Alejo Carpentier en su búsqueda del génesis amerindio y africano

Emilio Jorge Rodríguez

Muchos […] ejemplos pueden ayudarnos a entender el constante afán de Carpentier por estar actualizado en lo concerniente a la cultura y los problemas caribeños. Pudiéramos mencionar sus reseñas de libros de Pierre y Philippe Thoby-Marcelin, Lydia Cabrera, e Isabel Aretz, y sus comentarios a la intervención de Aimé Césaire en el Congreso de Escritores Negros celebrado en París en 1956; sus descripciones de los altares del poblado habanero de Regla y de las islas Guadalupe y Barbados; su crónica sobre los huracanes antillanos, donde exclama: "El ciclón antillano habría de merecer, también, los honores de una mitología", su comparación entre la lotería popular de Valera, el "Juego de los Bichos" de Brasil y la "Charada China" de Cuba; su incursión crítica en las letras de las guarachas antillanas de la década del cincuenta y sobre la manera de desvirtuar este género y la rumba al introducirlos en el cabaret como un espectáculo de doble sentido así como su "aterradora pobreza de invención en las palabras y en la música"; el Panorama del arte haitiano, donde se aproxima de forma reticente al término "primitivo"; sus "Nuevas luces sobre el vodú"; el comentario sobre las steel bands de Barbados y Trinidad Tobago, las que poseen, según él, "una suavidad, un timbre asordinado y fino, que les comunica una extraordinaria musicalidad"; la crónica denominada "Un teatro popular", que describe una controversia entre calypsoneros y analiza sus calidades musicales, pero cuyo preámbulo demuestra un aguzado sentido de la observación y un inigualable humor criollo; así como las reminiscencias que le traen las lecturas de Saint-John Perse de su propia experiencia en el ámbito caribeño.

Su peculiar relación con la historia y la cultura haitiana, se puede constatar a lo largo de su producción. Si bien aparecen indicios de la atracción que la vecina nación le producía en un artículo de 1931,1 es su viaje a Haití en 1943, junto al actor francés Louis Jouvet y su compañía teatral, lo que intensificó su entusiasmo. Visitó en esa ocasión monumentos históricos como la Citadelle La Ferrière y Sans Souci, así como la ciudad de Cap Haïtien; estrechó vínculos con miembros de la intelectualidad haitiana e impartió la conferencia titulada "L'évolution culturelle de l'Amérique Latine", en el Teatro Paramount, en Port-au-Prince, la cual sería publicada en Haïti-Journal, y poco después reproducida en la revista martiniqueña Tropiques dirigida por Aimé Césaire.2 En esa conferencia proclamaba: "[...] la pasión es la característica fundamental del hombre de nuestro continente. El suramericano, hombre apasionado, generalmente actúa antes de reflexionar sobre las consecuencias de sus actos. Es la pasión lo que lo impulsa a la acción; es en la pasión donde encuentra su primera fuente de vitalidad".3

Un conjunto de trabajos periodísticos diseminados en el tiempo, demuestran cómo Alejo Carpentier sigue de cerca el acontecer cultural haitiano. Poco después de su visita al país, al fallecer Jacques Roumain en 1944, publica un artículo donde señala la importancia de ese etnólogo y literato.4 En lo adelante, principalmente en su columna diaria titulada "Letra y Solfa", en El Nacional de Caracas, escribirá diversos artículos, entre ellos reseñas a libros como El lápiz de Dios de Pierre y Philippe-Thoby Marcelin5 y el poemario À fonds perdus de Philippe Thoby-Marcelin, cuya lectura lo llevó a afirmar:

Este tomo nos permite medir, además, todo lo que ha avanzado la expresión poética haitiana desde hace diez años. Después de haber rebasado un cierto parnasianismo debido al uso de un francés muy puro; después de haber dejado atrás un tránsito de pintoresquismo local, los autores como Magloire Saint-Aude y Philippe Thoby-Marcelin trabajan una materia que tiende a hacerse cada vez más original.6

Con posterioridad, en su comentario en torno al volumen Panorama del arte haitiano, del mismo autor, se aproximará de forma reticente al término "primitivo" para caracterizar cierto sector de la producción pictórica haitiana.7

Pero vale la pena penetrar en algunos de estos textos para demostrar lo avanzado de la óptica carpenteriana al someter a confrontación el universo cultural hispanoamericano y caribeño, y la necesidad de buscar vías de integración que tuvieran un alcance mayor que el feliz desarrollo de su obra narrativa. En 1951 publica el artículo "Miremos hacia Haití". Allí ofrece un comentario sobre la riqueza literaria y etnográfica de ese país, donde encontramos la "coexistencia [...] de lo que podríamos llamar un lenguaje culto y un lenguaje popular".8 Explica además cómo los intelectuales haitianos, marginados de las corrientes ideológicas hispanoamericanas por la cuestión del idioma, ofrecen un ejemplo de fructífera tenacidad en todas las disciplinas, lo que los conduce a una honda conciencia de sí mismos, y a cuanto pueda caracterizarlos históricamente como pueblo con fisonomía propia. En ese mismo texto, Carpentier reclama la necesidad imperiosa de tomar en cuenta la novela haitiana cuando se trace un panorama de la literatura en Hispanoamérica.

