Cabezal 1928


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SOCIAL EN SU SEGUNDA ETAPA (1923-1928)

Una muestra del acento literario que iba cobrando cada vez más la revista fue la inauguración en 1925 de una subsección dentro de la destinada a literatura, dedicada a publicar mensualmente un cuento de autor cubano, de autor sudamericano y de autor en lengua extranjera traducido especialmente para Social. La de cuento cubano salió regularmente durante todo el año 1925 y hasta abril de 1926 y en ella aparecieron piezas narrativas de Rubén Martínez Villena, Carlos Montenegro, Carlos Loveira, Adrán del Valle, Miguel Angel de la Torre, Alfonso Hernández Catá, que venía colaborando desde la fundación de la revista y fungía como representante de ella en España, Miguel de Carrión y otros. Los cuentos extranjeros no salieron con regularidad.
Otro acontecimiento notable en el orden literario fue la publicación entre enero y diciembre de 1926 de una novela por entregas titulada Fantoches, que fue escrita por once autores cubanos, que dieron a conocer sus respectivos capítulos en el siguiente orden: Carlos Loveira, autor de los capítulos inicial y final, Guillermo Martínez Márquez, Alberto Lamar Schweyer, Jorge Mañach, Federico de Ibarzábal, Alfonso Hernández Catá, Arturo Alfonso Roselló, Rubén Martínez Villena, Enrique Serpa, Max Henríquez Ureña y Emilio Roig de Leuchsenring. Cada capítulo fue ilustrado por un dibujante diferente, entre ellos el propio Massaguer, Armando Maribona, J. Hurtado de Mendoza y Gustavo Bodet. En 1992 vio la luz en forma de libro, con prólogo de Dolores Nieves y un análisis de las ilustraciones debido a Luz Merino. A propósito de este novela ha comentado Armando Cristóbal Pérez que “el objetivo primordial de este folletín parece haber sido, teniendo en cuenta el tema escogido (típicamente social) y las características de los autores y su época, el de realizar una crítica social”. En enero de 1927 se inició otra novela colectiva, titulada “Once soluciones a un triángulo amoroso”, pero quedó inconclusa. Entre los que llegaron a publicar capítulos se encuentran Guillermo Martínez Márquez, Carlos Loveira y Emilio Roig de Leuchsenring.
Como parte de la política de acercamiento de los directores de la revista hacia la temática latinoamericana dedicaron números a diferentes países como México (agosto de 1926), a propósito de un viaje que hicieron a ese país cumpliendo una invitación los minoristas Roig de Leuchsenring, Alejo Carpentier y Juan Antiga, quienes intercambiaron con los más reputados artistas de ese país, entre ellos el gran muralista mexicano Diego Rivera, que colaboró en ese número con un trabajo titulado “La pintura revolucionaria mexicana”, cuyo contenido distaba mucho de servir de entretenimiento al público al que iba destinada la revista. Ello constituye una muestra más de que la alta sociedad cubana, en particular la habanera, solo abría las páginas de Social para ver reflejadas sus fotos, sus fiestas, sus paseos. Allí expresaba RIvera:


No creo posible el desarrollo de un arte nuevo dentro de la sociedad capitalista, porque siendo el arte una manifestación social –aún en el caso de la aparición de un artista genial—mal puede un orden viejo producir un arte nuevo. Además, siendo la obra de arte dentro del orden burgués un producto industrializado y financiable, sujeto a altas y bajas de precio como cualquier valor bancario o cualquier acción industrial, cae bajo la ley de la oferta y la demanda con todas sus consecuencias agravadas por su calidad de producto mismo mental-sensitivo estando el productor sujeto a la necesidad de hacer que su obra responda al gusto de sus consumidores para que ellos la paguen, aunque a veces el artista haga esto de un modo subconsciente.

Igualmente la revista dedicó espacio a divulgar la fundación denominada Institución Hispano-Cubana de Cultura, que fue fundada en noviembre de 1926, y que tuvo como propósito organizar en Cuba, con elementos representativos de ambos países, una asociación que tuviera como objetivo procurar el incremento de las relaciones intelectuales entre las naciones cubana y española por medio del intercambio de hombres de ciencia, artistas y estudiantes con el fin de intensificar y divulgar la cultura. En esta etapa fueron varios los colaboradores españoles, tales como Federico García Lorca, del cual se publican algunos poemas aparecidos en su Romancero gitano (1927), Miguel de Unamuno, Benjamín Jarnés, Ramón del Valle Inclán y Manuel Machado, entre los más significativos del momento.
Casi todos los minoristas colaboraron en Social a través de diferentes géneros –cuentos, poemas, capítulos de novelas, crónicas periodísticas. En esta última modalidad se destacaron Alejo Carpentier y Emilio Roig de Leuchsenring. Carpentier dejó en las páginas de la revista importantes crónicas sobre música y pintura, las cuales se destacan por su alta calidad artística y por el amplio dominio que del tema tenía el entonces joven escritor.

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1ra Etapa

El César de la caricatura

Contexto histórico Galería de Social
Redacción Editorial: Cira Romero
Diseño Web: Yen Puentes
Regreso a Cubaliteraria

Edición Web: Ruth Lelyen