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cuanto a la narrativa, ningún miembro del grupo realizó aportes
individuales, excepto Mañach con la publicación de algunos cuentos;
y Federico de Ibarzábal y Enrique Serpa ya a finales
de la década del 30. Sin embargo, resulta de interés la novela
colectiva “Fantoches
1926”, aparecida en Social en los doce números
que conforman el año 1926. De los once autores que colaboraron
(uno de ellos realizó el primero y el último capítulos), sólo
dos de ellos, Carlos Loveira y Alfonso Hernández Catá, no pertenecían
al Grupo Minorista, que estuvo representado por Guillermo Martínez
Márquez, Alberto Lamar Schweyer, Jorge Mañach, Federico de Ibarzábal,
Arturo Alfonso Roselló, Rubén Martínez Villena, Enrique Serpa,
Max Henríquez Ureña y Emilio Roig de Leuchsenring. Cada capítulo
fue ilustrado por importantes figuras de la plástica, como Conrado
Massaguer, José Manuel Acosta, Rafael Blanco y Armando Maribona,
entre otros. La novela ha sido reconocida por la crítica como
vanguardista, aunque los resultados narrativos más importantes
de este movimiento no se recogen en Cuba sino años después, con
los aportes de Alejo Carpentier, Lino Novás Calvo y Pablo
de la Torriente Brau, entre otros. En “Fantoches
1926” los propios minoristas son incluidos como personajes, de
manera que el doctor Magnack es Jorge Mañach, Ramal Báyer el Lamar
Schweyer, Boleira es Loveira, Ramírez Járquez es Guillermo
Martínez Márquez, Román Antigas es Juan Antiga... En el capítulo
VIII su autor, Rubén Martínez Villena, da cabida a personajes
como Hernando Ortez (Fernando Ortiz), Roque Larráuring (Roig de
Leuchsenring), Mari-Helo (Marinello) y Move-Carpe (José Manuel
Acosta y Alejo Carpentier) . En la novela, que fue
editada en forma de libro en 1993, se mezclan homicidios, la politiquería
de la época, brujería, burla a funcionarios, etc., en una agradable
unión de ironía, chispa y buen humor.
En 1927 se proyectó otra novela colectiva, “Once soluciones a
un triángulo amoroso”, pero sólo aparecieron cinco capítulos,
debidos, respectivamente, a Guillermo Martínez Márquez, Jesús
J. López, Enrique Serpa, Ofelia Rodríguez Acosta, Carlos Loveira
y Emilio Roig de Leuchsenring. Por último, tanto Mañach como Roig
de Leuchsenring revitalizaron un género que había sentado pauta
en la narrativa cubana del siglo XIX: el artículo de costumbres.
El primero brinda en numerosos artículos las más diversas aristas
de la sociedad republicana, mientras que Mañach, con sus “Estampas
de San Cristóbal de La Habana” (1927), a través del personaje
de Luján, va recorriendo espacios de la capital, donde tienen
un lugar la mulata, el chino, el bodeguero español... Rincones,
ambientes, transitan por su prosa de excelente factura, dando
así fe de una ciudad alegre y bulliciosa, pero, a la vez, sus
comentarios tienen una cierta nota de pesimismo.
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