Margot, de 23 años, encuentra «una manera de revolver el tiempo». Según la descripción que de ella hace el agente Daniel —o Calvin, con quien Margot tiene relaciones equívocas, diálogos intensos y mucho sexo—, la muchacha es delgada, de cabello rojo, carece de religión, su ideología puede considerarse «en los parámetros» y es pareja de Mark, lisiado tras la guerra. Esos tres personajes y unas pocas locaciones —un bar, una habitación, una estación de trenes, una azotea en penumbras— le bastan a la autora para armar un mundo desbordado de imaginación, sensibilidad y deseo que, efectivamente, revuelve el tiempo, el espacio y la memoria en profundidad, hasta elaborar una visión renovadora, radical, en esa su búsqueda incesante de «un plan salvador», que nos libere a todos. 1987 es un texto duro, doloroso, desgarrado, peleador y bien resuelto, con una gran carga existencial, donde se mueven con destreza las palabras en función de construir una historia de alta intensidad dramática y lenguaje decantado, que nos habla del aquí y ahora, pero también explora el dilema de la felicidad humana y el sentido del arte en cualquier época y lugar.
a Japón hacia el militarismo fascista.
Muy elogiada por el Jurado del Premio Calendario 2013 que le concedió el galardón en el género teatro (Osvaldo Doimeadiós, Mario Guerra y Agnieska Hernández), GRETHEL DELGADO ALVAREZ(La Habana, 1987) suma con esta obra un éxito merecido a sus anteriores reconocimientos en el Premio David 2009 y el Premio Pinos Nuevos 2011, lo que nos permite celebrar en esta joven dramaturga el estar asistiendo a la presencia de una voz singular y auténtica de la nueva literatura cubana. La Letra del Escriba se complace en publicar un fragmento de 1987, obra en proceso de edición por la Casa Editora Abril para ser presentado en la FIL 2014. (EM)
Sábado
Margot, abrazada a La política, se acerca al borde de la azotea. Llueve ligeramente. Calvin aparece en la penumbra.
Margot: Está lloviendo. El día entero lloviendo, con tanta furia… He sido muy infeliz esta tarde. Subí a un ómnibus repleto de personas infelices, y miré a todas partes, entre los cuerpos apretados y sudorosos, en busca de una salida. Sentí pena por mí, por ellos, por los millones de seres infelices que viven junto a mí, metidos en los ómnibus, con sus miradas tristes, pegados a los cristales sucios, sin salida. A través de los bordes oxidados entraba la lluvia, y las personas, entumecidas, apenas percibían el agua. Por un momento pensé que estaban dormidos, pero estaban muertos, presos, mojados. Estamos muertos. ¿Quién lo diría, no? Tanto esfuerzo por un trozo de pan ácido, tanto dolor, la miseria cotidiana, la dolorosa marcha en cuadro unido por la línea del mar, junto a nuestros muertos y nuestros héroes, el inmundo secreto que no ha de violarse, los deseos reprimidos… y estamos muertos. He perdido años hermosos de mi vida siendo infeliz en este lugar muerto.
Calvin: Hay personas que mueren de hambre en otros lugares. No tenemos esa situación…
Margot: ¿Qué voy a hacer contigo, Calvin?
Calvin: ¿Dónde estabas?
Margot: En el bar.
Calvin: En tu bar.
Margot: Quería estar sola.
Calvin: Con el recuerdo de tu escritor.
Margot: También. Sí.
Calvin: Hay pocas estrellas. ¿Quieres bajar?
Margot: La noche está larga, pesada. Y comienzo a pensar. Me has dicho que no es bueno andar pensando todo el tiempo. Necesito pensar, me ayuda. Pensar cambia las cosas, o la mirada, al menos la mirada. Me pregunto qué necesita un hombre para vivir. No, me pregunto en realidad por qué ese hombre lo quiere todo, siempre algo más, y algo más, y todo a la vez… ¿Acaso no detienen su mirada los sabios en algo particular? ¿No sería más interesante conocer algo, simplemente algo que le haga feliz? Tiene un hambre milenaria de mundo y mujeres, un deseo de vivirlo todo, el infinito… No, hombre inexpresivo y parco, quien busca el infinito, pierde una finitud. Me siento tan sola a veces. El escritor es una ficción, Calvin, y esta novela, lo más real que he leído. Pero quiero un hombre real, un ser humano, quiero tener una conversación a fondo con alguien, y si es posible, llorar junto a esa persona, hablar de la muerte, de las madres, de los sueños y la incertidumbre. No quiero un hombre como él, que vista mis paredes con oro, me adorne y exhiba. Ojalá encuentre una mujer menos viva que yo, un poco más ciega y mortal. Ojalá.
