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Emilio Roig de Leuchsenring ((1889-1964)
se incorporó a la revista Social como jefe
de redacción en octubre de 1917. Al hacerlo, ya acumulaba
experiencia como colaborador de El Fígaro,
de la Revista Jurídica, de la Revista
de Derecho y de Gráfico, que Massaguer había
fundado en 1913, y de la cual Roig fue redactor y jefe de
redacción. Hasta ese momento Social había
dado preferencia en sus páginas a las actividades sociales
de la burguesía habanera, lo cual comenzó a
variar sensiblemente a partir de su entrada en la publicación,
pues comenzó a introducir secciones fijas con temática
literaria, trabajos de jóvenes escritores, artículos
de reconocidas personalidades, análisis de figuras
históricas, fragmentos de novelas, poesías y
cuentos. De esta forma fue cambiando el contenido de Social,
que logró ir formando un nuevo público con interés
en leer los materiales que Roig seleccionaba y no las banales
crónicas sociales o admirar las hermosas fotografías
de las fiestas del gran mundo habanero.
En 1923 asumió la dirección literaria de la
revista, precisamente cuando el Grupo Minorista, del cual
formó parte, daba a conocer sus primeras actividades
políticas. A ese grupo de jóvenes Roig le abrió
las páginas de esta revista y fueron presentados por
él en su sección “Notas del director literario”.
De esta forma ayudó a nuclear en torno a la revista
a este núcleo de jóvenes valores, quienes además
se daban cita en su oficina.
En enero de 1926, al cumplirse diez años de la creación
de Social, Roig manifestaba en la propia publicación:
Cuando asumí en 1923 la Dirección LIteraria
me propuse agrupar junto a la revista a los elementos intelectuales
nuevos de Cuba, valiosísimos la mayor parte de ellos,
pero dispersos y disgregados, como se encontraban también
todas las demás figuras de nuestro mundo literario
y artístico. Y mis propósitos los he visto,
con creces, realizados. Para demostrarlo ahí está
ese Grupo Minorista, conocido ya en América y en
España, cuya importancia y trascendencia en el moderno
desenvolvimiento intelectual de Cuba será reconocido
y apreciado por los críticos e historiadores que
estudien y juzguen nuestra época.
Pero Emilio Roig de Leuchsenring no solo se limitó
a llevar a las páginas de Social a los escritores
cubanos, sino que estableció relaciones con numerosos
extranjeros, que también colaboraron en la revista,
y algunos llegaron a ser sus corresponsales, como es el caso
del mexicano Alfonso Reyes, que durante su estancia en España,
además de enviar sistemáticamente trabajos de
su autoría, conseguía también que otras
firmas se sumaran a la ya larga lista de colaboradores extranjeros.
A Roig también se debe la posibilidad de que Social
intercambiara con otras publicaciones, como la revista Amauta,
órgano de la intelectualidad peruana de izquierda,
dirigida por José Carlos Mariátegui.
A propósito de la relación que logró
establecer Roig con la intelectualidad, expresaba Carlos Rafael
Rodríguez en 1980:
Todo lo que pensó e hizo EmilioRoig de Leuchsenring
estuvo pensado y realizado en función pública.
Sólo alguien con su vocación y su sentido
de adoctrinamiento popular pudo haber concebido utilizar
a la revista Social, órgano dirigido al
solaz de la burguesía criolla, de vehículo
para dar a conocer en nuestro país a figuras como
José Carlos Mariátegui.
A través de las página de esta revista Roig
demostró poseer un alto y claro sentido de la selección,
al convertirla en el exponente de lo más significativo
artística y literariamente hasta ese momento, sin menoscabar
el esfuerzo de Massaguer por hacerla una revista elegante,
que le fue útil a Roig como entorno gráfico
adecuado para reflejar contenidos novedosos y de avanzada.
Al desintegrarse el Grupo Minorista hacia 1929 Roig trató
de mantener las secciones fijas más importantes, así
como las colaboraciones de plumas ya maduras, pero la tarea
era ya más difícil de llevar adelante debido
a la situación imperante en Cuba y la salida al extranjero,
por razones políticas, de le mejor de la intelectualidad
cubana.
Cuando Massaguer decidió reanudar Social en
septiembre de 1935, continuó siendo su director literario,
no obstante haber perdido la revista sus más altos
valores en este sentido. Ello quizás contribuyera a
que el carta publicada en el número de agosto de 1937,
dirigida a Massaguer, Roig expresara:
Por mi viejo afecto hacia ti no puse reparo alguno a que
mi nombre continuara figurando como Director Literario,
al reaparecer Social en septiembre de 1935; pero
como, realmente, desde entonces a la fecha no he desempeñado
el cargo, ni me sería posible desempeñarlo
dado el carácter de revista exclusivamente de sociedad,
elegancias y frivolidades que tú has creído
más conveniente darle, y ahora me anuncias la intensificación
aún más, te ruego me releves de seguir ostentando
ese, más que cargo, título honorífico,
que ni me cuadra ni me merezco. Ello no impedirá
desde luego, seguir colaborando, siempre que me lo pidas,
en la revista.
Cerraba así Emilio Roig de Leuchsenring su compromiso
con la revista a la que supo y pudo llevar las más
significativas firmas de Cuba, América y Europa. Su
posibilidad de aunar las mejores y más aptas voluntades
intelectuales en torno a Social fue la que facilitó
que la revista alcanzara la trascendencia que tuvo y aún
mantiene.
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