VIDAS GALARDONADAS*

El encomio de la Academia sueca a los galardonados con el Premio Nobel de Literatura

JENNIFER QUIST

 

 

 

 

Pascale Casanova ha descrito el Premio Nobel de Literatura como «un singular laboratorio para designar y determinar lo que es universal en la literatura». Es un escenario donde convergen intereses globales, «una de las pocas consagraciones literarias verdaderamente internacionales». Casanova sugiere que el premio anual de la Academia sueca también puede servir para indicar la existencia de un espacio literario mundial dividido por desigualdades estructurales, el polo opuesto de la «globalización literaria» entendido como un pacífico y progresivo proceso de homogeneización.1 La metáfora del Premio Nobel como laboratorio para determinar el canon resulta llamativa; su papel en la estandarización de la literatura y del lenguaje, dentro de un mundo literario radicalmente desigual, todavía está por definirse. Los laboratorios reales producen datos reales, cifras, tabulaciones, medidas de una tendencia central. En el estudio de la literatura mundial no podemos reunir tubos de ensayo o microscopios para discernir los supuestos culturales y estéticos, que impulsan la formación del canon. Sin embargo, trabajando con laboratorios figurados podemos aplicar métodos de análisis de contenido para obtener datos cuantitativos y cualitativos, que pueden sopesarse y medirse, ayudándonos a hacer un seguimiento del movimiento del capital cultural a través del espacio de la literatura mundial. Analizando las declaraciones oficiales, los esquemas biobibliográficos y los comentarios que acompañan a los premios de la Academia, tratados aquí como datos que contar y ordenar, puede ser posible discernir los criterios tácitos —los valores y sesgos políticos y culturales—, que subyacen en la consagración anual de los laureados con el Nobel y la canonización que ello implica.2

Como mostró en 2016 el intento de concesión del Premio a Bob Dylan, la Academia sueca puede ser ultraliberal en sus consideraciones sobre las formas literarias y en reunir una lista de laureados de diversas nacionalidades.3 Sin embargo, un examen de sus declaraciones oficiales sugiere que la Academia ha favorecido sistemáticamente una determinada constelación de características y de experiencias vitales en la que encajan razonablemente bien el carácter y la obra de Dylan. Determinadas palabras, fraseologías, ideologías, referencias literarias y cursos de vida paralelos aparecen a lo largo de sus comentarios. Yo he aislado seis de estas variables. Dos de ellas —historias de exilio y de ascenso desde raíces humildes— son líneas narrativas comunes en las historias personales de los laureados. Una tercera hace hincapié en las inclinaciones ideológicas del escritor ganador hacia el individualismo y hacia ciertas formas de revolución aprobadas por la Academia. La cuarta es la utilización casi exclusiva de alusiones literarias occidentales al describir las influencias y la obra del escritor, incluso cuando los laureados proceden de una tradición no occidental. La utilización de un contenido o una inspiración autobiográfica es la quinta variable. Finalmente, está la cuestión del multilingüismo. Es más probable que los laureados no ingleses sean multilingües, frente a los ganadores anglófonos que habitualmente no tienen credenciales literarias en cualquier lengua que no sea la suya. Esta variable podría quedar en anécdota, incluso en una coincidencia, si no fuera por la persistente y creciente cuestión de la hegemonía del inglés dentro de la literatura mundial, especialmente respecto a los textos traducidos como los que a menudo utiliza la Academia sueca.4

