Requerimientos para alcanzar la invisibilidad
Rogelio Riverón
Un detective mediocre, detallista y nostálgico se complica con una ciberninfeta que anuncia el fin del mundo para dentro de catorce años. Un hombre al que todo le causa náuseas, y es capaz de pensamientos como este: "Al final los hechos ocurren como uno va recordándolos".
La idea de que lo importante es la memoria que tengamos de las cosas es cínica y a la vez filantrópica. Cínica porque se apresura a perdonar todo lo que no concuerde con una lógica lineal, narrativa; filantrópica porque garantiza haber sobrevivido a ciertas catástrofes. En Las nubes en el agua, la novela con que Alberto Garrandés ganó el premio Italo Calvino 2010, se insiste en un asunto peliagudo y hermoso, adyacente al anterior: la artificiosidad de lo real. Se postula con una claridad enfermiza que la realidad es en sí una división –o una suma, o una contraposición– de realidades, lo que la convierte en un asunto hipersensible, hiperideológico e individualista. O sea, que los personajes de Las nubes en el agua (Ediciones Unión, 2011) salen a escena a negociar la realidad, y de ese careo brota un texto como cuerda de arco: angustioso, irónico, devoto del miedo y de los ambientes pop.
En la poética de Garrandés no es difícil detectar una personalización de La Habana en la que se vuelve sobre lo onírico y lo cinematográfico. A propósito, sabemos que el asunto del body-horror, tan bien explotado en esta novela, es sobre todo cosa del cine: transformismo y viscosidad. En La Habana de Garrandés las cosas suelen ser tan artificiales que devienen realidad. Por otra parte, la angustia con que se constituyen las situaciones en las historias del habanero tiene a menudo en cuenta ese desvío: la realidad depende de la preparación del que la experimenta, lo que, gracias a una inteligente operación de lenguaje, disloca de paso la idea de lo temporal.
Trato de no contradecirme. Lo que he preferido llamar narratividad, linealidad de las historias tiende en textos de Garrandés a colocar las cosas en un tiempo impreciso, como si el ser sufriera de atemporalidad. O como si no importara el tiempo en determinados estadios del ser. Ciertos instrumentos de horror y de muerte de la marca Red Snake, hilan una serie de sucesos, de los que el agente Legumbre es reo antes que héroe. La infalible ninfeta Valaria conduce al detective por una Habana que mantiene su condición desolada, a pesar de lo común de algunos adelantos. En una Habana más bien viscosa, el desgraciado investigador de Las nubes en el agua tiene más de una ocasión de comprobar que las brechas entre los mundos paralelos de la realidad y la irrealidad son causa de tormento. Su miedo es, también, intelectual, porque así son los personajes más interesantes de Garrandés: se ríen temblando, como aspiraba Gogol de los suyos, y perciben mejor en la vecindad del desasosiego y la transgresión. La artificiosidad de lo real no consiste en percibir mal, sino antes bien en percibir en demasía. El mundo es tan agresivo cuanto seamos capaces de notar. Y es cada vez más un mundo expositivo: exige ampulosidad y un constante recuento. Curiosamente, alguien le sugiere a Legumbre que se guarezca en el lenguaje, pero con aquella realidad prefiere el detective no tener deudas. Él es más de la pintura, dialoga con sus copias memorables y tiene la fatalidad de que los sucesos más colosales de su existencia se desenvuelven en ambientes decorados como bajo la orden de Andy Warhol.
Un proceder neogótico con iluminación vivaz. Body-horror y colores chillones. Garrandés puede ser procaz por contraste, mientras carga con un hatajo de seres de mirar afligido y percepciones tremendistas, que afirman, entre otras lindezas, que antes el mundo era más sólido y lo real coincidía punto por punto con la realidad. ¿De modo que la artificiosidad de lo real tiene que ver con nuestra insuficiencia para percibir? ¿De modo que, como raza, nos vamos desgastando? ¿O todo debería ser menos expuesto a la ridícula presunción del nosotros, mientras se da por hecho que un asunto de tanta importancia se resuelve en soledad con los monstruos que a cada uno le fueren asignados? |