NUESTROS
AUTORES
JUAN
CARLOS RODRÍGUEZ
ENTRE
LA HISTORIA Y LA FICCIÓN
A
horcajadas entre la historia y la ficción anda Juan Carlos
Rodríguez (La Habana, 1943). Como novelista ha abordado
el género policial y la novela de contraespionaje. Como
investigador, sobresale el resultado de sus estudios sobre el
diferendo cubano-norteamericano. Vuelo infernal
(1996) se asienta en una rigurosa base factual. Así
lo confirma el autor explícitamente: la inspiración
principal de la obra fue la investigación que realizara
sobre diversos hechos de terrorismo ocurridos en naves civiles
en pleno vuelo, aunque el relato resulte una fantasía.
No hay referencia concreta en las páginas de esta novela
a ningún desastre en particular.
No se piense que Vuelo infernal es sólo una
novela de suspenso policiaco. Es también un relato sobre
las relaciones entre las personas, en particular, entre seres
humanos que serán víctimas de un hecho terrorista,
y sobre la atmósfera que antecede a la tragedia y la tragedia
misma.
El autor reconstruye las últimas 18 horas de la vida de
sus personajes. El avión arriba a un aeropuerto en escala
técnica y se adoptan medidas rigurosas de seguridad para
su protección ya que son numerosas las amenazas que se
ciernen sobre la nave. Pero el plan de sabotaje está en
marcha y el autor aborda las motivaciones de los criminales y
los obstáculos que deben vencer a fin de lograr su objetivo,
lo que construye el clima de tensión y suspenso. Los capítulos
finales relatan lo que ocurre en el interior de la nave desde
la explosión de la bomba hasta que el avión se precipita
al mar, cinco minutos después. El recuento es tan verosímil,
sólido e intenso que el lector puede hacerse una idea exacta
de lo que ocurre o puede ocurrir en una aeronave siniestrada.
El último retorno (1990) narra las peripecias
de un agente de la inteligencia cubana que penetra un grupo contrarrevolucionario.
Sale de Cuba, y en Estados Unidos se infiltra en un grupo terrorista,
pero es descubierto y debe regresar.
Atención especial merece otro libro de Juan Carlos Rodríguez,
La batalla inevitable (1996) fruto de la investigación
que durante 15 años realizara sobre el enfrentamiento de
Washington contra La Habana. Este libro, en buena medida, se basa
en documentos desclasificados por la Seguridad del Estado Cubano,
no utilizados hasta entonces, y otros documentos desclasificados
por la CIA. Va desde los inicios del año 59 hasta la invasión
de Bahía de Cochinos y la victoria de Playa Girón,
en abril de 1961; una etapa en la que el enfrentamiento norteamericano
conocerá, de manera sucesiva, de tres momentos o estrategias,
desde el apoyo y estímulo de bandas contrarrevolucionarias
hasta la invasión militar.
Juan Carlos Rodríguez escribe otra novela. Es la crónica
de una familia cubana desde 1958 hasta los 90. Y dice que lo hace
con soltura, sin inhibiciones, sin autocensura.

ORLANDO
QUIROGA
UNA
HABANA PÚBLICA Y OTRA SECRETA
Los
muchos años pasados como periodista y guionista de TV hacen
dueño a Orlando Quiroga (La Habana, 1933) de todos los
recursos para atrapar y mantener, desde el primer momento hasta
el último, la atención del lector. Asume la cultura
sin prejuicios y escribe con desenfado y audacia. Nada ha sido
imposible para él que durante los últimos 40 años
-el período que abarcan sus memorias publicadas bajo el
título de Nada es imposible (1996)- pudo
entrevistar a Silvana Pampanini y a Sara Montiel, a Ava Gardner
y a Jorge Negrete, disfrutar de la amistad del gran pintor René
Portocarrero y de Miguel Barnet, del legendario Benny Moré
y del no menos mítico Félix B. Caignet, y demostrar
una admiración cálida y sin reserva por Nicolás
Guillén y Dulce María Loynaz, Alicia Alonso, Mercedes
Sosa, Joan Manuel Serrat y Josephine Baquer.
Una derivación de Nada es imposible es el
segundo título de Orlando Quiroga. Muñecas
de cristal (1998) revela una Habana pública y una
Habana secreta que corren a lo largo de la década de los
50 y comienzos de la siguiente. En sus páginas, cuatro
mujeres de orígenes disímiles se valen de todas
las astucias femeninas para conquistar un lugar privilegiado como
modelos o bailarinas del cabaret Tropicana, uno de los centros
nocturnos más famosos del mundo, y con tal de conseguirlo
deberán alternar en un ambiente variopinto de homosexuales,
militares, santeros, mendigos, príncipes, peluqueros, pitonisas
y matones a sueldo.
Son mujeres reales a las que Quiroga conoció. Rodney, el
afamado coreógrafo, es un ser omnipresente en la vida de
ellas. Rossy, Lily, Chalía y Sandra se exhiben en un cabaret
en cuya entrada hay la escultura de cristal de una muñeca.
¿Podrán evitar ellas el destino del cristal hecho
añicos?
La noche de Tropicana no es únicamente la que Quiroga presenta
en sus páginas. Hay otra noche habanera de sórdidos
cafetuchos y cabaret de mala muerte en los que se dan cita, como
salidos de las alcantarillas, camioneros, marinos norteamericanos,
turistas de tercera, travestis... y una noche en la que se entremezclan
las intrigas del poder, la suntuosidad de la aristocracia, la
pobreza de los conventillos y cuarterías y el polvo rojo
de la tierra que llega a la ciudad desde el interior del país.
Un gran fresco, en fin, que rodea a las cuatro mujeres que luchan
cada una de ellas por el primer lugar en el cabaret y que tienen
como premonición del fin una gran lluvia de fuego que se
abate sobre Tropicana y acaba con sus sueños.