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Denken en Feria*
Desiderio Navarro

El Centro Teórico-Cultural Criterios, dirigido por el investigador y ensayista Desiderio Navarro, presentará en la 23 Feria Internacional del Libro de La Habana dos volúmenes que recogen las primeras cincuenta entregas (febrero 2011-abril 2012) de su e-zine Denken Pensée Thought Mysl..., de Pensamiento Cultural Europeo.
Con estos dos volúmenes (y un tercero de próxima aparición) el lector cubano tendrá en sus manos un privilegio único en lengua española y en otras lenguas de la propia Europa: una publicación que, a los cuatrocientos trabajos traducidos y divulgados por Criterios, suma una rigurosa selección de ya más de setenta textos teóricos de destacados autores de veinticuatro países europeos ―Alemania, Austria, Bélgica, Bulgaria, Chequia, Croacia, Dinamarca, Eslovaquia, Eslovenia, España (Cataluña), Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Macedonia, Noruega, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumanía, Rusia, Serbia y Ucrania― en traducción directa de sus veinte lenguas originales.
Eminentes pensadores ―algunos de tanta fama mundial como Groys, Castells, Lotman, Moi, NederveenPieterse, Suvin, Bishop y de Marinis―, y también figuras noveles como Nonevski, Paljesek y Dergunov, abordan en ellos problemáticas y temas de suma actualidad, como diversidad e identidad cultural nacional, el papel de los intelectuales, el mercado del arte, las celebridades, religión y laicismo, performance, curaduría, diseño urbano, feminismo, pornografía, prostitución, burocracia, democracia e Internet, transición postcomunista, teatro de ideas, apropiación artística, el cine nacional, la intertextualidad musical, la literatura para niños y el mito en la actualidad, entre muchos otros de literatura, artes plásticas, teatro, cine, danza, música, televisión, cultura y sociedad.
En su afán de divulgar en Cuba el pensamiento literario, artístico y sociocultural mundial en sus mejores exponentes y de contribuir a dinamizar la actividad crítica e investigativa nacional, Criterios aprovechó los avances tecnológicos de la era digital para crear tempranamente, a principios de la década de los 90, con la ayuda del CENIAI, un rudimentario y efímero boletín electrónico; más tarde, en el 2006, fundó el sitio web www.criterios.es; en ocasión del debate de 2007 sobre el Quinquenio Gris, comenzó a utilizar el correo electrónico como un medio de diálogo y distribución de textos de conferencias públicas y dossiers a manera de un «blog-virtual-por-email»; desde 2009 ha realizado sucesivas entregas gratuitas en soporte digital de selecciones de valiosos artículos y libros extranjeros de las más diversas disciplinas, temáticas y países —«Los Mil y Un Textos en Una Noche»—, que ya suman 4004 títulos, y, por último, en 2011, utilizando a la vez el e-mail y su sitio web, creó el e-zine Denken Pensée Thought Mysl… de Pensamiento Cultural Europeo, cuyos primeros cincuenta números digitales recibe hoy el lector en forma de libros impresos en papel. «¿Por qué el europeo?». «¿Por qué también en papel?»
Lamentablemente, en el trabajo de divulgación y actualización académica, al tratar de cubrir una mayor cantidad de países dentro de los mismos límites de espacio gráfico y con las mismas capacidades de trabajo especializado, cuanto más «mundial» es la representación, tanto más tenues se hacen las imágenes de la producción de regiones y países que se pueden ofrecer dentro de dichos límites. De ahí que concibiéramos dos proyectos, por así decir, lingüísticamente realizables por Criterios de manera sucesiva: primero, un e-zine que se concentrara en una región, Europa, constituida por una treintena de países con una rica diversidad y productividad intelectual conjunta que no está dada solo por Francia, Alemania, Reino Unido e Italia; y, seguidamente, estrechando aún más el foco de la atención, un sitio web o e-zine dedicado a la producción teórica de un solo país que, como, por ejemplo, Polonia, pudiera mostrar al mundo grandes personalidades y obras, fecundas escuelas, tradiciones y tendencias en las más diversas disciplinas culturales.
Por diversas razones históricas, España no ha desempeñado idealmente el que pudiera ser visto como su papel «natural» de mediadora entre la Europa de la que es parte geográfica, cultural y política, y el mundo hispanófono del que también es parte cultural. Y es que la propia España, al igual que muchos otros países de la propia Europa, aún dista de estar al corriente de primera mano de la producción intelectual de la mayoría de los demás países europeos. Recordemos que la recepción española de los formalistas rusos y Bajtín fue mediada a través de Todorov y la Kristeva en Francia; la de Lotman y la Escuela de Tartu, a través de Umberto Eco en Italia y de Criterios en Cuba; la de Tatarkiewicz y Morawski, a través de las ediciones anglosajonas... Todavía hoy en el mundo de habla hispana, el «descubrimiento» o la divulgación de muchos autores, como Zizek o Groys, sólo se produce cuando los mismos comienzan a escribir en, o son traducidos a, una de las otras grandes lenguas euroccidentales. Otros fenómenos no son «descubiertos» nunca (el neoestructuralismo polaco, las escuelas de Nitra y Zagreb) o lo son tardía y limitadamente (la Escuela de Praga). Y precisamente a la ulterior europeización, al conocimiento mutuo de las vidas intelectuales de los distintos países europeos, se dedican hoy día en la Unión Europea toda una serie de instituciones, fondos, eventos, publicaciones, premios, etc. Lamentablemente, hasta en Eurozine —revista electrónica integradora de «las principales revistas culturales de Europa» (Viena, 1998), cerca de 100 revistas de 34 países europeos, y dotada de cuantiosos recursos económicos—, entre los 2755 artículos que ofrece, hay sólo 17 traducidos al español —y traducidos exclusivamente de otras grandes lenguas occidentales, no de las restantes europeas.
