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Krónicas koradianas:
el resurgir del choteo cubano
en una novela de CF
a finales de los 80

 

 
 

Por: Juan Carlos Toledano

Anécdota
Este trabajo me fue inspirado por un simpático correo electrónico recibido desde Cuba hace algún tiempo. Unos colegas cubanos de Oriente y yo mismo, trabajamos para un proyecto de confección de una posible lista de los mejores autores de CF en lengua española. Uno de ellos, entre la larga lista de autores cubanos, escribió lo siguiente: “F. Mond (exceptuando Krónicas koradianas, por supuesto”).
Habiendo leído ya por entonces casi toda la obra de CF de F. Mond, y sintiendo un gran respeto por su obra, me decidí a investigar las posibles razones de este desacuerdo de los lectores. La siguiente ponencia es el resultado de tal estudio.

Nota:
Todas las traducciones son del autor de este artículo

En 1947 el editor Lloyd Arthur Eshbach afirmaba en el prólogo a Of Worlds Beyond, en referencia al ensayo de L. Sprague de Camp Humor and SF, lo siguiente: “Comparativamente, poca literatura de fantasía y de CF ha sido escrita: jamás han tenido los editores una sobreproducción de este material”. Para Eshbach una de las principales razones de este suceso es la dificultad creativa de semejantes subgéneros, con un mínimo de calidad.
Igualmente, ya en 1985, la también editora Sharon Jarvis comenta en el prólogo al ensayo de Ron Goulart Historical Hysteria or Humor in SF que nadie toma en serio la creación de CF humorística, afirmado que: . “Si te pidiesen que nombrases algunos escritores de CF humorística no recordarías más de los que caben en los dedos de la mano, y aún estos pueden ser ya muchos”.

Es posible imaginar que si el género de CF es ya de por sí considerado como minoritario, sean aún menos los autores que se aventuren en la CF humorística. Por otra parte, Sprague de Camp, aún siendo uno de os pocos ensayistas que se han atrevido a definir la CF humorística, nos advierte que “hay muy poco que decir de la ciencia ficción humorística que no se pueda decir también del humor en general”. Y efectivamente, el humor pertenece a todos los géneros literarios. Siendo su fuente principal la vida diaria, la cultura y la historia de los pueblos en los que se produce y a los que hace referencia. Este fenómeno tiene consecuencias espacio-temporales, pues el humor deja de ser efectivo con el cambio generacional y el escenario cultural. Así, los chistes de nuestros padres no nos son graciosos y, todos los presentes conocemos el tópico de que el humor alemán no es gracioso.

Con estos datos en mente quisiera en esta ponencia aplicar algunas de las ideas del análisis de CF humorística que Sprague de Camp elaboró en el citado ensayo Humor and SF, a la novela Krónicas koradianas, escrita en 1988 por el autor cubano Félix Mondejar (F. Mond). Igualmente, y para completar la comprensión argumental y de estilo de esta novela cubana en su contexto temporal y cultural, haré uso también de algunas de las ideas expuestas por el pensador cubano Jorge Mañach en su ensayo Indagación sobre el choteo. Con este doble análisis me propongo mostrar cómo el humor en Krónicas koradianas está íntimamente relacionado con el contexto espacio-temporal de su producción.

Para Sprague de Camp el humor depende de tres cualidades básicas: la sorpresa, la aberración y la inofensividad. A las cuales añade una cuarta (posiblemente la más interesante de todas): la no inclusión de temas “serios” en el texto, sean estos, por ejemplo, la conciencia social del autor, o cualquier aspecto religioso, De las tres primeras cualidades, afirma de Camp que la aberración es la que permite incorporar un mayor número de recursos humorísticos. Define aberración el ensayista como “extrañeza, singularidad, peculiaridad o inconformidad”, siendo la incongruencia su principal característica (sobre todo en el caso de los anacronismos espacio-temporales: egipcio/Manhattan).

En esta línea, prosigue de Camp afirmando que el humor se produce en un espacio que surge del contraste entre el tabu y el noa. Estas dos palabras polinesias significan respectivamente lo sagrado, temeroso e intocable, y, lo profano, vulgar y común. Y aunque de Camp no lo explica así, es obvio que tanto tabu como noa son eminentemente culturales.

Finalmente, de Camp distingue entre el humor y lo burlesco, pues lo burlesco ha de entenderse como “una exageración extrema o una incongruencia grotesca”. Por tanto, una novela en la cual las técnicas humorísticas se noten exageradas y sin límite en su incongruencia tendrá que ser reconocida como burlesca. Lo cual, además, nos sitúa en el mundo de la completa subjetividad.

Pues bien, si aplicamos el modelo expuesto de este autor sobre el humor como marco de estudio para la citada novela cubana Krónicas koradianas, tendríamos que afirmar que es este un claro ejemplo de CF burlesca, ya que la novela de F. Mond es una constante incongruencia, en la que apenas ningún personaje o situación tienen trazos de la más mínima seriedad o verosimilitud. Krónicas koradianas relata la historia de un proyecto científico para navegar por el espacio a la velocidad de la luz. Esta velocidad se produce gracias a una nueva teoría física que permite a la nave mantenerse quieta, suspendida en el espacio, mientras el universo gira a su alrededor a 300.000 km/s La novela se divide argumentalmente en cuatro pruebas, supuestamente fallidas, del experimento y un capitulo final que parece resuelve el misterio de los fracasos.

