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ENERO-DICIEMBRE DE 1928: Con bastante irregularidad se reunían los minoristas que permanecieron en Cuba tras la represión machadista. En sus acostumbrados almuerzos agasajaron a varios intelectuales de paso por La Habana, pero ya el fermento inicial que los convocó se había debilitado, sobre todo, por los acontecimientos de orden político que los desarticuló como grupo.
JUNIO
DE 1929: Emilio Roig de Leuchsenring, en un artículo
publicado en Social en ese mes, titulado “Artistas
y hombres o titiriteros y malabaristas” declaró extinguido al
Grupo Minorista. Entre otras consideraciones, valoraba así la
labor del Grupo:
Admirable labor revolucionaria de depuración y renovación literaria y artística como político-social, fue la que realizó en Cuba —y usamos en su justo sentido estos tiempos de verbos— el Grupo Minorista, labor que alcanzó justamente repercusiones continentales y hasta dejó sentir su influencia y su acción en España, labor no superada ni igualada antes ni después en nuestra patria por grupo literario o artístico alguno, labor que durante varios años fue ejemplo y lección para el futuro, no imitados ni seguidos hasta hoy, de la actitud y misión que a los intelectuales nuevos corresponde adoptar y desempeñar en lo que se refiere a los problemas político-sociales de su patria y de la humanidad.
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