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Desde la rebeldía espontánea de la Protesta
de los Trece,
el grupo Minorista va atravesando un proceso de concientización
política que tiene en la Falange
de Acción Cubana
un punto de interés a partir de que sus integrantes se pronunciaron
a favor de un conjunto de acciones que tenían como centro solucionar
el problema educacional, en el que veían, una vez resuelto, la
terminación de los males de Cuba. Pero este programa de la Falange,
en el cual se retrataban de manera pesimista los peligros que
amenazaban a Cuba a partir de la bancarrota moral y el fraude
prevalecientes, al fundirse con la acción del Movimiento
de Veteranos y Patriotas,
encontró un cauce político que intentó resolver el problema nacional
por la vía de la acción rápida, aunque el fracaso sufrido sirvió
para desmembrar de este movimiento a revolucionarios consecuentes,
miembros a su vez del minorismo, como Rubén
Martínez Villena.
Es entonces cuando muchos de los integrantes del minorismo disminuyen
sus actividades políticas y prefieren reunirse en los almuerzos
sabáticos y otras acciones culturales. Así, Martínez
Villena
pone todo su entusiasmo en la Universidad Popular “José Martí”,
al lado de Mella, a quien invitó a algunos de esos almuerzos,
aunque sus convicciones y temperamento lo llevarían poco tiempo
después a situarse al lado de los obreros para acompañarlos como
líder hasta su muerte en 1934.
El Grupo Minorista de Cuba significa rompimiento de moldes y cese de la pasividad en favor de tomar posiciones más radicales, tanto política como culturalmente, ante los problemas que sumían a la sociedad cubana en el caos y la ignorancia. La dispersión del grupo en 1928 fue un hecho obligado debido a circunstancias inherentes a conflictos individuales y generales, y también a la radicalización política de algunas de sus figuras, cuyos ideales rebasaron la “medida” que sin acuerdo previo había asumido el grupo. Al respecto ha expresado Roig de Leuchsenring: “Precisamente, la decadenia del Grupo Minorista vino cuando faltó en la mayor parte de sus componentes esa correspondencia entre la actitud de artistas y la actitud de ciudadanos y hombres de su época “. A la altura del siglo XXI resulta reconfortante tender la mirada a los comienzos del XX para constatar el quehacer cultural y político de un grupo que, en su formal informalidad, tuvo una significación trascendente en la vida de una nación que pugnaba por consolidarse. Muchos de los hombres del minorismo –algunos, en cambio, torcieron su rumbo y se colocaron al lado de las fuerzas retrógradas– continuaron defendiendo y radicalizando sus ideales y convicciones y se unieron a la Revolución, a la cual entregaron su esfuerzo y su experiencia. El Grupo Minorista sembró ideales culturales y políticos. Sus miembros fueron renovadores. Se consideraron revolucionarios. Y así se precisa evaluarlos en el contexto en que desencadenaron su acción pública de rescate y renovación. Si en varios hubo, posteriormente, pobreza de espíritu y falta de valentía para continuar la lucha, su accionar en ese momento histórico merece respeto y juicio ponderado a las circunstancias. Minoristas en número, fueron, a la vez, mayoría, porque se constituyeron en portavoces de ideales, porque trataron de ser intelectuales nuevos, vale decir, distintos.
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Bibliografía:
- Ariquistaín,
Luis. La agonía antillana. Madrid, Espasa Calpe, 1928,
p.258.
- Cairo,
Ana. El Grupo Minorista y su tiempo. La Habana, Editorial
de Ciencias Sociales, 1978.
- Bojórquez,
Juan de Dios. “Los minoristas de Cuba”, en Social,
La Habana, 12(6):35, junio, 1927.
- Roig
de Leuchsenring, Emilio. El grupo minorista de intelectuales
y artistas habaneros, La Habana, Oficina del Historiador
de la Ciudad, 1961.
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