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Para
el año de 1944, lo que sería Orígenes
como Grupo y Revista, circunstancia en un espacio - tiempo,
ya existía en la amistad y diálogo espiritual
entre varios intelectuales, idea en su mayor puridad hecha
forma explícita y material en la revista, la mejor
concreción del espíritu moderno, modo de traspasar
el ámbito del deseo a su satisfacción, visualización
de los anhelos dado en los modos más terrenales por
el acto del diálogo y la creación.
La idea central, como centro de positividad y promotor de
las futuras creaciones, partió del rechazo a las coyunturas
circunstanciales de una epidermización de la cultura.
Así pues el manifiesto sustentador del quehacer origenista
se perpetuó en el punto medular de la cultura, entendida
como defensa de la libertad del hombre, en su ser individual
y participativo, entraña y raíz de sus formas
de decir y actuar, ajenas a la imagen circunstancial requerida
o deseada, en una "atemporalidad" - como punto de
partida - que sacudiera de hojarascas innecesarias y adulterantes
su propia condición.
De esta percepción de un mundo trascendido en la superficialidad
y carencia de finalidad dados en el contexto epocal republicano,
surge el fundamento de la visión teleológica
y trascendental, basada en un sentido de "lo cubano"
dado en los planos más subyacentes (ocultos, secretos,
esenciales) de la realidad.
Parafraseando a José Ortega y Gasset, diríamos
que fue la búsqueda de la esencialidad - afianzamiento
- del hombre como el "yo" salvado de sus circunstancias
para así, inocente, ofrecer la prístina visión
de su rol en ellas. Es así que a Orígenes -
como manifestara José Lezama Lima en su polémica
con Jorge Mañach, en 1949 - importan "las raíces
protozoarias de la creación" como modo de limpiar
de falsedades arcaizantes la obra cultural que agonizaba "en
las vastas demostraciones del periodismo o en la ganga mundana
de la política"
Pero Orígenes, como destacara el propio Lezama Lima,
fue alguna vez más que una generación literaria,
fue (es) un "estado organizado frente al tiempo",
definición que nos otorga un punto de partida para
explicar algunos de sus rasgos más significativos y
esenciales. Entre ellos destaca, como hemos mencionado, la
no circunstancialidad del proyecto origenista en su propósito
de desarraigar la acción cultural como un hecho estrictamente
dependiente de la coyuntura socio- política que le
sirve de escenario vital. Esta intención no debe confundirse
con un desarraigo de ese contexto sino que, por el contrario,
es el empeño de encontrar no las causas que lo atan
a la circunstancia de manera fortuita, entendida esta como
algo fortuito también, sino los "enlaces ocultos"
(al decir lezamiano) que sostienen esta dependencia, al desechar
las razones epidérmicas y falsas para encontrar los
lazos de mayor esencialidad. El proyecto origenista es "un
rasguño en la piedra", una organización
verdadera de un ente que, por tener raíces de profundidades
ancestrales,no depende de los arrastres de vendavales coyunturales,
del "tiempo" en tanto elemento que marca una caducidad,
sino sumergimiento en un espacio donde la fluencia temporal
permite los más largos desplazamientos.
Como mismo ante la banalidad de la circunstancia epocal marcada
por la etapa republicana - donde la consonancia política
de todo acto (tanto causal como consecuente) estrechó
los horizontes de valoración cultural - se manifestara
en Cuba, a través de la poesía, el desacuerdo
ante la opresión social, unas veces en posturas de
abierta denuncia (poesía social) y otras en explícita
negación (poesía pura), Orígenes, en
su actitud de rechazo se constituyó en propugnador
de un proyecto nacionalista de resistencia fraguada en lo
implícito de la acción misma que lo llevó
a un rompimiento del estrecho poliedro de lo circunstancial
en un empeño no tanto de avanzar como de ir hasta los
orígenes.
Ante una nación desvirtuada en lo "esencial político"
se erige una propuesta nacionalista que busca en sus "piedras
fundadoras" las razones de ser de esa nacionalidad. El
rechazo al dualismo vida - cultura, como consecuencia también
de la época, pérdida de sus significados y funciones
por el amalgamiento a que esta integración había
conducido, es uno de los aspectos de la propuesta de Orígenes
como posibilidad de selección - no fatal dependencia
- del mundo que rodea al hombre, no en una "evasión"
más allá de una mera recreación literaria
para ser la construcción de una imagen más real
por fidedigna. La validez de lo circunstancial está
dada así por el significado con la fuente original,
nexos intrínsecos y no extrínsecos con una tradición
que la emparientan con la Suprahistoria. Dicho en palabras
de José Lezama Lima, en la temprana fecha de 1939,
en el primer número de Espuela de Plata es:
Mientras
el hormiguero se agita - realidad, arte social, arte puro,
pueblo, marfil y torre - pregunta, responde, el Perugino se
nos acerca silenciosamente, y nos da la mejor solución:
Prepara la sopa, mientras tanto voy a pintar un ángel
más.
Orígenes
demostró que "el rasguño en la piedra"
dentro de la cultura es tan poderosa arma como el manifiesto
social. Ese fue su programa de sentido humanista que seguía
el dictado martiano como base ideotemática del Grupo,
índice de eticidad y dignidad. Momento
estudiado, investigado, rechazado, tolerado o amado, Orígenes
descubrió el lado más oculto del ser cubano
y por esa conjunción indisoluble con su alma ha trascendido
en los destinos de la nación.
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