Régimen de afectos.

Nara Mansur

Uno de los libros de poesía más notables, a nuestro juicio, que se presentaron en la Feria Internacional del Libro de este año en La Habana, es Régimen de afectos de Nara Mansur, algunos de cuyos textos ahora reproducimos. Los poemas de esta escritora cubana poseen una singular creatividad que sin duda seducirá a sus lectores. Señala su editora Jamila Medina Ríos que «revelan una preocupación (cívica, emotiva y erótica) por el cuerpo, la decadencia y la memoria, por la urbe y sus ciudadanos, por la Historia y las historias mínimas de la cotidianeidad». Nara Mansur (La Habana, 1969). Escritora, crítica y dramaturga. Ha publicado los poemarios Mañana es cuando estoy despierta, Un ejercicio al aire libre y Manualidades, y ha reunido en Desdramatizándome cuatro de sus textos teatrales. Ha obtenido importantes premios como el Nacional de Poesía Nicolás Guillén, el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar y el Premio de la Crítica Literaria.

 

EN LA RAYA
Que me mantuviera en la raya
con cuidado de no desear más de la cuenta,
con cuidado de no confundir utopía con
fría acumulación
de zapatos, por ejemplo.
¡Ay!,
pero que magníficas sandalias rojas y
ballerinas
y qué tacos agujas y boquitas de pescado.
(Y se reía).
Que no me olvidara de la sonrisa
inalcanzable y del cuello
erguido de la bailarina, del sacrificio que
me daba la paz
del sueño fácil, de la begonias florecidas
del portal.
Que le dijera si había visto a alguien
esperando con la cara
demasiado triste como para imaginar la
hambruna
o la violencia
o las ganas desaforadas de comprar
o las de salir del camastro desaforados los
dos.
Que no dejase escapar los fugaces
momentos de felicidad,
Los besos principalmente, ser uno mismo
Y otros cuando los besas,
(no decir mas: «Ni esta boca es mía»
o «Esta boca es mía»).
«No son ruinas» —le digo-, es mi boca
abierta, mi parque,
algo necesario para mostrar algo después
del sacrificio,
algo como un lúcido espejo que te habla
sin parar
y te dice algo,
algo de todos nosotros, de nuestros
errores el aliento.
Consagrados a la espera nosotros, pero
con un amor
y un desacato cómplice, combativo e
inútil, ustedes.
Y llega la hora de encender el fuego y
poner la cazuela
con el arroz, el pollo y todo lo que
encontraste
tirado en el pasto
y también en aquel beso detrás de los
árboles.
Y llega la hora
y nos servimos en un plato hondo de
cerámica
y buscamos los ojos y las bocas, la sal,
los cubiertos buscamos:
el hambre del vecino, el hambre en
el plato del otro,
del extranjero principalmente.
Con cierta euforia contenida nos
servimos,
con cierta cobardía.

 

CAMBIO CLIMÁTICO
El mar entró como lava y cuchilla y se lleva
las pocas flores que los jardineros
supieron cultivar
estos últimos años. Postales con nombre
mal escritos
también fueron encontradas entre tanto
coral y mangle.
Un teatro incendiado abre sus puertas a
todos los sin techo ahora mismo;
Un hambre descomunal traga espigas de
muerte
por sus escaleras.
¿Y tus deseos?
Todos los deseos de tu padre y de tus tíos
se concentran ahora en ti:
los deseos de tantos varones por besar y
por abrir
latas de sardina, cajas fuertes, nudos de
corbata
y marineros
guardados con celos durante cuarenta
años.
Beso es un nombre de varón, ese es tu
deseo,
ese es mi deseo.
Pensé en los olores y los papeles que
atesoran
un aceite esencial
en el fondo del mar, en el azul inmenso
que nos devora.
«¿Sardinas o ballenas?» -me dije-, ¡un
sol atardeciendo!,
todos restos, huellas. No importa que no
sean tan claros.
Me atravieso con mi propio abrelatas sin
cortarme
y escribo mi nombre yo también;
estoy blindada / soy una heroína ahora
(risas y más risas),
una mujer debilucha con ganas de tirar el
anzuelo,
de hacerse a la mar con sus postales
chorreantes,
¡Soy, soy, soy!
Ay, el mar me quema, se desentiende de
mí el mar.
Una casa para vivir juntos -eso
queríamos-,
una lluvia salvadora.
Una casa que nos mire a la cara, un azul
inmenso
sobre el papel,
una casa que no nos trague en la primera
zambullida.

 

BONUS TRACK
Hemos estado esperando este año una
gratificación
algo que nos devuelva algo a cambio de
algo
algo que sigue siendo el estoicismo
mejorado
algo por cada portazo, por cada libra de
leche subterránea.
El te quiero porque te quiero —dicen
desde la casa de enfrente:
coquito con mortadella, pan con guayaba,
raspadura,
limonada, tartaletas, pastelitos y todas
esas cosas dulces y saladas
-dicen desde la casa de enfrente.

Hemos estado esperando todo este tiempo
que no nos hundan el colmillo los vecinos
y un mejor abrazo del padre de familia y
del hermano;
he estado esperando -yo
particularmente que
el café no me haga daño,
que me empiece a gustar el agua y la
cebada perlada,
y no comer a los apurones la bandeja de
aluminio entera.
Estos últimos regalos nos colorean los
cachetes
y se pueden mirar a lo lejos la fiesta de los
que saben bailar
y engullirnos de sus talentos, de su
alegría.
Y entonces, un día con mucha luz,
con un sol tan brillante como aburrido,
la peor de las noticias, la carta más negra
de todas,
la que dispusiste sobre la mesa sin
jugadores:
escurridos los deseos, inundadas las
casas,
te quedas solo
con todos los pasaportes y el mar de las
bellas postales,
las palmas
de mi patria dolorida.
Otra vez será la bonificación por la espera
La concordia señalada, el espíritu y no la
materia,
algo
algo, algo, alguien se enamora y se olvida
y se queda otra vez esperando.

 

ESCLAVOS DE LA PEPITAS DE ORO
Acá traigo jabones y espejos, desodorante,
una pócima contra los mosquitos, y la
sierra eléctrica
para cortar esta caoba y la Ceiba del
Templete.
Ah, no, mejor el machete y el diente de oro
o las cicatrices de los maestros voluntarios.
Voy a mostrar las marcas de la espalda,
el pus después del post, las marcas del
látigo,
los números enteros y el sabor dulce del
cañaveral,
el sí de la traductora niña, la del pacífico
esperanto.
Siento que no puedo robarme una astilla
de jabón
para lavarte, para lavarme la cara,
ni el oso de peluche que baila en el taxi
detrás del bache
pero las farmacias están abiertas, oh
suerte, y el edulcorante
hace el trabajo de miles de estudiantes y
voluntarios.
Solo hay que saberse bajar la línea a tierra,
respirar hondo,
dejar una moneda al conductor
y venerar alguna pequeña cosa
que nada signifique, que nada parezca
significar,
que no brille,
y así la compañía se puede volver más
sustanciosa y verdadera.
¿Por qué no miro alrededor las palmas
deliciosas,
que en medio del asfalto, las llanuras,
nacen del sol a la sonrisa de la patria y
crecen?
Crecen, crecen, crecen, crecen, crecen,
crecen, crecen,
crecen
Las palmas deliciosas, las cosas deliciosas.