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Curiosidades sexuales
entre los elfos de Tierra Media

In English

Por Bacarú

Está usted leyendo un artículo informativo escrito solo para adultos, conteniendo temáticas de antropología social y mitología, sobre una ficción literaria.


Guardado celosamente por varios siglos, sellado dentro de un recipiente de barro cocido, entre cuidadosos envoltorios de lino, algodón embadurnado de turba seca y compuestos naturales conservantes, el Diario de una joven, cuyos textos parecen sacados de una de las historias de Tierra Media, ha sido descubierto por Michelle Corini, funcionaria e investigadora del Departamento de Antropología Sociológica del Museo Pan-Americano de Malta, en un sitio arqueológico de lo que se cree fuera varios siglos atrás un santuario, ubicado en una abandonada cantera de piedra al noroeste de Finlandia.

Este documento de gran valor arqueológico perteneciente a una comunidad social desconocida, fue escrito con un raro compuesto de tinta vegetal que penetra la superficie, dejando el texto calado sobre delgadas láminas de cuero, encuadernadas en forma de libro. El extenso relatorio documenta, entre otros temas, interesantes curiosidades de los hábitos sexuales de una rara civilización, muy semejante a los elfos, descritos muchos siglos después en la conocida obra del famoso escritor John Ronald Tolkien, por lo que este grupo social ya comienza a ser conocido como: “los elfos de Tierra Media”. Aunque en realidad no se tiene noticia que el célebre novelista y filólogo, tratase sobre estos temas sexuales en sus obras.

El idioma en que está redactado el Diario, tiene vuelos poéticos, es unitario y coherente, con una estructura básica que contiene elementos del finés, el latín y el griego, que fueron las bases de la lengua Quenya. Una de las utilizadas por J. R. Tolkien en su monumental obra. Un fragmento del citado Diario fue procesado en los laboratorios Packard Bell & Golam (los mismos que investigaron la misteriosa Sábana de Turín), y las pruebas realizadas con el método del carbono 14 fecharon el material con una antigüedad que lo ubica en el año 7137 ane.

Algunos de los especialistas que han tenido acceso al citado documento, como Hiram Lannister, profesor de Historia Antigua de la Universidad Neo-Presbisteriana Reformada de Bathurst, Alaska; y Mitungo Massaly, Director del Departamento Greco-latino del Instituto Superior de Investigaciones Lingüísticas Asociadas, de las Aleutianas, han insinuado la idea de que Tolkien tal vez tropezó con algún texto similar, y a partir de éste, comenzó a crear su inolvidable obra El Señor de los Anillos, en la cual reflejó rasgos propios de esta comunidad y tomó algunas bases de la mitología de este singular colectivo. Según ellos: “Las descripciones del entorno social, el vestuario, las sutilezas del lenguaje, detalles morfológicos de estos individuos, sus seres míticos, y los hábitos de conducta descritos en el Diario, son casi idénticos a los que refleja en su monumental obra el renombrado escritor”. Pero los fanáticos de este libro de culto, han reaccionado de manera violenta ante tales insinuaciones, ya que muchos tienen por certeza que el erudito titular de Oxford, quien era además un conocido filólogo y brillante lingüista, escribió su inolvidable saga de La Tierra Media, como simple excusa para desarrollar las lenguas que él mismo creó por su propio y bien probado talento, y sus protagonistas fueron solo un pretexto para divulgar, recrear, brindarle utilidad social y dimensiones literarias a estos idiomas.

La autora de este Diario, una avispada joven de 19 años llamada Atanielle, que vivió hace ya varias centurias, al parecer pertenecía a las capas sociales más elevadas, posiblemente de la nobleza, y entre otras cosas narra, con lujo de detalles las costumbres sexuales de la época en que le tocó vivir, e incluso sus propias experiencias personales. Los integrantes de este grupo social, se llamaban a sí mismos “elfidos” (**), fonema que se cree, posteriormente adoptaría la mitología escandinava como “elfos”. Y al avanzar en su lectura puede pensarse a su autora exagerando en alguno que otro aspecto, tal vez debido a su edad. De lo contrario, sus coterráneos, como ya comienzan a especular algunos, estarían más allá de lo que conocemos actualmente como humanos.

Los élfidos solían vivir en comunidades compuestas de varias familias que oscilaban entre más de cien y menos de trescientos individuos. En su aspecto físico se distinguían por ciertas características, como eran: el pelo plateado; cuerpo esbelto y bien conformado; orejas notoriamente puntiagudas; piel pálida y sonrosada; y ojos almendrados. Lo que a simple vista los hacía bastante diferentes del resto de los grupos sociales con los que en raras ocasiones tenían contacto.

