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LA REVISTA SOCIAL Y EL GRUPO MINORISTA
 
 


 
 

El Grupo Minorista fue, según ha expresado Ana Cairo, la reunión voluntaria de un número de miembros de la pequeña burguesía cubana, sin compromisos con partido político alguno, que quisieron hacer pública sus opiniones sobre los problemas nacionales e internacionales más candentes del lustro comprendido entre 1923 y 1928. Pero, además, emprendieron un movimiento de ruptura y búsqueda de nuevas formas de expresión en la cultura cubana; fue en la realización de esta última labor, la única vez que se reconocieron como minoría, como abanderados de nuevos criterios estéticos y artísticos. En resumen, el Grupo Minorista fue la agrupación de intelectuales pequeño-burgueses, que abandonó la actitud pasiva para impulsar la toma de posición política y cultural ante los problemas de la sociedad necolonial cubana y de la primera etapa de posguerra mundial”.
Este grupo, integrado, entre otros, por Rubén Martínez Villena,
Emilio Roig de Leuchsenring, Alejo Carpentier, Regino Pedroso, José Z. Tallet, Andrés Núñez Olano, Félix Lizaso, José Antonio Fernández de Castro, Mariblanca Sabas Alomás, Rafael Esténger, Jorge Mañach, Francisco Ichaso, Eduardo Abela, Luis Gómez Wangüemert, Conrado Massaguer, Juan Antiga, Mariano Brull, Max Henríquez Ureña, Armando Maribona y Arturo Alfonso Roselló, encontró como vehículo para canalizar sus inquietudes a la revista Social, publicación que en el orden estético estaba capacitada, dada la renovación artística de sus páginas, a recibir a una nueva generación de intelectuales abiertos a lo más novedoso del arte y la literatura. Desde lo que se ha considerado la primera etapa de la revista estos intelectuales comenzaron a colaborar, aún sin estar constituidos de una manera más o menos homogénea, pero la segunda etapa de desarrollo de la publicación se inició precisamente cuando se hizo explícito en sus páginas el propósito de reflejar el quehacer del grupo, justo cuando este comenzó sus actividades políticas en 1923. De esta manera surge la gran contradicción de esta publicación: hecha para el goce y la autocontemplación de la gran burguesía y, a la vez, vocera de un núcleo de jóvenes de ideas y actuaciones que se contraponían a ese mundo de lo efímero y banal. Entre 1923 y 1928, año en que el grupo se desintegró, fue esta revista su principal portavoz.
Cuando ocurrió lo que se conoce en la historia de Cuba como la Protesta de los Trece (18 de marzo de 1923), acontecimiento de carácter marcadamente político y que iba en contra del entronizado latrocinio gubernamental, la revista Social, en su número de abril, y bajo el sugerente título de “Simpatías”, expresaba:


Social hace llegar el testimonio de sus simpatías hasta el grupo de jóvenes y artistas, amigos todos y colaboradores la mayor parte de ellos, de esta revista, que a mediados del mes último realizaron en nuestra capital una pública demostración de sus altos y desinteresados sentimientos patrióticos y cívicos”.


Un artículo de Jorge Mañach titulado “Los minoristas sabáticos escuchan al gran Titta”, publicado en el número de Social correspondiente a febrero de 1924, dio publicidad a la actividad del grupo, y definió quienes eran sus miembros y qué hacían. Allí puede leerse:


No. No hay que admitir que sea un cenáculo --¡horror!.
Forzando un poco el léxico, sería, a lo sumo un almorzáculo: una ocasión de amplia y clara y ortodoxa sobremesa.. . Pero ello es que, sabáticamente, esta fracción de Los Nuevos (de la mal llamada “juventud intelectual”, adjetivo con el que se castiga el nuevo afán de comprensión), se reúne, como en un ritual, para el yantar meridiano. No tienen comedero fijo, porque, gustando en todo de la mutación y del ritmo, aún para el comer abominan de cuando trascienda a querencias sistemáticas. El suyo es un creo de eterna frescura, de eterna improvisación.
[...]
¿Para qué se reúne todos los sábados esta muchachada genial? Claro está que no solamente para almorzar, sino que también para hacerse ilusiones de alta civilidad y, de paso, darle algún sabor espiritual a la vida. Cuando algún hijo de la luz nos viene al trópico, de tierras extrañas, la minoría sabática lo agasaja a escote.


En efecto, Social reflejó en sus páginas a través de textos e imágenes fotográficas los extranjeros y cubanos residentes en el interior que pasaban por La Habana y el grupo homenajeaba, pero además divulgó la obra literaria de sus miembros. Asimismo se hizo eco de la reaparición, en mayo de 1925, de la revista Venezuela Libre, ahora bajo la dirección de Rubén Martínez Villena y en el número correspondiente a junio de ese año se expresaba:


...[la revista Social] persigue como finalidad hacer propaganda activa y honrada en toda la América contra el tirano que hoy tiene esclavizada a la patria de Bolívar, y ayudar a los patriotas venezolanos que luchan en la emigración por la libertad de Venezuela.

Más adelante, en 1927, saludaron la aparición de América Libre y la Revista de Avance y de consuno con el Grupo Minorista levantó Social su voz contra atropello e injusticias cometidos contra los intelectuales. Cuando el español Luis Jiménez de Azúa fue deportado de España tras su visita a Cuba, la revista publicó en su número de junio de 1926 el siguiente cable:


Grupo Minorista de intelectuales cubanos protesta incalificable atropello Jiménez de Azúa, gloriosa figura representativa intelectualidad española contemporánea, que en reciente viaje nuestra República enalteció grandemente su patria; y, dando vínculos históricos e identificación actual de Cuba con la España nueva, formula votos restablecimiento esa nación amiga, justicia, libertad, derecho.


