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Gina Picard

Ficha autoral

 

De Gina se ha dicho:

“Esta autora se distancia de la sociedad en que vive para extraer sus argumentos del esoterismo, el misticismo, la magia, las religiones, el arte y lo onírico, terrenos que comparte con la escritora Margueritte Yourcenar, la poeta Alejandra Pisarnik y la pintora Frida Khalo.”
(Beatriz Maggi, Master de Literatura Inglesa por la Universidad de Harvard, profesora emérita de la Universidad de La Habana, investigadora, crítica, ensayista. Páginas escritas para una conferencia sobre literatura cubana leída en una universidad de los Estados Unidos de América)


“La seguridad narrativa con la cual conduce los hilos de sus historias, la sólida configuración psicológica (y hasta carnal) de sus personajes, y un dominio perfeccionista del lenguaje, dejan en sus cuentos la impronta de la calidad y la agradable y enriquecedora lectura.”
(Amir Valle Ojeda, crítico, investigador, ensayista y narrador. El ojo de la noche, antología de narrativa Editorial UNIÓN, 1999).

“Los relatos de Gina Picart, cuya ambigüedad de enfoque deja al texto en una frontera de difícil clasificación entre lo fantástico, la ficción histórica y el realismo abordado desde la subjetividad, parecen ser lo más destacable dentro del género en Cuba”. (Anabel Piñeiro, Cubaliteraria)

“Estas ficciones de Picart, más que en clasificaciones genéricas específicas —a las que, por otra parte su autora se ha negado a ser reducida—, se ubican en una zona de paradojas religiosas y antropológicas que en el fondo no son sino temibles paradojas éticas”.
(José Miguel Sardiñas, especialista, investigador y crítico de la Casa de las Américas. “El cuento fantástico cubano entre dos siglos”. Revista Revolución y cultura no. 2 del 2003)

“Caso aparte es El druida, de Gina Picart, quien se conduce, posiblemente, como la única escritora que sistematiza los mitos de las culturas antiguas —griega, celta, judeo-cristiana— en forma de relatos de una estupenda facturación.”
(Alberto Garrandés. Narrador y ensayista cubano. Revista digital Cubaliteraria. Presunciones. 2003)

“Valiéndose de un estilo que mezcla rasgos de la literatura fantástica con un realismo profundo y descarnado, la autora parte de rigurosas reconstrucciones de época para recrear mitos y hechos históricos, los cuales, unidos a una muy sólida técnica narrativa y a un dominio casi perfeccionista del lenguaje, hacen de El druida una obra de impronta singular en las letras cubanas de fin de siglo.”
(Ismael González , crítico, investigador, editor. Revista Extramuros)

 

La poza del ángel, su primer libro publicado le asegura un escaño como autora a tomar en cuenta dentro de la cuentística cubana. Sus finales, sorpresivos y efectistas, están sostenidos por un discurso fluido y de gran rigor verbal.”
(Mirta Yáñez, crítica literaria, investigadora, ensayista y narradora. Estatuas de sal, antología de narrativa femenina cubana. Unión, 1996)

“Con una prosa exacta y no carente de poesía, los cuentos de Gina Picart nos llevan de manera novedosa e inteligente por caminos que a veces rozan la ciencia ficción, o son poderes sobrenaturales manifestándose en el marco épico de la guerra mambisa; o nos regala verdaderas joyas como el cuento Sombra y sustancia que, mostrando excelente factura, logra que el tiempo y la realidad se confundan en una historia de amor, no por vieja menos necesaria y actuante. La poza del ángel, exitosa ópera prima, nos da la medida de que estamos ante una narradora potencialmente válida.”
(Emilio Comas Paret, crítico literario, investigador, ensayista y narrador. Nota de contracubierta del libro La poza del ángel).

