Vladimir Hernández

 

Los pecios y los náufragos
Yoss

 

Los viajes de Nicanor
Eduardo del Llano


La estrella bocarriba
Raúl Aguiar

Críticas sobre la estrella bocarriba

Alberto Garrandés

Bocarriba ¿la estrella o el hombre?

Amir Valle

Sol negro
Michel Encinosa Fu

 

 

Ciencia ficción cubana
Problemática y supervivencia

Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel EnríquezPiñeiro)

La CF aparece en Cuba por primera vez en los años sesenta. Desde entonces, un nutrido número de autores dedicados a cultivar este género ha logrado publicar sus libros en los que si a veces no sobra la calidad, nunca falta el entusiasmo. Con la crisis del papel y sus consecuencias, la CF se ha visto duramente afectada. Sin embargo, ante la necesidad de buscar en el extranjero mercado para este tipo de literatura, se ha vuelto imprescindible un análisis racional y profundo sobre lo que de este género se ha producido en Cuba. En estas cuartillas, pretendemos sugerir algunas ideas que pudieran tener en cuenta aquellos que acometan la tarea de hacer la exégesis de la CF escrita en Cuba.
El período que siguió al triunfo de la Revolución se destacó por su efervescencia cultural. Por estos años, se publican libros como: El siglo de las luces, de Alejo Carpentier; Paradiso, de Lezama Lima; Condenados de Condado, de Norberto Fuentes; Los pasos en la hierba, de Heras León; Los años duros, de Jesús Díaz; Los niños se despiden, de Pablo Armando Fernández. El auge alcanzado por la CF a nivel internacional en la pasada década -verdadera edad de oro del género- sumado a este boom cultural propició que aparecieran los tres primeros libros cubanos de CF.
De este primer período, llama la atención en la CF la calidad literaria y el nivel imaginativo de la generalidad de las obras. Aunque nos es imposible explicar esta afirmación en el escaso espacio que nos permiten estas páginas, no dejaremos de mencionar las obras de algunos autores cuya lectura, creemos, basta para reafirmar nuestro criterio. En primer lugar, Oscar Hurtado, recopilador de la mejor y más completa antología del género publicada en la isla y autor de Los papeles de Valencia el mudo. Igualmente, Miguel Collazo escribe dos libros significativos: El fantástico libro de Oaj y El viaje.
En cuento es imprescindible mencionar a: Un inesperado visitante, de Ángel Arango; Retroceso, de Arnaldo Correa; Las montañas, los barcos y los ríos del cielo, de Germán Pinella; No me acaricies, venusino, de Juan Luis Herrero, y El pirotécnico Li-Shiao, de Manuel Herrera. Cabe señalar aquí la labor de Virgilio Piñera dentro de las vertientes del absurdo, la fantasía y la fabulación, que también cultivaron con éxito otros autores.
Al principio de los años 70, la política cultural cambió en busca de una literatura que permitiese al pueblo sentirse un protagonista más inmediato de la lucha por la nueva sociedad. Fueron años durante los que se radicalizó el proceso revolucionario. Todo esto trajo como consecuencia lo que hoy se llama "el quinquenio gris". Se promovió una literatura la que se narraba de manera épica distintas etapas de la lucha revolucionaria sin preocuparse por la calidad estética o argumental de las obras. No se publicó ningún libro de CF escrito en Cuba del 72 al 77.
Sólo en los últimos años de la década del 70 hay un breve respiro, vuelve a editarse CF nacional y comienza lo que sería el segundo período de este género en Cuba. A pesar de que algunos autores de la primera etapa seguirán escribiendo, ya sin la calidad que los caracterizaba, aparece una gran cantidad de gente más joven que le dar a la CF cubana soluciones y enfoques novedosos aunque no siempre afortunados.
Es también por estos años, específicamente en 1979, cuando se introduce el tema de la CF en dentro del concurso David, creándose el primer y más importante premio literario para este género en nuestro país.
En 1981, la editorial Letras Cubanas publicó un libro que se convertiría en un nefasto presagio para el resto de la década. Expedición Unión Tierra, de Richard Clenton Leonard, es una novela en la que el término catástrofe literaria parece no sólo justificable, sino también apetecible. En este libro, el autor desprecia con la tranquilidad que brinda la ignorancia la ley de gravitación universal, la ley de la inercia y la del desarrollo social, por citar los más evidentes errores. Expedición Unión Tierra quedó como el mejor ejemplo de todo lo que un escritor no debe hacer. Pero las buenas lecciones, por lo general, son desaprovechadas.
Los escritores nacionales de CF durante los 80 lograron abrir un espacio para este género. Aunque ningún destacado ensayista ni ninguna revista de prestigio les dedicó por eso unas líneas de aliento (1). Se reconoció en público la marginalidad del género y se le mantuvo oportunamente marginado. Por estos años también se crearon la mayoría de los talleres literarios de CF de la isla y aparece el premio Juventud Técnica concedido por la publicación del mismo nombre. No obstante, poco se hizo durante este "período de prosperidad". El impulso de originalidad creadora de los 60 se había perdido.
Los escritores más conocidos de los 80, o al menos los más publicados, son Alberto Serret, Chely Lima, Daína Chaviano, F.Mond y Eduardo Barredo. Sin embargo, aunque prolíficos, no son escritores de primera fila. De Daína, su mejor obra tal vez sea Un hada en el umbral de la Tierra; lo más logrado de Alberto y Chely está en algunos cuentos de su libro Espacio abierto, mientras que de F.Mond sólo merece mencionarse la novela ¿Dónde está mi Habana?.
