Prensa
Prisma científico para los desafíos del color
Hilario Rosete entrevista a ESTEBAN MORALES, tercer premio ex aequo del Concurso Internacional de Ensayo "Pensar a Contracorriente" 2006
En febrero de 2006 se reunió en Cuba el jurado de la tercera edición del Concurso Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente, que otorgó el tercer premio ex aequo a las tesis “Cuba: algunos desafíos del color y Racismo, alienación e identidad”, de Esteban Morales (cubano) y María del Rosario Valenzuela (boliviana), respectivamente.
Según el veredicto, los ensayos coinciden en la visión crítica de un tema vigente en Nuestra América, la cuestión racial y cultural, y tratan, cada uno por su lado, el complejo proceso de supresión de los lastres racistas en un país revolucionario, Cuba, y la discriminación antindigenista que sufren las actuales sociedades latinoamericanas.
Cumpliendo un encargo de la Editorial de Ciencias Sociales, mas guiados por el interés informativo, llegamos a la vivienda del economista y politólogo cubano Esteban Morales.
Esteban nació en Cárdenas en 1942. Experto en Economía Política y Relaciones Internacionales, y ex presidente del Consejo Científico de la UH, sus trofeos son los libros y artículos que ha publicado en solitario o junto con otros autores.
“Se ha escrito poco sobre el tema, a pesar de que ha sido un asunto espinoso desde antes de que iniciáramos las luchas independentistas. La problemática racial apenas figura en nuestra historia escrita, no son muchos los historiadores que le han prestado atención», arrancó a hablar el profesor universitario, el mismo que aún siendo director del Centro de Estudios sobre Estados Unidos (CESEU), comprendió que la dinámica interna de la cuestión racial podría devenir en un talón de Aquiles hacia donde dirigirían sus dardos los hacedores de la política yanqui contra la Isla.
No solo Esteban se interesó en la materia. El también miembro de la Academia de Ciencias, recordó que la UNEAC, luego de tratarla en su VI Congreso (noviembre, 1998), fundó “Color Cubano”, un proyecto orientado a afianzar la concienciación sobre la problemática, propiciar la reflexión acerca del carácter multicolor de nuestro pueblo, y garantizar su reflejo en la televisión y otras esferas de actividad social.
El mismo derrotero siguieron otros esfuerzos: sesiones de trabajo que a raíz del propio congreso se sucedieron en L y 27, auspiciadas por la Casa de Altos Estudios don Fernando Ortiz y por la Fundación Fernando Ortiz; deliberaciones del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de La Habana (UH) en torno al tema de Etnia, raza y unidad nacional, en 1999; y la organización, igual en la UH y en ese mismo año, del taller Perspectiva histórica de la problemática etno-racial en Cuba y en el resto del Caribe... Gisela Arandia, Miguel Barnet, Lázara Menéndez, Eduardo Torres-Cuevas, Yolanda Wood y Pedro P. Rodríguez, integran, entre otros, el grupo de intelectuales que ha considerado la cuestión como importante objeto de estudio: es lamentable que no figure en los contenidos del Sistema Nacional de Educación, no se estudie en las escuelas, ni se investigue en las universidades.
UNA ESCISIÓN QUE IMPLICA LAS CONCIENCIAS
“Intervine en los debates del Colegio”, nos dijo el doctor en Ciencias Económicas (Universidad de Lomonosov, Moscú, 1985) y propuesto para doctor en Ciencias (UH, 2004).
“Allí presenté un trabajo que en esencia es el que alcanzaría el premio compartido de Pensar a Contracorriente. También publiqué un artículo en Catauro, revista cubana de Antropología (no. 6, jul.-dic. de 2002), titulado “Un modelo para el análisis de la problemática racial cubana contemporánea”, y escribí otros ensayos.
“Esos materiales, escritos en los últimos siete años, los fundí en un libro que, entregado a la Fundación Fernando Ortiz, pronto verá la luz. Mi idea es elaborar un nuevo ensayo sobre cómo se aborda el tema en Cuba y en EE.UU.”.
¿Cuál es la diferencia básica en el modo de tratar la cuestión en Cuba y en Norteamérica?
En Cuba se ejerce la discriminación según el color de la piel, conforme a si se es blanco o negro por fuera, la línea del color es lo que prima aquí; mientras que en EE.UU. lo que prima es la línea de la sangre. En Cuba, paradójicamente, con una gota de sangre blanca, se puede ser blanco; pero en EE.UU., con apenas una gota de sangre negra, con independencia de los rasgos externos, no se deja de ser negro, o no se es blanco: allí no existe el llamado mulato o mestizo, cualquiera de estos dos vocablos sería un eufemismo en Norteamérica. Y claro: todo esto sucede gracias a una construcción social impuesta, que nos persigue: como sabemos, la “raza” no existe.
Nuestros atributos como pueblo nos vienen dados por la Historia. Este ha sido un espacio de “transculturación”, pero la formación de la cultura cubana es un proceso que no se detiene, que continúa verificándose todos los días...