 

El Druida

Entrevista a Gina Picard Baluja

 

Gina Picart es una de las escritoras contemporáneas cubanas más leídas de los últimos tiempos. Su estilo mezcla rasgos de la literatura fantástica con un realismo cruel y descarnado. Acostumbra realizar minuciosas investigaciones históricas que le permiten desarrollar escenarios realistas, con personajes muy creíbles y profundos. Entre sus obras más difundidas están El Druida, y La poza del ángel. La primera consta de cinco relatos extensos donde la autora se acerca a cultos paganos y sangrientos de civilizaciones olvidadas, cuyos sacerdotes fueron servidores del sol, señores del viento, magos y profetas. La segunda, una colección de cuentos breves donde se introspecciona con maestría y originalidad en la espiritualidad, el sincretismo religioso, y esa corriente de pensamiento que es lo sobrenatural. En estos dos libros están presentes la eterna lucha entre el bien y el mal, el conocimiento y aplicación de los secretos ocultos que rigen las leyes de la naturaleza, y un pronunciado interés por el ritual de la iniciación, ceremonia que marca la obra de esta autora, como suele ocurrir con quienes avanzan en el sendero del discipulado.
Sus fabulaciones están llenas de convergencias espirituales que buscan y provocan, resultando temibles paradojas éticas. Sus narraciones poseen ese sublime poder de transportar al lector y sumergirle en la trama, para hacerle encontrarse de pronto, frente a frente, con sus propios demonios interiores.


P- ¿Cómo y cuándo comenzaste tu carrera como escritora?

R- Casi desde que nací, y por imperativos genéticos, creo. Yo desciendo de inmigrantes catalanes que cuando se asentaron en Matanzas, en el siglo pasado, se lanzaron en masa a ejercer el magisterio, el periodismo y la poesía (mis parientes matanceros me aseguran que Carilda Oliver pertenece también a nuestra familia, por la parte de los Picart de Olivet, pero nunca he logrado preguntárselo, aunque me lo parece por sus rasgos físicos). Solo dos o tres ovejas descarriadas del rebaño ejercieron otras profesiones. Es por eso que digo que yo soy escritora por imperativos genéticos, mandatos del ADN. Simplemente lo llevo en la sangre. Pero fue mi abuelo paterno, don José Manuel, quien descubrió tempranamente mi vocación. Él era periodista, poeta y escritor, y ya jubilado trabajaba en casa, conmigo muy cerca contemplándolo devotamente desde mi corral de bebé. Como yo intentaba constantemente echar mano de sus revistas, libros y lápices, y hasta de su vieja Underwood, él escribió muy feliz en mi álbum que yo continuaría la tradición familiar. Tomó a su cargo mi educación, y entre él y mi abuela Hilda lograron que yo aterrizara en el preescolar del barrio escribiendo bastante bien, cuando los otros e no pasaban aún de los palotes comunes y corrientes en las criaturas normales. Cuando cumplí siete años me regaló los cinco tomos del Quijote, la Biblia y el Pequeño Larouse ilustrado. Me los leí muy rápido, y luego conversábamos sobre todo eso. Él me contaba fábulas maravillosas en nuestro balcón, sobre todos los temas del mundo, y de paso me enseñaba Historia. Mi abuela y mi mamá, por su parte, me compraban toneladas de cuentos de hadas. Todavía no tenía cinco años cuando escribí mi primer cuentecito: la pelea entre una lagartija y un conejo por la posesión de un sombrero mágico. Siempre perseguía a todo el que me prometía contarme un cuento, y leía sin cesar. Nadie me podía detener. El mundo real me parecía entonces un lugar fascinante, pero me lo parecía aún más lo que encontraba dentro de mi cabeza. Y lo que había allí se formaba con la sustancia de mis lecturas. Pero hablar de mi carrera como tal, solo empezó cuando nació mi hija. Hasta entonces solo fui una amateur bastante indisciplinada.


P- ¿Te disgusta que algunos tratemos de enmarcar lo que escribes dentro del realismo fantástico?

