RECONOCIMIENTOS Y ANTI-HOMENAJES EN MI 75 CUMPLEAÑOS

 

Domingo Alfonso

Escrito en el «Eclesiastés» (1:2): «Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo vanidad». La palabra vanidad: Calidad de vano || Palabra inútil o vana || Ilusión de la fantasía.1 En sus distintas acepciones describe una «enfermedad» común a muchos poetas y escritores: la necesidad de ser aplaudidos, halagados y premiados. Gente de letras (amigos míos inclusive) resultan insoportablemente vanidosos. Desde la más tierna infancia nos acostumbraron (y nos acostumbramos) a pregonar y compartir con los demás todo lo bueno que hacemos.

En todo nuestro accionar: al escribir, realizar lecturas, enseñar cuanto sabemos, entiendo necesaria cierta «contención », porque los Evangelios nos advierten en San Mateo, capítulo 23: 6. «Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas»; 7. «Y las salutaciones en las plazas». San Agustín, hablando de acciones reprensibles que cometió en épocas muy tempranas de su vida decía: «Pero ¿cómo yo tenía mi deleite y gusto en no ejecutarlo solo?, ¿será acaso porque ninguno a solas se ríe con gusto ni facilidad?».2

Así los poetas y escritores, escribimos a solas,3 pero necesitamos del público: recibir de sus corazones cariño y estimación. Virgilio Piñera ha escrito: «Manifiéstelo o no, todo escritor aspira al reconocimiento».4

Durante el año 2010 y parte del 2011, en ocasión de cumplir 75 años recibí la estimación de amigos o instituciones de la cultura -los onomásticos se celebran en fechas cerradas, múltiplos de 5 o de 10—. Me dije: todavía estoy en el mundo de los seres vivos. (No lejos de traspasar la puerta que conduce al olvido interminable). Los honores vienen pues, de la mano: identificados con la importancia de la obra o con la distinción social de que disfrutan sus autores.

Alguien me contó que un ministro —durante largos años dijo una vez: «que lo que no aparece en televisión no existe». Extrapolando este —al parecer axioma de estos tiempos— a mi caso particular, quien no ha obtenido ningún premio, ninguna mención; puedo pensarme como alguien próximo a lo invisible. Poeta sin premios: persona de humo. (Aunque por suerte he tenido lectores).

La fecha de mi venida al mundo fue un acontecimiento sin relevancia (pasó por debajo de la mesa) en espacios relacionados de algún modo con mi vida o mis escritos. Ni en el pueblo donde vine a este mundo (Jovellanos), ni en mi provincia natal (Matanzas) fui recordado en esa ocasión. A esto contribuyó, la ausencia del país de mi amiga María Cristina Sotomayor (exdirectora de la Biblioteca Pública de Jovellanos, muy amable siempre para conmigo) de misión internacionalista por aquellos días, en Venezuela. Años después, en el 2012, fui nombrado presidente de los XI Juegos Florales del tercer milenio en la ciudad del San Juan y el Yumurí. Llegando a este punto debo detenerme y preguntar, si en 1955 o 56, a mis 20 o 21 años, cuando comencé a emborronar poemas tendría como motivación ser «homenajeado» o recibir distinciones destinadas para otras personas. El mejor estímulo es la real satisfacción por la obra realizada. Siendo individuos en sociedad, la lisonja, halago o rechazo viene de otros y podrá coincidir o no con nuestra apreciación. ¿Pero cuántos dejaríamos de escribir, aun si todos los criterios y opiniones sobre lo que hacemos fueran desfavorables?

Las dudas aumentan cuando cobran importancia los elementos extra-literarios, decidiendo al final desde los reconocimientos, premios, y las palmadas en el hombro, hasta la cortina de silencio sobre obras o la invisibilización de determinados autores. Entonces: La fuerza motriz que nos motive será la satisfacción interior al enfrentar lo que escribimos.

