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La CF cubana vista desde el exterior

Todos los mundos

 
 

Por Alberto Chimal

El sueño de lo humano: la ciencia ficción en Cuba

"Aquí son raros los huéspedes, y raras las ideas que tienen de nosotros"
(Eduardo del Llano, "Sed", en
antología Reino Eterno,
Letras Cubanas, 1999
).

Acabo de volver de la Semana Fantástica de La Habana: un festival independiente que reunió a escritores de Cuba, España y México, y que no fue tan grande, es cierto, como los equivalentes de otros países: nada de conferencias simultáneas, concursos de modelismo ni juegos de rol. Un muy sencillo encuentro literario, dedicado a libros, revistas y autores de ciencia ficción, fantasía y todos los llamados “subgéneros” (que en México son despreciados tan alegremente, aunque en ellos que se encuentra, entre mucha basura, algo de la poca literatura mexicana actual que vale la pena).

 Pero divago. En la Semana Fantástica, además de presentar mi propio trabajo y el de otros autores mexicanos ante un público nuevo, ávido de novedades del exterior, pude conocer una literatura viva, muy pujante, de gran calidad y distinta de cualquier otra del hemisferio.

El humanismo
 La más nueva generación de la literatura fantástica cubana, nacida en los años sesenta y setenta, prefiere en su mayoría la ciencia ficción, la extrapolación lógica del presente hacia el futuro. La historia de su insistencia, más admirable en un tiempo en el que la literatura “general” de Cuba es tan lánguida y de tan escaso interés como la muchos otros países latinoamericanos, se remonta hasta el triunfo revolucionario de 1959. En ese tiempo, y durante buena parte de los años sesenta, la ciencia ficción, que se había conocido en Cuba por las revistas norteamericanas (y no ejercía ninguna influencia en el panorama literario de los últimos tiempos de la dictadura de Batista), comenzó a recibir un gran apoyo, por considerársele una herramienta apropiada para la difusión de la ciencia y la técnica. Además, comenzó a nutrirse (el caso es único en la literatura de América) de la ciencia ficción soviética, que proponía, casi siempre, una actitud que se llamó humanista: sus historias mostraban futuros idealizados, optimistas, en los que el ser humano, superadas sus contradicciones internas, se enfrenta exitosamente con las amenazas y los misterios del cosmos. De este período provienen las obras de Ángel Arango, Virgilio Piñera y otros autores conocidos internacionalmente, y también la asimilación de elementos como el folklore yoruba o el misticismo, que siguen siendo parte de las preocupaciones de autores como Gina Picart y Gerardo Chávez.

 Sin embargo, a partir de los setenta, y durante dos décadas, los vaivenes de la política cubana provocaron que la ciencia ficción fuese considerada “demasiado ajena” a la realidad, y que se le retirara absolutamente todo apoyo oficial. La generación de Picart y Chávez, que tendría que haber sucedido a los precursores de diez años antes, se vio sin posibilidades de publicar y despreciada por el establishment de la cultura, y la ciencia ficción casi desapareció de la isla.

Reino eterno
 Sólo hasta los noventa, con la apertura creciente del régimen cubano, fue posible que nuevos autores (entre los que destacan Yoss [José Miguel Sánchez], Vladimir Hernández, Ariel Cruz, Alberto Mesa, Fabricio González y Michel Encinosa) pudieran salir a la luz. No les fue fácil, y muchos han podido publicar en el extranjero antes que en su propio país. Pero los sostiene, en parte, la naturaleza peculiar de sus inquietudes literarias: abiertos al exterior, deseosos de influencias, su obra suma a Gibson y Efremov, a Burroughs y Strutgaski, con Borges, Lezama Lima, Carpentier. En una época en la que priman las pretensiones de originalidad, la obra de estos escritores resulta un conjunto único de ficciones, en el que se entrecruzan numerosas visiones del mundo y se busca, además de conciliarlas, aspirar a través de ellas a la universalidad. Nada más lejos de sus intenciones que ponerse a cantar sones o a reivindicar una postura nacionalista. Como afirma Yoss en el prólogo a su antología Reino eterno, "si un cubano de ascendencia asiática (...) puede crear el universo fantástico personal de un Sotreun, y un mulato del Vedado escribir historias apocalípticas (...) y resultar ambos convincentes, entonces todo está permitido y ambos cuentos son realmente cubanos, en toda la extensión de la palabra".

Además, como sostiene Alberto Mesa, la idea del cansancio de la imaginación, compartida por buena parte de la crítica europea y considerada una de las características esenciales del ambiente finisecular (y una de las razones por las que la literatura fantástica no es “alta” literatura), no tiene por qué ser verdad en Cuba ni, probablemente, en ningún otro sitio de América Latina. “Las realidades son distintas, y si ellos se consideran muertos, nosotros no tenemos por qué estarlo”. En desacuerdo con la languidez de la novela del lenguaje, con la indiferencia paralizante del realismo sucio, la ciencia ficción cubana busca recordar a sus lectores que existen numerosas posibilidades de la existencia, y no todas son agradables, pero en ellas permanece, siempre, como una constante, esa palabra tan devaluada: el espíritu, la condición humana. Habrá que ver hasta dónde pueden llegar.
El lector mexicano puede encontrar la antología Horizontes probables de Vladimir Hernández, publicada por la editorial Lectorum: un vistazo al panorama extraño y hermoso de la literatura fantástica de Cuba.

Tomado de: AMC y F Web,
de la Asociación Mexicana de CienciaFicción y Fantasía.

 

 
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