UN GUAJIRO DESCAMISADO

ENRIQUE ACEVEDO
Caibarién, 1942

Obras Principales

Testimonio:
Descamisado (1993)
Guajiro (1997)

Enrique Acevedo tenía 14 años de edad cuando se incorporó a las guerrillas de Fidel Castro. Bajo las órdenes de Che Guevara participó en la lucha de la Sierra Maestra y con el legendario guerrillero haría la invasión hacia el occidente de la Isla y participaría en la batalla de Santa Clara, que acabó por quebrarle la espina dorsal al gobierno y al ejército de Batista.

Eso convierte al general de brigada Enrique Acevedo en un testigo de excepción acerca de esa etapa de la historia de Cuba, al punto de que un protagonista de primera fila de dicha gesta, el general de ejército Raúl Castro, no vacila en afirmar que el testimonio de Acevedo, «visto desde el prisma del soldado, es lo mejor que he leído sobre nuestra lucha guerrillera».

Con frescura y espontaneidad, Acevedo relata los hechos tal y como ocurrieron o como él los percibió entonces y se conservan en su memoria. Parece a veces que reproduce un minucioso diario de campaña donde anotó con precisión acontecimientos, estados de ánimo, interrogantes y dudas. No escribe con la madurez que los años y las experiencias dieran a su vida, sino con la sinceridad y el desenfado del adolescente.

Descamisado, que obtuvo el Premio de la Crítica cubana, es el testimonio de Acevedo junto al Che, la guerra de liberación vista y contada por un soldado descamisado de la tropa del Che. Guajiro es ya Acevedo en La Habana, en 1959, un campesino de 16 años de edad, con galones de teniente, destacado en la fortaleza de La Cabaña y que a partir de ahí comenzará a conocer La Habana para vivir numerosas peripecias, librar batallas en diversos planos y frentes, conocer el amor tarifado y sentir el estrago de los rejuegos humanos e ideológicos en un ríspido y caliente aprendizaje que le enriquece su visión del mundo.

Dice el escritor Enrique Núñez Rodríguez con relación a Guajiro:

«Volver a vivir esos comienzos de la mano de un joven descamisado, es una experiencia emocionante. Todo está contado en el libro con una gracia desmelenada como las palmas. Uno no se siente lector, sino compañero del autor… Acevedo cuenta glorias y miserias con la misma mano de repartir recuerdos. No es un libro literario. Si lo vamos a clasificar de alguna forma, diríamos que es un libro entrañable».