Mis buenos amigos Caridad Atencio, Norberto Codina, Rito Ramón Aroche, Carlos Martí, no olvidaron la felicitación. En el Centro Cultural Dulce María Loynaz (dirigido por el poeta Edel Morales) realizaron un sencillo homenaje, el cual, no por «colectivo» resultó menos digno de agradecimiento. Finalmente en la propia Asociación de Escritores de la UNEAC tuvo efecto una muestra de afecto (organizada por el poeta Alex Pausides) en la Sala Martínez Villena, el 21 de abril (Día Mundial de la Poesía), con un panel formado por mi amiga Caridad Atencio, el admirado ensayista y crítico Enrique Saínz y la compañía de estimados amigos. El poeta colombiano Fernando Rendón, su hijo Luis Eduardo, junto con el colectivo de dirección de la revista Prometeo me invitaron al XX Festival Internacional de Poesía de Medellín (año 2010).

La Presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay, tuvo la gentileza de incluirme, junto con otros escritores y personalidades de la cultura en su recorrido por tres provincias (Villa Clara, Cienfuegos y La Habana) en el marco de la Feria Internacional del Libro del año 2011.

El 17 de junio de 2010, acudí a la Casa de la Poesía a festejar el 50 cumpleaños de amigos poetas (el anciano de 75 años en la fiesta de los «jóvenes» de 50): Rito Ramón Aroche, Ismael González Castañer, Edel Morales, miembros de la llamada «Generación de los años 90». Me sucedieron varias cosas: Terminado el acto, en rápida sucesión de anti-homenajes, el poeta X me contó como rescató un libro mío de «la basura» (aunque no pudo darme el nombre de ese volumen, imagino sea Esta aventura de vivir,5 mi primera antología poética, editada en 1987, a mis 52 años). NN (a quien considero amigo, poeta excelente él mismo, y quien en el pasado escribió palabras elogiosas sobre mi poesía) me dijo sin ambages esa tarde (en más de una ocasión y con creciente convicción), que para él (NN): Rafael Alcides Pérez es su poeta favorito y el único (lo entendí así) de la Generación de los años 50.6

Otro de los anti-homenajes me llegó en las palabras del poeta Y, el cual encontró en el baño de su casa una revista literaria de su propiedad (La Gaceta de Cuba de mayo 2003, donde aparece una entrevista que me realizó el poeta Carlos Zamora) convertida en papel higiénico por sus parientes, hecho que lo molestó. Estos incidentes (bordeando lo risible), me hace comprender: no todos gustan de mi poesía y en ciertos casos puede existir hasta el rechazo.7 Resulta frustrante conocer que existen sujetos que lanzan un libro de poemas, escrito con amor, al latón de desperdicios, como un desecho más. Comprendo la amarga y desoladora visión de Ezra Pound suponiendo para sí unos 17 lectores en su futuro.

Todo lo anterior (con su dosis de humorismo) me refuerza en esta conclusión: en el acto de escribir, el poema es el premio mayor y único.8 En la medida que nuestro espíritu, ángeles, sensibilidad, lecturas, imaginación; poca, mucha o mediana inteligencia; el dominio del idioma; la fidelidad a la vida; tiempo, gente, nación y circunstancia nos permitan trasladar a ese poema la magia de lo intangible. Quiero copiar estas palabras escritas por el joven Marcelo Morales en su prólogo a una Antología9 compilada por él mismo para su tío Roberto Branly: «Buscamos el oro del tiempo, pensé, la poesía, al igual que el amor, pareciera ser un cofre vacío».

En el extremo opuesto, digo, está el hermoso artículo que mi amiga Caridad Atencio me dedicó (al cumplir 75 años), la cual, a lo largo de muchos años me ha conmovido con textos llenos de afecto e inteligencia. A ella dedico este escrito, el cual, de alguna forma me sirve de recordación: los pequeños hechos (historias minúsculas) nos alertan, a quienes escogimos esta senda, que el viaje emprendido hacia la Poesía (donde ponemos todo el amor, rigor y entrega de que somos capaces) pisaremos (algunos) un sendero donde el olvido y las reducciones a cero pueden ser moneda corriente. Donde junto con flores y alegrías pueden estar presentes también piedras y espinas, pequeñas o mayores, sucesos molestos, hirientes, y desengaños, más o menos grandes. Porque la satisfacción tal vez resida (como decían Lezama y José Ángel Buesa)10 y 11 en el acto de lanzar la flecha más bien que en la convicción de dar en el blanco.