Por lo que puede entresacarse del Diario de Atanielle, ésta fue una comunidad de gran desarrollo cultural; eran amantes de la belleza en todos sus aspectos, tenían tendencia a una romántica melancolía, que en conjunción con su peculiar filosofía, les hacía “escuchar el pulso de la vida”(**) de una forma muy diferente. Poseían gran agilidad en sus movimientos y destreza inusual en cuanta ocupación se dedicaban. Los élfidos eran respetados en la guerra por sus habilidades: con el arco; por su capacidad de desplazarse de forma rápida, sutil y silenciosa; por sus propiedades de mimetismo en el bosque; y al parecer, por tener muy desarrollados sus órganos sexuales, algo muy temido por sus enemigos, pues en aquella época, se pensaba era éste el preciso lugar donde radicaba el valor. Aunque por esta propiedad, eran también muy solicitados e incluso discutidos por las féminas de todas las regiones a donde llegaba su “fama”. Curiosamente, casi estas mismas características (excepto la última) son las se atribuyen a los elfos de la mitología escandinava, que luego fueran recreadas en la maravillosa obra de Tolkien. Pero lo que está asombrando a los estudiosos de estas cuestiones, es el descubrimiento de lo avanzados que estaban en el conocimiento de la sexualidad, ya que se estima no solo tenían gran adelanto para su época, sino que en algunos aspectos de la sexología moderna, se piensa que estaban más adelantados que muchas sociedades actuales, incluso, se especula sobre algunos aportes a esta ciencia, a través de la interpretación de las narraciones contenidas en éste Diario.

Por la escribiente de dicho manuscrito nos enteramos que los hombres elfos utilizaban un adminículo realizado en base a delgadísimas y resistentes tripas de pato, que luego de ser tratadas de forma conveniente, servían para confeccionar una cubierta lo suficientemente elástica y fina, que se ajustaba perfectamente al miembro viril antes de las relaciones sexuales, protegiéndole de los “males bajos” (**), tan abundantes por aquellas regiones. Según parece, este adminículo era también utilizado para el control de la natalidad. Aunque para asegurar esto último, las jóvenes élfidas aprendían a elaborar una especie de ungüento compuesto por varias hierbas, que tenían la propiedad de neutralizar el “néctar de varón” (**), con la finalidad de evitar un embarazo indeseado.

La virginidad femenina se tenía en gran estima entre los elfos, quienes por lo general realizaban diversas ceremonias en torno a dicho fenómeno. En el Diario se narra sobre una curiosa forma que tenían los individuos de clase alta de rendir culto a esta especie de himenolatría, relacionada con una de las ceremonias del matrimonio.

En su primera noche de bodas la pareja era invitada a ocupar un cubículo cerrado, construido dos veces más alto que ancho, confeccionado con madera de nogal, en el piso del cual estaba fuertemente anclado el blando lecho nupcial, tendido con sábanas blancas y perfumado con agua de rosas. El interior de este receptáculo matrimonial estaba totalmente acolchado, incluyendo paredes y techo. Lo que era absolutamente necesario como veremos después. Luego del banquete, y rodeados por los alegres invitados, los recién casados se introducían en esta peculiar habitación, que estaba situada en el eje central del brocal de un pozo profundo. Al cerrarse la compuerta, todos los presentes guardaban el más absoluto silencio en derredor, para no molestar a los copulantes. Cuando ya era inminente el primer orgasmo, la hembra élfida tiraba de un cordón dispuesto a su fácil alcance, con lo cual accionaba un mecanismo que liberaba el cubículo, el cual descendía en caída libre, a una velocidad vertiginosa hacia las profundidades del pozo. Lo que debía lograr, y generalmente propiciaba que la pareja, fuertemente abrazada en sus ardores amorosos, llegara al clímax flotando en el espacio entre techo y lecho de tan peculiar habitación. Los invitados, después de esperar en silencio varias horas, lanzaban sus copas y emitían gritos de júbilo, al ver desaparecer la armazón por el brocal del pozo. Cuenta nuestra narradora que éste era tan profundo, que traer a los nupciantes de regreso a la superficie demoraba casi todo un día con su noche, lo que aprovechaban los ocupantes del receptáculo…, para recuperarse de sus golpes, si tenían la suerte de no salir con algún hueso partido. Incluso algunos los hubo, que continuaron copulando hasta salir a la superficie y la tradición decía que ésta sería la pareja que mejor podría superar sobre sí los avatares del matrimonio.

