Prensa
El Imperialismo sí tiene rasgos bellos
Hilario Rosete entrevista a JORGE SIERRA OSORIA, Mención Especial del Concurso Internacional de Ensayo "Pensar a Contracorriente" 2006
«El Imperialismo sí tiene cosas lindas», pareció probar, irónicamente hablando, el pedagogo e historiador cubano Jorge Sierra Osoria (1957), para alzarse con la Mención Especial que, además de los tres premios principales, otorgó el jurado de la tercera edición del Concurso Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente (febrero de 2006).
Sierra es licenciado en Ciencias Pedagógicas (Escuela Superior Político-Militar de Lvov, Ucrania), master en Historia (Academia Lenin de Moscú, Rusia), e impartió clases de Pedagogía, Historia, Psicología y Economía Política. Su ensayo El terrorismo: la cara bella del Imperialismo, escrito entre agosto y noviembre de 2005, resulta llamativo por el modo lúcido y conocedor en el que aborda el terrorismo de Estado.
Él es un hombre blanco, trigueño, barrigudo como cualquier cuarentón, de mediana estatura, que aún no aduce calvicie, mas lleno de canas. Prestó servicios en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba (hoy es Teniente Coronel de la reserva), y entre 1981 y 1983 cumplió misión internacionalista en la Republica Popular de Etiopía.
Cuando lo contactamos, gracias al servicio de teleselección nacional La Habana / Guantánamo, trató de amigos y les envió saludos a los colegas de La Jiribilla; reportó que estaba allí, «batallando» en su trinchera de trabajo, la sucursal de la Corporación CIMEX en la ciudad del Guaso –su tierra natal–; y aseguró que su historia de vida habría ejercido influencia sobre él para que se decidiera a redactar el ensayo:
«Hay un nexo entre lo que uno vive, las ideas que profesa, los desvelos que tiene con respecto a los jóvenes, y lo que escribe. El mismo tiempo que uno pasó fuera del país, influye, motiva.
«En mis años de estudio en Lvov, fui compañero de Carlos Cremata Malberti, hoy presidente del Comité de Familiares de las Víctimas de Barbados, hijo de Carlos Cremata Trujillo, integrante de la tripulación del avión de Cubana de Aviación destruido en pleno vuelo, en octubre de 1976, por el sabotaje terrorista que planearon Orlando Bosch, Posada Carriles y sus cómplices.
«El hecho en sí, unido a la falaz e increíble actitud de ciertas instancias de poder norteamericanas, que valiéndose de artimañas presentan a sus autores como luchadores por la democracia, son algunas de las causas que me mueven a desenmascarar el terrorismo de Estado.
«Dichas razones tocan la base del fenómeno, el auge que hoy alcanzó, y la manera en la que viene tergiversándose. Muchos países que han sido víctimas del terrorismo, lo mismo las naciones europeas que los Estados Unidos, ignoran que en su propio entorno, desde siempre, hubo y hay un foco generador de terrorismo: la política de las clases dominantes.
«Nuestra prensa ilustra con creces esa circunstancia, pero en otros sitios la cosa no funciona igual. Esa es una de mis intenciones: movilizar la conciencia de la gente, denunciar a los reales enemigos de los pueblos.
«Esto lo escribí rápido, robándole tiempo al trabajo, dedicándole horas extras, fuera del horario laboral, los sábados y domingos, yendo a la biblioteca, recopilando materiales para ser diáfano y realista.»
TÓCAME ROQUE
El terrorismo: la cara bella..., es un ensayo extenso, aunque la primera versión era más larga aún: los organizadores le advirtieron al autor que debía reducirlo, so pena de no cumplir con las bases del concurso.
La obra comienza con una original visión sobre el terrorismo, sus causas y orígenes; relaciona los pretextos que a lo largo de la Historia alegaron los terroristas para realizar sus acciones; discurre sobre el terrorismo de Estado de los siglos XX y XXI; señala la vocación estadounidense para prohijar las ideas de un Estado terrorista típico y garantizar, al unísono, ser imitado por el gobierno israelí; descubre el último «signo (mensaje) terrorista» del tiempo en que vivimos; define el bloqueo yanqui a Cuba como un acto genocida; y abunda en el «destino» (no pedido) de la Isla para servir de conejillo de Indias en este tipo de «experimentos».
¿Si le dijeran que solo puede publicar uno de los 10 epígrafes del ensayo –le preguntamos–, por cuál se decidiría?
Por el epígrafe titulado Israel prohijado de Estado terrorista –contestó–. Desde que nací, oigo hablar de los intentos de Israel para acentuar la ocupación y aislar los territorios ocupados en el Medio Oriente, con la venia de EE.UU. y el silencio de la comunidad internacional.
Recién asistimos a una escalada de dicha política, cuando el Ejército sionista, tras la captura de un soldado israelí por militantes palestinos, emprendió una incursión militar en Gaza, en la que detuvo a ministros y otros representantes del Gobierno palestino. Los métodos israelíes abarcan varias formas de terrorismo de Estado: van desde el sistema de apartheid, o de segregación racial, hasta la política de transfer, de éxodo forzoso de la población palestina, bien por goteo o en masa, bien por presión militar o por ruina económica.
