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Entre la teoría y la realidad del fenómeno político*
Roberto M. Yepe
Después de haber leído el libro El poder y la política. El contrapunto entre razón y pasiones, de Carlos María Vilas, pienso que sin duda debe ser incluido como una referencia obligada y fundamental cuando se estudian los temas que aborda. Su autor es un destacado politólogo y docente universitario argentino, cuyas investigaciones y producción bibliográfica cubren un amplio campo de la teoría y sociología políticas y del Estado, análisis de políticas públicas, procesos de cambio político y desarrollo, dinámica política en sociedades multiétnicas y la sociología política de las revoluciones. Entre otros reconocimientos, recibió el Premio Casa de las Américas en 1984 por su libro Perfiles de la Revolución Sandinista.
Vilas ha sido tanto un observador como un actor del fenómeno político. Este conocimiento desde dentro se evidencia a lo largo de El poder y la política y le concede una indudable autoridad. De hecho, uno de los propósitos explícitos de la obra es contribuir a cerrar la brecha entre la teoría y la realidad del fenómeno político, en mi opinión ampliamente logrado.
El autor consigue desarrollar un asunto tan complejo con un alto rigor teórico, en un texto que es a la vez de agradable lectura y de gran utilidad tanto para el estudiante universitario como para el más erudito investigador Por él desfilan figuras principales del pensamiento político, como Platón,Aristóteles, Spinoza, Maquiavelo, Hobbes, Locke, Hegel, Marx y Mariátegui, entre otros, pero no como autores sagrados o intocables, sino que, como dice el propio autor, son tratados con una sana irreverencia, lo cual significa respeto y seriedad, pero también tener en cuenta las circunstancias y los escenarios en los cuales desarrollaron sus perspectivas y sus reflexiones, haciéndolos así más cercanos y comprensibles para el lector.
Vilas evita definiciones absolutas e introduce los matices y las acotaciones necesarias, apoyándose en referencias que evidencian un amplio conocimiento sobre las experiencias y procesos políticos reales, en diferentes momentos históricos y en las más diversas latitudes geográficas. Cuestiones como la naturaleza del poder; los medios y herramientas para su ejercicio; los respectivos esfuerzos para expandirlo y contenerlo; la tensión entre el poder y el derecho; la comprensión de la política como práctica de la organización y la conducción de la sociedad en función de determinados fines, y que implica algún tipo de combinación de la lucha entre adversarios y de procesos deliberativos entre iguales —negando así las respectivas visiones teóricas absolutas y excluyentes con relación a ambos aspectos—; los procesos de construcción del adversario político; la dimensión temporal de la acción política, es decir, el reconocimiento de la existencia de una política del tiempo y un tiempo de la política cuyos manejos pueden decidir su éxito o fracaso; así como la racionalidad propia o peculiar de la política y su combinación con factores emocionales e incluso irracionales; conforman el interesante conjunto temático del libro.
En varios momentos del texto, Vilas realiza breves pero agudas incursiones en el campo de la política internacional. Y aunque quedé con deseos de mayores elaboraciones, entiendo que ese no era el objeto de este volumen.
Estamos ante un libro que contribuye significativamente a la comprensión de la política tal cual es, pero que se distancia del pesimismo antropológico y de las visiones cínicas que quizás con cierta injusticia se le atribuyen al realismo político. Vilas nos da una perspectiva razonablemente optimista sobre las posibilidades de la política como herramienta de construcción y transformación en un sentido progresivamente emancipador del ser humano, aunque con plena conciencia de que la política también históricamente ha servido y sirve a las peores causas, y que se trata de un fenómeno sujeto a ciclos de avances y retrocesos.
Dicha visión optimista debe resultar particularmente estimulante para los más jóvenes, sobre quienes pesa la principal responsabilidad por las profundas transformaciones sociales que reclama un mundo que agonizará inexorablemente si no se logran imponer, precisamente mediante la lucha política a nivel global, nuevos patrones de reproducción económica ecológicamente sostenibles y una ampliación y radicalización de la democracia participativa.
A nivel mundial, la calidad del liderazgo político de los principales centros de poder muestra un panorama desolador desde hace varios años. Al margen de sus respectivas posiciones políticas e ideológicas, cabría preguntarse dónde están los Franklin Delano Roosevelt, los Churchill o los De Gaulle de hoy. Pero frente a esta situación a nivel general, nuestra región de América Latina y el Caribe, que ya ha tenido a Lázaro Cárdenas, a Perón, al Che, a Allende, y sigue teniendo a Fidel, puede enorgullecerse de haber contado también en estos años recientes —después de la oscura noche neoliberal con su larga lista de presidentes hoy impresentables y en varios casos verdaderos delincuentes— con líderes políticos y estadistas de la talla de Luiz Inácio Lula da Silva, Hugo Chávez, Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Evo Morales y Rafael Correa, que han sabido conducir procesos con una amplia participación popular para la recuperación de la dignidad, los recursos estratégicos y la independencia política de sus respectivas naciones. Es esa participación popular la que nos brinda confianza en la continuidad de estos procesos y en una creciente unidad de nuestra América, trascendiendo a los respectivos líderes políticos necesariamente coyunturales, y frente a la sostenida reacción de la oligarquía y del imperialismo.