Calvin: ¿Por qué sigues leyendo ese libro?
Margot: Son cosas diferentes un escritor y su libro. El escritor es un monstruo, pero La política es mi libro de cabecera.
Calvin: Déjalo. Busca otra novela.
Margot: No te voy a responder.
Calvin: Nunca lo vas a olvidar.
Margot: Joao Romstun, mediano, callado, con su chaqueta de cuero y tenis sucios. Lo recordaré así, sentado en el sofá del bar, en ese momento donde la mano comienza a temblar, y algo le dice que debe prender un cigarro. Adorable. El humo escapa por su boca tan suavemente… Solo puede ser un monstruo.
Calvin: No pienses tanto. Eres propensa a generar ideas.
Margot: De eso se trata.
Calvin: Pero cuando piensas mucho, te entran deseos de matar.
Margot: Será mi punto débil.
Calvin: O tu punto fuerte.
Margot: Puede ser.
Calvin: Margot, me gustas mucho. Eres tan imaginativa.
Margot: Pero…
Calvin: Pero siempre discutimos.
Margot: Sobre todo cuando hablamos de política. Nunca nos ponemos de acuerdo.
Calvin: Sí. En cambio, nos llevamos tan bien en la cama, y en lo demás.
Margot: ¿Te das cuenta? Todo el problema está en la política.
Calvin: No seas absoluta. Hay muchos problemas: está el medio ambiente, por ejemplo. La contaminación. Es un tema sensible, Margot. Ahora esta lluvia puede tener sustancias tóxicas por el accidente en la planta nuclear. El planeta está sufriendo muchos cambios, los recursos se agotan, y nosotros, ¿qué hacemos?
Margot: Vivir, hasta que termine todo.
Calvin: Es una posición muy cómoda: vivir.
Margot: Yo veo que es muy práctica.v
Calvin: Necesitamos algo por qué luchar. Está bien, dejemos la política a un lado. Pero está el medio ambiente. Luchemos por eso.
Margot: Yo lucho por mi vida, Calvin.
Calvin: A dónde irá el mundo si todos piensan así.
Margot: Adonde ha ido siempre. Al final.
Calvin: Todo sería una mierda.
Margot: No, querido, ya todo es una mierda. Llegaste tarde al discurso ambientalista. ¿En qué estabas pensando antes? Ah, claro, en la política. Nos vamos a morir a fin de cuentas, y aunque el mundo sea una basura en caída libre, va a durar más que tú y que yo. Lo mejor que nos puede pasar es que la tierra se vaya de eje y entre en un agujero negro. Me gustaría ser tragada por una de esas aspiradoras del espacio, tan rápido que no sienta dolor. Es lo mejor que nos puede suceder.
Calvin: Cálmate.
Margot: ¿Hace cuánto me espías?
Tiempo.
Calvin: Ocho meses.
Margot: A veces quisiera ser un perro. Preocuparme por asuntos más simples como dormir y comer.
Calvin: Confía en mí.
Margot: Lo siento, pero es difícil confiar.
Calvin: Haz lo que quieras, pero déjame verte. No me quites de tu vida. Necesito tenerte cerca.
Margot: Para seguir espiándome, haciendo informes sobre mí. ¿Quién te envió?
Calvin: No te preocupes, ya no espío.
Margot: No estoy preocupada, tengo curiosidad. Además, no soy tan peligrosa, porque solo me pusieron un espía. Sería terrible tener a esos acosadores detrás, que suelen golpearte y tirarte en la calle. A mí nunca me han gritado, golpeado, ofendido. Eres un espía muy inestable, ¿sabes? Te cambias de un lado a otro…
Calvin: No voy de un lado a otro. Estaba con ellos, y ahora estoy contigo.
Margot: Entiendo.
Calvin: Estoy contigo, Margot.
Margot: Estás conmigo porque descubrí que me estabas espiando. Eres tan predecible.
Calvin: ¿Te quedan Gauloises?
Margot: (Busca su caja y le da un cigarro.) Lo siento, tardaré un poco en creerte.
Calvin: (Prende el cigarro. Fuma.) Yo espero.
Margot: Eres tan persistente. Por favor, déjame sola.
Calvin: No.
Margot: ¡Vete!
Calvin: Tranquila, muchacha.
Margot: No me digas eso.
Calvin: ¿Te molesta?
Margot: Me estás provocando.
Calvin: Tranquila, mu… (Margot lo abofetea.) Lo hiciste.
Margot. Sí.
Calvin: Estás muy estresada. Me quedaré a cuidarte.
Margot: Vete, Calvin, déjame en paz.
Calvin: ¿Por qué no me dices lo que sientes? En serio, quiero ayudarte.