CONTEXTO Y MÉTODOS

A pesar de las instrucciones de Alfred Nobel de que el premio se otorgara «sin tener en cuenta la nacionalidad de los candidatos » y a pesar de la continua afirmación de la Academia sueca de que «las raíces nacionales son irrelevantes» y de que ella no reconoce «lo que en Europa a menudo se llama la periferia literaria», se pueden identificar sesgos nacionales a lo largo de toda la historia del Premio Nobel.5 Benedict Anderson ha definido tres periodos diferentes dentro de la historia del Premio Nobel de Literatura. El primero, desde 1901 a 1939, se caracterizó por el dominio de las naciones europeas occidentales. Durante este periodo, Anderson identifica un «favoritismo regional» dentro de la Academia sueca en el que un tercio de los premios fueron otorgados a escritores escandinavos, una mayoría de los cuales no son para Anderson autores de relevancia mundial. Durante la época de la Guerra Fría, el alcance internacional del Premio Nobel se amplió a las literaturas de todo el mundo. Sin embargo la literatura rusa o soviética quedaba notoriamente ignorada: de los cuatro escritores rusos galardonados en este periodo, tres estaban abiertamente enfrentados con el gobierno soviético. Moscú reaccionó insistiendo en que Boris Pasternak rechazara el premio después de que Doctor Zhivago fuera prohibida por el régimen. El periodo final de Anderson empieza con el fin de la era soviética en 1991. Durante esta época la Academia ha alcanzado su perspectiva más global hasta la fecha, quizá con ello inspirando suficiente confianza y autosatisfacción como para hacerla más propensa a sesgos no deliberados.6

Adoptando la periodización de Anderson, me he concentrado en el periodo posterior a la Guerra Fría, empezando en 1992, y examinando las declaraciones biobibliográficas oficiales de la Academia sueca y sus comentarios en las ceremonias de entrega de premios, identificando palabras clave y conceptos que se presentan como variables recurrentes.7 Cuando aparecían estas variables, el galardonado en cuestión se codificaba como positivo en cuanto a esa variable. Los resultados fueron tabulados asignando valores numéricos a cuantas variables tipificaban a cada uno de los galardonados (gráfico 1). Esto reflejaba la medida en que cada escritor encajaba en el perfil ideal de un Premio Nobel de Literatura. Evidentemente es importante no confundir estos hallazgos de las biografías y declaraciones que acompañan a las nominaciones con exposiciones de hechos sobre los galardonados. Los datos aquí reflejan simplemente lo que dice la Academia, no si está justificado o incluso si se ajusta a los hechos.

Tampoco se analizan aquí las meteduras de pata de la Academia que revelan su occidentalismo y su tendencia a orientalizar cuando habla de «la pobreza espiritual de Trinidad» en la biografía de V. S. Naipaul; cuando describe el contexto de Derek Walcott como «el encuentro entre el virtuosismo europeo y la sensualidad caribeña»; cuando reduce el periodismo de Svetlana Alexievich a una metáfora sobre un «taquígrafo»; cuando felicita a Orhan Pamuk por ser «suficientemente occidental como para tener un método para reflejar» lo que conoce desde sus sensibilidades orientales; cuando habla de la historia moderna de China sobre la que escribe Mo Yan como «la vida en una pocilga»; o cuando fracasa, en general, en hablar sobre la obra de Toni Morrison sin verse envuelta en referencias a la blanquitud alrededor de las vidas de los negros que ella describe, insistiendo en hablar de ellos no como sujetos sino como un «complemento», como «el otro racial» y como «sombra».8 Estas observaciones son importantes y significativas, pero caen fuera del alcance de este análisis que se limita a las seis variables recurrentes definidas anteriormente: raíces humildes, migración y exilio, política revolucionaria e individualismo, contenido autobiográfico, alusiones literarias occidentales y multilingüismo.

HALLAZGOS

En términos de pura demografía, en los últimos veinticinco años del Premio Nobel de Literatura, los galardonados han sido predominantemente varones. Dieciocho hombres (72 por 100) han recibido el premio y durante el mismo periodo ha recaído en mujeres solamente siete veces (28 por 100). Con diferencia, la mayor parte de los galardonados —diecisiete de veinticinco (68 por 100)— residían en Europa en el momento de recibir el premio. Cinco laureados vivían en las Américas (20 por 100), dos en Asia (8 por 100), uno en Australia (4 por 100) y ninguno en absoluto lo hacía en África. El idioma más común era el inglés, el idioma de trabajo de nueve de ellos (36 por 100). El segundo idioma más común era el alemán (16 por 100), que lo utilizaban cuatro galardonados. Aunque puede resultar problemático definir el término, bajo ningún criterio la mayoría de los laureados eran personas de color.

Como se muestra más adelante, las seis variables aisladas en las declaraciones oficiales sobre el Premio Nobel estaban representadas en cierta medida en los veinticinco galardonados.

