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LA LEYENDA DEL GUAICAN
Gerardo Chávez Spínola y Carlos A. Duarte Cano

Fragmentos de un manuscrito dominico.
En las ruinas de un minúsculo convento dominico que existió entre los siglos XV y XVII, en un pueblo cercano a Salamanca, se encontraron tres fragmentos de pergaminos antiguos. A pesar de su deteriorado estado, de estos materiales pudieron ser rescatados los presentes textos:

"…Y fue así, como en el año del Señor, de 15…[ilegible], yo, Fray Anselmo Molinari, habiendo sido enviado al Nuevo Mundo con la encomienda de servir de escriba al abate Abilio Valdivieso y Fárregas, con él desembarqué en la isla de Cuba, en la cual hube de conocer a un indio viejo llamado Cabaguano, que me refirió sobre la visita de uno de sus parientes, muchas generaciones atrás, al palacio de sus dioses, a los que ellos dieron en llamar cemíes, que, por lo curioso de la historia, creo es menester que se haga pública… [ilegible].”

“Sobre un pez dado en nombrar Guaicàn”

Refiérese este indio, a que era harto conocido y muy cantado en los areítos de sus abuelos, que cuando los cemíes, en estando cercanos los días de volverse a los cielos, regalaron a los nativos un pez en sumo curioso, capaz de pegarse a las tortugas marinas, y les mostraron como, ceñido de un cabo por la cola, podíase fácilmente emplearse para atrapar a tal animal.

Que este era pez creado por los cemíes, era afirmado siempre por los tequinas en los areítos. Y en verdad pez raro es, y no lo habría creído si no lo viera, puesto que corona su cabeza con tal extraña utilidad que le permite aferrarse como lapa a cualquier otro animal marino. Y en verdad no parece ese artilugio haber sido creado del mismo material de sus espinas, ni de su piel, ni escamas, sino que parece proceder de naturaleza distinta a la del pez. Siendo pues la suya, una notabilísima forma de adherencia, y el mencionado animalillo capaz de controlarla además de acuerdo a su voluntad, como si supiese del propósito mismo de escoger a animal adecuado, y permanecer pegado a este, hasta propiciar su captura, solo después de lo cual, despega. Y de esto último puede dar fe el que éstas líneas escribe, según me fue demostrado por este indio llamado Cabaguano.

“Sobre la visita a la mansión de los cemíes”
Y se contaba asimismo en los areítos, sobre aquel otro indio al que llamaban Albeorael, que regresó en mucho mudado luego de su sanación por la maga Guabonito y convenció a todos sobre el asunto de no mantener más relaciones incestuosas dentro de su pueblo…”
“De este Albeborael también contaban los tequinas, como se introdujo en una noche en la casa grande de los cemíes y de lo que fue visto dentro, así como lo contó a los suyos…”
Y continuaba contando este indio Cabaguano —trato aquí de describirlo de los mejores modos posibles y más fieles, pero tendréis en cuenta que me es de sumo imposible poner en el idioma de Castilla todo aquello que me fuera comunicado en lengua india, que nuestro traductor puso gran afán para que palabra alguna fuera mudada, viéndose estos fines gravemente impedidos por la portentosa imaginación que mostrara aquel indio—, que el citado Albeborael, sobre su incursión a la gran casa de los nombrados cemíes, dijese:
“…todo lo que podía verse y tocarse dentro de la casa de los cemíes, parecía en verdad cosa viviente…”
“muchos ojos relucían como estrellas desde techos y paredes. Y eran diferentes en colores y formas y asimismo como animales mansos, o como ánimas que no miraban, puesto que allí se encontraban para ser vistos y tocados…”
“y era de mucho maravillarse que desde adentro de la casa de los cemíes podía de presto ver y escuchar a los míos, danzando en el areíto, aun cuando estuvieran a muchos brazos de distancia. Una peculiar ventana grande, y que no abría nunca, daba en mostrar en sumo detalle los rostros y cuerpos de los bailadores, en movimiento y cubiertos por el sudor…”
“Me fue dado recorrer aquella maravilla, y tocar con mis manos y mirar harto cuanto allí hubiese por mirar y luego regresar al areíto para relatar a mis compañeros las maravillas que hube de conocer. A la salida del próximo sol la casa grande de los cemíes había desaparecido, yo digo que por los aires como estrella, que tal era el poder de aquellos dioses que nada les era en realidad negado…”