Creo que de eso se trata la recuperación de la política de la que nos habla Carlos Vilas. Y ello también es muy relevante para un país como Cuba, en pleno proceso de transformación para enfrentar sus problemas y los importantes desafíos que plantea el futuro inmediato. Por todo esto debemos agradecer a su autor este excelente texto.
* Presentación del libro de Carlos María Vilas: El poder y la política. El contrapunto entre razón y pasiones (Editorial Biblos, Buenos Aires, 2013), realizada en la Casa de las Américas, La Habana, 19 de febrero de 2014.
De la enciclopedia tribal y un solitario
Caridad Atencio
Tenía miedo que no se cumpliera la voluntad de la verdad o la verdad misma cuando concurrí, con los otros dos miembros del jurado, a deliberar el Premio UNEAC de poesía correspondiente al año 2012. Pero me equivoqué. Otros ojos, otra mente fueron capaces de tener en cuenta una poesía en prosa escrita «sin ese drama autoconsciente que parece ser una parte constitutiva de ella. De modo que, si es poética, lo es probablemente porque trata de mantenerse cerca del modo en que hablamos y pensamos, sin esperar que lo que decimos sea recordado o registrado», donde el pathos y la vitalidad de la comunicación humana ordinaria se convierten en poesía.1 Nos referimos a Osos,2 de Larry J. González, quien hace pocos años también obtuvo el Premio David. Como un rasgo indudable de pertenencia de su autor a la más joven generación literaria, aquí se niega la enunciación lírica, pero se predica y protege lo imaginario, que —aunque semeja un territorio de azar— también establece un orden. Asimismo en muchas ocasiones la disposición elíptica de lo que narra aproxima el discurso a la enunciación poética. Para la composición del libro se nutre de lo rizomático: no sigue una manera preconcebida o uniforme, ensaya muchas, casi todas atrevidas, sobre tribus urbanas. Desfilan y son protagonistas de sus páginas fisiculturistas, tatuadores, prostitutas, mikis, gays, entre otros arquetipos, conformándose una especie de enciclopedia que el escritor concibe y conforma, a fin de cuentas, como un solitario que pasa, describe, siente y abandona. Así crea ficciones con las noticias que lee en la WEB, que terminan siendo más bien realidades recreadas por la imaginación, por ejemplo, sobre grandes magnates de la moda, top models, actores porno, etc.3 Pues, como afirman los estudiosos sobre el tema en la actualidad, el aumento de la variedad de tribus urbanas se debe fundamentalmente al considerable incremento de la accesibilidad a la información por diferentes vías: internet o la introducción desde diferentes países de productos de comunicación audiovisual. Estas asociaciones espontáneas comparten un mismo estilo de vida (forma de vestir, peinado, gusto por un género musical, modo de comportamiento y proyección social, empleo del tiempo libre, entre otros factores). Así la imaginación, equívoca o certera, poetiza un mundo —la imaginación crea el misterio— y lasasociaciones no son ya filosóficas sino instintivas, en las que la ironía y el humor se invierten —fábula y cinismo empiezan a ensancharse juntos, fábula y vida cotidiana desgastante. Así el tatuaje puede convertirse en un amuleto protector para la vida. En tal sentido, en la simbiosis entre forma y contenido que teje sobre estas realidades, inusuales dentro del hecho poético, legitima el relato inconexo o casi absurdoocurren escamoteos escalonados o continuos de los hechos, como manera inusual de contar la historia, donde abundan los argumentos fragmentarios, interrumpidos o irruptores, y se percibe el golpe nulo o camuflado de la consecutividad. El mosaico aparece como lo narrativo. «Lo indeterminado o discontinuo y la temida pérdida de una perspectiva única son característica»4 de este poeta que avanza entre las poéticas experimentalistas postmodernas— o carnavaliza hechos sagrados e instituciones de prestigio ancestral a través de una estética a veces tribal, a veces gay.5 También utiliza elementos del habla coloquial para rebajar el efecto desgarrador de lo que cuenta. O logra el escamoteo de lo emotivo aludiendo a un acto de azar: la vigilia encontrada en la superficie efímera, demostrando, al decir de Eliot, su función como poeta en relación al lenguaje vivo6.