Podemos establecer la puntuación media de los galardonados como 4,2 sobre 6. Cuatro de los galardonados —J. M. Coetzee, Gao Xingjian, Herta Müller e Imre Kertész— alcanzan la máxima puntuación reuniendo todas las características que representan al ideal del ganador del Premio Nobel de Literatura. Seis laureados ocupaban la segunda plaza, reuniendo cinco de las seis variables. Se trataba de Seamus Heaney, Doris Lessing, Günter Grass, Wisława Szymborska, Elfriede Jelinek y Jean-Marie Gustave Le Clézio. Cinco galardonados reunían cuatro variables, concretamente, Toni Morrison, V. S. Naipaul, Kenzaburō Ōe, Orhan Pamuk y Bob Dylan. A pesar de la controversia sobre su premio, la puntuación que alcanza Dylan en cuanto a su concordancia con el ideal se aproxima a la media. Puntuando positivamente en la mitad de las variables se encuentran Vargas Llosa, Mo Yan, José Saramago, Harold Pinter, Darío Fo, Derek Walcott y Tomas Tranströmer. Acabando con solamente dos de las seis variables estaban Svetlana Alexievich, Patrick Modiano y Alice Munro. Esos tres resultados más bajos se produjeron en años consecutivos, desde 2013 a 2015, quizá presagiando un cambio en el perfil de la figura ideal del galardonado con el Nobel.

El cuadro que se muestra recoge las variables que se codificaron como positivas para cada laureado, junto a sus puntuaciones y el número total de veces en que cada variable fue alcanzada.

Para ver cómo surgen estas variables y lo que pueden revelar sobre los valores que subyacen en la Academia a la hora de seleccionar a los galardonados, las analizaremos consecutivamente.

RAÍCES HUMILDES

La mayoría de las notas biográficas de los galardonados con el Nobel en el periodo posterior a la Guerra Fría —veinte de veinticinco— empiezan mencionando las ocupaciones, el estatus social o los hogares de los padres y antepasados del escritor. En diecisiete de estas veinte menciones, los relatos que hace la Academia sueca de los primeros años de la vida de sus galardonados y de sus historias familiares se cuentan de manera que resaltan las privaciones, ya sea dentro de la vida familiar del escritor o en el contexto histórico general de sus años de formación. Muchos de los galardonados han superado adversidades que van desde el infortunio a lo inimaginable. Debido a su ascendencia judía, Kertész siendo adolescente estuvo internado en Auschwitz y Buchenwald. Morrison era una niña pequeña cuando la casa de sus padres le prendió fuego el casero tras retrasarse estos en el pago del alquiler. Doris Lessing realmente fue taquígrafa durante una temporada. Saramago aprendió mecánica cuando dejó de tener medios con los que acabar los estudios de secundaria. Luchas como estas son dignas de mencionar.

Sin embargo, incluso cuando un escritor tuvo una educación privilegiada, las notas biográficas de la Academia algunas veces dan la imagen de un escritor que se levanta heroicamente desde humildes raíces. Por ejemplo, Naipaul fue alumno de Oxford y era hijo de un escritor que le animó e inspiró en su propio trabajo. Estas son raras y excelentes ventajas para un escritor en ciernes, pero la Academia solo las menciona de pasada antes de hacer hincapié en los lazos de Naipaul con su abuelo inmigrante, trabajador de una plantación. Del mismo modo, a Coetzee se le reconoce como el hijo de una maestra y un abogado, sin embargo, la Academia, quizá consciente de que haber tenido unos padres con profesiones que resultaban estables y seguras podía resultar demasiado vulgar, añade una línea a su biografía explicando en vagos términos que su padre practicaba la abogacía «solo intermitentemente».9 Esta manera de debilitar historias susceptibles de ser interpretadas como formales y estables puede revelar una preferencia de la Academia por presentarse a sí misma en el papel de elevar a los oprimidos, evitando activamente la imagen de ser una organización de elite que corona a elites similares.