Como ejemplo breve de lo que pretendo mostrar como tono burlesco déjenme leerles algunos de los títulos que encabezan los ocho capítulos de la novela. El primer capítulo se llama Un mundo feliz. O casi, haciendo eco de la traducción al español de la famosa obra de Huxley Brave New World. Si avanzamos, nos encontraremos con que el tercer título es nada menos que La perra de las galaxias. Poco hay que decir aquí salvo que el tono machista no se encuentra tan sólo en título. Como tercer ejemplo tenemos la aventura del monje Jonathan G. Green que ocupa tres capítulos en los cuales acaba viajando al Cielo. De estos el primero nos estimula el recuerdo de la latinidad religiosa comenzando con un conocido “In domine domini”, para acabar burlescamente con otro “pecatores palanganorum mean”. Por último, la trama narrativa parece desvelarse gracias a la intervención del famoso agente secreto 007, aquí llamado Bames Jond, en el capítulo titulado Goldsphincter, en obvia alusión a la conocida película Goldfinger.

No es James Bond el único mal parado a la hora de reutilizar la imaginería social que produce su nombre, sino que muchos de los símbolos políticos de la década de los 80 se reinscriben de forma cómica en la trama de la novela. Así, los EUA son llamados “Estados Sumisos”, la URSS está representada por los “trusos” y la CIA, el FBI y la NASA se reconocen en el ICA, el BFI y la ASNA.

Como bien podemos ver en este breve acercamiento a la novela tanto lo político como lo religioso son un componente fundamental de la trama de Krónicas koradianas. Este hecho dejaría a la novela de F. Mond fuera de la clasificación de Sprague de Camp de buena novela, no ya burlesca, sino mínimamente humorística, pues recordemos que de Camp requería de la condición sine qua non de abstenerse la trama de la novela de todo tema social, religioso o valorado como “tema serio”. Sin embargo, me sigue pareciendo útil la definición de lo burlesco de Sprague de Camp para tratar de entender Krónicas koradianas. Pues es el caso que las novelas anteriores de F. Mond, principalmente ¿Dónde está mi Habana? de 1985, Mond, si bien con claro tono humorístico, no realiza un trabajo tan sumamente incongruente y burlesco como el que se nos presenta en Krónicas koradianas. Esto nos obliga a preguntarnos el porqué de este cambio de estilo, cambio producido no precisamente para mejor en los términos en los que venimos hablando de la novela.

Es en este momento, cuando ha de parecernos oportuno buscar razones espacio-temporales que desvelen nuestras incógnitas. Como decía al comienzo de mi ponencia, el humor no es comprensible sin una época y sin una cultura en el que se enmarque. Por ello, me acercaré ahora a uno de los muy escasos estudios que ha tratado de teorizar sobre el humor específicamente cubano. Me refiero al ya citado ensayo de Jorge Mañach Indagación sobre el choteo. No me puedo detener a hablar del intelectual cubano, pero parece importante resaltar que Indagación S. CH fue escrito en 1928, y reeditado sin cambios substanciales por el propio Mañach en 1955.

Jorge Mañach define choteo como “no tomar nada en serio”. Y nos avanza muy temprano en el ensayo que el choteo es además “una forma muy baja de burla” cuando está usado de forma sistemática. El choteo es además una forma social de desorden y subversión, y una vía de irreverencia hacia cualquier tipo de autoridad. Sin embargo, el ensayo de Mañach produce confusión en lo referente a la autoridad a la que hace referencia. Así, afirma que “el choteo es un prurito de independencia que se exterioriza en una burla de toda forma no imperativa de autoridad”. Las otras formas de autoridad producen en el cubano o rebelión o adulación. Andrés Valdespino observa oportunamente que “no estuvo muy afortunado Mañach en esta parte del ensayo”, y añade:

Da la impresión de que en tiempos de imposición autoritaria el choteo es sustituido entre los cubanos por la rebelión o la adulación, como si no fuera posible la coexistencia de todas esas actitudes en un momento histórico. Pero la realidad indica lo contrario. Durante los peores momentos de la lucha contra la dictadura de Machado—y más tarde contra la de Batista—el cubano demostró que eran perfectamente compatibles la franca rebeldía y el choteo, añadiendo a las armas revolucionarias el arma psicológica de la burla contra la autoridad ensorbecida”.

El mismo Valdespino acierta a reconocer la contradicción del propio Mañach quien también apunta en el ensayo que el choteo sí que puede ser utilizado contra un autoritarismo impropio. Por tanto, podemos entender el choteo como un estilo de humor propio del cubano usado tanto de forma benigna como maligna, dependiendo de la propiedad del autoritarismo contra el que se use.