Dos defectos fundamentales marcan la CF del decenio de los 80. En primer término, el panfletarismo presente en algunas obras. Las trompetas que a coro anunciaban desde esos libros el advenimiento de una Edad de Oro comunista, trataron de derribar las murallas de las Jericó editoriales utilizando un lenguaje caro a los funcionarios del gobierno. Los libros se poblaron de ardientes alegatos sobre la nueva sociedad, de repetitivas comparaciones entre los sistemas capitalista y socialista y de épicas narraciones sobre la lucha contra el "enemigo" en el futuro. El problema no estaba en las ideas que defendían los autores, sino en que esto trajo como consecuencia el empobrecimiento de las tramas y la creación de personajes con menos profundidad psicológica que un cómic.
El otro defecto de la CF de la pasada década es el descenso de la calidad literaria de las obras en comparación con la CF de los sesenta. En los 80, la mayor parte de los nuevos escritores que cultivan la CF son aficionados; muchos de ellos, personas con una formación estrictamente científica. Eso, unido al desconocimiento de las obras de los grandes de la literatura latinoamericana -léase Lezama, Borges, Carpentier, Cortázar, Vargas Llosa, Juan Rulfo, etcétera-, y a la sola lectura de libros CF vertidos al español de otros idiomas, propició la proliferación de un estilo que puede catalogarse como "español de traducciones". El "español de traducciones" posee como rasgos más acusados un vocabulario limitado, el temor al barroquismo, a las oraciones compuestas y a todo aquello que implique un conocimiento más profundo del idioma que el necesario para escribirlo y hablarlo con legibilidad.
No obstante, a pesar de todo lo dicho, en estos años se publicaron trabajos con un mayor nivel literario e imaginativo. Agustín de Rojas es el mejor novelista de CF que aparece en este decenio. Así lo confirman sus novelas Espiral y Una leyenda del futuro. Kappa 15, de Gregorio Ortega, es un libro cuyo argumento se emparenta con la Odisea y los Viajes de Simbad el marino, aunque le reste calidad cierta pobreza estilística. En cuento deben citarse: El canto de los dioses, de Julián Pérez; Criminales, de Eduardo del Llano; Memorias de un traductor simultáneo, de Alberto Soto, que es una divertida historia y resulta agradable su estilo impregnado de una jocosa superficialidad. Por último, el libro de cuentos Timshel, premio David del 88, de José Miguel Sánchez, es la promesa de un joven narrador con mucha imaginación y un sorprendente dominio técnico.
En la actual década de los 90, nada se conoce de los autores jóvenes de CF. Esto se debe fundamentalmente a la crisis editorial que atraviesa la isla, que ha reducido las publicaciones anuales. El premio David desapareció y con él una de las pocas oportunidades de publicar que tenían los escritores desconocidos. Los talleres de CF se habían desintegrado en la capital, y, aunque al parecer vuelven a resurgir, habrá que esperar antes de emitir un juicio sobre ellos.
Antes de pasar a analizar el problema de la supervivencia del género en nuestro país, es preciso detenerse a examinar una cuestión que consideramos de suma importancia: ¿existe o no una CF cubana?
Para que exista la novela, dice Carpentier, es necesario asistir a la labor de varios novelistas, en distinto escalafón de edades, empeñados en una labor paralela, semejante o antagónica, con esfuerzo continuado y una constante experimentación técnica 2. Si aplicamos la definición de Carpentier a la temática que nos ocupa, nos vemos obligados a aceptar que la CF "cubana" es sólo un mito. En realidad, los escritores cubanos se han limitado a copiar los modelos literarios creados por la CF anglosajona o en Europa del Este. Además de que hablar de experimentación técnica dentro de la CF nacional, salvo raras excepciones que no han tenido consecuencias, es imposible.
Arriesgar una opinión sobre el futuro inmediato de la CF escrita en Cuba es intentar profetizar en un tiempo refractario a las pitonisas. Aun así, algo diremos.
Ante la carencia de papel que afronta el país, la CF se ha visto obligada a explorar el mercado editorial para este género que existe en España y América Latina. Sin embargo, contra el escritor cubano conspira la fatal costumbre de ver como la mayor parte de su obra era aceptada sin demasiadas reservas por las editoriales. No es así en los países antes mencionados, donde primero el escritor debe franquear la barrera del redactor de una revista profesional o un fanzine y luego, si su obra es meritoria o vende bien, llama la atención de un editor que, tal vez, se arriesgue a publicarle un libro. Aquí, aunque han existido revistas dedicadas a la CF -la más notoria de éstas fue Nova-, todas desaparecieron tras los primeros números. Y como nadie perdía con los libros invendibles, continuaron imprimiéndose obras que no merecían mejor destino que la papelera.
Obligados como están a competir en un país extranjero y, por lo tanto, extraño, quizás sean los jóvenes que comienzan ahora quienes mejor consigan adaptarse a los nuevos requerimientos. Para ello, tendrán que enfrentarse a los defectos intrínsecos de nuestra CF y al general desconocimiento de la CF internacional de los años 80 y principio de los 90. Irremediablemente, aparecerán libros desfasados. Sirva para ejemplificar esto último el hecho de que aunque el cyberpunk en la actualidad se considere démodé entre los escritores de CF extranjeros, ahora es que comienzan a escribirse los primeros tímidos intentos de este tipo de literatura en nuestro país.
Si la CF cubana no podrá salvarse de la extinción en las editoriales para limitarse a sobrevivir en los cenáculos literarios o, por el contrario, conseguirá abrirse un espacio en España y América Latina, aún está por verse. Cabe esperar que sea lo segundo y no lo primero. Para lograrlo, tendrá que despojarse de sus discursos políticos, aunque no necesariamente de su orientación ideológica, y adquirir un mayor nivel literario e imaginativo. Todo depende de los propios escritores cubanos y de su capacidad de adaptación. Una oportunidad para abrirnos un espacio en el exterior, adquirir una mayor experiencia y profesionalismo, y, de paso, crear una CF que pueda inscribirse con propiedad dentro de las letras cubanas.