Hay que señalar que la Academia ha facilitado detalles de los privilegios disfrutados por sus galardonados durante sus primeros años de vida. La familia de Pamuk se describe como una próspera familia, y a Ōe se le reconoce como un «descendiente de una prominente familia de samuráis». A pesar de ello, aunque la posición social de Ōe fuera de elevado nivel social, en su biografía se resaltan las luchas de la cultura japonesa en su conjunto durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, dando un tinte desconsolado a su perfil a pesar del estatus del que disfrutaba. De acuerdo con la Academia, los acontecimientos que rodearon la rendición de Japón fueron «impactantes […] para el joven Ōe y produjeron una sensación de humillación».10 La juventud de Ōe se describe como una época de humillación y degradación. Lo mismo se podría decir de Gao, cuando se describen las circunstancias que rodearon sus primeros años de vida como «las postrimerías de la invasión japonesa» sobre China. No se dice nada en particular de cómo afectó esto al joven Gao, pero la implicación de privaciones está clara.11 Las historias de superación de dificultades, o por lo menos de cargar con el hastío de un entorno mediocre, son parte de los que constituye la preferida figura romántica de un galardonado con el Nobel.

MIGRACIÓN Y EXILIO

La migración es otro tema recurrente en la historia de la vida de los galardonados como las cuenta la Academia sueca, aunque ella puede suponer tanto verse obligado a exiliarse, o a huir de la amenaza de encarcelamiento, como un simple cambio de residencia.12 Siete de estos veinticinco galardonados realizaron una migración voluntaria ellos mismos o con sus padres. La movilidad se describe a menudo con cálidos clichés, como cuando Mario Vargas Llosa fue denominado «ciudadano del mundo», una frase utilizada en una forma ligeramente diferente dos años antes cuando Le Clézio fue calificado de «nómada del mundo». La Academia alababa a Naipaul como «cosmopolita» y su «falta de raíces» se presentaba como una fértil base artística.13 El texto que acompañaba a su premio nos recuerda explícitamente que esta preferencia por el estilo de vida ambulante remite directamente a la filosofía personal de Alfred Nobel.14

Siete galardonados más sufrieron reubicaciones obligadas, algunas veces violentas. Gao llegó a Francia desde China como «refugiado político». En la misma categoría se encuentra Svetlana Alexievich, que ha vivido por toda Europa debido a que «sus críticas del régimen» suponían que no se podía quedar en su patria. Los apuntes biográficos sobre Günter Grass hablan de su cautividad en manos de las fuerzas estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial.15 La madre de Herta Müller, Imre Kertész y Harold Pinter sufrieron deportaciones o evacuaciones relacionadas con esa misma guerra. Doris Lessing y Darío Fo no se vieron obligados a abandonar sus hogares, pero, sin embargo, tuvieron prohibido viajar a determinados países debido a opiniones expresadas en sus obras. La Academia sueca reconoce la movilidad bajo coacción como una fuente de perspectiva e inspiración artística, manejada con la reverencia debida al sufrimiento humano. Cuatro de las biografías de los Nobel, que pueden o no incluir historias de escritores que hayan tenido que huir al exilio, contienen la palabra «exilio» o un sinónimo como «destierro». Esto sugiere que la Academia valora el exilio no solo como un elemento de la historia del escritor, sino como un tema en la obra de escritores de cualquier origen. Los escritores pueden ser valorados no solo por su propio exilio, sino también por los exilios de las poblaciones representadas en su obra, como por ejemplo por el interés de Le Clézio cuando escribe sobre «aquellos que viven en nuestras sociedades sin pertenecer a ellas».16

INDIVIDUALISMO Y DISIDENCIA

El factor más compartido entre los veinticinco galardonados del periodo posterior a la Guerra Fría es su carácter controvertido, individualista, disidente. Para muchos, la revuelta no es solo literaria, sino también real. Su obra tiene un significado «estético así como político».17 El galardonado ideal con el Nobel es activo políticamente, escribiendo textos críticos hacia el statu quo, desafiando a la autoridad y la jerarquía, haciendo llamamientos a favor de cambios en la sociedad. Quizá lo más importante sea que estos llamamientos tienen un coste para los escritores que los realizan. Algunos, como Kertész y Saramago, sacrificaron sus empleos cuando la política de su empleador se volvió intolerable. «Creo —coincide Szymborska— en la carrera arruinada».18 Otros, como Darío Fo y Lessing, arriesgaron sus talentos para viajar y trabajar en ciertos países, incluyendo, en el caso de Fo, el enorme mercado estadounidense. Müller emigró de Rumanía cuando fue censurada y finalmente se le prohibió publicar allí. En vez de callarse, marchó al exilio.