Tengo que reconocer mi asombro al tan sólo haber encontrado la breve referencia de Valdespino ante semejante problemática en Mañach. No entiendo como cualquier lector puede adentrarse en Indagación sobre Ch sin caer en la duda de decidir qué es autoridad legítima o “genuina”. Así por ejemplo, Mañach afirma que:

"Cuando esta autoridad, cualquiera que sea su jurisdicción, es genuina y tiene razón de imperio, el choteo no puede justificarse sino como un resabio infantil de un pueblo que todavía no ha tenido tiempo de madurar, y sobre todo de madurar naturalmente, sin ajena asistencia."

Este uso fácil de términos como “genuina”, “razón de imperio” , o incluso “madurar naturalmente”, me producen la sensación de que el término autoridad necesita ser analizado con más detenimiento en este ensayo. ¿Acaso Mañach trata de decirnos que dependiendo de quién, de cómo y de cuándo la autoridad puede ser o no legítima? Mañach aclara al final del ensayo su clara defensa de los valores democráticos, pero nosotros no podemos olvidar que para Mañach, la Cuba de 1955 es económicamente estable y se encuentra en el buen camino, aunque tan sólo tres años antes el poder ha sido conquistado por Batista con un golpe de estado.

Igualmente contradictorio y vago es Mañach a la hora de explicar las razones del choteo como fenómeno social cubano. De esta manera afirma casi al final del ensayo que lo que parecía ser una característica esencial de los cubanos ahora “más que una tendencia inmanente de nuestro carácter, […] es el resultado de una experiencia colectiva. Nace del medio antes que de la idiosincrasia”. Habiéndose producido la actitud hacia el choteo como consecuencia de lo que él llama “periodo de improvisación” de la nueva república a comienzos de siglo. Un periodo de autoridad no imperativa y de crisis, el cual ya ha sido superado para 1955.

Llegados a este punto sería necesario retomar la pregunta que hacía antes sobre la respuesta cultural a las excesivas incongruencias de Krónicas koradianas a través de lo positivo que podemos ver en el ensayo de Mañach. Así, al contrario que lo que veíamos con Sprague de Camp, Jorge Mañach ve en el choteo un arma social y política. Un arma de defensa frente a la opresión que toma fuerza en las contradicciones que produce el objeto de burla:

Lo que diferencia a la burla de las demás formas de protesta y de prevención contra la autoridad es que se endereza contra lo que ésta tiene de cómico, es decir, de contradictorio consigo misma. Señalando esa contradicción, aspira a minar la autoridad que la exhibe.

Esta idea es bastante similar a la teoría de Sprague de Camp sobre el humor como espacio que surge del enfrentamiento entre tabu y noa. Así pues, burlarse de las contradicciones, resaltándolas, parece ser una clara técnica burlesca para ambos autores, siendo la elección del objeto de burla lo que los separa. Problema que, como vimos también surge entre la teoría de de Camp y la práctica de F. Mond.

Ahora bien, si aceptamos la noción de choteo cubano como “un subterfugio ante el fuerte” y como ese arma defensiva ante la opresión de la que nos habla Mañach, podríamos entender que el tono burlesco de Krónicas koradianas está relacionado con una agenda ideológica determinada. En su novela, F. Mond desarticula toda seriedad en el conflicto de la Guerra Fría entre las ortodoxia capitalista y comunista atacando sus contradicciones.

Por último, me queda por responder a la posible pregunta del uso del choteo en una novela de CF de finales de los 80, cuando Mañach nos hablaba de su retroceso allá por los 50. Parece ser que el uso del choteo estaría relacionado con lo que antes nombré como periodo de crisis, y que Mañach llamaba periodo de improvisación, en tiempos de la joven república cubana. Que duda cabe que para 1988 las revoluciones mundiales de todo signo político han sufrido un desencanto global, y que sus contradicciones son tantas como los chistes inventados para burlarse de ellas. Pretendo adivinar con este acercamiento que F. Mond prefiere utilizar la ciencia ficción humorística para reírse de las contracciones de la guerra fría y de los modelos que se representaban en ese momento como exclusivos y salvadores, situando las mismas contradicciones generadas por esta lucha antagónica en otro punto del espacio-tiempo, y con personajes aún más risibles por su distancia.

El uso del choteo por Mond puede así ser entendido como consecuencia lógica tanto de factores históricos como culturales. Pues la situación geográfica, política, histórica y social de Cuba hacen de su choteo una burla coyuntural. Así pues, como anuncié al comienzo de mi ponencia, las diferencias culturales y las particularidades de cada país y nación producen diferentes condiciones para el nacimiento de también diferentes formas de humor.

Me queda por decir como cierre, que aunque este análisis nos permite entender la indisoluble unidad de forma y contenido en la novela de F. Mond, no es excusa suficiente para muchos de los lectores de Krónicas koradianas y estos, o bien no parecen haber entendido el uso del choteo en la obra, o, simplemente, han entendido que su uso no es lo que esperaban de F. Mond.

 
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