R- Las etiquetas son un intento de la gente para volverte predecible, adivinable, y que no molestes proponiendo códigos y enigmas que los obliguen a descifrarte, a mover sus neuronas. También las etiquetas son una camisa de fuerza, porque la mentalidad colectiva es muy esquemática, y una vez que te han metido dentro de una gavetita, no querrán dejarte salir, y tienes que comportarte como lo que ellos ya han decidido que eres. Yo no soy una escritora de ciencia ficción, porque por uno o dos cuentos que haya escrito bordeando esa periferia, no merezco pisar las huellas de los grandes, que me influyeron muchísimo, y a quienes todavía venero, aunque personalmente haya renunciado al género. En cuanto al fantástico, según el crítico e investigador José Miguel Sardiñas, solo habré escrito uno o dos cuentos que puedan calificarse puramente como tales. Más atinado encuentro el criterio de quienes afirman que no se me puede clasificar, porque mis textos son muy ambiguos. A mí, modestamente, me parece que lo que yo escribo es simple literatura. Lo que sucede es que el creador trabaja siempre con una materia absolutamente proteica. Tomas un poco de aquí, un poco de allá, una estructura, un recurso, una técnica, una atmósfera, hasta una simple imagen, y metes todo en tu alambique particular. Lo que sale es literatura, pero mucha gente, si el producto no les resulta familiar, se confunden y empiezan a seguir pistas falsas. Se ponen nerviosos y para conservar sus puntos de referencia comienzan a nombrar las cosas, como diría Eliseo Diego. Es muy difícil escapar de los malos hábitos y las manías clasificatorias de los críticos literarios y de los vendedores de libros. Odio que me etiqueten, me molesta muchísimo. Por suerte, nadie ha intentado todavía meterme en algún corsé generacional. Espero sinceramente que nunca ocurra. Me gusta ser una isla, como dice Garrandés.


P- ¿Qué te inspira a crear tus obras?

R- Si te refieres a la materia de donde extraigo mis historias, no creo estar en posesión de algún pecio que no haya sido ya visitado, saqueado y exprimido millones de veces por todos los escritores que en el mundo han sido. Utilizo mis sueños, la Historia, la Antropología, la Arqueología…, y ciertos entrenamientos mentales durante los cuales se puede ir a parar a lugares maravillosos o terribles. No hay que llegar a través del opio, como Coleridge a Xanadú, por ejemplo; no es preciso. La verdad es que cualquier cosa que lea, oiga, vea o viva se me puede convertir en una historia. Mi cuento Sombra y sustancia, de mi primer libro, salió de un suelto en una revista española de tercera categoría. Me encantan esas revistas, los intelectuales las desprecian, pero se les pueden sacar cosas interesantísimas. Ese cuento hizo que Ambrosio Fornet acudiera en 1994 al lanzamiento de aquellos primeros Pinos Nuevos, entre los que estaba yo (la otra mujer del grupo era Adelaida Fernández), convencido de que iba a encontrarse con una viejecita refugiada de la Guerra Civil Española. Parece que el universo ficcional del relato lo engañó por completo. No ha sido el único: una amiga irlandesa que leyó El druida y Al final de la niebla antes de conocerme, se negó a creer que yo nunca hubiera estado en Irlanda. A propósito del opio y de la credibilidad de los universos ficcionales, te contaré una anécdota muy graciosa: cuando conocí a la editora de mi novela Malevolgia, ella se mostró muy sorprendida de que yo fuera una apacible mujer madura: creía absolutamente que iba a trabajar con un autor masculino muy joven, un roquero que había experimentado con drogas duras asiduamente y conocía muy bien sus efectos. Ella estaba un poco asustada. Ha sido una de las veces que me he reído en mi vida con más ganas. Pero para responder con compostura a tu pregunta: a mí me empuja a escribir una fuerza que llevo dentro y que se levanta incontrolable en mi interior sin que yo pueda detenerla. Yo no sabría definir eso con palabras. Todo parte de un flujo potentísimo de sensaciones, que toma la forma de una perturbadora agitación interior. Pero esa, digamos, lava primordial, es tan proteica que se convierte en cualquier cosa, se metamorfosea, y es por eso que el escritor puede recrear de una manera absolutamente verosímil épocas, hechos y lugares que nunca vio; recrear personajes con carne y sangre que nunca existieron o jamás conoció, en fin, arrastrar al lector a las aventuras más inverosímiles, aún cuando el lector se niegue a seguirlo. Es un auténtico tour de force donde el lector no vence nunca, a menos que bote el libro sin leerlo hasta el final. Claro, esa fuerza de la que hablo no se levanta jamás de la nada, siempre hay un detonante que orienta la atención conciente o subconciente del escritor en cierta dirección. Puede ser algo que hayas leído, que hayas visto aunque sea de un modo muy fugaz. Eso se convierte en un fermento dentro de uno y comienza un período de latencia, que en mí se caracteriza por la aparición de una inquietud perfectamente identificable, y la reiteración obsesiva de ciertas imágenes recurrentes. Es como entrar en un estado extático. Pero, naturalmente, no sucede igual a todo el que escribe o crea una obra de arte. Todos los caminos van a Roma, pero ninguno es igual a otro.