Así hablaba este Albeborael, según me contó el nombrado Cabaguano. Y por la Túnica Sagrada juro, que tal imaginación no me es posible concebir en criaturas tan sencillas como las hizo estas Nuestro Señor.
Dejo de este modo constancia, para Gloria de Dios y gracia de Vuestras Ilustrísimas Majestades.

En el Año del Señor de 15.. [Ilegible]
Fray Anselmo Molinari

La Historia Real
En la remota época precolombina, un desperfecto hizo aterrizar la nave espacial Ouai-Kahan, en la mayor de Las Antillas. Provenientes de la Nube Menor de Magallanes, sus tripulantes dominaban la cibergenómica, tecnología basada en la yuxtaposición de elementos biológicos y minerales cibercontrolados. Su especie había evolucionado por la senda de la metalgenómica y logrado asombrosos avances en la modificación genética de organismos cibercontrolados. En esta isla, que sería conocida más tarde por el nombre de Cuba, encontraron yacimientos de minerales que les permitieron configurar los elementos necesarios para restaurar la avería y continuar viaje.

Los tripulantes Bahak Manahako, ciberbiotecnólogo; la bióloga Guhabo Nikto; y el ciborg Mahka, modelo Koel 22, fueron los encargados de las operaciones en tierra. Ellos adoptaron formas físicas cercanas a las de los habitantes de la isla, para lograr un acercamiento más natural a estos. Gracias a sus cuidados, los aborígenes pasaron del desconcierto y el terror inicial, a la más completa fascinación cuando contemplaron las máquinas de los visitantes trabajar en las minas. Les adoraron como a sus dioses y les llamaron cemíes. En cambio, ellos amaron a esos seres pacíficos y sencillos.
Poco antes de marcharse, los visitantes modificaron los genes de un pez local para crear un implante adherente. Al pez lo bautizaron “Ouai-Kahan” el mismo nombre de su bio-nave, que luego derivó en “Guaicán”, dentro de la comunidad nativa. El pez Guaicán fue empleado con gran éxito en las faenas de pesca por los naturales de las islas.

El día de su partida los behíques convocaron a un gran areíto para despedirles. Uno de los aborígenes más arrestados penetró en la bio-nave, y escudriñó atónito cada rincón. Los tripulantes, divertidos, permitieron la incursión, quizás para dejar un recuerdo de su civilización en la memoria de los habitantes de este planeta.

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Sobre la metalgenómica y el Ouai-Kahan
La cibergenómica se basa en la creación de materiales que combinan las propiedades de determinados sistemas biológicos, con las de diversos minerales y otros elementos cibercontrolados. La célula cibergénica, unidad base de estos sistemas ultra-complejos, es capaz de autoprogramarse y combinarse con otras para generar las más variadas propiedades según necesidades y requerimientos de sus diseñadores. Entre la amplia gama de tecnologías derivadas de la cibergenómica, está la metalgenómica, definida como la ciencia de combinar armónicamente los metales y las células programables, para lograr materiales dóciles y eficientes.

La nave Ouai-Kahan, era el resultado de los más modernos avances en la metalgenómica. Tanto su pseudodermis como sus componentes y dispositivos internos fueron creados con estos materiales.
No sólo era el Ouai-Kahan capaz de viajar a través del hiperespacio y atravesar la vastedad intergaláctica sino que, en paralelo, contaba con dispositivos que le permitían quebrar la barrera del tiempo. Podían de esa forma, retroceder hasta estudiar los orígenes de las galaxias visitadas, o avanzar y ser testigos de los días por venir.

