Regreso a CubaLiteraria
publicaciones seriadas
editoriales novedades
 
 
PINAR DEL RÍO
LA HABANA
ISLA DE LA JUVENTUD
CIUDAD DE LA HABANA
MATANZAS
VILLA CLARA
CIENFUEGOS
SANCTI SPÍRITUS
CAMAGÜEY
CIEGO DE ÁVILA
LAS TUNAS
HOLGUÍN
GRANMA
SANTIAGO DE CUBA
GUANTÁNAMO


PALACIO DEL
SEGUNDO CABO

   
El Palacio del Segundo Cabo

U nombre proviene de la plaza que custodia el Palacio del II Cabo, junto a otras mansiones señoriales. Esta plaza, Ramada de Armas, fue el primer espacio público en la Villa de San Cristóbal de La Habana.
En la hoy rejuvenecida Habana Vieja, entre el Palacio de los Capitanes Generales y el Castillo de la Real Fuerza, se yergue el Palacio del Segundo Cabo. Antes Palacio de la Intendencia o Real Casa de Correo, es actualmente la sede del ICL.
Dos siglos han transformado y dotado de disímiles estilos, la estructura del Palacio del Segundo Cabo. Lentos y azarosos han pasado dos siglos, dotando y metamorfoseando su estructura de disímiles estilos. Resaltan la impasible quietud barroca de su fachada, un arco de líneas mixtas que rodea la corona de Fernando VIII dando paso al patio interior de influencia andaluza; el entresuelo, donde el tiempo parece retenido; la escalera de mármol de Carrara pionera en el uso de barandas de hierro; las persianas tachonadas de vitrales donde la luz se refracta atenuando con su resplandor el estrago de los siglos.
El salón de los espejos: protagonista de grandes encuentros, conferencias, tertulias, frecuentes lanzamientos de nuevos títulos y otros eventos culturales. La azotea laberinto, desde cuya torre se avizora toda la bahía y parte de la arquitectura de San Cristóbal de La Habana.
Aunque pasó de mano en mano en épocas anteriores, hace más de 30 años se ha convertido en el Palacio del Libro y la Literatura, casa de creadores del mundo del libro. En la actualidad cuenta con tres librerías, una revistería, un cibercafé, servicio de guía turística, áreas museables y áreas destinadas a la administración y producción editorial.

Palacios de la Plaza de Armas

L ámbito que todavía hoy se conoce popularmente como Plaza de Armas fue el primer espacio abierto destinado a plaza pública de la villa de San Cristóbal de La Habana, y en tal virtud se situaron en sus contornos las casas de los principales vecinos, simples bohíos, así como la primitiva iglesia parroquial, también un bohío, reedificada de piedra y madera a partir del 1555 en el lado Oeste de la plaza. Cuatro años más tarde se comenzaba la construcción en el lado Norte del Castillo de la Real Fuerza; pero como a poco de terminado éste la plaza se destinó a ejercicios militares y reunión de la tropa, perdió su vigencia como plaza pública, y se suscitó la formación de la plaza Nueva, según se ha dicho. En el último tercio del siglo XVIII, la Plaza de Armas recobró su carácter de centro cívico de la población gracias a las medulares transformaciones de que fue objeto, que incluyeron la construcción de los dos más relevantes edificios públicos de la época colonial; la Real Casa de Correos en el lado Norte, a continuación del Castillo de La Fuerza, y la Casa del Cabildo, ocupando todo el lado Oeste, donde se alzaba.


La Casa de Correos o Palacio del Segundo Cabo

A decisión de construir este edificio partió de la Corona, y el Gobernador dio cuenta en el Cabildo del 20 de diciembre de 1770 de haber recibido una Real Orden, fechada en San Ildefonso el 8 de agosto anterior, en que se le previene que el Rey «ha resuelto se lleve a debido efecto la fábrica proyectada para la Casa de Administración de Correos... con arreglo al plano que presentará el señor D. Joseph Antonio de Armona». El hecho de que Armona perteneciera al Consejo de Su Majestad hace presumir que el plano le fue enviado desde la Península.
Las obras, junto con las de la Casa del Cabildo (contigua) fueron dirigidas por el ingeniero cubano Antonio Fernández Trevejos y quedaron terminadas hacia 1772. Además de la administración de Correos «cuya renta contribuyó en mucha parte a su costo», se establecieron en 1820 en este edificio la Intendencia, Contaduría y Tesorería General del Ejército, y, a mediados del siglo XIX, las oficinas del Subinspector Segundo Cabo, para lo cual pasaron entonces las de Correos a un edificio en la plaza de la Catedral. Pero aún estaba esta fábrica llamada a llenar sucesivamente otras funciones, respondiendo siempre eficazmente a los requerimientos que el tiempo y los hombres le imponían. Con el advenimiento de la República se instaló allí el Senado, y a tal efecto en 1910 el arquitecto Eugenio Rayneri realizó obras de adaptación que alteraron por completo la distribución y el carácter de las dos crujías del frente en el piso alto. Al trasladarse el Senado al recién terminado Capitolio Nacional se destinó el edificio al Tribunal Supremo de Justicia, para lo que se hicieron en él obras que incluyeron la remoción del repello exterior, a fin de dejar expuesta su magnífica sillería, aspecto sobre el cual ya nos hemos pronunciado. Posteriormente, al trasladarse el Tribunal Supremo, al nuevo Palacio de justicia, el antiguo palacio del Segundo Cabo pasó a alojar muy dignamente las academias de la Historia, de la Lengua y de Artes y Letras. Refundidas estas en una nueva organización, es objeto actualmente de una concienzuda restauración que promete muy felices resultados.
El edificio es de un barroco muy mesurado —como prevaleció en España durante la primera mitad del siglo XVIII—, preludio del neoclasicismo. El soportal es una hermosa arcada romana de clásica pureza; el piso alto agrupa las tres ventanas centrales y las dos de cada lado por medio de cuatro pilastras, que alternan con salientes en la cornisa apoyados en placas recortadas, elemento de origen mudéjar que reestilizara el gran pintor, escultor y arquitecto granadino Alonso Cano. Las ventanas tienen estrechas guarniciones con discretas escotaduras barrocas, y sus proporciones achaparradas están de acuerdo con las normas del barroco civil gaditano; pero si por este motivo lucen algo bajas en relación con los vanos del soportal, las proporciones generales de la fachada quedan restablecidas por los acentos de los altos pilares que se intercalan en el pretil.
Bajo el portal se yergue una mayestática portada, flanqueada de pilastras gigantes dispuestas en ángulo y coronada por una magnífica guarnición que envuelve el escudo central. A través de ella se atisba el pequeño patio cuadrado, rodeado de arcadas rebajadas que se apoyan en columnas y pedestales, formando una composición de neto carácter andaluz. La sucesión de vanos de distinto trazado desde el soportal hasta la embocadura de la escalera en el lado posterior del patio, que comprende nada menos que seis Planos de interferencia en la perspectiva, produce un notable efecto de profundidad. De estos vanos, el del zaguán es un arco de abolengo gótico morisco derivado de la arquitectura andaluza.