 

P- En tus obras, ¿qué es más importante: la historia o los personajes? ¿Por qué?

R- No me propongo conscientemente esa dicotomía. Creo que cada historia es un sistema en sí misma que tiene su propio ritmo interior, su propio espíritu, y te va llevando por donde es más conveniente para su intención. Amir Valle siempre me dice que el único cuento que yo tengo netamente de personaje es El druida. Claro, esa afirmación suya data de cuando yo solo había escrito ese libro y La poza del ángel. Todavía no se han publicado en Cuba mis historias sobre Elizabeth Siddal (quizás lo haga Extramuros en la próxima Feria del Libro de La Habana). Me interesa construir historias sólidas con personajes sólidos. Que existan, que sean carnales en mundos reales aún dentro de la irrealidad. Me interesa desarrollar los caracteres. Pero siempre trato de mantener un equilibrio para que mi gusto o mis sentimientos no se vayan por encima de los intereses de la historia que voy narrando. Hay balances técnicos que no se pueden violar; reconocerlos y respetarlos es, supongo, un reto y una habilidad que te da el oficio. La armonía estética no es algo de lo que pueda prescindirse impunemente, sin riesgos, sin pagar altos precios. Por otra parte, un escritor tiene que ser consecuente con la poética que va creando, porque en la poética de un escritor está su propia alma. Ello no significa que un creador no pueda tener diferentes etapas en su vida, etapas de nuevas búsquedas, etapas exploratorias para expandir su universo, pero no se debería dar la espalda a la propia poética en demasía y muy bruscamente. A quienes he visto hacer esto, generalmente se han convertido en testaferros o en mercenarios. El mercado encandila, y otras cosas también.


P- Esa mezcla de espiritualismo, esoterismo, y realismo sobrenatural tiene un gran peso en tu obra ¿Por qué prefieres estos recursos?


R- Quizás porque el mismo mundo real que de niña me pareció fascinante, hoy me asfixia, me asquea y me aburre por su adocenamiento impenitente y su crueldad irredimible. Estoy hablando del mundo que conozco y veo cada día. Cuando crecí perdió todo su encanto, y hoy para mí no es más que un lugar feo y sórdido donde por desgracia tengo que vivir con quienes amo. Además, lo que queda en el territorio de la imaginación siempre es más hermoso, porque no sufre la prueba de la confrontación, no le pasa como a esos bellos globos de colores que estallan al chocar con el calor de los neones. En cuanto al espiritualismo, parece ser un componente de mi sustancia original. Tuve una amiga, Gretel Alfonso, que fue muy importante en mi vida y llegó a conocerme muy bien: ella siempre me acusaba de ser inmaterial, y culpaba de ello a mi signo Acuario y mi ascendente Géminis, ambos de naturaleza aérea. Dicen que es la combinación ideal para no tener los pies puestos sobre la tierra (y para ser mal negociante). En cambio, es la dupla perfecta para un periodista y escritor. No me quejo del resultado intelectual (del económico sí). El esoterismo fue un camino que emprendí en busca de respuestas que nadie me daba. No soy fácil de convencer, y en el mejor de los casos yo elijo qué y quién me va a convencer. De dogmas e imposiciones, ¡nada!; y de engaños, si aún en mi ensimismamiento habitual los llego a descubrir…, el desastre no lo compone nadie. Sigo siendo un estudiante en el Sendero y no me arrepiento. Ha sido una escuela interesante y muy gratificante.


P- ¿Qué es lo que más admiras en un escritor y lo que más detestas?