Se describe un mundo sórdido donde comerciar te lleva a conservar lo más preciado de ti, donde conservar es un acto dialéctico. Se recrea la realidad abismada, y el sujeto en seducción por sus múltiples orillas. En el mundo cerrado de las tribus urbanas, el protagonista —el yo personaje y narrador— halla su verdadera salvación, después de haberla intentado por vías más expeditas, en la reverberación de clímax y anticlímax. Es el tribal que va de tribu en tribu, y que, sin negarlas, se separa, «subido» sobre su propia historia, después que ha aprendido que «respetar a los muertos, es piedad; y el imperio, sea cualquiera en quien resida, nunca debe conculcarse. Tu independiente carácter te ha perdido».7 Entonces la ironía muere en un sarcasmo dulce, chip, contento de su intrascendencia. Aunque una profunda, y a veces imperceptible, amargura se advierte en la nimiedad del cinismo quecuenta. Pero el pathos se oculta con el pathos, con aquel que irrumpe cuando se teje con demonio un mundo verdaderamente poético.
Por eso, amén de advertir la presencia en Osos de una ruptura conceptual, el mismo se conecta con la tradición, de igual modo, porque sigue la idea de Lezama de que la poesía encarna en la realidad, porque, aunque lograda con una frase coloquial, se muestra aquí, en varias ocasiones, la dicotomía alto / bajo como señal de superación —trascendencia— del sentido del dolor, de lo efímero mediante la escritura.8 Confundir el pasado con el presente mixturando lo intrascendente del pasado y lo trascendente del presente es una de las maneras en que Larry logra la originalidad y la intensidad, y es fiel a su poética donde se construye una balada de lo impreciso, donde son consustanciales la alusión, los ocultamientos, la codificación, las referencias, sutiles o complejas, a elementos específicos de una subcultura, la carnavalización, entre otras formas, pruebas de las múltiples texturas de que hacen gala estas construcciones bien urdidas. Lo que habla a favor de su autor, si pensamos en otros poetas jóvenes cubanos, más interesados en decir que en potenciar su discurso. Un ejemplo puntual de dichas referencias sutiles son los motivos de índole homoerótica que aparecen en las formas más insospechadas o escurridizas, por no decir casi siempre intelectivas, ofrecidas o no desde la simulación, dígase una película sobre el tema, un actor, un famoso bar, un reconocido artista plástico con esa condición, el significativo travestismo del «yo lírico», la irrupción de un anhelo, etc. Pareciera que el texto tiene un destino incógnito como la realidad —he ahí una de sus mejores virtudes— Pues hay un relato metafórico detrás de estas historias cotidianas y tribales que entrega, del solo y su bestiario, que encarna como misterio en lo real. Pareciera que este poeta ha llegado para asombrarnos siempre, y desde su preludio, pues los caballos vencedores son los que se ven en el momento de partir.
1 Peter Stiff. Entrevista a John Ashbery en Confesiones de escritores. Poetas. Los reportajes de The Paris Review, El Ateneo, Buenos Aires, 1997, p. 26. 2 Larry J. González. Osos. Ediciones Unión, La Habana, 2013. 3 En estos textos el sujeto se desdobla: puede ser él después de haber sido aquel que se quiere ser, y que ha seguido o descrito desde su llamativa vida dentro de los medios. En su cualidad de texto postmoderno, se narra aquí una historia paralela, no lo que pasa en la película, sino lo que ocurre en la vida de los actores mientras la filman, y el protagonista, especie también de «yo lírico» toma la piel de una de sus actrices, en los derroteros de su imaginación y alguna que otra coincidencia en sus historias de vida. Véase en este sentido el poema «Melancholia». 4 Martín Rodríguez Gaona. «Pirografía: El fantástico naturalismo inconsciente » en Jonh Ashbery. Pirografía. Visor, Madrid, 2003, p. 9 5 Véanse los poemas «Las tres holy», «La mikansia», y «La Trata I» También avanza con parodia y desacralización, revistiendo el desgarramiento. 6 Encontramos líneas muy narrativas, pero también muy poéticas —metafóricas— que hablan del talento de su autor: «Estoy sobre el vertedero porque voy a hacer fotos en lo que queda de nuestra casa frente a los raíles». Ver «El Erizo (primer Viaje)». 7 Parte del exergo de la Sección recogida en el libro bajo el nombre «Vegas», y parlamento del Coro en Sófocles, que se constituye, a mi modo de ver, en poética del libro. Allí también encontramos un exergo construido con un préstamo abierto de Teoría del alma china de Carlos A. Aguilera, o el aparente contrapunto entre los títulos —que pueden ser citas del libro de la Cultura Tribal— y el contenido del poema, algunos de los rasgos que prueban la naturaleza postmoderna de Osos. 8 «Justo minutos antes de caer rendido me pego al techo». «Abro los ojos. / Subo a la segunda planta. / Escribo y veo el bosque. / (secuoyas)». |
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