Salvo la revista Letras Cubanas, que publicó dos números dedicados a la CF y en uno de ellos le dio bastante espacio a los escritores cubanos dedicados a cultivar este género.

Tomado de Problemática de la actual novela latinoamericana de Alejo Carpentier

Ver a Alejo Carpentier en Cubaliteraria
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Los pecios y los náufragos
Yoss. Ediciones Extramuros, 2000

Por Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel Enríquez Piñeiro)


Ediciones Extramuros ha publicado recientemente el premio Luis Rogelio Nogueras en la edición de 1998, que fue concedido a Los pecios y los náufragos de José Miguel Sánchez (Yoss). He leído con agrado esta noveleta y creo que encontrará una recepción muy positiva entre el público juvenil y los adultos que no tengan prejuicio hacia la literatura de género, algo que me temo sea rara avis entre nuestros intelectuales.
La historia transcurre en el siglo XXIV, donde la humanidad sobreviviente de un conflicto bélico ocurrido en el XXII vive recluida en quince cúpulas mientras en el exterior la naturaleza, vuelta a un estado edénico, se recupera totalmente. El protagonista trabaja rescatando valiosas obras de arte que fueron destruidas en el pasado sustituyéndolas por copias facsimilares. Su disconformidad y sus dudas van a llevarlo a descubrir que la situación en que viven no es tan paradisiaca como afirma el Consejo Supremo, lo que le obligará a buscar la solución en los Siglos Cerrados del Terciario, donde vivirá una serie de aventuras en las que está implícito un claro homenaje a las novelas J. H. Rosny. Sin embargo, hay algunos detalles que no escapan a una lectura atenta y que desmerecen al autor de Timshel, un libro tan prometedor dentro de la ciencia-ficción nacional.
Algunos son pecados veniales, muestras de un amateurismo sensible de corrección, resultado más bien de un escaso trabajo de mesa antes de comenzar a escribir y de una revisión descuidada. Existen incoherencias que no debieron escapárseles al autor -ni al editor-, verbigracia, el brusco cambio de sensibilidad olfativa del tigre macairodo que acompaña al protagonista, el cual en la página 7 percibe el olor de los rebaños lejanos y en la 121 se muestra indiferente a la fetidez insoportable del pangolín que acaba de cazar. No faltan tampoco anacronismos y equívocos. Yoss confunde plioceno con pleistoceno, sitúa la separación de los homínidos de los grandes monos 1.6 millones de años atrás aproximadamente -casi 5 millones de años después de ocurriera este suceso-, y le adjudica a un habitante de Thera una jabalina con punta de hierro, cuando el uso de este mineral en Grecia está asociado con las invasiones dorias que se produjeron 400 años después. El protagonista debe saber, en efecto, poco de antropología si confunde unos prehomínidos con los pitecántropos, pero lo extraño es que viviendo en el siglo XXIV conozca ese término, que ya no emplean los antropólogos del siglo XX, quienes prefieren homo erectus. Ahora, la guinda del pastel son los nanosatélites y los nanomódulos de ataque de 4 y 3 cm respectivamente. Desconozco por qué Yoss finge ignorar que al decir nano ya está dando una medida -0.000000001 m-, y que la nanotecnología implica máquinas que operan a nivel molecular lo que, por principio, excluye una magnitud tan grande como los centímetros.
Todo esto pueden parecer detalles, pero son una muestra del poco profesionalismo con que se escribe ciencia-ficción en Cuba. Nada cuesta perder media hora con una enciclopedia en la sala de referencias de una biblioteca -yo no perdí más para verificar esto- y excluir así un error evitable. Lo que no significa que la ciencia-ficción deba atenerse a lo estrictamente científico, de hecho, lo esencial en el género es el sense of wonder que crea este tipo de historias -conseguido aquí gracias al viaje en el tiempo; científicamente imposible, pero indispensable como premisa esencial de esta historia. No obstante, si uno va a utilizar determinada terminología para conseguir que el lector suspenda con más facilidad su incredulidad, debe preocuparse entonces por verificar que no incluye errores que producirían exactamente lo contrario.
Otros problemas, sin embargo, son más difíciles de obviar y, si como libro de aventuras lo hallo bien logrado, como libro de ciencia-ficción no quedo igual de satisfecho. No pude evitar la sospecha al leerlo que el autor no había pensado a fondo todas las premisas de su historia: hay detalles que no resultan convincentes dentro del propio universo de la noveleta. Un buen ejemplo es la explicación de por qué no se puede viajar al futuro, que corre el riesgo de parecer forzada y, para mí, es innecesaria ya que la hipótesis del protagonista resulta más inteligente que la impuesta por el autor. Además, no entiendo por qué los líderes de una sociedad al borde del desastre, teniendo la posibilidad no sólo de viajar al pasado sino a universos alternativos, no han buscado entre estos últimos uno donde no haya aparecido vida inteligente y sea habitable -debe existir alguno por probabilidad- para mudar a los cinco millones de personas que componen la población de la Tierra. Si usted se encuentra en un barco que se hunde y sabe que puede encontrar otro en buen estado para trasladarse a él con sólo buscar un poco, ¿no lo intentaría por engorroso que resultara el traslado?
Por otro lado, aunque me agradan las aventuras y acepto las convenciones que como género implican, no me resigno a que por ello se resienta el trabajo de personajes. El joven protagonista responde a un estereotipo de héroe cuyas motivaciones no suelen trascender la actitud romántica de yo-contra-el-mundo, mientras que las dudas que le produce su sociedad responden a una mezcla de la paranoia típica de la Teoría de la Conspiración y a la inconformidad producto de la inmadurez. Su idea de la ética se reduce en apariencia a que los buenos dicen siempre la verdad, sin importar las consecuencias, acompañada por una incapacidad para dudar de sus valores y visión simplista del mundo que terminan por restarle interés. Su mayor momento de madurez se produce cuando, cerca del final, se percata de que él también es un ser social y necesita de los demás; su momento más bajo lo consigue cuando descubre que la raza humana es producto de manipulaciones llevadas a cabo por alienígenas y apenas condesciende a sorprenderse. En ese instante eché de menos algún tipo de reflexión -ética, filosófica, existencial- que lo pusiera al nivel de una buena novela del género.
Aún así, Los pecios y los náufragos es una noveleta de aventuras con ambiente de ciencia-ficción realmente agradable, que puede leerse con gusto y sin sentirse uno importunado por nada de lo anterior. Detrás hay un narrador con talento y oficio que sabe cómo contar una historia y cómo mantener el interés. Su mejor virtud reside en su imaginación por lo que tanto las reconstrucciones de nuestro pasado como los atisbos que nos da de los universos alternativos están bien logrados, y si utiliza los clichés del género -viajes en el tiempo, universos alternativos, alienígenas- sin aportar nada nuevo, lo hace con habilidad, en ocasiones con verdadera inteligencia; por ejemplo, cuando explica que cualquier cambio en el pasado crea una línea temporal nueva sin alterar para nada el presente de los protagonistas. Además, maneja con maestría la analepsis para ir revelando poco a poco la información y alterna los diálogos con las escenas de acción consiguiendo un equilibrio que no consciente el aburrimiento.
Dentro del panorama actual de la ciencia-ficción cubana es un libro que se agradece y que le da al género un tratamiento que, sin ser original, en nuestra situación resulta novedoso y apropiado, al menos -quiero ser optimista- como punto de giro para trabajos más serios. Es, también, un libro entretenido, algo que en los días que corren no se puede afirmar de mucha gente.

 

Nova de cuarzo
Vladimir Hernández Pacín
Ediciones Extramuros, 1999

Por Fabricio González Neira
(Material recopilado por Anabel Enríquez Piñeiro)