No todos los escritores revolucionarios pueden huir cuando lo necesitan: Gao quemó una maleta llena de manuscritos como precaución ante la persecución en China durante la Revolución Cultural. Los oficiales de una escuela militar descrita en una novela por Vargas Llosa quemaron públicamente miles de sus libros. Jelinek pudo quedarse y trabajar en Austria, pero la Academia la describe como «una figura muy controvertida en su tierra natal». En un momento bastante emocionante, la Academia sueca disfrutaba del placer que le produce la justicia social equiparando a Coetzee con «una Comisión de la Verdad y la Reconciliación en sí mismo».19 A pesar de una exagerada retórica, el entusiasmo por las posiciones y declaraciones revolucionarias de la mayoría de los galardonados con el Nobel durante el periodo posterior a la Guerra Fría revela la sensación de que para la Academia el arte es más valioso cuando golpea más allá del ámbito interno, privado. Los galardonados con el Nobel ideales se encuentran en posiciones antagónicas con las autoridades, trabajando por cambiar la manera en que ellos y los que les rodean entienden y viven en el mundo.

Sin embargo, la Academia sí hace diferencias y no recompensa cualquier inclinación revolucionaria. Está vehementemente enamorada del principio del individualismo. La palabra «individual», junto con términos relacionados como independencia, aparece en aproximadamente la mitad de las biografías y comentarios sobre los galardonados. Antes de elogiar la obra de Kertész por festejar «una negativa personal a abandonar su voluntad individual mezclándola con una identidad colectiva», la Academia clama contra «la burocrática y misantrópica estupidez del Estado socialista de un solo partido [que es] difícilmente comprensible para mentes que han sido formadas en sociedades civilizadas ».20 Amplía su desagrado a las naciones del Este de Asia donde los valores sociales se inclinan hacia el colectivismo en vez de hacia el individualismo. Gao, un disidente, es alabado por su «vívido sentido de la alienación» y por la descripción que hace su obra del «impulso del hombre [sic] por encontrar la absoluta independencia que otorga la soledad » en el contexto social de una gran y poblada sociedad, que depende de «la obediencia y la conformidad». De todos los ciudadanos chinos a los que podría haber galardonado, la Academia eligió a Yan, un escritor al que admira por «arrancar los carteles estereotipados de propaganda, elevando al individuo desde la anónima masa humana». En Gao, la Academia consagró a un disidente chino, provocando las protestas del gobierno de Pekín, que repudió a Gao tachándole de «escritor francés».21 En Yan, la Academia reconocía a un ciudadano chino pero a un ciudadano con una controvertida política, un material satírico y una filosofía personal individualista del agrado de las sensibilidades occidentales. No obstante, la Academia ha demostrado que en ocasiones puede abandonar su zona ideológica de confort para galardonar a autores, cuyos planteamientos políticos le resultan perturbadores. En la biografía de Saramago leemos que se afilió al Partido Comunista, pero rápidamente se nos asegura que cuando se hablaba de su afiliación revolucionaria, Saramago «siempre ha adoptado una posición crítica».22