Dispuesta de nuevo la habitación en su posición inicial, se conminaba a salir a los recién casados. Ella debía abrir la compuerta y salir exhibiendo la sábana con la enrojecida huella de su virginidad gustosamente entregada. A continuación, todos celebraban el acontecimiento en medio del bullicio y el jolgorio, mientras la madre de la recién desflorada se encargaba de acercarse con el pretexto de felicitarla, para en realidad, de manera muy discreta e inadvertida, recibir furtivamente de manos de su hija el minúsculo recipiente con sumo de bayas rojas, que toda joven prudente llevaba consigo en estos eventos, para lograr el efecto en la sábana, “en caso que ya la flor hubiera sido visitada por algunos aguijones anteriores, como solía ocurrir con frecuencia”(**).

De todos modos la comunidad élfica era muy comprensiva y tolerante con este recurso, puesto que se sabía muy difícil lograr manchar la sábana, si en el momento preciso, se estaba flotando lejos de ella.

Atanielle cuenta en el texto escrito de su puño y letra, que a partir de esta antigua tradición élfica quedó la frase “bajar al pozo” (**), para referirse a ciertas prácticas sexuales de profunda emoción y peculiar atractivo. Aunque no es de dudar que ella tenía razón en principio, actualmente serios estudios indican que la susodicha frase ha trascendido tiempo y espacio para tener otra connotación entre los habitantes de cierta isla caribeña, que si bien está relacionada, aquí se refiere más bien modernamente a una exclusiva y antigua tradición de sexo oral.

Este Diario también contiene una graciosa explicación, escrita por su dueña, sobre una curiosa manera de saludo secreto, entre las jóvenes elfas que se iniciaban en los dulces goces del sexo por la vía extramatrimonial. Este saludo debía indicar qué fase había sido cursada, y se refería propiamente al lugar del cuerpo por el cual la novicia saludante había recibido “la bendición del néctar de varón” (**). Si la recién llegada saludaba a sus amigas colocando las yemas juntas de sus dedos sobre la frente, en realidad estaba indicando sus labios, al sur de la frente. Si colocaba las yemas juntas de sus dedos a la altura del ombligo, quería en realidad indicar los labios al sur del ombligo. Si colocaba la señal sobre su hombro izquierdo, estaba indicando en realidad la parte frontal de su cuerpo. Finalmente, si indicaba de esta manera sobre su hombro derecho, estaba anunciando su profunda y dura iniciación por la parte posterior de su cuerpo. Así podía llegar al grupo de amigas, muchas que solo podían saludar tocando su frente; sin embargo, otras hacían su saludo recorriendo la señal desde la frente, al ombligo, al hombro izquierdo y al derecho. Lo que en realidad quería decir que se trataba de una iniciación bastante completa, y por lo general era a éstas, a quiénes las demás solicitaban narraran sus experiencias. Cuenta nuestra improvisada cronista, que recuerda algunas de sus amigas saludar frecuentemente solo aplicando la señal a su hombro derecho, producto del recurso al que apelaban para conservarse vírgenes, y como era costumbre cada vez que llegaba alguna exhibiendo su saludo secreto al grupo, todas debían incorporarse y mostrar el suyo, éstas últimas, las del toque en el hombro derecho, preferían no volverse a sentar, por lo que usualmente pasaban la velada de pie. Nuestra pícara relatora confiesa a su Diario la sospecha de que estas primerizas exageraban, pues ella saludaba con gran orgullo, haciendo la completa señal de la cruz y no tenía problema alguno para sentarse.

No hace mucho se rumoraba que el Diario de Atanielle estaba en los blindados y resguardados sótanos climatizados de la misteriosa Biblioteca Gitana del Sur de Aquitania, sin embargo sus directivos han negado públicamente en repetidas ocasiones ser depositarios de tal ejemplar. De cuando en vez sale a la luz algún oscuro lugar del mundo donde se supone oculto el valioso manuscrito, pero en breve tiempo se desmiente y deshace la oportunidad para verificar su existencia real. Lo cierto es que poderosos coleccionistas ya están ofreciendo cuantiosas sumas a los cazadores de documentos antiguos y el curioso cuaderno de hojas de cuero ya se cree valorado en más de ocho millones de euros (noviembre del 2005), pues las últimas revelaciones sobre los avances en la difícil traducción de su texto, descubren curiosos secretos del sexo entre los elfos, que hacen referencia al contenido explicativo y sumamente detallado de los diferentes tipos de orgasmos rituales y sus asombrosas manifestaciones físicas; las secretas posturas sexuales élficas; desconocidos masajes eróticos; así como mágicos susurros con extraordinarios poderes afrodisíacos. Pero esto será tratado en posteriores artículos, solo si el interés de los lectores es manifiesto de manera evidente, lo que contribuiría a aplacar la férrea y caprichosa censura del estricto, irrazonable, puritano y anticuado Director Editorial que en mala hora rige esta ilustre publicación de los géneros fantásticos en Cuba.


(**) Traducido literalmente del manuscrito original.

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