He leído con agrado los cuentos de que integran Nova de cuarzo, mención del Luis Rogelio Nogueras del 98, de Vladimir Hernández Pacín. Me sorprendió, sin embargo, que la calidad del libro superara con mucho los halagos de la nota de contracubierta, lo cual, consentirán mis lectores, es algo poco común.
Uno de los méritos innegables del libro es que con él la ciencia-ficción (a partir de ahora cf) cubana ha arribado temática y conceptualmente a los 90, lo que sonará paradójico sólo a quienes desconozcan los envejecidos referentes literarios del género en nuestro país, fijados mayoritariamente en las décadas del 40 y el 50. A diferencia de los anteriores, y como muchos libros de los 90, Nova de cuarzo está influido por la estética ciberpunk, un subgénero que apareció en los 80 en Estados Unidos y cambió la cf de esa década, y que sigue marcando, aunque sea lateralmente, la cf en nuestros días.
Dentro de Nova de cuarzo, aun los cuentos que no son ciberpunk están obviamente influidos por éste. "Maniobra de evasión", una historia de space opera, se aleja de lo convencional al introducir los conceptos de inteligencia artificial y realidad virtual, que suelen ser típicos del ciberpunk. En "Niveles de conciencia", una historia de contactos en un futuro lejano, la presencia constante de la tecnología y la idea de la post-humanidad como próximo paso evolutivo entroncan de lleno con las historias de Bruce Sterling, uno de los gurús del ciberpunk en los años 80.
Y es que Nova de cuarzo es el libro de cf cubano donde con mayor sofisticación e inteligencia se presenta el impacto de las nuevas tecnologías en la sociedad. No quiero decir con esto que sea un libro de prospectiva o un manual de divulgación científica, me refiero al papel determinante que juegan los gadgets como elementos desencadenantes de las historias o simplemente como un fondo, como referentes para caracterizar esa realidad. Esa profusión de gadgets, ese barroquismo tecnológico le transmiten a los cuentos una sensación de extrañeza, que nos permiten reconocer un futuro distinto del nuestro. Esta "diferencia" con nuestra realidad, y con las "realidades" propuestas por otros libros de cf publicados en Cuba, puede, por esa misma omnipresencia de aplicaciones tecnológicas, resultar de difícil acceso para el lector cubano, desconocedor de lo acontecido en el campo de la cf anglosajona en los últimos treinta años. Con vistas a disminuir la dificultad de ese primer acercamiento se ha incluido un breve glosario donde se explican la mayor parte de los términos utilizados en el libro, sobre todo los que provienen de la literatura de cf y no del entorno tecnológico de este final de siglo.
Interesante y novedoso también resulta en este libro el tratamiento de La Habana, que se aleja de un costumbrismo que había lastrado hasta ahora los acercamientos a nuestra realidad -valga como excepción El fantástico libro de Oaj, de Miguel Collazo-. Los tres cuentos de futuro cercano de Nova de cuarzo presentan una Habana cosmopolita y multicultural, una construcción inteligente e imaginativa que se aleja de lo que nos tenía acostumbrado el género en la isla y que evidencia una mayor madurez a la hora de pensarnos a nosotros mismos como parte activa de un futuro posible. Llama la atención también el cruzamiento de culturas y de naciones que se evidencian en estas historias. Generalmente, las ideas de futuro ofrecidas por la cf cubana limitaban sus sets a un momento tan lejano donde no era necesario -o posible- definir las nacionalidades, a Norteamérica o a un futuro comunista donde Moscú, capital del mundo, resultaba el lugar idóneo donde emplazar la acción. En Nova de cuarzo, junto a los países del Primer Mundo, aparecen ocupando un lugar destacado las zonas marginales del planeta y las subculturas típicas de una sociedad de mosaico, producto de la fragmentación cultural que ocurre paralelamente al proceso de globalización que está sufriendo el planeta. Así, un software puede venir de Chile o de Bangladesh, unos piratas informáticos pueden ser turcos o ucranianos, y una megacorporación puede ser taiwanesa.
En medio de estos aciertos, no debe obviarse, sin embargo, lo apresurado del trabajo de edición, que permite expresiones como "vértigo acromático" (p. 34), cual si existiese algún tipo de vértigo en technicolor, o "hechar una mano" (p. 26), que es un error de cierto calibre. A favor de Extramuros hay que reconocer, sin embargo, que la ilustración de cubierta y el diseño de portada superan con creces a los que nos han tenido acostumbrado en ese ámbito nuestras editoriales y que apenas comienza a cambiar ahora. Es de lamentar que la calidad del material de la cubierta no acompañe este excelente trabajo.
Ya desde un punto de vista puramente textual, no puede ignorarse que el estilo sobreadjetivado de Vladimir Hernández, si por momentos le permite conseguir efectos notables al volver palpable la compleja "realidad" que presenta -su descripción del ciberespacio en "Mar de locura"-, en otros resulta molesto para la fluidez de la acción al recargar las frases con información irrelevante. También puede parecer una falta la visión un poco estrecha de la sociedad que presentan las historias por ajustarse quizás demasiado a una estética que le obliga a cerrar casi al extremo -"Déjà Vu" pudiera ser la excepción- el marco vivencial y social dentro del que se mueven los protagonistas.
No obstante, quisiera aclarar que no me parece que nos hallemos ante una simple imitación del ciberpunk, sino ante una recreación donde se hacen coexistir las distintas versiones del ciberpunk anglosajón (que estuvo lejos de ser un movimiento homogéneo) para crear un producto "puro", un tipo de historia ciberpunk que en realidad nunca existió y que juega con las convenciones del subgénero integrándolas en un discurso que consigue una marcada originalidad a partir de su propio carácter artificial. Esta integración está conseguida precisamente por la visión global que permite el estar afuera -o al margen- de un fenómeno, que en este caso es utilizado para especular sobre un futuro que también va a ser nuestro. Este libro de cuentos escritos a lo largo de esta década y que por fin ahora salen publicados, marca un cambio en la concepción de la cf cubana y pone un precedente de calidad que no deberá ser ignorado.