También albergaba la nave, en otro de sus compartimentos un deflector de realidades, capaz de crear nuevos mundos y universos de la nada, o de los sueños y más profundos deseos de sus tripulantes. Las aventuras por estos mundos autocreados, permitían a los navegantes evadir la rutina del prolongado viaje por el espacio y, al mismo tiempo, extraer valiosas experiencias de sus aventuras virtuales para transformar la realidad propia.


Sobre como los visitantes se convirtieron en leyendas
Bahak Manahako mostró a los hombres el secreto del fuego. Luego les enseñó a sembrar y preparar la yuca como alimento.

La hermosa Guhabo Nikto curó a muchos de sus enfermedades y con la ayuda de uno de sus pacientes nativos, llamado Albeborael, les convenció de los inconvenientes de las relaciones incestuosas.

Al ciborg serie Mahka, modelo Koel 22, se le programó para labores de trabajo y custodia del mineral procesado. Este era guardado en una caverna donde se refinaba antes de enviarlo a la nave para su utilización.

Por la dificultad que tenían los aborígenes para pronunciar los nombres de los recién llegados, estos fueron sufriendo modificaciones fonéticas, de manera que: Bahak Manahako era conocido como Bayamanaco, y fue declarado como aquel que guardaba el secreto del fuego y el casabe.
A Guhabo Nikto la llamaron Guabonito, y fue recordada por siempre como maga de grandes poderes y prodigiosa sanadora.
Al ciborg serie Mahka, modelo Koel, le conocieron como Macacoel. Los naturales descubrieron que no tenía párpados, lo cual les pareció razón suficiente para justificar que no durmiera nunca.

Con estos atributos y tal vez algunos más que se fueron agregando con el paso de los siglos, los indocubanos modificaron muchas veces las historias de estos personajes, transmitiéndolas por generaciones de boca a oído, convirtiendo aquellos visitantes en sus dioses cemíes, y a sus acciones en mitos y leyendas.

Sobre como fue creado el pez Guaicán.
Guhabo Nikto y Bahak Manahako manipularon el genoma de un pez local, aplicando la cibergenómica. De esa forma lo dotaron de un dispositivo especializado, capaz de adherirse a cualquier superficie. El implante funciona evacuando el agua entre las superficies en contacto y creando alto vacío. Como las modificaciones se programaron en células de la línea germinal, este dispositivo pudo ser heredado en las sucesivas generaciones de dicha especie. En el transcurso de varias horas mostraron a los naturales como podían utilizar esta criatura en las labores de pesca.

Leyendas relacionadas con esta historia.

BAYAMANACO:
Viejo Espíritu del Fuego y del secreto de hacer el casabe (pan azimo de los aborígenes cubanos. N. A), elaborado a partir de yuca (Manihot sculenta) rayada, aunque preferiblemente de la variedad amarga (M. utilissima). Según otras interpretaciones era un behíque guardián y dominador del fuego. Gran fecundador, practicante del rito de la cohoba. Ceremonia ritual realizada por el hechicero o behíque del grupo, consistente en aspirar por la nariz y la boca el humo resultante de quemar una mezcla seca de hojas de tabaco (Nicotiana tabacum) con otras plantas de carácter alucinógeno, probablemente una de ellas fuera la cohoba (Piptadenia peregrina) y quizás algunas de las especies de la coca (Erythroxylon, sp.). Últimamente se afirma que en el rito de la cohoba no se utilizaba el tabaco, sino solamente se aspiraba nasalmente el polvo seco de la semillas de esta planta; Bayamanaco es imaginado como un viejo colérico, que se negó a entregar el secreto de hacer el cazabe, el fuego y el rito de la cohoba a Deminán Caracaracol, por lo que éste en complicidad con sus tres hermanos gemelos lo robó, por ello el iracundo Bayamanaco, le lanzó a la espalda un guanguayo (escupitajo mágico, mezcla de saliva, cohoba y semen), del cual se formó una joroba. De esta deformación prodigiosa extrajeron sus hermanos a Caguama, la madre del género humano.
Está Bayamanaco representado en ídolos con caras feroces, acuclillados, con cabezas desproporcionadas sobre cuerpos esquemáticos. (39) p. 39, (83) pp. 15-16, (37) p. 30 y (36) pp. 11–34. // De Bayamanaco también se decía que no tenía padre ni madre, porque había caído del cielo. En su representación como cemí, puede tener una gran bandeja en la cabeza, a la manera de un radar y anchas gafas protectoras, como una careta o casco. Su traje, en algunas representaciones, tiene un cinto ancho con hebilla y aditamentos en las articulaciones, que varios han querido interpretar, a la manera de una escafandra, o traje espacial. Por ello, algunos escritores de ciencia ficción han propuesto a Bayamanaco, como la deidad representante de este género literario en Cuba. (121).