De las excusas que a lo largo del tiempo alegaron los terroristas para realizar sus acciones, y que su ensayo bien relaciona, ¿cuál querría destacar?
Me gustaría recordar el pretexto empleado por la Alemania nazi para desatar la II Guerra Mundial. En agosto de 1939, en una conferencia de jefes del Ejercito alemán celebrada en Obersalzberg, Hitler reveló las disposiciones del Alto Mando. Primero sería derrotada Polonia, la meta era exterminar la fuerza viva, no ocupar una línea geográfica. El Führer aseguró que él mismo proporcionaría el pretexto propagandístico para el comienzo de la guerra, y que no importaba si este fuese verosímil o no, porque después no se le iba a preguntar al vencedor si decía verdad o mentira. Para la Alemania nazi, a la hora de la contienda, lo importante era la victoria, y no la facultad de hacer la guerra de forma legítima.
Se dice que la preparación de Alemania para la agresión a Polonia había comenzado mucho antes.
Cierto: el 22 de marzo, Hitler exigió a Polonia la entrega de Gdansk, la antigua ciudad alemana de Danzig, y el tendido de un corredor alemán, a través de Polonia, para unir Alemania y Prusia por una autopista y una línea férrea, con derechos de extraterritorialidad. Las exigencias fueron formuladas como una especie de exploración previa.
En la noche del 30 al 31 de agosto de 1939, Alemania envió a Polonia un ultimátum sobre el tema de Danzig y del corredor. El Gobierno polaco ordenó a su embajador en Berlín que entablase negociaciones, pero este no pudo hacerlo. Los alemanes se negaron sistemáticamente a recibirle, y publicaron un comunicado diciendo que Alemania esperaba la llegada de los plenipotenciarios polacos, y que su ausencia probaba la falta de deseo de Polonia de resolver, por la vía pacifica, los problemas de las relaciones polaco–alemanas.
SEÑOR Y DUEÑO
¿Fue la única o última provocación?
Hubo otra más, la detonante: en las cárceles alemanas fueron escogidos varios delincuentes comunes, a los que se les vistió con uniformes polacos. Dichos delincuentes alemanes simularon un ataque a la ciudad fronteriza alemana de Gleiwitz. Este fue el pretexto propagandístico para el comienzo de la guerra del que había hablado Hitler con tanto cinismo.
En septiembre del 39, el Ejercito alemán se lanzó sobre Polonia. En un llamado dirigido a los militares, Hitler declaró que el Gobierno polaco quería resolver el problema por la fuerza, que Polonia no quería respetar las fronteras de Alemania, y que para acabar con ese desatino, no veía otro medio que responder a la fuerza con la fuerza. ¿?
Días después, el gobernador general de la Polonia ocupada dio a sus subordinados la orden de aniquilar el núcleo dirigente que existía en el país, y de descubrir, para liquidarla también, la resistencia que fuese surgiendo. Los invasores, para no «complicarse», no debían llevar a los militantes polacos a los campos de concentración alemanes: sería mejor sacrificarlos en la propia Polonia, sería la «forma más sencilla»...
¿Qué actitud adoptaron las potencias occidentales?
EE.UU. proclamó su neutralidad: los monopolios yanquis pregonaban abiertamente los beneficios de la guerra para sus intereses económicos. Inglaterra y Francia fueron desleales: no le prestaron ayuda a Polonia y traicionaron los compromisos que habían contraído con ella. Las ansias guerreras de la Alemania nazi, y de los gobiernos de EE.UU., Inglaterra y Francia, tenían carácter imperialista, de conquista: ya estamos en el terreno del terrorismo de Estado.
¿Quisiera abundar sobre otros pretextos que, a lo largo de la Historia, invocaron los terroristas para cometer sus desmanes?
Prefiero destacar que no hay diferencias entre la filosofía hitleriana y los «razonamientos» de los nuevos fascistas del siglo XXI; que no hay diferencias entre las escenas de miedo e intimidación padecidas por el pueblo alemán y otros pueblos del mundo en tiempos de Hitler, y las que ahora, luego de los ataques del 11 de septiembre, sufren y viven el pueblo norteamericano y otros países del orbe.
El propio Fidel, en la tribuna abierta celebrada en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba en junio de 2002, expresó que el señor George W. Bush, al proclamar el 20 de septiembre de 2001 que quien no apoyara su proyecto de guerra contra el terrorismo seria considerado terrorista y se exponía a sus ataques, desconoció abiertamente las prerrogativas de la ONU y asumió, en virtud de su poderío militar, el papel de amo y gendarme del mundo.
Después de los ataques a las torres gemelas, el mundo se hizo más inseguro, eso es cierto; y todo, por la cara linda del Imperialismo: el terrorismo, ¡el terrorismo de Estado! Por eso les decía que una de mis intenciones, al escribir el ensayo, era la de activar la conciencia de la gente, la de descubrir a los reales enemigos de los pueblos.
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