Karel Leyva

KAREL LEYVA FERRER (Santiago de Cuba, 1975). Escritor y promotor cultural. Es vicepresidente del Grupo Ala Décima. Ha publicado el libro de poesía Cambio de marea y ha recibido varios reconocimientos, entre ellos el Premio Internacional Nosside Caribe y el Premio Regino Pedroso.

 

 

 

Atisbo
Este bronco pasar de la memoria,
esta hogaza de pan para el buen tino,
hacen del tiempo ido
y del que arriba
una senda mordaz
donde ponemos
el movedizo paso de las horas,
el hosco malabar del que transita
buscando una señal
que asegure por fin la muerte toda
como un alivio,
un tránsito,
una manera cotidiana de extendernos
con la gracia de un gato sobre el césped,
la tersura del cirio,
el curioso mirar de los que aguardan.

 

Postal
La ciudad que pintaron los abuelos
se ha dormido en el lienzo.
Desperdigados por monte y litoral
quedan planos
mínimos cimientos, edificios torcidos
parques en lo que alguna vez
estuvo pensada la elegancia.
Calles que van bordeando la memoria
nos acercan al mar
yo vivo justo al centro
los erigidos campos de lechugas
el ancestral color de las cigarras
los condominios,
el óxido,
la grácil palidez de las bolsas de plástico,
son detalles que guarda este paisaje
de una ciudad soñada y sin raíz
que se escurre despacio en el delirio.

 

Golpe de sal
Ha vuelto a entrar el mar
dejando un borde blanquecino en las aldabas
los transeúntes juegan a tironear
las olas que sobre el asfalto desfallecen
el anciano pintor olfatea el aire
busca el asombro de la arena
entrando sin piedad
desde la infancia.
Por poco tiempo se enancha el litoral
un viento citadino
quiebra el monótono ritual de la semana.

 

Génesis
Uno suele juntar los elementos
pero jamás alcanza a repetir la escena
la pírrica sonrisa que trajo así de pronto
un nombre y un vergel
donde fundarlo todo
y no dejarle espacio
a la añoranza.

 

Pequeñas correcciones
Donde fue el río
debe mirarse ahora la floresta
la fruta del parral junto al anón
cuando se corte en dos la franja sur de las
      montañas
esa que besa el mar
la que preña de rocas la ensenada
y nos deja sin aire
por un verde que la sal no mengua.  

Una moteada costa de manglares
donde se abrazan vientos y arenazas
las pupilas lejanas y el ocaso
indica que aquí debiera hallarse la añoranza
un motivo que fije al sabanero
a esta semilla

el largo ascenso hasta el primer goteo
de un río que se escapa
dejándonos su vientre vegetal
su terca abdicación en la colina.

 

 

Brocal
Contra el doble discurso de la piedra
el bifronte anidar de la coraza.
Bestia civil

tientas demasiado seguro al precipicio
es tan poco este tiempo,
las caras del menhir
guardan tu nombre,
ese detalle mínimamente importa
si derramas tu sangre antes de tiempo.

 

Contra el doble color que da la inopia
pon el rojo acertar de los regresos
el camino es eterno
lo fugaz, lo que angustia
es tu modo insipiente de ser.

 

Últimas esencias
Llega diciembre
se deshojan el ceibo
y los encinos


Sobre el obelisco
planean las tiñosas
el aire enfría


En el tupido
penacho la datilera
guarda un jagüey


Ajena en zigzag
la mariposa planea
en el jardín


Estás en la última
estación de la tarde
mueres, renaces.

 

 

México 19/09
Todavía suenan las alarmas
una pequeña marca en la pared
abre la pregunta
¿aquí pudo acabar?
¿Aquí comienza todo?
Cerca del pedestal y la corona
un amasijo de mármoles
materia que insiste en transformarse
sospechosamente frágil
como la última iluminación
de la memoria
Afuera
no militan ni definen fronteras
en el día en que todo fue retorno.