GUABONITO:
Mítica mujer de los fondos marinos, con grandes poderes de magia y curandería, los cuales trasmitió al previsor y sabio Albeorael Guahayona, además de curarlo (probablemente enfermo de sífilis); para esto último, recluyó a Guahayona en una guanara (lugar apartado y tranquilo, en lengua aruaca), lo lavó con ciertas yerbas y le hizo beber infusiones de la corteza de guayacán (Guaiacum officinale, árbol de las Zigofiláceas, grácil, elegante, de flores azules, madera muy dura y propiedades medicinales, (El guayacol se extrae de su resina, N. A.) y una dieta restringida de palomas guanaro y camao (especies de palomas silvestres, devenidas en totémicas). Cuando éste se restableció le entregó diversos obsequios, de entre ellos el más importante, la fórmula para la aleación de los metales mágicos: el oro, la plata y el cobre, que denominaron guanín, en honor a la isla donde el cacique recobrara la salud. Es importante la relación de Guabonito con el mar y con los grandes caracoles marinos llamados cobos. Se le representa en cuentas de piedra y en la aleación mencionada). (4) p. 80, (97) p. 53, (83) pp. 21-23 y (28) p. 41. // Por otra parte, se puede inferir que Guabonito era una iniciada, con el poder de la transmisión del conocimiento, mediante la ceremonia correspondiente, cuando se identifican las tres etapas básicas del rito iniciático a que sometió a Albeorael Guahayona: separación, cuando lo conduce a una guanara; transición, al ser curado e incorporación, cuando regresa a su medio habitual. (222) p. 93 y 94.

MÁCACOEL
El Sin Párpados. Personaje mítico, escogido para organizar a los seres humanos que vivían en una cueva. Una vez fue sorprendido por Hullón, el Sol, fuera de la espelunca, en lugar de velar, por lo que fue castigado por el dios solar a cuidarla eternamente convertido en piedra. Este personaje de pupilas insomnes era representado en petroglifos, tallados sobre estalagmitas, en la cercanía de las bocas de las cuevas. Recintos hipogeos míticos que rememoran a las dos cavernas ancestrales, Cacibajagua u Amayauna, donde al principio habitaron los seres humanos. En la primera los aruacos en la segunda “los sin valor” (no aruacos). De ambas sólo se podía salir de noche. Mácacoel recibió el encargo de liberar a su pueblo de esa limitación, pero no supo como hacerlo. (28) p. 40 y (83) p. 16. // Existe una fabulación haitiana, conocida como la leyenda de Guagoniana, que se refiere a dos cuevas de Cautá, donde vivían los primeros pobladores y en ella se explica como, Macocael, también Macacoel, el vigilante que cuidaba la entrada de la caverna donde estaban los hombres, fue sorprendido en un descuido, imponiéndoles a causa de él, a los varones, el castigo de quedarse sin mujeres. Algún tiempo después, solicitando la ayuda del pájaro carpintero, a quién reverenciaban como Inriri Cahubabayel, abrieron el sexo a ciertos seres asexuados y retornaron a los días felices. (140) p. 53. (28) p. 42.

 

 

 

 

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e-mail: guaican@cubaliteraria.com