Críticas sobre la estrella bocarriba:
Tomado del ensayo Formas del realismo en la ciudad barroca. Diez narradores cubanos de los años 90. De su libro Síntomas críticos. Alberto Garrandés.

"Aguiar es un islote, entre otros, para lo que ha sido y es la prosa de ficción en la isla durante la década de los 90. Aquejado la mayor parte de las veces del inocultable - y difícil de evitar - anhelo testimonial, el género narrativo no ha podido menos que servir en ocasiones de trasfondo para que cuentistas como Aguiar, y en general los narradores que aquí se dan cita, sobresalgan con el forcejeo natural y la dosis de extrañeza de sus respectivas estéticas. Los relatos de Aguiar, en específico aquellos que figuran en La hora fantasma de cada cual, revelan su necesidad de imprimir una torsión a lo que yo llamaría lengua de la noche. (...) Una lengua pluralista, llena de claves mitopoéticas y que, por añadidura, establece una congruencia muy especial con la cultura ciberpunk, o con lo que la fabulación de Aguiar, pródiga en mezclas e intercambios - muy calculados -, asimila de dicha cultura para conformar su escenario animado, su retablo. Su estilo es duro, de gran realismo, en ocasiones joyceano, y traza un universo periférico, de la irreverencia y la blasfemia. Se trata de un mundo potenciado cuidadosamente, temerario, pero sin estridencias inútiles, hecho desde la perspectiva de dimensiones caracterizadas por su dualismo: el mito y lo cotidiano, lo virtual y lo real. Ése es el tipo de estructura en que se sostiene su novela La estrella bocarriba. Por una parte hallamos un imaginario del mal o, simplemente, de lo otro; un imaginario de tópicos reciclados, por así decir, y donde la cotidianidad accede a una investidura ritualista, de notable brillantez, y cuya forma es barroca. Por otra parte encontramos un mundo citadino reconocible en el rock, la experiencia "psiconáutica" y la reflexión "finisecular", todo lo cual se teje en una red junto a los "tics" cibernéticos y las nociones - a menudo en tela de juicio - de naturaleza, espíritu y artefacto. La ciudad barroca se metamorfosea en La estrella bocarriba hasta ser suplantada por otra en la que hay una suerte de cosmética imperial, propia de las urbes mitológicas, hijas de la imaginación y que, en este caso, se unen oblicuamente a la idea de la antiutopía. Al examinar la novela, sabemos que los hechos ocurren en un hoy de eso que llamamos presente, pero tenemos la impresión de que siempre vemos las cosas en futuro, o en un futuro adyacente, virtual como las imágenes del espejo y sin compromisos, empero, con la high tech."
"La bifurcación entre mito y realidad, entre la imagen y el objeto que la produce, entre lo virtual y lo tangible, presupone también la existencia de anomalías en el plano lingüístico, específicamente en el lexical. Aguiar incorpora en el texto un nutrido grupo de neologismos - colocados al final en forma de glosario - que nos separan de lo mismo para sumirnos en lo otro, en la otredad posible de su mundo, sin esa violencia auxiliada por la invención u originada en el artificio. Hay artificio, es imposible negarlo, pero él existe como generalidad, como documento que resulta de una poética, y no como acierto particular o recurso de ocasión con el que podríamos tropezar durante la lectura Una lectura en la que reconocemos, dicho sea rápidamente, dos puestas en escena de una historia, como si Aguiar dispusiera de dos elencos (en realidad trabaja solo con uno, y con un intenso repertorio de máscaras y disfraces) para representar su narración. Aunque eso mismo podríamos decirlo de otra manera: los personajes entran en una dimensión y salen por otra en dependencia de las necesidades configurativas de esa insólita novela"

Sobre Alberto Garrandés en CubaLiteraria


Los viajes de Nicanor
Eduardo del Llano

Ediciones Extramuros, La Habana, 2000

Los cuentos del peregrino
Por Rogelio Riverón
Tomado de la sección Culturales del periódico Grannma fecha 08/04/2002.