AUTOBIOGRAFÍA Y ALUSIONES

De los veinticinco galardonados que estamos considerando, en quince de ellos la Academia acentúa la naturaleza autobiográfica de su obra. Quizá, en la misma línea que el sufrimiento que envuelve las raíces humildes y las actividades disidentes de sus galardonados, la Academia puede justificar más fácilmente sus elecciones cuando un galardonado ha pagado un doloroso precio personal, que está explícitamente recogido en su obra. Incluso cuando los acontecimientos descritos en la obra de un escritor no son reales, la Academia los encuadrará de algún modo como autobiográficos. Así lo hace con Kertész, explicando que su obra «está basada en sus experiencias», mientras nos advierte que «sin embargo, esto no significa que [la obra] sea autobiográfica en un sentido simple». La Academia también repite la afirmación de Modiano de que su «memoria precede a su nacimiento » y habla de sus novelas ambientadas en la ocupación de Francia durante la guerra, antes de que el propio Modiano hubiera nacido, como «autobiografía mezclada con ficción».23 Como en otras áreas, vemos cómo la Academia llega a ampliar la utilización de sus términos clave, ideales, a situaciones donde una estricta interpretación —«un sentido común»— de esos significados puede no encajar. Esto añade credibilidad al argumento de que la romántica figura ideal de un galardonado con el Premio Nobel está construida no solo por los escritores que llegan como ejemplos de esa figura, sino por la propia Academia cuando adapta las caracterizaciones de sus galardonados para que encajen con ideales preexistentes.

En el periodo en cuestión, todos los galardonados menos dos cuentan en sus biografías y presentaciones con referencias a otros artistas. Estos otros artistas pueden mencionarse por haber tenido una influencia o por su semejanza con la obra del galardonado. Varios escritores están nombrados más de una vez. William Faulkner es el que aparece más a menudo, con Thomas Mann, Joseph Brodsky, Edgar Allan Poe, Dante y Homero empatando en el segundo puesto. De las docenas de influencias literarias mencionadas por la Academia durante el periodo posterior a la Guerra Fría, todas menos una son occidentales (la excepción es R. K. Narayan, reconocido como una influencia importante para Naipaul). Además, cuando la Academia menciona la relevancia de la literatura y las tradiciones orientales, abandona su práctica de reunir listas de nombres de individuos y regresa a categorías generales. Por ejemplo, los comentarios sobre Gao incluyen amplias referencias al taoísmo y al confucionismo como venerables ideologías antiguas, nunca en términos de escritores o pensadores taoístas o confucianos. Del mismo modo, de Yan se dice que su obra «encuentra un punto de partida en la antigua literatura china», pero no se hace ninguna mención de autores, textos o relatos trasmitidos oralmente. El modelo se mantiene cuando los escritores en cuestión proceden de la tradición occidental, pero han ganado audiencia en el Este. Al hablar de Tranströmer, la Academia le alaba como «uno de los escasos escritores suecos con influencia en la literatura mundial». Cita a Joseph Brodsky como admirador suyo y continúa hablando en un impreciso plural sobre el papel de Tranströmer como modelo «entre los poetas chinos» sin mencionar a ninguno de ellos.24 Con independencia de todo ello, tal actitud representa una oportunidad perdida para la Academia sueca cuyo mandato es apoyar a la literatura mundial al margen de la nacionalidad. Al poner de relieve las influencias no occidentales, la Academia podría haber mostrado que estaba dispuesta a considerar a todas las culturas iguales y similarmente valiosas. Dedicar tiempo y recursos a desvelar, por ejemplo, «la tradición mística del Este» presente en la obra de Pamuk sería una demostración más convincente de la perspectiva del mundo del comité del Premio que cualquier cosa que la Academia pueda repetir sobre la voluntad de Nobel.

MULTILINGÜISMO

Como ha señalado Georg Brandes, los escritores de diferentes países y lenguas ocupan posiciones enormemente diferentes por lo que se refiere a sus oportunidades de adquirir fama mundial o incluso un moderado grado de reconocimiento. 25 ¿Hasta qué punto se espera que los galardonados con el Nobel muestren su relevancia para la literatura mundial mediante el dominio de diferentes idiomas? Además, los escritores anglófonos que trabajan en lo que puede considerarse la lingua franca de la literatura mundial, ¿cumplen el mismo criterio que el resto? Si el Premio Nobel es, como Casanova lo ha descrito, «un laboratorio para la designación y definición de lo que es universal en la literatura», cualquier diferencia puede servir para fortalecer la hegemonía del inglés en lo que ya es, al margen del modelo de literatura mundial que uno prefiera, un desigual panorama literario global.

