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La
revista Social fue fundada en La Habana en enero de 1916,
con carácter mensual. Durante su existencia en lo que pudiera denominarse
primera etapa —que se extiende hasta agosto de 1933, cuando se interrumpe
debido a la caída del dictador Gerardo Machado— fue dirigida por
Conrado Massaguer, quien fue además su principal ilustrador gráfico
y caricaturista. En 1918 Emilio Roig de Leuchsenring se hizo responsable
de la parte literaria. En esa primera etapa se caracterizó por el
rico aporte que significó para la publicación la presencia en su
dirección literaria de Roig de Leuchsenring, pues debido a sus ideas
avanzadas, de firme actitud antiimperialista, de amplio contacto
con el mundo cultural europeo y latinoamericano, abrió sus páginas
al pensamiento social de su época. Debido a estas características
no debe extrañar que en cualquier número de Social aparezcan
reseñadas las más suntuosas fiestas de la sociedad habanera y, seguidamente,
un trabajo del marxista peruano José Carlos Mariátegui.
La burguesía no leía o no entendía esos trabajos. Sólo le interesaba
ver reflejados sus nombres y sus fotos en las notas sociales. Pero
la inclusión de materiales como el señalado permitió que la juventud
cubana de ideas más progresistas ampliara sus horizontes, tanto
culturales como políticos. Roig de Leuchsenring llevó a esta publicación
a los más valiosos jóvenes con inquietudes intelectuales del momento, los
que, agrupados en el minorismo, dieron a la revista su momento de
mayor esplendor, al punto que Social puede considerarse
como el órgano difusor de este grupo inquieto y audaz . Desde sus
páginas se dieron a conocer figuras, doctrinas y escuelas nuevas
de Europa y América y se libraron campañas a favor de causas y empresas
patrióticas e intelectuales. El
contenido de la revista fue muy amplio. Además de las páginas dedicadas
a reflejar la vida social habanera publicó cuentos, poemas, crítica
literaria, trabajos históricos, musicales, de arte– preferentemente
las artes plásticas –capítulos de novelas, reseñó acontecimientos
culturales y publicó notas teatrales. También mantuvo espacios dedicados
a materiales sobre cine y deportes. Las secciones fijas fueron,
entre otras, las tituladas “Costumbristas cubanos” , que recogía
las mejores páginas de escritores que cultivaron esa manifestación
en el siglo XIX, “Poetisas cubanas”, con propuestas de escritoras
del pasado y del presente, “Acotaciones literarias” e “Indice de
lecturas”, donde se reseñaban libros de reciente aparición, “Escritores
latinoamericanos”, con notas sobre los más sobresalientes del momento
y “Notas del director literario”, que abría cada número de la revista
y era redactada por el propio Roig de Leuchsenring. En ellas, a
modo de resumen, señalaba los principales asuntos culturales del
momento, tanto nacionales como internacionales. La lista de colaboradores
de la revista es muy extensa. Figuran, entre los cubanos, Juan Marinello,
Alfonso Hernández Catá, Enrique Serpa, Agustín Acosta, José Zacarías
Tallet, Rubén Martínez Villena, Alejo Carpentier, Nicolás Guillén,
Fernanbdo Ortiz, Félix Pita Rodríguez, Raúl Roa... Y entre los extranjeros
se destacan los nombres de Gabriela Mistral, Vicente Blasco Ibáñez,
José Santos Chocano, Antonio y Manuel Machado, Rufino Blanco Fombona,
Juana de Ibarbourou, Rafael Heliodoro Valle, Juan Ramón Jiménez,
Miguel Anges Asturias, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Horacio
Quiroga y Vicente Aleixandre, entre otros muchos.
La segunda etapa de la revista, que se extiende
de 1935 a 1938, se caracteriza por la supresión casi total de materiales
de carácter cultural, por lo que lo se redujo a ser una simple
publicación dedicada a la alta sociedad. Massaguer continuó dirigiéndola,
pero Roig de Leuchsenring no siguió desempeñando el cargo de director
literario debido al espíritu eminentemente frívolo que tomó dicha
publicación, aunque su nombre apareció desempeñando tal función
en números de los años 1935, 1936 y parte de 1937, cuando, ya de
manera pública, en el número de agosto del último año citado, en
carta dirigida a Massaguer, reconoce que aunque su nombre continuó
figurando en la revista, en realidad no había ocupado tal cargo
y no le sería posible ejercerlo “dado el carácter de revista exclusivamente
de sociedad, elegancias y frivolidades que tú has creído conveniente
darle”. En esta segunda etapa, cuyo último número visto corresponde
a diciembre de 1937, aunque se conoce la existencia de otro correspondiente
a abril de 1938, colaboraron Onelio Jorge Cardoso, Carolina Poncet
y José Lezama Lima, entre otros.
Para una mayor información sobre la publicación puede consultarse el Índice de la revista Social (1916-1938), publicado en 1986 por la Biblioteca Nacional “José Martí”. |