En febrero de ese año miembros del Grupo Minorista y otros muchos intelectuales publicaron en Social un manifiesto, que fue “suscrito por los directores de Social”, contra la intervención norteamericana en NIcaragua, en el que denunciaba la desfachatez yanqui de ocupar un territorio extranjero. En dicho documento expresaban:


Por segunda vez, en el curso de los últimos años, tropas de desembarco de la marina de guerra norteamericana, han hollado el suelo de la hermana república de Nicaragua, desalojando de los lugares que ocupaban a funcionarios de un gobierno legalmente constituido, estableciendo censura telegráfica postal, y declarando “zonas neutras”, regiones de territorio no sujetas a su soberanía; es decir, violando en todos estos casos los más elementales preceptos del Derecho Internacional y atropellando con ello la dignidad de la América Indo-Ibera.
[...]
Los que en Cuba pensamos sin compromisos con los errores del pasado ni las iniquidades del presente, los que sentimos muy hondo el libre amor que debe unir a todos los hombres, sin distinciones de razas ni nacionalidades, los que creemos que el Continente que descubriera Colón, debe ser refugio de la Humanidad libre, no podemos hacernos cómplices con nuestro silencio de esta afrentosa tragedia que sentimos en nuestra propia carne, ocurrida en suelo latinoamericano, y hacemos un llamamiento a los que piensan como nosotros en esa tierra donde el oro triunfa, escarneciendo los ideales de los fundadores de esa poderosa nación, para que, uniendo su esfuerzo al de todos los hombres libres de nuestra América Latina, obliguen a su gobierno a dejar de ser instrumento de quienes pretenden implantar en el Continente un nuevo sistema de esclavitud, más ominoso que el que hace un siglo destruyeron nuestros abuelos con su heroico esfuerzo.


En el número de junio del año que venimos citando Social dio a conocer la “Declaración del Grupo Minorista”, el documento más importante y trascendente de los acobijados bajo esa denominación, en el cual se explicaba qué eran y qué habían hecho sus miembros, el carácter de sus actividades y los puntos de vista políticos, económicos y sociales que defendían; y era, también, la respuesta que daban al cuestionamiento recibido de su exintegrante Alberto Lamar Schweyer, quien, molesto porque sus contertulios expresaron públicamente en Social su desacuerdo con las tesis planteadas en su libro Biología de la democracia, mediante las cuales defendía las dictaduras latinoamericanas, declaró que la existencia del grupo era una falacia. En una de sus partes expresaban:


El Grupo Minorista, denominación que le dio uno de sus componentes, puede llevar ese nombre por el corto número de miembros efectivos que lo integran; pero él ha sido, en todo caso, un grupo mayoritario, en el sentido de constituir el portavoz, la tribuna y el índice de la mayoría del pueblo; con propiedad es minoría, solamente, en lo que a su criterio sobre arte se refiere.


Y sus integrantes proclamaron que


Colectiva o individualmente sus verdaderos componentes han laborado y laboran:
Por la revisión de los valores falsos y gastados.
Por el arte vernáculo y, en general, por el arte nuevo en sus diversas manifestaciones.
Por la introducción y la vulgarización en Cuba de las últimas doctrinas, teóricas y prácticas, artísticas y científicas.
Por la reforma de la enseñanza pública y contra los corrompidos sistemas de oposición a las cátedras. Por la autonomía universitaria.
Por la independencia económica de Cuba y contra el imperialismo yanqui.
Contra las dictaduras políticas unipersonales en el mundo, en la América, en Cuba.
Contra los desafueros de la pseudo-democracia, contra la farsa del sufragio y por la participación efectiva del pueblo en el gobierno.
En pro del mejoramiento del agricultor, del colono y el obrero en Cuba.
Por la cordialidad y la unión latino-americana.


En el propio año de 1927, en agosto, la publicación dio cabida en sus páginas al cable enviado al presidente Leguía, del Perú, en el que se exigía la libertad del intelectual comunista José Carlos Mariátegui y otros compañeros de lucha, redactado en los siguientes términos:


Intelectuales, artistas cubanos, identificados ideológicamente joven intelectualidad peruana, solicítanle ordene libertad José Carlos Mariátegui, Magda Portal, Blanca Luz Parra del Riesgo, Serafín Delmar y demás escritores, artistas, estudiantes presos.

La revista Social había sido, sin dudas, el órgano del Grupo Minorista, con independencia de que dio cabida en sus páginas a la obra individual de sus miembros. Desde que este núcleo comenzó a actuar públicamente reflejó su acción. A partir del año 1925 encontramos en la revista un marcado interés por dar a conocer sus actividades, aunque sólo fuera en testimonio gráfico. La desintegración del grupo debido a diversos motivos impidió que Social dejara de desempeñar tan importante papel. Raúl Roa, en su obra El fuego de la semilla en el surco (1982) expresó:

¿No había sido acaso [Social] desde que se fundara, el órgano propio de expresión del Grupo Minorista, su revista por antonomasia? Es indudable que a sus valiosas colaboraciones y a las de reputados escritores jóvenes del continente y de esclarecidas plumas españolas, debió aquella el alto crédito de que gozó. Hospedar y difundir las nuevas corrientes de ideas políticas, sociales y estéticas, sin prestar atención a los reparos de su opulenta clientela, fue mérito que nadie podrá escatimarle.


 
     
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