Como hemos visto, de los veinticinco galardonados que hemos considerado aquí, nueve escribían en inglés, mientras que el alemán ocupaba el segundo puesto, siendo utilizado por cuatro de ellos. El francés aparece dos veces, como el chino. El sueco, ruso, italiano, español, portugués, turco, polaco y japonés solo aparecen una vez. Entre los galardonados hay diez a los que se les identifica como multilingües, verdaderamente cualificados y con experiencia en la traducción. Los quince restantes —una mayoría— fueron condecorados por la Academia a pesar de no escribir en varios idiomas. Utilizar el estatus de traductor para evaluar la influencia de la hegemonía del inglés es algo claramente complicado, especialmente con un conjunto de datos tan pequeño como este. Sin embargo, la composición de este subconjunto de diez traductores-galardonados resulta significativa. De los diez, solamente Coetzee y Heaney escriben principalmente en inglés; Coetzee traduce holandés y afrikáans, Heaney griego clásico. Tres de los cuatro galardonados alemanes están reconocidos por la Academia como traductores, y todos los traductores galardonados exceptuando a Coetzee viven en Europa. Gao, nativo de China que ahora vive en Francia, es el único premiado procedente del Este de Asia que trabaja como traductor.

En conjunto, la mitad (50 por 100) de los galardonados no anglófonos han sido traductores, a diferencia de solamente el 22 por 100 de aquellos que escriben en inglés. Estos últimos pueden, como ha señalado Stephen Owen, «trabajar con una despreocupada confianza respecto a la idoneidad universal de [su] comunidad lingüística» y de sus habitualmente limitados conocimientos de otros idiomas.26 Las diferencias se acentúan más cuando se considera el género de los galardonados. Ninguna de las tres mujeres de habla inglesa traducen, aunque tres de sus cuatro contrapartidas de habla no inglesa sí lo hacen (pero menos de la mitad de los varones galardonados de habla no inglesa). ¿Es posible que las mujeres de habla no inglesa deban realzar su atractivo ante la Academia sueca trabajando en múltiples idiomas? Nuestros datos son demasiado escasos como para poder contestar.

CONCLUSIÓN

A partir del análisis realizado, el galardonado con el Premio Nobel de Literatura típico durante el periodo posterior a la Guerra Fría es un novelista varón, que trabaja en un idioma de la familia anglo-alemana. Es étnicamente europeo y probablemente viva en ese continente. Es una persona que asume riesgos, individualista, la clase adecuada de rebelde. Ha adquirido relevancia internacional desde raíces humildes (o por lo menos ordinarias). Su obra ha tenido influencias, o se puede comparar, con la de renombrados artistas occidentales; si también muestra influencias no occidentales, estas influencias no se especificarán. Su arte se inspira en acontecimientos de su propia vida. Probablemente no sea un traductor. Estas constataciones parecen reafirmar las advertencias de Casanova sobre una «unificación en curso del espacio literario» dentro del «laboratorio» del Premio Nobel de Literatura.27 Aunque la Academia sueca está dispuesta a arriesgarse en cuanto a las variaciones de forma —suscitando la indignación al otorgar el Premio a un compositor de canciones—, su permanente preferencia por tipos de historias y temas estándar, no solo en la obra de los escritores y escritoras que consagra, sino también en sus vidas, puede percibirse en sus declaraciones oficiales y en los comentarios de los premios.

Desde luego, los ideales declarados de la Academia siguen siendo la apertura y la divergencia. En una breve sesión de preguntas y respuestas en 2013, se preguntó a Peter Englund, en aquel momento secretario permanente de la Academia: «¿Cómo se encuentran autores merecedores del Premio Nobel de Literatura?». Englund respondió: «No es tan difícil encontrar candidatos que lo merezcan. Hay muchos: el mundo es muy grande […] lo difícil es seleccionar quién lo obtendrá».28 Parece que es más fácil elegir «a los mejores del mundo» si el campo se limita en gran medida a aquellos que cumplen los tropos de la Academia de artistas luchadores que se rebelan contra regímenes que no agradan a esta, que escriben sobre su propia experiencia con inferidas referencias al canon occidental, que son un ejemplo de cosmopolitismo y que favorecen el individualismo frente al colectivismo. Como señala Casanova, la circulación del capital cultural a través del espacio literario mundial habría que entenderla no simplemente como un proceso de «pacificación » posnacional —«la progresiva normalización y estandarización de temas, formas, lenguajes y tipos de historias a escala planetaria»—, sino como una serie de «colisiones », «luchas, rivalidades y contiendas sobre la propia literatura ».29

 

*Artículo de la escritora y periodista canadiense, publicado en New Left Review, No. 104, Segunda Época, mayo-junio, 2017.

