| ÁFRICA
MÍA
ADELAIDA
FERNÁNDEZ DE JUAN
La Habana, 1961
Obras
principales:
Cuento:
Dolly y otros
cuentos africanos (1994)
Oh, vida
(1999)
Hay
un dato en la corta biografía de Adelaida Fernández
de Juan que siempre resalta en primer plano: es médico -especialista
en medicina interna- y como tal trabajó dos años en
Zambia. Ese hecho marca su vida y también una parte de su
literatura: inspiró su primer libro y reaparece ahora en
la novela que tiene entre manos.
Dolly
y otros cuentos africanos
se tradujo al inglés y se publicó en Canadá
(1996). Se reeditó en Cuba, en una edición para bibliómanos,
que prologó Eliseo Diego. Dice en su texto el autor de El
oscuro esplendor que se trata de un libro que enseña
que la vida, pese a todas sus penas, merece ser vivida.
La escritora
define como «violenta» su estancia africana. Muy vivencial
es su literatura. Hay un gran lirismo en sus cuentos de África
y mucha intensidad en aquellas piezas suyas que abordan la temática
de la mujer cubana de hoy; la de la mujer, dice, que vive una vida
cotidiana, pero intensa.
Es la
suya una literatura hecha para mujeres, muy femenina, pero no feminista.
Y la crítica y el público -hombres y mujeres- le dispensan
una excelente acogida: los cuentos de Fernández de Juan se
han traducido a varios idiomas e incluido en numerosas antologías,
entre ellas: Cuentos
habaneros (México, 1997) donde es la
única mujer presente. Asimismo son varias las distinciones
que mereció dentro y fuera de Cuba. «Clemencia
bajo el sol», su cuento más difundido,
fue adaptado al teatro.
Ella, mientras tanto,
se considera como un caso raro dentro de la cuentística cubana
actual. A diferencia de la de otros escritores de su generación,
su literatura no es hipercrítica, ni ácida, ni morbosa.
Y sus lecturas han ido siempre por un rumbo aparte: a los diez años
de edad había leído ya a todo Zola, y hoy sigue pensando
que O´Henry, Guy de Maupassant y William Somerset Maugham
son escritores imprescindibles -lo son para ella-. Admira a Chesteston
y a Graham Greene, y Mario Benedetti le parece un cuentista excepcional.
Sigue muy de cerca la literatura latinoamericana escrita por mujeres:
Marilyn Bobes, Rosario Ferré, Laura
Esquivel
y confiesa admiración e identificación
sin reservas con la primera. Asegura que sus padres -es hija de
dos figuras cimeras de la cultura cubana, Adelaida de Juan y Roberto
Fernández Retamar- le inculcaron, desde niña,
el amor a los libros y las letras, pero que no fueron decisivos
en su vocación. Siguen siendo, expresa, una especie de látigos,
críticos amorosamente implacables de todo cuanto escribo.
Adelaida Fernández
de Juan tiene un segundo libro de cuentos Oh,
vida (Premio Cuento
-Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, 1998),
y trabaja en una novela aún sin título, y que será
un libro epistolar, muy del siglo XIX y muy actual al mismo tiempo.
Una especie de contrapunto conformado por cartas que se escriben
desde la Habana a alguien que se fue al exilio, y por otras que
alguien desde África escribe a sus amigos habaneros. El lector
no sabrá hasta el final del volumen, que es la misma mujer
la autora de todas las misivas.
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