Poco después, el autor cubano publicará otro artículo para reseñar la puesta en escena de la Antígona en créole, realizada por Félix Morisseau-Leroy (1912-1998).9 Con ese drama en créole y el poemario Diacoute (1951), Morisseau-Leroy iniciaba una importante transformación en su carrera literaria, y hoy se le reconoce como una de las personalidades más destacadas de la literatura créole haitiana. Carpentier detectó la importancia de este hecho cuando muchos estudiosos franceses se empeñaban en ignorar la existencia de una tradición literaria créole en el Caribe; y cuando en el resto de la América Latina, debido al aislamiento cultural de la región, era un hecho forzosamente desconocido. El respeto con que asumió este experimento, aunque solo lo conocía por noticias provenientes de Haití y de "un gran semanario norte-americano" indican su capacidad para asimilar (y estimular) el desarrollo artístico y literario de los pueblos del Caribe como un proceso de creciente independencia con respecto a las culturas de las ex metrópolis.

Le apasiona extraordinariamente la forma en que algunos escritores como los Marcelin logran "una muy inteligente transposición a la lengua francesa" de los giros e inflexiones del créole, y les otorga el mérito "de haberse encarado con ciertas realidades [...] cuando eran vistas, en su país, con un criterio prejuiciado". Y continúa con la entrega de un ejemplo al que aplica su teoría americana:

Cuando comenzaron a escribir, sus mayores solían tratar con recelo –cuando no pretendían ignorarlas– ciertas creencias populares, como las que integran el cuerpo religioso del "vaudu", inseparable, en lo poético, en lo folklórico, en lo musical y coreográfico, de la vida rural haitiana. Por lo tanto, ese tema había caído demasiado a menudo [en manos] de autores extranjeros, incapaces de calar tales creencias en profundidad, que las revestían de falacias y atributos sensacionalistas, despojándolas de su fascinante trasfondo mítico -de su riqueza en elementos hechos para crear un clima real maravilloso...10

Con lo cual expresaba su celo hacia el tratamiento de los temas caribeños, y una especie de derecho vitalicio de autor hacia la poesía de los rituales mágico-religiosos, no apta para escritores foráneos.

Paralelamente, Carpentier seguía de cerca todo lo que se producía en materia etnográfica alrededor del vodú. Sus lecturas de Jean Price-Mars, Lorimer Denis, Jacques Roumain, Louis Maximilien, así como de Alfred Métraux se hacen transparentes en sus colaboraciones en la prensa venezolana.11

Pero será en el prólogo a su novela El reino de este mundo (publicado poco antes en El Nacional bajo el título "Lo real maravilloso de América")12 donde argumentará con mayor énfasis la riqueza que le atribuye a la nación haitiana, erigida como paradigma de una concepción de la América Latina y propiciadora de un método de novelar. Comienza allí por evocar las experiencias de su visita en 1943 –"después de sentir el nada mentido sortilegio de las tierras de Haití"–, para afirmar inmediatamente que "lo maravilloso invocado en el descreimiento –como lo hicieron los surrealistas durante tantos años– nunca fue sino una artimaña literaria", a lo cual contrapone su permanencia en Haití: "al hallarme en contacto cotidiano con algo que podríamos llamar lo real maravilloso".

Así, a partir del impacto que le produce ese viaje, se vio "llevado a acercar la maravillosa realidad recién vivida a la agotante pretensión de suscitar lo maravilloso que caracterizó ciertas literaturas europeas de estos últimos treinta años" hasta hallar una confluencia orgánica entre realidad y fantasía, mediante una magia sustentada en la fe y lo ritual, que narrará a través de los hechos extraordinarios de la lucha por la independencia nacional a lo largo de esa novela.

Según apunta acertadamente Roberto González Echevarría,13 la preparación de La música en Cuba14 había proporcionado un nuevo método de trabajo al novelista cubano a inicios de la década del cuarenta, cuando realizó una profusa lectura de obras históricas, entre ellas la Description de L'Isle de Saint-Domingue de Moreau de Saint-Mery, lo cual influyó en la gestación de El reino de este mundo, hecho que se puede observar también en textos posteriores a esa época como es el relato "Semejante a la noche",15 que contiene un pasaje con referencias al Santo Domingo colonial. Este método consistía en una investigación histórica minuciosa para la creación que el autor rehacía personalmente con la ayuda de diversas fuentes. A ello pudiéramos añadir que el método carpenteriano de imbricar el impacto del testimonio personal con la búsqueda bibliográfica definirá una disciplina profesional que conjuga la aprehensión directa del paisaje y los pobladores de la región circuncaribeña con el conocimiento de la historia y la cultura mediante la investigación, lo cual será factor común a muchas de sus obras. El primero de esos impactos, que repercutió profundamente en su sensibilidad creadora y en sus teorías sobre la novela latinoamericana, lo fue la mencionada visita a Haití de 1943.

