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“La
creación de un grupo minorista en La Habana y la ebullición de
otros grupos sin nombre aún en Manzanillo y en Santiago de Cuba
dice mucho del poder germinativo de este grupo inicial, que, lejos
de ser ‘otros rotarios’, empiezan a darse cuenta de que toda minoría
que no aspira a convertirse en mayoría por la persuasión es estéril.
Por lo pronto, en toda América, y ya en Francia, en Italia y en
España, se identifica al grupo con la causa del arte en Cuba,
y no hay nada usurpado en ello. Que la conciencia de su responsabilidad
lime frivolidades y ligerezas y fortifique el núcleo constructivo
es seguro, pues muchos de los hombres que lo integran –y conste
que nos hemos propuesto no citar nombres– poseen talento, preparación
y entusiasmo. Ignoramos, claro es, si recaerá en la política de
donde nació o si actuará sólo en la zona estética. Preferiríamos
esto último, y no por miedo a consecuencias, sino por creer que
en los países nuevos, donde todo el mundo se ocupa peor o mejor
de política, la ciencia y las artes tienen poco desinteresados
servidores. En esta zona el grupo minorista ha realizado ya bastante
y tiene tarea larga y trascendente. Cultivándola pueden realizar
obra política a la vez, porque la sensibilidad serán las bases
fijas o movedizas de todas las instituciones del mañana. A este
grupo pertenecemos, afiliados en forma expresa o no, los trabajadores
del espíritu destacados por la República para representarla en
el Extranjero”.
Alfonso Hernández Catá (1927)
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“Los cinco años de existencia del Grupo Minorista (1923-1928) significaron una fructífera contribución a la cultura nacional. Su aporte pudiera sintetizarse en los aspectos siguientes: El Grupo Minorista culminó la tradición de agrupaciones culturales del tipo creado por Domingo del Monte. Pero, al mismo tiempo, las circunstancias históricas en que apareció, determinaron que fuera la última asociación de intelectuales que, sin pertenecer o simpatizar con un partido u organización política, alcanzó una representatividad, además de un prestigio cultural nacional y latinoamericano. El impulso por romper nuestro retraso intelectual, por valorar críticamente nuestro pasado cultural, por asimilar las nuevas tendencias artísticas y porque aparecieran manifestaciones acordes con ellas y representativas de nuestra nacionalidad, constituye el aporte del Grupo a la cultura cubana. Ellos son los propulsores de la vanguardia. En el ensayo, la poesía y las artes plásticas; algunos de sus miembros marcaron las sendas por donde se transitaría hasta el triunfo revolucionario de 1959.
Las publicaciones culturales sufrieron importantes
innovaciones, tanto cualitativa como cuantitativamente, en los
años de existencia del Grupo. Social, con las limitaciones
propias de su carácter de entretenimiento, fue una de las revistas
mejor impresas del período neocolonial republicano; la Revista
de Avance fue modelo de otras muchas(Antenas, por
ejemplo) y la página literaria del Diario de la Marina,
constituyó la prueba óptima de las posibilidades de aprovechar
esta sección de la prensa en un esfuerzo cultural relevante, no
sólo por su magnitud sino por sus fines.
Ninguna otra asociación de intelectuales del período republicano prerrevolucionario se preocupó más por establecer sólidos vínculos de intercambio cultural y de solidaridad con otros grupos del continente y de España, unido al hecho de que tomó partido ante gran número de los acontecimientos ocurridos en sus años de vida. Jorge Mañach, autor del nombre del Grupo, expresó exactamente la significación de éste y la imposibilidad histórica de otra asociación de intelectuales con las mismas características, al escribir en el ensayo “El estilo en Cuba y su sentido histórico”: Estoy haciendo historia más que crítica. Y me parece que está ya decididamente en la historia el hecho de que el “minorismo”, con todas sus limitaciones, que no fueron pocas, marcó un recodo en la vida cultural de Cuba. (Incluido en Historia y estilo, 1944, p.191).
Eso fue el Grupo Minorista exactamente, “un recodo en la vida cultural de Cuba” porque fue cima y punto de viraje al unísono, del proceso cultural de la neocolonia republicana”. Ana Cairo (1978) |