Es natural que la narrativa cubana se haya acogido, de un tiempo a esta parte, a una necesidad de brindar testimonio sobre los momentos actuales. Se trata, en realidad, de una característica de la época, la cual rebasa el enclave de un país. El Realismo como concepción estética ha sabido ser mutable para bien, y parece conectado a la perfección con la sicología de un presente que tiene ya unos cuantos años. Pero esa inclinación testimonial ha dejado mucha obra dudosa, equivocada, herida de muerte por sus presupuestos vanos.
La presencia de un libro como Los viajes de Nicanor, de Eduardo del Llano, puede ser celebrada, habida cuenta del rumbo de nuestra narrativa, como un ensanchamiento de aquello que nunca debió recogerse en sí mismo, pero ojo, que el ser distinto no le garantiza una calidad esencial. Probaré a invitar a su lectura y quizás lo consiga en buena lid.
Con las increíbles andanzas del popular Gulliver como inspiración, Los viajes de Nicanor (Ediciones Extramuros, La Habana, 2000) nos son revelados en siete cuentos moldeados por la fantasía y las aventuras. Se trata de piezas que, a la par que enlazan una peripecia con otra, atinan a conformar un conjunto de alusiones sobre el comportamiento humano y sus plurales consecuencias. Confieso que he temido en ocasiones alejar al lector de lo que deseo en realidad encomendarle. Debe ser por esa inclinación de los críticos a dar razones también simbólicas, cuando quizás debamos limitarnos a proponer una lectura dada.
Sin embargo, debemos convenir en que una buena obra de arte se niega a permanecer en su propio ámbito. Significa que hay que leerla de muchas maneras, con la sospecha de que no se conforma con decir lo que dice a primera vista. Los viajes de Nicanor nos cuenta sobre el recorrido de un personaje singular, Nicanor O'Donnell, a quien Eduardo del Llano ha hecho pasar de un libro a otro y de estos al cine, por tierras extraordinarias, por parajes sembrados de animales parlantes, de peligros y de ensoñación. Dueño de una imaginación efectiva, de un lenguaje dúctil, sorpresivo en ocasiones, Del Llano trama escenas en las que la fantasía se pone a la orden de lo alegórico y hace que, por un efecto de reflujo, pensemos en nuestras propias vidas.
Diversión, reto y pensamiento emanan de este libro meditado con inteligencia, como para que lo leamos y nos quedemos sonriendo misteriosamente.


Bocarriba ¿la estrella o el hombre?