Margot: Calvin, vete.
Calvin: Margot…
Margot: Estoy demasiado tensa. Me alteras, voy a reventar si vuelves a abrir la boca. Vete, Calvin. ¡Vete!
Calvin se acerca al borde de la azotea, y se recuesta a la cerca.
Margot: No hagas eso. Está mojado. Te vas a… (Calvin
empuja la cerca.) ¡Te vas a caer!
v
Calvin: Déjame caer.
Margot: No eres un héroe.
Calvin: Soy uno de tantos héroes. Y voy a morir por ti.
Aunque, en realidad, me muero por un vaso con leche.
Margot: Bajemos. Te daré un poco, si es lo que necesitas.
Pero cálmate, por favor.
Calvin: Margot, ¿quieres casarte conmigo?
Margot: ¿El traidor y el héroe? ¿Dormir con el enemigo?
¿Una pistola bajo la almohada? Vas mal.
Calvin: Voy hacia ti.
Margot: Despégate de la cerca.
Calvin: ¿Por qué no puedes confiar?
Margot: Desde que era una niña estoy mintiendo,
desconfiando, odiando. Lo siento, pero es imposible confiar
en ti.
Calvin: Ayúdame, no tengo amigos, nadie con quien
conversar.
Margot: Está bien, te daré un vaso con leche y una
conversación. Después te irás.
Calvin: Vámonos.
Margot: ¿Qué?
Calvin: Lejos.
Margot: Calvin…
Calvin: Lejos, lejos, lejos, lejos, lejos…
Tiempo. En la habitación. Margot y Calvin acaban de
tener sexo. Mark está de espaldas a ellos, al fondo.
Calvin: ¿Cómo se lo vamos a explicar?
Margot: Silencio.
Calvin: Debe saberlo.
Margot: No. Que duerma. Tiene que descansar. Ha
matado a muchos hombres y necesita una siesta. ¿No
es hermoso, un hombre sentado, con los ojos abiertos
y sin mirar?
Calvin: Es triste. Hoy me miré al espejo y no había nadie.
Quiero decir, no había un hombre. Solo este cuerpo
que obedece por un plato de comida decente, por unas
vacaciones en el mejor sitio y un poco de dinero. Me reduje
a operaciones tan simples como «adelante», «sí,
señor», «procede»… No soy una máquina, no soy simplemente
un animal que se mira en el espejo. Aquí hay
un hombre. Estoy cansado de obedecer, de inventarme
cosas que no existen. No puedo creer más en cosas que
no existen. Hay muchos que van con los ojos abiertos,
sin mirar.
Margot: No quieren.
Calvin: ¿Y tú?
Margot: ¿Yo?
Calvin: ¿Quieres ver?
Margot: Por supuesto. Buscaré la vida en todas partes,
en los desconocidos.
Calvin: Seré tu confidente.
Margot: Ven acá, dame un beso.
Se besan.
Margot: Ahora vete. Déjame pensar.
Calvin sale. Margot se sienta en las piernas de Mark. Al
fondo, un campo abierto y soleado.
Mark: Los otros soldados están quietos en las trincheras.
Está prohibido salir hasta que den la voz de mando.
Matías mira a todas partes, mira a todos, incluso a mí,
como si pidiera aprobación. Cierro los ojos, no quiero
estar ahí. Entonces se levanta y echa a correr. Corre el
maldito como si tuviera el culo incendiado. Matías mira a
todas partes, menos al enemigo. Está corriendo, es uno
de los más rápidos, pero no hay hombres tan veloces
como balas. Le grito: «¡Matías, tírate, tírate al suelo!».
Lo hacen mierda, lo están haciendo mierda frente a mí.
No les basta que el tipo esté muerto, hay que hacerlo
trizas, batido de hombre en la tierra. Nada, sangre y
huesos,
y en unos meses, materia que va camino al polvo.
Posiblemente crecerán flores preciosas en ese tramo
de tierra. Crecerán cosas hermosas donde hicieron mierda
a Matías.
Margot se levanta la blusa lentamente. Mark le acaricia
los senos, cada vez con más fuerza.
Mark: Apenas tengo contacto con el mundo, pero
aún puedo pensar. ¿De qué me sirve pensar si no puedo
hacer nada con eso? Tengo tantos deseos de gritar…
Creo que voy a reventar de ideas. Estoy harto de las ideas.
Quiero hacer algo, algo que cambie todo de una vez. Me
muero por hacer algo. Las ideas me están desquiciando.
Palabras, palabras, discursos, historias, mensajes,
deducciones, teorías, planteamientos, conjeturas, reflexiones,
comentarios… ¿Qué hago con eso si no puedo
hablar?