 

Marianao.

11 de septiembre de 2011-abril 20 de 2013

 

1 Enciclopedia Concisa Ilustrada La Fuente, Editorial Ramón Sopena S.A., Barcelona, España, 1964.

2 San Agustín. Confesiones, Colección Austral, décimocuarta edición, Impreso en México, 1989, p. 52.

3 La soledad es esencial para el poeta: en ella solo pueden producirse los frutos de su genio; pero su obra requiere el contacto con la vida, un público que la reciba; «el arte es comunicación». Camila Henríquez Ureña. «Introducción», en Johann W. Goethe. Fausto, Biblioteca de Literatura Universal, Editorial Arte y Literatura, Ciudad de La Habana, 1980, p. 22.

4 Virgilio Piñera. «Opciones de Lezama» (1970), en Órbita de Virgilio Piñera, Ediciones UNIÓN, Selección y prólogo de David Leyva, La Habana, 2011, p. 235.

5 Ayer, durante una lectura de poemas del poeta Bladimir Zamora, me encontré con X. Me mostró mi libro, salvado por él; en efecto: Esta aventura de vivir. Habiendo perdido su portada original estaba cubierto por una piadosa cubierta plástica de color carmelita. En una de sus páginas iniciales (a la manera de Nicolás Guillén) dibujé una palma estilizada.

6 Este poeta (NN) y buen amigo mío (debo repetirlo) me señaló una vez que durante sus estudios en la desaparecida Unión Soviética, tenía uno de mis libros, Poemas del hombre común (1964), como lectura de cabecera, el cual (según él mismo) le ayudó en su camino de reafirmación poética.

7 Todo esto me recuerda un pasado ya lejano, en 1980, a raíz de regalar uno de mis cuadernos Libro de buen humor a una compañera de trabajo, esta reaccionó indignada enviando una carta a Roberto Fernández Retamar en la cual se quejaba de la publicación de libros «como el mío». Para mi suerte, RFR le dirigió a esta dama una carta (la cual conservo) muy elogiosa sobre mi escritura. Del mismo modo, uno de los jurados del Premio de la Crítica Literaria (año 1998) expresó su desacuerdo con mi libro Vida que es angustia, porque contiene varias veces la palabra nalgas. Punto que trae a mi memoria la última conversación sostenida con Fayad Jamís (en una de las esquinas de la Plaza Vieja, en los días en que organizaba su exposición «Fayad sí tiene quien le escriba») cuando me contó que el traductor ruso Pavel Grushkov (muy amigo de Cuba) no pudo publicar mi poema «Después del Amor» debido a criterios (parecidos) de los censores de aquellos años en la desaparecida Unión Soviética.

8 «Quien se esfuerza y lucha, aunque se extravíe, encuentra en la lucha misma la salvación». Johann W. Goethe. Ob. cit., p. 40.

9 Como un huésped en la noche, antología de Roberto Branly, con prólogos de Lina de Feria y Marcelo Morales, Editorial Letras Cubanas, 2010, La Habana, Cuba, p. 12.

10 «A mí nunca me ha interesado publicar, sino hacer, como aquel noble inglés que escribía sus poemas en papel de cigarrillos y después se los fumaba, y exclamaba: Lo interesante es crearlos». José Lezama Lima. Diarios. Compilación y notas Ciro Bianchi Ross, Ediciones UNIÓN, 2010, Ciudad de La Habana, Cuba, p. 134.

11 Los siguientes versos de José Ángel Buesa (donde el autor expresa su desdén ante la frustración de no dar en el blanco, compensada con el placer de tender su arco): Después de un largo bostezo tiendo mi arco,/ y no me importa si se pierde la flecha. Poema de JAB: «Lector de este libro incoherente», Lamentaciones de Proteo, 1947. Y la observación del poeta colombiano Umberto Senegal sobre el poema «Ítaca» de Constantino Kavafis: «Es revelación del encanto de la lentitud. La negación de toda prisa que impida disfrutar el viaje»... No hay obsesión por llegar a una meta y, por su causa, perderse el espectáculo del mundo». en el Ensayo 3, Cuadernos Negros Editorial, Fundación Pundarika, Colombia.