R- Lo que más detesto es la farsa, la hipocresía, la inautenticidad y el irrespeto de sí mismo. El vedettismo. El circo en que algunos se convierten por su propia voluntad. En esos lodos naufragan muchos mediocres, pero también se enfangan buenas plumas e intelectos potentes. Claro: sería injusto culpar de tales males solo al escritor. Alguna culpa tienen también los Judas de toda laya que siempre andan a la búsqueda de escritores para comprarlos, en unos casos, y en otros para venderlos. Pero es que si tú eres asediable, eso se huele. Es un círculo vicioso e infernal. Lo que más admiro en un escritor es el valor de escribir como piensa y su honestidad intelectual. Y lo que más me gusta de ser escritor, aunque no me lo has preguntado, es que uno pueda ganarse el sustento de su familia honrada y tranquilamente haciendo el trabajo que le gusta. En rigor, lo que sigue ahora mismo es llamar a Diógenes con su candil, así que detengámonos aquí.

 

P- ¿De quienes tiene influencias Gina Picart? ¿Por qué se convirtieron estos autores en tus preferidos?


R- Las primeras lecturas que me influyeron fueron los cuentos de hadas infantiles (incluidos los de mi abuelo), la Historia y los buenos autores de la ciencia ficción, especialmente la sensibilidad y el mundo peculiar de Bradbury. También la Biblia, que comencé a leer desde muy pequeña. Los textos de descubrimientos arqueológicos, la antropología con sus descripciones de civilizaciones antiguas (me interesa mucho Mircea Elíade, pero no solo él, por supuesto). Pero si me pides una lista breve (y desordenada y rapidísima) de mis preferidos, aquí está: Margueritte Yourcenard, Margueritte Duras, Simone de Beauvoir, Lawrence Durrell con su Cuarteto de Alejandría, Paul Bowles, Robert Graves, Skakespeare, Dante, los grandes clásicos rusos del XIX, y una serie de libros raros que prefiero no mencionar aquí, libros malditos que me ganarían tal vez burlas e incomprensiones; entre ellos hay estudios sobre simbolismo, un tema que me interesa particularmente. Fue importante para mí estudiar toda la literatura norteamericana. Entre los cubanos, me ha influido Carpentier en primer lugar, y de todas sus novelas, El acoso. Me atrae tanto esta novela que he cometido palimpsesto con ella. De Lezama no creo tener influencias, aunque en la escritura poética compartimos gustos y sensibilidades comunes. ¡Su Narciso y su Rapsodia para el burro…! Y por supuesto, Eliseo Diego, a quien conocí antes de su muerte. Fue una tarde de lluvia; hablamos sobre Guillermo y Matilde de Normandía, el rey Harold, Edith Cuello de Cisne y la batalla de Hastings, y del bosque de naipes que aparece, creo, en Noticias de la quimera… Son cosas que no se olvidan. No quiero dejar de mencionar a Benítez Rojo, y también la Onoloria de Miguel Collazo, que me marcó para siempre. Y Garrandés, pero no por una relación etárea ni mucho menos, sino por una elemental cuestión de afinidades intelectuales y espirituales. Alberto es el único escritor con quien me reúno con cierta frecuencia para conversar. Nosotros somos, de alguna manera, almas gemelas. Raúl Capote, Amir Valle, Diana Fernández, Mariela Varona, Milene Fernández, Esther Díaz Llanillo y María Elena Llana, amigos a quienes quiero y siempre tengo presentes, viven demasiado lejos en esta isla medieval (y más allá) y rara vez logramos encontrarnos. Hay un escritor muy joven, Raúl Flores Iriarte, a quien tuve el honor de editar su libro El lado oscuro de la luna, publicado por Extramuros. Ese libro tiene varios cuentos memorables, y por lo menos uno genial, Días de gloria. He releído ese librito varias veces, y no se trata de que intente promocionar a su autor. Él no lo necesita. He disfrutado mucho los libros de Amir Valle, pero nuestros estilos son muy diferentes, incluso cuando escribo realismo y sobre temas cubanos. Creo que nuestra realidad nacional puede abordarse de muy diferentes formas, y eso la enriquece. Me agrada que haya muchas miradas disímiles sobre ella, aunque lamento tener que confesar que muy pocas me parecen viscerales y aún menos me parecen trascendentes. Estamos enfermos de inmediatez. En un balsero solo vemos a un tipo que quiere escaparse del sistema político de la isla, y el modelo es repetido hasta la eternidad en montones de premios y publicaciones que la marea del tiempo dejará convertidos en polvo, porque eso son y nada más. Hemos perdido la perspectiva de lo universal y creado un zoo de arquetipos nacionales que a Jung le parecería muy interesante. Seguro. En cuanto al ensayo, ya quisiera yo poder escribir como Beatriz Maggi, una de las mejores ensayistas de lengua española. Siempre la releo con el mismo deslumbramiento.


