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REGRESO A CubaLiteraria
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Memoria. v- Los minoristas sabáticos.

Los minoristas homenajean.
Los minoristas visitan a Agustín Acosta.
Los minoristas sabáticos con Titta Rufo.
Los minoristas con Alfoso Reyes. Los minoristas con Romañach.
Los Minoristas con sus novias.


NOVIEMBRE DE 1923 - SEPTIEMBRE DE 1928: Los antiguos miembros de la
Falange de Acción Cubana y otros intelectuales incorporados a los Veteranos y Patriotas efectuaron los “almuerzos sabáticos”. En ellos participaban no sólo los jóvenes intelectuales, sino figuras establecidas como Fernando Ortiz y el narrador Alfonso Hernández Catá. También se sumaron al grupo los pintores Antonio Gattorno, Jaime Valls y Eduardo Abela, el escultor Juan José Sicre, el entonces periodista y crítico —y futuro novelista— Alejo Carpentier y el médico Juan Antiga. Gran cantidad de intelectuales y artistas extranjeros y algunos cubanos fueron homenajeados en esos almuerzos:  el cantante italiano de ópera Titta Rufo, el mexicano Alfonso Reyes. Entre las personalidades cubanas homenajeadas estuvieron el poeta matancero Agustín AcostaJuan José Sicre  y Leopoldo Romañach.

Los minoristas sabáticos escuchan al gran Titta.


   Los minoristas, que fueron llamados así a partir del trabajo de Jorge MañachJorge Mañach titulado “Los minorista sabáticos escuchan al gran Titta”, publicado en la
revista Social correspondiente a febrero de 1924, desarrollaron una amplia labor de apoyo a intelectuales extranjeros que sufrían represión por parte de sus respectivos gobiernos. En diciembre de 1926 redactaron el manifiesto “Por la independencia de los pueblos contra el imperialismo norteamericano”, dirigido “A los intelectuales y hombres libres de los estados Unidos. A nuestros hermanos de la América Latina”,  en el cual denunciaban la intervención norteamericana en Nicaragua:

    Por segunda vez, en el curso de los últimos años, tropas de desembarco de la marina de guerra norteamericana, han hollado el suelo de la hermana república de Nicaragua, desalojando de los lugares que ocupan a funcionarios de un gobierno legalmente constituido, estableciendo censura telegráfica y postal, y declarando “zonas nuestras”, regiones de territorios no sujetas a su soberanía; es decir, violando en todos estos casos los más elementales preceptos del Derecho Internacional y atropellando con ello la dignidad de la  América Latino-Indo-Ibera.

    (...)
         Los que en Cuba pensamos sin compromiso con los errores del pasado ni las iniquidades del presente, los que sentimos muy hondo el libre amor que debe unir a todos los hombres, sin distinciones de razas ni nacionalidades; los que creemos que el Continente que descubriera Colón, debe ser refugio de la Humanidad libre, no podemos hacernos cómplices con nuestro silencio de esta afrentosa tragedia que sentimos en nuestra propia carne, ocurrida en suelo latinoamericano, y hacemos un llamamiento a los que piensan como nosotros en esa tierra donde el oro triunfa, escarneciendo los ideales de los fundadores de esa poderosa nación, para que,  uniendo su esfuerzo al de todos los hombres libres de  nuestra América Latina, obliguen a su gobierno a dejar de ser instrumento de quienes pretenden implantar  en el Continente un nuevo sistema de esclavitud, más ominoso que el que hace un siglo destruyeron nuestros pueblos con su heroico esfuerzo.

     Firmaron este documento, entre otros, Rubén Martínez Villena, Emilio Roig de Leuchsenring, José Antonio Fernández de Castro, Juan Marinello, Andrés Núñez Olano y Enrique Serpa.
     Otras actividades en las que  estuvieron presentes fue en el homenaje a Enrique José Varona y a Manuel Sanguily, en la fundación de la Liga Antimperialista organizada por Julio A. Mella, a la cual se vincularon Martínez Villena, José Z. Tallet y Juan Marinello y participan en la fundación de la Junta Nacional Cubana Pro Independencia de Puerto Rico, entre otras muchas.
     También mantuvieron una actitud crítica ante el gobierno despótico de Gerardo Machado, que oprimía al pueblo cubano desde su ascenso al poder en 1925. En carta dirigida a éste en diciembre de 1925 denunciaron el encarcelamiento del líder estudiantil Julio Antonio Mella, y expresaron en la misma:

    Nosotros, como intelectuales, conocedores de la ideología de Julio Antonio Mella, protestamos de la acusación de que él sea capaz de colocar bombas o ejecutar hechos que pongan en peligro la vida de inocentes, mujeres y niños; sabemos que el deseo de elevarse como celosos cumplidores del deber ante los ojos del Gobierno, conduce a los subalternos a exageraciones y errores desgraciados; y por este medio hacemos llegar a usted, señor presidente, este juicio nuestro, esta protesta nuestra, fundados, además, en motivos de humanidad que no pueden ni deben serle ajenos /.../ levantemos a usted nuestra voz para decirle la verdad y el significado de estos hechos, para demandar de usted una acción que enmiende el yerro y restablezca la justicia, y para en el caso terrible de que muera el estudiante desamparado, quede, para salvar la dignidad de Cuba, siquiera el pobre y extraoficial testimonio de nuestra protesta.

     La carta, que fue publicada en el periódico Heraldo de Cuba el 13 de diciembre de 1925, estuvo firmada, entre otros, por Fernando Ortiz, Emilio Roig de Leuchsenring, Alberto Lamar Schweyer, Juan Marinello, José Z. Tallet, José Antonio Fernández de CastroRubén Martínez Villena y Hortensia Lamar. Denunciaron también, en unión de varios profesores universitarios y  otros intelectuales, y en apoyo a los estudiantes del alto centro de estudios, la prórroga de poderes impuesta por Gerardo Machado para reelegirse como presidente de la República. Mientras, el Grupo Minorista continuaba con sus actividades sabáticas, a las que a veces asistían sus novias o esposas.