Al igual que se ha señalado la misión de sus crónicas como "puente" de información entre la cultura europea y la latinoamericana, con esos artículos se muestra Carpentier como avanzada de una óptica nueva para establecer los nexos entre la cultura hispanoamericana y caribeña. En época más reciente, Carpentier escribiría otros textos mayores entre los cuales podemos señalar "El ángel de las maracas (Lo que la música moderna debe a América Latina)", El Correo de la UNESCO (1973); "Cómo el negro se volvió criollo (La huella de África en todo un continente)", El Correo de la UNESCO (1977), y "La cultura de los pueblos que habitan en el mar Caribe" (CARIFESTA'79, La Habana), que servirían a manera de compendio donde se afinarán y perfilarán las ideas anteriores, para buscar la necesaria confluencia cultural entre la América Latina y el Caribe, y se definirán sus concepciones sobre el aporte caribeño como conglomerado regional específico y como parte de un complejo mayor,  latinoamericano-caribeño.

Tomado de: Haití y la transcaribeñidad literaria, que la Editorial Arte y Literatura presentará en la XXI Feria Internacional del Libro, Cuba 2012.

1 Alejo Carpentier: "Leyes de África", Carteles, La Habana, 27 de diciembre, 1931, p. 46.

2 Alejo Carpentier: "L'évolution culturelle de l'Amérique Latine", Haïti-Journal, Port-au-Prince, 23 y 28 diciembre, 1943, pp. 1-2 y 1, 4; Cahiers d'Haïti, Port-au-Prince, janvier 1944; Tropiques, Fort-de-France, no. 12, janvier 1945, pp. 217-219. Véase también el comentario a la citada conferencia, bajo la firma P. R.: "La conférence de Alejo Carpentier", Haïti-Journal, 21 de diciembre, 1943, p. 4.

3 "[…] la passion est la caractéristique fondamentale de l'homme de notre continent. Le sud-américain, homme de passion agit généralement avant d'avoir réfléchi aux conséquences de son acte. C'est la passion qui le pousse à l'action; c'est dans la passion qu'il trouve la source première de sa vitalité".

4 Alejo Carpentier: "Jacques Roumain", Información, La Habana, 23 de agosto, 1944, p. 14.

5 Alejo Carpentier: "El lápiz de Dios", El Nacional, Caracas, 27 de mayo, 1953.

6 Alejo Carpentier: "Poemas haitianos", El Nacional, Caracas, 4 de agosto, 1954.

7 Alejo Carpentier: "Panorama del arte haitiano", El Nacional, Caracas, 8 de febrero, 1957.

8 Alejo Carpentier: "Miremos hacia Haití", El Nacional, Caracas, 12 de septiembre, 1951.

9 Alejo Carpentier: "Antígona en créole", El Nacional, Caracas, s/f, Colección Alejo Carpentier, Biblioteca Nacional José Martí.

10 Alejo Carpentier: "Philippe Thoby-Marcelin en Caracas", El Nacional, Caracas, 17 de marzo, 1954.

11 Alejo Carpentier: "Nuevas luces sobre el vodú", El Nacional, Caracas, 7 de agosto, 1957.

12 Alejo Carpentier: "Lo real maravilloso de América", El Nacional, Caracas, 8 de abril, 1948, p. 8.

13 Roberto González Echevarría: Alejo Carpentier: The Pilgrim at Home, Cornell University Press, Ithaca & London, 1977, p. 307. Otros textos donde se encuentran abundantes referencias a los vínculos de la obra de Alejo Carpentier con Haití, son: Salvador Arias (comp.): Recopilación de textos sobre Alejo Carpentier, Casa de las Américas, Serie Valoración Múltiple, Ciudad Habana, 1977, 585 pp.; Daniel-Henri Pageaux: "A. Carpentier devant Haïti: espaces culturels et construction romanesque dans Le Royaume de ce monde", en: A. Carpentier et son oeuvre, Cahier Sud série colloques, 1982, pp. 131-147; Daniel-Henri Pageaux, ed.: Images et mythes d'Haïti, Ed. L'Harmattan, Paris, 1984, p. 237.

14 Alejo Carpentier: La música en Cuba, Fondo de Cultura Económica, Colección Tierra Firme, no. 19, México, D. F., 1946. [Cf. Cap. VI: "Introducción de la contradanza"].

15 Alejo Carpentier: "Semejante a la noche", Orígenes, 9, no. 31, La Habana, 1952, pp. 3-11.