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Dogma y ritual de la alta magia narrativa de Poe en Quiroga

 

 
 

Las máscaras encierran algo diabólico.
La noche de máscaras.

Antonio Ros de Olano.

“La lucha contra la muerte, querido Harry, es siempre una cosa hermosa, noble, digna y sublime”, quizá estas palabras escritas por Hermann Hesse en su libro El lobo estepario resumen la gran vida, hermosa y fatal, de Quiroga y Poe.

Borges resumió el desinterés de Quiroga por su época con una frase cruel e innoble: “Escribió los cuentos que ya habían escrito mejor Poe o Kipling”. Frase que hoy podemos desmontar, y hasta eliminar del gran texto del hombre del laberinto y la biblioteca.

Es cierto que muchos de los relatos de Quiroga están acentuados por Poe, con todos sus horrores, crueldades y misterios, que constituyó otro elemento de la nueva estética después del modernismo. Ello se debe a que Quiroga se formó en ese clima de Poe y el modernismo en el que lo adentró Leopoldo Lugones. Ha de recordarse que Quiroga, a finales del siglo XIX, funda con sus amigos el primer vocero del Modernismo en el Uruguay, la “Revista del Salto” (1899), un Semanario de Literatura y Ciencias Sociales. En ese tiempo escribe el cuento terrorífico "Para una noche de insomnio", calco evidente de su admirado Poe.

Este texto posee una cita de Baudelaire sobre la vida y obra de Edgar Allan Poe. Caso que se verá en otros textos como "Insolación", "Los Mensú", que anticipan al Rivera de "La Vorágine", o "La cámara oscura", precursor del Julio Cortázar en el texto "Las babas del diablo". La locura resulta ser una constante en los cuentos de Quiroga, desde "El crimen del otro" (1903), donde el uso del doble recuerda a Poe con el celebre "William Wilson", "Los Perseguidos" (1905), hasta concluir con la demencia asesina de "La gallina degollada", que resuena a "El gato negro".

Sus ávidas lecturas extranjeras (Edgar Allan Poe, sobre todo) lo ponen en la ruta de un decadentismo que hacía juego con su tendencia a la esquizofrenia, a su hipersensibilidad, a su hastío por la vida, y ello le lleva a crear sus mundos patéticos, por decirlo de alguna manera.

Quiroga explorará sus nervios destrozados y adoloridos, pues quién mejor que él ha estado cara a cara con la muerte, y siguen repitiéndose en él las pesadillas de Poe ("El crimen del otro" es un palimpsesto del cuento "El tonel de amontillado", del maestro norteamericano, aunque revela también su herida no curada y constante en el terrible y cruel afecto que lo vincula con la muerte de su amigo Ferrando). Quiroga no sólo ha vivido de Poe; otro maestro, el francés Maupassant, le dará los efectos que busca en muchos de sus cuentos.

El Horla y el monstruo de "El almohadón de plumas"; fuerzas que invisiblemente van quitando la vida. Otra forma de ver el vampirismo nos muestra Quiroga, recuérdese bien su similitud con "El retrato oval" de Poe. En ambos cuentos una presencia inexplicable quita la vida a la heroína del cuento. En una carta a Martínez Estrada (abril 29, 1936) (Citado en Rodríguez M, 1981) Quiroga expresa: “Hoy no temo a la muerte, amigo, porque ella significa descanso. That is the question”. La obra de Quiroga comienza con los signos más evidentes del modernismo, y algunos rasgos románticos. Los objetos de la narración son “insectos monstruosos”, “hijos idiotas”, “el cementerio”, “el sepulturero”, en esta retórica se dirigen sus apuntes hacia temas tan predilectos por Poe, escritor que determinará casi totalmente su obra.

En "El crimen del otro" Quiroga comenta: “Poe era en aquella época el único autor que yo leía. Este maldito loco había llegado a dominarme por completo; no había sobre la mesa un solo libro que no fuera de él”. En "El vampiro estelar" Robert Bloch, cabe señalar, escribe lo siguiente: “Confieso que sólo soy un simple escritor de relatos fantásticos... En literatura, he caminado con Poe por senderos ocultos”. Parece ser que estos escritores están marcados y persiguen un mismo camino y las mismas lecturas que les traza la muerte.
De Poe aprendió Quiroga la puesta en escena de casos psicológicos, la LOCURA que termina en demencia asesina.

La locura juega en dos grupos temáticos: lo monstruoso y lo anormal. "El almohadón de plumas" es un ejemplo de lo primero, y "El vampiro" un ejemplo claro de lo segundo.

Es bien sabida la influencia que Poe ejerció sobre Baudelaire y la que éste a su vez ejerció sobre el modernismo. En América el conocimiento de Poe es directo y la notable traducción de Juan Antonio Perez Bonalde de "El Cuervo" procede directamente del inglés. "Los arrecifes de Coral" (1901) es un texto netamente modernista, pero algunas de las prosas que Quiroga ha incluido en el libro muestran técnicas y temáticas que surgen de Poe, entre ellas la que se intitula precisamente "El tonel de amontillado". En la Revista del Salto Rodríguez Monegal localizó relatos como "Fantasía nerviosa", "Para noche de insomnio" y "Episodio", que tratan con el tema de lo macabro. Pero es necesario revisar "El crimen del otro" (1904), para definir de forma más directa la influencia de Poe. El crimen del otro es por lo tanto una especie de indicación narrativa de lo que debe ser un cuento de Poe, si se lee con atención el narrador obra por un acto de crueldad gratuita, y ya mismo lo decía Poe: “Algo paradójico que llamamos PERVERSIDAD”.

En Quiroga el desdoblamiento es significativo; el “otro” es a la vez Poe y Quiroga, Fortunato, débil mortal, es un homónimo del Fortunato verdugo inmortal que tiene todo hombre en su lado oscuro, es el caso atípico del Dr. Jeckill y Mr. Hyde. Es la identificación misma con la locura, y no una locura racional como la de Don Quijote.

¿Cómo conciben el horror Poe y Quiroga?

Ellos como escritores del margen no fueron entendidos en su época, quizá al primer cuadro cubista de Picasso le sucedió igual. La estética del tema de sus obras, es eso, lo monstruoso, lo horrorífico, lo anormal, las pesadillas; ellos buscaron la belleza que ofrece la noche. La luz del día muestra todo, y la noche se cierra a nuestros ojos; ellos quisieron explicar ese otro mundo.

El autor concuerda con la idea de Quezada (2000) de que “es el cuento "El almohadón de plumas", de Horacio Quiroga, el que llega más lejos en su búsqueda del horror puro”. Aún cuando los cuentos de Poe anuncian el inicio de este género, es con Quiroga que se lleva a un extremo este motivo.

 

 
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