Por Amir Valle
Tomado de http://www.cubaliteraria.cu/perfiles/narrativa_4.html


Es injusto. Hace un año ya asistimos a la presentación oficial de un libro que se anunciaba como un escándalo, que se esperaba luego de casi una década de que su autor fuera desgranando capítulo a capítulo en lecturas de cuanto evento de narrativa se hiciera en el país, provocando elogios y reflexiones sobre el mundo que se movía en sus páginas.
Se presentó la novela La estrella bocarriba, de Raúl Aguiar, publicada en el 2001 por la editorial Letras Cubanas, y nada ha pasado.
Es injusto, repito, puesto que es el único libro de todos los publicados por la llamada promoción de los 90 o Novísimos que logra ofrecer la cosmovisión del mismo sector poblacional que los hizo "lo distinto", al decir de críticos como Sacha y Padura, cuando se refieren a las primeras tendencias temáticas y estilísticas de esta promoción. No por gusto hoy los escasos ejemplares de La estrella bocarriba que sobreviven, se muestran arrugados, manchados, deshojados, convertidos en la Biblia de muchos rockeros de hoy que nada tuvieron que ver, y seguro ni siquiera recuerdan, la fenoménica que conmocionó el panorama cultural de la nación a fines de la década del 80 y principios del 90, donde se gestó el fuego que alimenta cada una de las escenas de esta obra.
Se impone hacer algo de historia. Una historia que vincula a Raúl Aguiar con uno de los tres grupos literarios que conformaron los autores de la promoción mencionada: El Establo, Seis del Ochenta, y Diáspora. Nuestra historia se refiere a Raúl Aguiar formándose en esa escuela de jóvenes escritores que fue El Establo, un verdadero grupo multitudinario, por cuyas filas pasaron más de una docena de noveles escritores, aspirantes a serlo o simples amantes de las letras, en su corto período de vida (1987-1988).
Francisco López Sacha, uno de los primeros en llevar a sus trabajos críticos la fenoménica de los cambios en la narrativa cubana del 90, se refiere a este grupo del modo siguiente:
"Los rockeros, encabezado por José Miguel Sánchez, Ricardo Arrieta, Ronaldo Menéndez, Raúl Aguiar y Verónica Pérez Kónina. Este grupo comparte algunos rasgos de estilo con Los iconoclastas, y a veces, hasta las mismas preocupaciones temáticas, pero su sentido del cuento está más orientado a la acción, al argumento, a la lógica de la continuidad. Su estilo de narrar tiene puntos de contacto con la generación anterior -conflicto polar en muchos casos, violencia física, ruptura de la sintaxis, interpolaciones musicales-, pero en ellos estos rasgos no están modulados, sino exagerados, en algunos momentos hasta el paroxismo. Las divagaciones de los personajes o del narrador ocupan mucho espacio en la anécdota, y ésta se reduce en ocasiones a un acto sin sorpresa, a un rotundo estallido." (1)
Presente en La estrella bocarriba está la tipicidad más visible en la obra de los narradores de El Establo (a la cual ya Sacha hace referencia en el párrafo anterior): la mistificación creada en torno a una "poética del escándalo", basada en una especie de fiebre del performance más que en la propia obra literaria. El Establo, ciertamente, resulta indispensable para cualquier análisis crítico-histórico sobre el surgimiento y desarrollo de las nuevas tendencias artísticas en las jóvenes promociones, en especial aquéllas relacionadas con el campo de la plástica, el cine y la música, y más esencial lo es aún si se analiza la actual influencia de los "gritos epocales" de esos géneros dentro del amplio espectro narrativo que hoy caracteriza a escritores fundadores o participantes de aquel Concilio Establiano.
El éxito de Raúl, en esta obra de madurez que surge después de haber publicado La hora fantasma de cada cual, donde sienta las bases de lo que luego se convertiría en expansión filosófica y estilística en La estrella..., consiste en que toda su novela es un performance preparado para que el lector participe, rechace o comparta el juego propuesto en una estructura laberíntica de acertijos (cada nueva respuesta lograda por el lector le da paso a la comprensión de una etapa más compleja de la historia narrada en la cual se sumerge) que lo llevará a entender la necesidad de las leyes internas del nuevo mundo que nos muestra, y lo indispensable, incluso, de la existencia de un lenguaje propio, distinto al de esos escenarios marginales en los cuales se mueven sus vidas.