El ajiaco de don Fernando Ortiz no ha terminado de hervir; todavía hay que revolverlo, y vigilar a quienes quisieran “bajarle la candela”. A algunos no les interesa participar del caldo, un caldo donde restan por ablandarse más carnes y viandas de las que habríamos podido imaginar antes de que comenzara el período especial. Así se confirman las sospechas que Nicolás Guillén expresara en el prólogo de Sóngoro cosongo, cuando dijo que el espíritu de Cuba era mestizo, que del espíritu hacia la piel nos vendría el color definitivo, y que algún día se hablaría del “color cubano”.
Mientras llega ese día, ¿puede un cubano de hoy, “blanco”, percibir los olores del racismo?
Cualquier cubano podría aproximarse a la cuestión racial; este no es un problema de “raza”, sino de conciencia; cualquiera podría darse cuenta de que existe el conflicto, e incluso percibirlo desde la ética; pero en lo físico, en carne propia, solo el “no-blanco” puede sentirlo: el otro nunca sufrió ni sufrirá las diferencias por ser negro. No obstante, insisto, cualquier cubano podría dedicarse al estudio del tema y sentir cómo la más mínima exclusión también lo agrede a él. Este no es un asunto de blancos, negros o mestizos, sino de cubanos; en la solución de este problema deberá trabajar, junta y mucho, toda la sociedad.
El presidente Fidel Castro, en Pedagogía 2003 y en el VIII Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) (dic. de 2004), expresó su criterio.
Fidel manifestó que la Revolución no había logrado el mismo éxito en la lucha por erradicar las diferencias en el estatus de la población negra; herencia de la esclavitud, las sociedades de clases, el capitalismo y el imperialismo. El Comandante aseveró que nunca existió una verdadera igualdad de posibilidades. Aún cuando la voluntad política, social o cultural, quiera borrar los rasgos de la escisión, esta se encuentra en la historia, implica las conciencias subjetivas de muchos individuos.
UN PROBLEMA DEL PAÍS
¿Debemos evitar la palabra racismo?
En Cuba el fenómeno del racismo no es institucional; el gobierno, el Partido, las instituciones por sí mismas, no son racistas; nunca antes en Cuba, los negros y mestizos habían podido contar con un estado y un gobierno que defendiese sus intereses como propios. Pero las expresiones discriminatorias se refugian en la familia, en la conciencia individual, en ciertos grupos, en actitudes de personas concretas. De esa dicotomía nace la fuerza que intenta silenciar el tema y que, por contraposición, contribuye con su supervivencia y con la aparición de “semideologías” racistas, planteando el peligro de su reconstrucción dentro de la conciencia social.
¿Usted dijo que la esencia del problema no figura en nuestra historia escrita?
Se ha escrito sobre esto, pero casi siempre, fuera de la contemporaneidad; son raros los trabajos científicos, académicos, que aborden el asunto desde la actualidad, o que lo ubiquen en el tiempo presente; lamento que de eso se ocuparan ciudadanos residentes fuera de Cuba; que no siempre sienten o comparten junto a nosotros nuestra realidad cotidiana: ¡qué valioso habría sido que espíritus surgidos desde dentro hubiesen dado la pauta! Los temas de nuestra realidad no podemos regalarlos; los cubanos residentes en la Isla debemos ser los primeros en abordarlos: nadie podría hacerlo mejor. Ya tuvimos una paradójica y amarga experiencia con el tema de los Derechos Humanos: llegamos tarde a la construcción de un discurso propio sobre ese particular, y aún lo estamos sufriendo.
Siendo usted “negro”, ¿no corre el riesgo de obsesionarse con el tema?
Si no empecé a escribir sobre el asunto en el lejano año de 1986, y esperé casi 15 años para “lanzarme al agua”, fue porque consideré que el tema debía madurar más en mi conciencia y en su abordaje científico. Tenía 16 años en 1959; por ser negro y pobre había sufrido la discriminación; mas no podía escribir desde la posición del doliente —desde esta posición pocas veces se es objetivo—, además de que creo que habría sido una hipocresía mía: por las organizaciones sociales y políticas a las que pertenezco, por mi historial académico y profesional, por aparecer con frecuencia en los medios, puede verse que soy de los “negros” que mejor han podido aprovechar los derechos y garantías que la Revolución cubana les ofreció a todos los ciudadanos de este país. Tanto a mí como a otros muchos, la Revolución nos ayudó a borrar los puntos de partida...
¿De modo que resolvió sus conflictos internos antes de sentarse a estudiar el asunto?
Una de las cosas que más me preocupa cuando estoy escribiendo, es que pueda dejarme llevar por la emoción, por la subjetividad. No estoy obsesionado con el tema; en relación con él tengo un prisma científico, pero la emoción no puede estar ausente; así que busco “enfocarme” partiendo de un equilibrio entre los dos polos, con el presupuesto de que este es un problema de mi país, de mi sociedad, y de que como intelectual revolucionario tengo el deber, y también el derecho, de aportar mi grano de arena en su estudio, comprensión y solución. A fin de cuentas, debemos ser honestos y objetivos en el análisis histórico, de eso se trata, y evitar exponernos lo mismo que el avestruz, que esconde la cabeza y deja afuera las partes más vulnerables. ¿El resto? El resto puede verse en el ensayo en sí; en su lectura descubrirán ustedes a qué nos referimos nosotros cuando decimos, “Cuba: algunos desafíos del color”...
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