P- ¿Cómo te distribuyes entre la escritora, la periodista, la guionista y la personita particular que eres?


R- Mi vida personal es sombría. Prefiero no hablar de ella.


P- ¿Tienes un método de trabajo?


R- Cuando me ha agarrado un tema investigo exhaustivamente aunque me lleve años completar mi indagación. Quiero saberlo todo sobre lo que me interesa, porque mientras más información tienes, más opciones encuentras. Me emociona descubrir un detalle, por simple que pueda parecer. Nada nunca es insignificante, aunque al final prescindas de ello por selección. Después, cuando me llega alguna señal de que internamente ya estoy lista para escribir, lo hago todos los días, desmedidamente. A veces no duermo, y como lo que me traen a mi escritorio. Otras veces, si no tengo clara la intención de una escena o no logro ver algo con la definición necesaria, paro de escribir y vuelvo a indagar sobre el punto. Pero cada cosa que escribes, cada material, se comporta de distinta manera y te induce a utilizar recursos y actitudes diferentes para enfrentarlo. Las emociones me asedian mucho durante el proceso de la escritura. Se agolpan…, pero me alegro, porque si no sucediera así, no podría armar ni un párrafo. Solo que eso agota mucho al escritor.

 

P- ¿Cuáles han sido tus lecturas favoritas, tanto en lo fantástico, como de literatura general?


R- Es que para mí ha sido igualmente fantástico leer Drácula que la saga de los cátaros. ¿Tú quieres una visión más alucinante que la de los señores de los castillos cátaros, construidos sobre inmensas moles de piedra, como nidos de águila, descender volando en sus cabalgaduras silenciosas para caer en plena madrugada sobre los enviados del Papa, decapitar a un obispo entre sus sábanas y allí mismo beber vino en su cráneo mientras inundan el recinto con sus risas diabólicas? ¿Tú quieres algo más fantástico que la historia de Balduino el Leproso y Balián de Ibelín, las leyendas del Walhalla o el proceso de los Templarios? ¿Algo más difícil de concebir que el nazismo? ¿Qué más da que unos hechos hayan sido reales y otros no; que Drácula sea un personaje literario y Balián un hombre de verdad; que unas sean historias, y otros, mitos? Lo fantástico no está fuera, sino dentro de uno. Por eso puedes verlo donde otros quizás no ven nada. Lo fantástico es una predisposición interior, una mirada, una actitud, y puede que hasta una aptitud. He leído mucha teoría sobre eso, y mi conclusión final es que el género es tan abarcador que resulta imposible encerrarlo en conceptos y definiciones; es el más infinito y mutante que existe. Y por supuesto, tiene tanto potencial dramatúrgico y estético como cualquier otro género literario, sin hablar de sus muchas ventajas.


P- ¿Si pudieras escoger otro espacio-tiempo para vivir, cuándo y dónde escogerías? ¿Y por qué?


R- He pensado mucho en eso, y ahora mismo no sé, porque ya no dispongo del tiempo necesario para recrearme en esas meditaciones, pero te aseguro que no sería este. Categóricamente.

 

P- ¿Crees en la suerte?


