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MARILYN BOBES
LOS HOMBRES ME CAEN
MUY BIEN
La
autora de Alguien tiene que llorar
(Premio Casa de las Américas) escribe ahora una novela
y puso término a un nuevo poemario. Cree que las escritoras
cubanas hacen con su literatura una indagación y una búsqueda
que va hasta sus últimas consecuencias y que no se advierte
en la literatura escrita por los hombres. Aun así son marginadas.
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Marilyn
Bobes era bien conocida en el ámbito de la poesía
desde que La aguja en el pajar mereciera el
Premio David para escritores jóvenes, cuando su libro
de cuentos Alguien tiene que llorar le valió
un importante premio Casa de las Américas. Antes, un
cuento suyo, precisamente el que daría título
a ese volumen, había recibido en México el premio
Edmundo Valadés.
En los siete relatos que lo conforman se abordan, en lo esencial,
conflictos relacionados con la sexualidad y la afectividad
de sus protagonistas y en especial con la condición
de la mujer. En ellos se destaca, y los dota de un carácter
único en las letras cubanas actuales, dice la crítica,
la perspectiva desde la que se escriben, feminista más
que femenina. |
No del feminismo más radical y agresivo,
sino del que propone un cambio en la percepción y la realización
de la mujer, en el logro de una visibilidad y en la práctica
de una autenticidad que no recurran a extremos ni correspondan
a fenómenos, sino que se construyen desde la múltiple
variedad de lo femenino y no desde los arquetipos y estereotipos
del discurso.
"Debe haber otro modo que no me llame Safo/ ni Messalina
ni María Egipcíaca/ ni Magdalena ni Clemencia Isaura".
Estos versos de la mexicana Rosario Castellanos sirven de epígrafe
al primer relato de Alguien tiene que llorar y son,
evidentemente, una toma de partido que se manifiesta con mayor
o menor énfasis en todos los cuentos del libro.
¿Qué ha hecho Marilyn Bobes desde la publicación
de ese título en 1995?
Ese término asusta
Trabajo en una novela. Llevo años en ella, tantos que digo
que mi obra es como el tejido de Penélope. No me he propuesto
un límite para concluirla. Se publicará, sin duda
alguna, pero sólo cuando me sienta satisfecha con lo que
hice. Mientras tanto, escribí algunos cuentos, no muchos,
publiqué en 1997 el poemario Revi(c)itaciones y homenajes,
y concluí un nuevo libro de poemas, Impresiones y
comentarios.
¿Se emparienta su novela con Alguien tiene que
llorar, lo continúa o es otra cosa?
Lo continúa en alguna medida. El tema de la mujer siempre
me apasiona. Aunque todo está ficcionado en sus páginas,
hay ciertos toques autobiográficos en mi novela y eso la
acerca al libro de cuentos.
En realidad, en todo lo que escribo -también en mi poesía-
exploro la relación del mundo femenino con lo masculino
y lo social. Creo en la igualdad de los sexos, pero a partir de
la diferencia. Debe existir la igualdad entre ambos; de lo que
se trata es de suprimir las jerarquías que impone la diferencia.
¿Está de acuerdo cuando se afirma que su literatura
es feminista más que femenina?
No sabría qué responderle. Feminismo es un término
que asusta y algunos hasta le temen. Pero si equivale a una defensa
de los derechos de la mujer y de sus derechos de realización,
entonces mi literatura sería feminista. No es ciertamente
un feminismo agresivo hacia los hombres. Los hombres me caen muy
bien y forman parte también de mi literatura. Lo que escribo
es también una forma amorosa de acercarme a ellos.
Usted ha estudiado y antologado la literatura escrita en Cuba
por mujeres. En líneas generales, ¿qué opinión
le merece?
Me gusta. Eso es lo que puedo decirle ahora. Añadiría
que en esa zona se hallan algunas de mis preferencias literarias.
Mylene Fernández y Ena Lucía Portela me parecen
de lo más valioso tanto en lo escrito por mujeres como
por los hombres, sin olvidar a Ana Lidia Vega.
¿Qué hay de denominador común en las letras
cubanas escritas por mujeres?
Es una pregunta difícil. Se advierten individualidades
muy fuertes y mucha variedad. Sí es común el afán
de profundizar en la experiencia personal y una voluntad de indagación
y búsqueda -incluso en el lenguaje- que saben llevar hasta
las últimas consecuencias y que no veo en la mayor parte
de los libros escritos por los hombres. Es lógico. La relación
de la mujer con el mundo es más problemática. Nos
hacemos más preguntas y procuramos mejores respuestas.
Recientemente la chilena Marcela Serrano dijo que escritoras
como Isabel Allende, Angeles Mastretta y ella misma seguían
siendo marginales porque pese al éxito enorme de venta
que alcanza lo que publican, tienen, sobre todo lectoras, no lectores.
Es decir, son leídas mayormente por mujeres. ¿Sucede
así en Cuba?
- No exactamente. La realidad cubana es diferente; hay aquí
un público mejor, mujeres y hombres ávidos por la
lectura y que se interesan tanto por lo que escriben los hombres
como por lo que escriben las mujeres. Esa marginalidad que señala
la Serrano no se aprecia al nivel del lector. Existe, sí,
a nivel de la crítica y de los círculos literarios
que subestiman lo que creamos y lo califican de poco o menos importante
porque por su carácter confesional carece, según
ellos, de argumento.
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