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CONRADO WALTER MASSAGUER, “EL CESAR DE LA CARICATURA

En 1923 Massaguer publicó un libro de caricaturas titulado Guiñol, que contenía las dedicadas a 40 prestigiosas figuras cubanas y extranjeras, tales como, entre las primeras, Enrique José Varona y José Raúl Capablanca y entre las segundas Charles Chaplin, Anatole France y Enrique Caruso, quien, por cierto, fue también caricaturista, y tuvo la oportunidad de tener a Massaguer entre los personajes que llevó a la cartulina.
En 1924 contrajo matrimonio con Elena García Menocal y debido a los múltiples compromisos de trabajo que tenía con revistas norteamericanas—Life, The New Yorker, Vanity Fair, Detective Stories, Cosmopolitan y Literary Digest, entre otras, residió varios meses en Nueva York. A su regreso ingresó en el Movimiento de Veteranos y Patriotas, que se había iniciado en 1923 con el reclamo del pago regular de los pensionados por haber luchado por la independencia de Cuba, pero que ya a la altura de 1924 tenía un matiz francamente insurreccional, con líderes como Julio Antonio Mella y Rubén Martínez Villena. Se unió también al Grupo Minorista y abrió las páginas de Social a sus integrantes, tanto de manera individual como para utilizarla como vehículo para trasmitir los ideales de este núcleo renovador de la cultura cubana.
Massaguer estimaba que hacia 1926 “nuestra revista había llegado a tener un puesto cimero entre las publicaciones de América”. En tanto comenzó a atacar más abiertamente al gobierno de Gerardo Machado, y en particular a su propio presidente, y hasta “sufrí una ligera pena por un diseño de portada que no tenía asomos de pornografía, pero un Iscariote así lo hizo ver a ‘Gerardito’ [se refiere a Gerardo Machado], a quien ya le empezaban a molestrar mis caricaturas de Carteles”.
Durante un viaje que realizó por Europa en 1929 expuso en la Galería “Jean Charpentier”, de París, cuarenta caricaturas a color; y la revista alemana Die Woche le abrió sus páginas.
En 1930 Massaguer lanzó en Carteles una fuerte campaña antimachadista. En tanto, la situación del país se hacía cada vez más tensa, lo cual provocó que Massaguer emigrara a Nueva York por razones políticas. Allí colaboró en numerosas publicaciones y firmas comerciales y abrió un estudio. En 1934 regresó a Cuba y, afirma, “tuve la sorpresa y el gran dolor de verme despojado de mis talleres y de mis revistas Carteles y Social. Mi pecado fue sentir hondamente el dolor de mi patria, que sangraba bajo la planta del déspota, y de ser excesivamente confiado. En los negocios no he tenido la misma suerte que he gozado en mis andanzas artísticas”.
En 1935 volvió a publicar Social con la técnica del fotograbado, en la imprenta de Montalvo y Cárdenas, y las oficinas las situó en La Arcada de Prado del Hotel Sevilla. Pero confesó que “no era lo de antes, pero soñaba con que volvería a su categoría de antaño”. Intentó también reanimar el Grupo Minorista, “pero hallé hondas divisiones. Muchos izquierdistas y muchos derechistas. Algo que no sucedía en años anteriores”. La revista, ausente ahora de sus páginas todo contenido artístico y literario, se dedicó enteramente a satisfacer la vanidad de la burguesía y, al parecer, no pudo sobrevivir más allá de mediados de 1938.
En 1940 abrió un estudio personal y trabajó en los periódicos Información y El Mundo.
Realizó una visita a Yucatán en 1947, año en que fundó, junto con Enrique Godoy-Zayán, la revista Ultramar, además de querer revivir Social. Al respecto señala: “... no pude hacerlo, por existir en aquellos momentos una publicación inferior cuyo título recordaba el nombre de mi revista”. Lanzó entonces la titulada Desfile, “que –opina Massaguer—recordaba mucho a Social. Luché seis meses por mantenerla, pero tuve que rendirme. La realidad era que todavía la situación económica era mala”.
En 1951 fue nombrado Delegado en Hollywood de la Comisión Pro Defensa y Propaganda del Tabaco Habano. En la llamada Meca del Cine fue agasajado por figuras como Walt Disney, los hermanos Warner y el actor César Romero.
A partir de la década del 40 Conrado W. Massguer recibió numerosas distinciones y condecoraciones, como la Orden Nacional "Carlos Manuel de Céspedes", y presidió diversas asociaciones de carácter cívico. Realizó numerosas exposiciones de su obra, decorados para sociedades de recreo, diseñador de programas de instituciones culturales, etc. En 1951 pasó a trabajar como director de Relaciones Públicas en el Instituto Cubano del Turismo.

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1ra Etapa

El César de la caricatura

Contexto histórico Galería de Social
Redacción Editorial: Cira Romero
Diseño Web: Yen Puentes
Regreso a  Cubaliteraria

Edición Web: Ruth Lelyen