R- Sí, y también en el destino y en la predestinación, aunque no como categorías absolutas que aherrojan al ser humano sin dejarle margen para nada más. Creo que las personas pueden cambiar muchas cosas, modificar hasta cierto punto, para bien o para mal, un destino. Otras veces hasta he llegado a pensar que el azar es quien gobierna todo. Y me resigno, lo acepto si es así. Lo que no estoy preparada para aceptar como destino o como "suerte" es el resultado de las componendas malintencionadas de las que somos víctimas tan a menudo. Eso no es azar, ni destino ni suerte, sino maldad y perversión friamente calculadas; y nadie se resigna a caer en esas trampas sucias. Me desespero cuando vislumbro un grupo que conspira contra alguien, o contra otro grupo, amparado en una estructura de poder o en una estructura social que se lo permite y, en ocasiones, hasta lo apoya. La indefensión de la gente buena ante estas huestes malignas me indigna, me exaspera. La impotencia es uno de los peores sentimientos que pueden abatir a un individuo. Yo lo sé. A veces, sin embargo, la suerte se aparece como algo tan desarticulado que te deja cuestionándote todo aquello que tenías como verdades inamovibles. Un ejemplo típico hablando entre escritores: los concursos literarios. ¿No se supone que están hechos para que ganen las mejores obras? Pues resulta que no, porque hay otros factores por encima de la calidad literaria: ¡estrategias para ganar!, y hasta aparecen en Internet bajo la forma de guías para escritores. "Estudie primero cuáles son los temas y argumentos tradicionalmente premiados en ese certamen", "Averigue el gusto de los lectores", "Tenga presente los intereses de las entidades que convocan y no lastime sensibilidades". Estos consejos los encontré en una web de recursos para escritores. Si a eso añades los rejuegos de intereses que se forman entre los jurados en todas partes del mundo, los intereses de los auspiciadores del concurso en cuestión, el temita económico (muy importante en España, por ejemplo), el político (mira el Nobel), etc..., ahí tienes, entonces, a la "suerte" en la que yo no creo y que no acepto como tal. Pero parece que no sirve de mucho revirarse contra esas cosas. Al final, uno siempre está solo, como Don Quijote frente a los molinos de viento.


P- ¿Piensas que la especie humana cambiará radicalmente el curso de la evolución?


R- Lo creo absolutamente, pero sin esperanza de redención. Vamos de cabeza al abismo y la jugada es imparable. Hay intereses demasiado poderosos operando en contra del Bien. Lo único que se puede hacer es esperar, y mientras, entretenerse en lo que a cada uno le resulte grato. Eso, al menos, es lo que yo creo. Ojalá me equivoque.


P- ¿Qué personaje de tus cuentos se parece más a ti?


R- Todos tienen algo mío, incluso Chico Carmona, uno de los protagonistas de mi cuento Conversión; ese es el personaje más satánico que he creado. Chico es exactamente como me gustaría ser con mis enemigos, con toda la gente que me ha perjudicado y ha perjudicado a quienes yo amo. Me gustaría mucho perseguir a quienes me han hostigado, como Chico persiguió al padre Mauro. Me gustaría probar, y que probaran de mí, aunque fuera una sola vez, el sabor de la implacabilidad. Mi lado oscuro es vengativo. Yo no sé perdonar. Solo que nunca lo muestro.


P- Paco Ignacio Taibo II decía que “El escritor existe, cuando encuentra a sus lectores”. ¿Crees que encontraste a tus lectores? ¿Para quién escribe Gina Picart?


