HONDA EMOCIÓN Y CONTRASTES IMPRESIONANTES

DULCE MARÍA LOYNAZ
La Habana, 1902-1998
Premio Nacional de Literatura en 1987
Premio Miguel de Cervantes 1992
Presidenta de honor de la Academia Cubana de la Lengua

Obras principales

Novela:
Jardín (1951)

Testimonio:
Un verano en Tenerife (1958)
Fe de vida (1995)

Poesía:
Versos (1938)
Juegos de agua (1947)
Carta de amor a Tut-Ank-Amen (1953)
Poemas sin nombre (1953)
Obra lírica (1955)
Últimos días de una casa (1958)
Poemas náufragos (1991)
Bestiarium (1993)
La novela de Lázaro (1993
)

La obra de Dulce María Loynaz desarma a la crítica, se dice. En realidad, la impresiona con su mundo a la vez real y estilizado de cosas elementales, de signos sencillos y perennes. El amor está presente en ella -una presencia inquietante, misteriosamente autodefinidora. Y también están Cuba y un vasto mundo de seres poéticamente reales, como la «mujer estéril», que halla en la Loynaz un canto digno de su angustia.

Esta escritora seduce a públicos numerosos y diversos con su obra hecha de sencillez y naturalidad, de emociones hondas y de impresionantes contrastes de música y de simplicidad formal, de angustia y enigma y amorosa tensión, de firmeza y blandura.

En sus poemas iniciales parece dibujarse la inspiración lejana de Juan Ramón Jiménez y de Tagore, pero Dulce María Loynaz, en el doble cincelamiento, íntimo y externo, de su verso, va haciendo su poesía más y más suya, y en lugar de adornarla, la simplifica a la par que la ahonda, quitándole finalmente la rima, pero afinando y sensibilizando el ritmo para llegar a la sencilla y perfecta belleza del poema en prosa, la de los Poemas sin nombre de la plena madurez.

Hay vasos comunicantes entre su poesía y Jardín, su «novela lírica», expresión del rico mundo real e imaginario de Bárbara, la protagonista. Un verano en Tenerife -cuadros, escenas y leyendas de las Islas Canarias- conjuga felizmente descripción y narración, fantasía y lirismo, mientras Fe de vida, evocación del que fuera su esposo Pablo Álvarez de Caña, está entrelazada con la propia vida de la autora que, de algún modo, adelanta aquí sus memorias

Incursionó en la literatura para los más jóvenes. Su Cartas a Julio Antonio (1994) une el lirismo al quehacer diario y revela un ideario pedagógico con hondas raíces maternales.