Es justamente en 1988 cuando varios de estos creadores pertenecientes a El Establo obtienen premios nacionales de importancia, trasladando de ese modo el protagonismo de la más joven narrativa cubana hacia el occidente y contribuyendo a una fiebre temática en torno al universo de la marginalidad a partir de un submundo de ese gran mundo marginal: los frikis o rockeros.
La crítica comenzó a fijarse en ellos, en sus propuestas renovadoras, en su afán de escándalo y ruptura, en su espíritu irreverente y rebelde, y destacaron, en lo esencial, piezas que hoy siguen considerándose puntales para el estudio de la narrativa cubana de los años 90: Adolesciendo, de Verónica Pérez Kónina; La hora fantasma de cada cual, de Raúl Aguiar, y Alguien se va lamiendo todo, de Ricardo Arrieta y Ronaldo Menéndez, además de "La Costa" o "Rapsodia Bohemia", de Sergio Cevedo; obras todas de iniciación, en el sentido de que no alcanzan los niveles de calidad que lograrían algunos de los autores, pocos años después, en obras como El derecho al pataleo de los ahorcados, de Ronaldo, que se alzara con el Premio Casa de las Américas en 1997, y La estrella bocarriba, de Aguiar, que es, repito, la única que mantiene un hilo temático y una línea de ascenso en la transmisión y conformación de una "poética de la marginalidad", puesto que el otro autor que se ha mantenido por esta ruta (Arrieta) no ha publicado nada desde entonces.
Más allá de lo que anuncia la nota de contraportada (en la pasada Feria del Libro de La Habana, varios editores cubanos se plantearon la necesidad de mejorar este aspecto tan primordial de la edición: un verdadero caos, según dijeron) es imperdonable que la crítica no haya prestado atención a esta novela, pues en sus páginas se encuentran cuestionamientos que el debate sociológico vendría a asumir hoy (es decir, casi una década después de que la novela se escribiera), rebasando la dependencia testimonial de nuestra realidad que han sufrido la mayoría de las obras de los narradores del 90. Y la rebasa en tanto propone reflexiones: no es un simple calco, un mero reflejo: dolencia que frustró las propuestas de cientos de cuentos bien escritos pero fugaces en su introspección dentro de la realidad cubana que retrataban sin provocar ni una reflexión que no fuera "ah, sí, eso lo vi en la esquina, está sucediendo". Coloca a los personajes: jóvenes inmaduros, soñadores, imperfectos, en la colosal tarea de construir el mundo que creen perfecto, lo cual los obliga a darnos señales de su inconformidad con su propio papel dentro de una sociedad moderna que se mueve con los mismos hilos con los que toda la humanidad es manipulada. Construyendo esa cosmogonía particular, asumen la tarea histórica del ser humano: mejorarse a sí mismos mejorando el universo que habitan. Es un grito que rebasa las fronteras de lo insular, de lo continental, para convertirse en un reclamo universal, tarea que Raúl conoce (y asume, y propone como tesis de fondo) pues él mismo ha confesado haber descubierto esa similitud de preocupaciones en escritores extranjeros de primera línea dentro de la promoción como el dominicano Junot Díaz y el español Ray Loriga, entre muchos otros.
En una promoción donde ya se cuenta con muy interesantes novelas, a través de las cuales puede comprenderse el aporte de esta hornada de escritores a la actual narrativa cubana, tales como Cañón de retrocarga, de Alejandro Álvarez Bernal, El caballero Ilustrado, de Raúl Antonio Capote, El pájaro: pincel y tinta china, de Ena Lucía Portela, Silencios, de Karla Suárez, La leve gracia de los desnudos, de Alberto Garrido, y El paseante Cándido, de Jorge Ángel Pérez, por sólo citar las más recientes (todas, una clara prueba para los estudiosos de los amplios registros de estos autores), La estrella bocarriba se inserta como una pequeña y rara joya, que titila con una luz diferente, cuando se la coloca junto a las demás: una luz que no se parece a ninguna.

1 Francisco López Sacha: "Tendencias actuales del cuento en Cuba", en La nueva cuentística cubana, p. 74.


Amir Valle
(Cuba, 1967).- Licenciado en Periodismo. Escritor, Crítico Literario y Periodista. Miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC).

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