1 Pascale Casanova, «Literature as a World», NLR 31, enero-febrero de 2005, p. 74; ed. cast.: «La literatura como mundo», NLR 31, marzoabril de 2005.

2 Los procesos formales del Premio Nobel de Literatura son bien conocidos. Cada otoño los cuatro o cinco miembros del Comité del Nobel de la Academia sueca invitan a cerca de setecientos «expertos» —especialistas en literatura, presidentes de organizaciones de escritores— para que realicen las nominaciones de las que el Comité elige una lista más reducida que será considerada por la Academia, un órgano de dieciocho escritores y académicos que es el que otorga el premio de un millón de dólares.

3 Stephen Owen, «Stepping Forward and Back: Issues and Possibilities for “World” Poetry», Modern Philology, vol. 100, núm. 4, 2003, p. 534.

4 Gisele Sapiro, «Globalization and Cultural Diversity in the Book Market », Poetics, vol. 38, núm. 4, 2010.

5 Las referencias sobre Nobel se encuentran en «Alfred Nobel’s Will», Nobelprize. org. 2017, a partir de ahora PN; las declaraciones de la Academia en PN, «Coetzee, Award». A partir de ahora referencias similares se recogen como «Award» y «Bio».

6 Benedict Anderson, «The Unrewarded: Notes on the Nobel Prize for Literature», NLR 80, marzo-abril de 2013; ed. cast.: «Los no condecorados », NLR 80, mayo-junio de 2013.

7 Los comentarios se presentaban originalmente en sueco. Utilicé las versiones en inglés de la propia Academia en su página web oficial. Dado que el material recogido ocupaba solamente cincuenta y nueve páginas, el análisis fue realizado mediante mi propia lectura, sin la ayuda de ningún software. Debido a ello pude tabular la aparición de variables incluso cuando su formulación no suponía la utilización directa de palabras clave.

8 Véase respectivamente: PN, «Naipaul, Bio»; «Walcott, Award»; «Alexievich, Award»; «Pamuk, Award»; «Yan, Award»; «Morrison, Award».

9 «Coetzee, Bio».

10 «Ōe, Bio» y «Ōe, Award».

11 «Gao, Award».

12 Para una crítica efectiva del mito del «siempre sofisticado migrante […] del autoexilio viajero» que celebra la Academia, véase Michael Chapman, «An Idea of Literature: South Africa, India, the West», English Studies in Africa, vol. 44, núm. 1, 2001, p. 55.

13 Véase respectivamente, «Vargas Llosa, Award»; «Le Clézio, Award»; «Naipaul, Bio».

14 Como anunciaba el traficante de armas, «Mi hogar está allí donde trabajo, y trabajo en todas partes» («Naipaul, Award»).

15 «Gao, Bio»; «Alexievich, Bio»; «Grass, Bio».

16 «Le Clézio, Award».

17 «Grass, Award».

18 «Szymborska, Award».

19 Respectivamente «Jelinek, Bio»; «Coetzee, Award».

20 «Kertész, Award».

21 Véase, «Gao, Award»; «Yan, Award». La reacción de Pekin al Nobel de Gao la recoge Julia Lovell, The Politics of Cultural Capital: China’s Quest for a Nobel Prize in Literature, Honolulu, 2006, p. 1.

22 «Saramago, Bio».

23 «Kertész, Bio»; «Modiano, Award».

24 «Tranströmer, Award».

25 Georg Brandes, «World Literature (1899)», en David Damrosch et al. (eds.), Princeton Sourcebook in Comparative Literature, Princeton (nj), 2009, p. 63.

26 S. Owen, «Stepping Forward and Back», cit., p. 533.

27 P. Casanova, «Literature as a World», cit., p. 74.

28 PN, «15 Questions».

29 P. Casanova, «Literature as a World», cit., p. 74.