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“...el
Grupo Minorista de La Habana contra el cual se dicen pestes, acaso
con miaja de razón, fue, indudablemente, el primero en dar la
voz de alerta contra ese confusionismo que abrumaba nuestros espíritus.
Quiso que se volviera por el sentido de jerarquía o, por lo menos,
de selección. Que se supiera quién era quién. Estimó que el procedimiento
helénico, hoy rotario, de comidas habituales no dejaba de ser
eficaz: el regodeo en los estómagos suele ofrecer feliz coyuntura
a las maquinaciones cerebrales. Vino un día Titta Rufo a La Habana,
se formó un grupo para festejarlo en Giovanni; alguien publicó
en Social un artículo in memoriam titulado “La
minoría sabática festeja al gran Titta”. Esa frase de aquelarre
jocundo hizo fortuna; y hétese usted bautizado el grupo. Lo demás
vino de por sí. Las cosas medio hechas se integran en cuanto se
les da un nombre --ya lo dijo Hamlet[...] ... Como hacer [el grupo]
no hace nada tangible...mantiene un estado de espíritu; una actitud
innovadora y rigurosa; cierto brío intransigente contra las deserciones,
adulteraciones y simulacros. Además, nutre a Social y
se constituye en una suerte de ‘Comité de la Casa’ para la recepción
decorosa de la gente bien calibrada y auténtica que por acá viene.
Claro que pudiera hacer más; pero eso ya no es poco...”
Jorge
Mañach
(1927)
“Admirable
labor revolucionaria de depuración y renovación, tanto literaria
y artística, como político-social, fue la que realizó el Grupo
Minorista, labor que alcanzó justamente repercusiones continentales
y hasta dejó sentir su influencia y su acción en España, labor
no superada ni igualada antes ni después en nuestra patria por
grupo literario o artístico alguno, labor que durante años fue
ejemplo y lección para el futuro, no imitados ni seguidos hasta
hoy, de la actitud y la misión que a los intelectuales nuevos
corresponde adoptar y desempeñar en lo que se refiere a los problemas
político-sociales de su patria y de la humanidad”.
Emilio
Roig de Leuchsenring
(1929)
“El
grupo ejerció antes que un ministerio de arte, una función de
higiene pública, decretando el baño y el peluquero obligatorios
entre los intelectuales y barriendo los establos académicos”.
María Villar Buceta (1964) |