R- Seguramente cuando Paco Ignacio dijo eso no estaba pensando en las editoriales cubanas, con su batalla eterna entre Aquiles y la tortuga (ellas son la tortuga, por supuesto). ¿Cómo un escritor va a encontrar sus lectores si no consigue publicar lo que escribe; si cada día aparecen más editores tontos, más jurados ineptos, más fallos incomprensibles, hay menos recursos materiales y más autores tratando de invadir las editoriales? Ningún escritor puede hablar de haber hallado sus lectores en semejantes condiciones. Lectores tienen Isabel Allende, la autora de Harry Potter, Stephen King, Ken Follet…, en fin, los fenómenos de venta, que disponen de mecanismos de retroalimentación lo suficientemente funcionales como para permitirles saber quién los lee. Yo me quedé congelada cuando encontré en un sitio de Internet la declaración de un jugador profesional de rol, de Murcia, España, que declaraba en un foro tener entre sus libros favoritos El druida de Gina Picart. Lo que me heló fue que los compañeros de lista eran El señor de los anillos, el Silmarilion, Dune, El enigma sagrado, cuentos clásicos de Lovecraft y Poe… Me pregunto si es esto bueno o malo para mí (teniendo en cuenta que no quiero ser recordada solo como una autora de literatura fantástica). No sé exactamente qué significa algo así, aunque sea muy halagador. Todo lo que yo sé, es que los dos libros que he podido publicar se han agotado en librería en menos de tres semanas. ¿Quién los compró? ¿Quién me lee? Quizás logre saberlo algún día. Otra cosa es cuando lees en público y puedes ver frente a ti la gente que te aplaude de pie, te aclama y quiere más. Pero a mí solo me ha ocurrido dos veces, las dos únicas veces que he leído ante personas. Es una experiencia tremenda para un escritor. ¡Tremenda!.


P- ¿Te quedan obras literarias en busca de editores, o por publicar?


R- La mayor parte de mi obra permanece aún inédita. Estuve más de siete años sin escribir después de ganar el David de 1990. Luego he escrito mucho: novelas, cuentos, ensayos, teatro, crónicas y entrevistas. Tengo libros de todo eso. La agencia Balcells aceptó representarme, pero aún no se ha materializado ningún contrato. Tengo algunos textos en editoriales cubanas. El reino de la noche, que fue finalista en un Carpentier de cuento, lleva tres años empantanado en la editorial UNIÓN. Letras Cubanas lanzará pronto, creo, mi novela Malevolgia, y Extramuros mis Historias celtas.


P- ¿Cómo guionista, en que formato te sientes más cómoda, qué obras has abordado y cuáles te gustaría tratar?


R- Me gustaba escribir seriales de aventuras con contenido histórico; hice uno muy extenso sobre los celtas de Irlanda en el siglo I, que no se pudo realizar por el período especial. También me agrada adaptar cuentos para el cine y la televisión. Me interesaría mucho poder hacer el guión de un largometraje, especialmente si fuera basado en mi novela Al final de la niebla, la historia de una poeta irlandesa del siglo VII. O la vida de Hildegarda von Bingen… Me interesa escribir sobre mujeres. Pero nada de cuando van al mercado y esas cosas. Yo hago todo eso como cualquier ama de casa, pero me parece la parte más idiota de mi vida; no veo en ello ninguna grandeza, más bien me embota, me animaliza, así que todo lo que quiero es olvidarlo.

P- ¿En qué estás trabajando ahora, y cuáles son tus próximos proyectos?


R- Una novela sobre El Bosco, mi pintor favorito, y otra sobre Catalina Lasa. Un viejo proyecto sobre la historia de los cátaros. Después de leer Bomarzo y Jardines del sueño, un libro maravilloso de la princesa Enmanuelle Kretzulesco-Quaranta, quisiera escribir una historia sobre jardines. También pienso seguir ampliando mi colección de noveletas sobre historias de mujeres de diversas épocas y lugares. Incursionar más en el ensayo y la crítica. No sé, siempre se me están ocurriendo cosas, pero actualmente es muy poco lo que puedo concretar. Yo, para escribir, necesito estar en estado de gracia, y cada día la realidad me lo va haciendo más difícil.


P- ¿Cuáles son tus consejos para aquellos que se inician en las profundas soledades del oficio de escribir?


R- Muy sinceramente, de corazón, recomiendo a quien tenga que procurar el sustento de una familia, que acuda a otra profesión más lucrativa, la música, por ejemplo. A quienes insistan, les aviso que se preparen: la batalla será cruenta.


P- Una última. ¿Es cierto que los iniciados se conocen, de tan solo mirarse a los ojos?


R- Creo que sí, sin duda. Pero yo no puedo considerarme un verdadero iniciado, porque todavía no he superado mi lado oscuro, así que no me creas. De todos modos, ¿te acuerdas cuando tú y yo nos conocimos…?

 

Entrevista realizada el 7 de octubre del 2005, por Gerardo Chávez Spínola.

 

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