Cabezal  1929


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SOCIAL EN SU TERCERA ETAPA (1929-1933)

Y en otro artículo titulado “Nobleza, no:’ciudadanía’”, escrito también por Roig de Leuchsenring y publicado en agosto de 1931, el destacado intelectual raigalmente antimperialista comentaba a propósito de la joven república cubana:

Desaparezcan por completo en nuestra tierra los títulos de nobleza que aún quedaban, ya que en España han sido abolidos; y que cada vez el título de ciudadano sea entre nosotros más apreciado, en su altísimo valor político y en el ejercicio de la función que como tal ciudadano tenemos todo el derecho y el deber de ejercitar para nuestro propio bienestar y en bienestar de la República.


Lo más seguro es que tal requerimiento no fuera leído por los cubanos poseedores de títulos nobiliarios a quienes iba dirigida la revista y es una muestra más de que esta revista, intencionalmente concebida para la aristocracia cubana, deslizaba en sus páginas, sobre todo a través de la pluma de Emilio Roig de Leuchsenring, los más ácidos comentarios contra la misma.
Lo expresado anteriormente no quiere decir que Social adquiriera, ni remotamente, un matiz político, pero es una muestra de que sus directivos no estaban de espaldas a la situación nacional, impuestos de que un cambio era absolutamente necesario.
Algunas de las secciones fijas que habían caracterizado a la revista en años anteriores fueron desapareciendo paulatinamente y cedieron sus espacios a las fiestas y saraos de la burguesía y a reflejar el mundo cinematográfico norteamericano a través de fotos y de comentarios. Una sección tan importante como Notas del director literario, que tuvo sus comienzos en la etapa en que la revista fue portavoz del grupo minorista, redujo considerablemente su extensión, en tanto que el contenido literario apenas alcanzó alguna mención. Ya en 1930 esta sección desapareció. Sin embargo, surgió la sección fija titulada Positivos, que vio la luz entre octubre de 1929 y noviembre de 1930, que estuvo a cargo de José Antonio Fernández de Castro. Se caracterizó por presentar una foto a toda página y una pequeña nota biográfica de figuras como Enrique José Varona, Rubén Martínez Villena, Ramiro Guerra, José Manuel Acosta, Juan Marinello,
Nicolás Guillén, José Zacarías Tallet y Regino Pedroso, entre otros, figuras todas de relevantes valores culturales y también políticos.
En esta tercera etapa la revista dio amplio espacio al homenaje que se le rindió a Enrique José Varona en enero de 1930, así como también el destaque que le concedió a la figura de José Martí a través de varios artículos debidos a Juan Marinello. Figuraron también varios trabajos dedicados a valorar la actuación del Grupo Minorista, que tanto rango cultural le dio a la publicación al abrirle esta sus páginas. Tampoco puede obviarse las contribuciones mensuales de Alejo Carpentier desde París, dedicados a dar a conocer la vanguardia plástica, literaria y musical europea, las del norteamericano John Reed sobre la guerra y las del peruano José Carlos Mariátegui, de quien aparecieron varios capítulos de su obra Siete ensayos de interpretación de la realidad cubana, estudio de carácter marxista a propósito del tema. Tales contribuciones, que nada tenían que ver, dado sus enfoques, con la trivialidad de la revista, hicieron comentar a
José Antonio Portuondo que Social “juntó en sus páginas la máxima frivolidad con los más firmes y agudos planteamientos marxistas de los problemas hispanoamericanos”. Una muestra más de que la burguesía cubana solo quería verse representada en fotos y reseñas sociales. El resto de lo que publicaban pasaba inadvertido para ese segmento poderoso, pero a la vez por lo general ignorante intelectualmente, de la burguesía cubana.
Entre enero y mayo de 1933 la revista publicó de manera independiente Social Miniatura, dedicada a los hijos de los suscriptores de Social. Asimismo apareció otra publicación con el título de Social Semanal (febrero a marzo de 1931), surgida para ocupar el lugar de varias revistas que habían sido clausuradas por la dictadura de Machado, entre ellas Carteles, que era propiedad de la empresa que editaba Social.
En julio de 1933, apenas un mes antes de la caída de la dictadura de Gerardo Machado, la revista Social dejó de publicarse.

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