Por otra parte, aquí y ahora, el número aún enorme de no-poseedores de desktops, laptops, tabletas, e-bookreaders, cuentas de correo electrónico e Internet en el sector cultural-educacional tomado en su conjunto, así como el acceso limitado en materia de tiempo de máquina y volumen de recepción en sitios de uso social de esos medios, nos ponen ante la realidad de un gran número de destinatarios de las ediciones de Denken… que no pueden recibirlas y/o leerlas digitalmente a voluntad. Para ellos en primer término son estos volúmenes, que, además, serán aprovechables también por aquellos cuyo apego a hábitos de lectura en papel impreso y encuadernado, o hasta cierto fetichismo del objeto-libro, es lo único que los mantiene alejados de los textos en pantalla, a un precio cultural cada vez más elevado.
Catalina, un momento singular*
Manuel García Verdecia

Con José Martí aprendí que las moradas se parecen a los hombres que las construyen. En su hermoso ensayo «La historia del hombre contada por sus casas», el Maestro hilvana un hermoso cuento de los afanes y vicisitudes de los seres humanos a partir de los modos en que forjaron y acondicionaron el espacio para su existencia. Allí me percaté de que las casas estaban hechas no solo de piedras, ladrillos, concreto, sino también de temores, apremios y ambiciones. Porque, a pesar de ciertos dogmas y prejuicios que se han querido fijar en nuestras mentes, Martí nos advierte, para que no nos dejemos engañar, que «el hombre es el mismo en todas partes, y aparece y crece de la misma manera, y hace y piensa las mismas cosas, sin más diferencia que la de la tierra en que vive». Buen purgante contra empachos chovinistas o de supremacía.
Esto vino a mi mente mientras me deleitaba con una suculenta novela que irrumpe con distinción en el fatigado panorama de la narrativa cubana actual. Hablo de Catalina, la obra con que el arquitecto Mario Coyula se estrenó en el género. Digo en el género y no en las letras porque fue un autor relevante con artículos y ensayos sobre arquitectura y urbanismo. Sus iluminadores y polémicos textos sobre esos temas, resaltan por la puntual agudeza de sus planteamientos, así como por su sensibilidad y honradez para defender los derechos del hombre a través del medio arquitectónico que lo rodea.
La novela cuenta la historia, según la siente y entiende Coyula (es ficción ante todo) de una pareja de amantes que existió en La Habana de principios del siglo xx: Catalina de Lasa (nuera de la filántropa Martha Abreu) y Juan Pedro Baró, ambos de añeja prosapia en la sacarocracia cubana. Ellos repiten una vieja historia universal que ya conocemos desde los amantes de Verona. Casada por arreglos familiares con el rico Pedro Estévez, conocerá los verdaderos temblores y azares del amor en una relación tangencial con Juan. Esto la arrinconará en la comidilla, el escarnio y la separación de sus hijos. Sin embargo a partir de entonces, luego de un segundo matrimonio, parece vivir su verdadera plenitud. Por supuesto que el autor nos abre las puertas a las intrigas que se tejían en torno a las familias adineradas y sus supuestos o ciertos rejuegos sexuales. A la anécdota central se suman otras que tienen que ver con las circunstancias en que vivieron, con el mundo (el actual en la Isla) que le ha correspondido atravesar a su principal narrador y protagonista, el arquitecto que intenta reconstruir la vida de Catalina.
Se nos narra la constitución en el tiempo de ambas familias, sus afanes económicos en la producción azucarera, sus relaciones con los esclavistas y luego su participación en la guerra de independencia. Por tanto, en el relato historia contextual y biografía de los personajes siempre andan anudados. De modo que participamos de una historia colateral de La Habana y de Cuba, con una atinada disquisición sobre los matices que debemos tener en cuenta para leer otros tiempos y ver tanto las manchas como los méritos, sobre todo con la denominada seudo-república, pues no debemos renunciar a ver nuestro propio tiempo críticamente. Hay toda una serie de datos y elementos anecdóticos, muchos de ellos reales, que dan fuerza de saga a las vidas de estos personajes, tan íntimamente trenzadas con los destinos de su país.
Comienza la obra con la vuelta de Catalina a Cuba, tras su muerte en París, para ser inhumada en el colosal panteón que ha mandado a fabricar para ella su esposo Juan al notable arquitecto Lalique. Es una ingeniosa obra «un gran prisma blanco del mejor Carrara… con enormes puertas de granito negro, un gran arcángel rezando», «como friso una guirnalda continua… con tu flor tallada, la rosa Catalina Lasa», con tragaluces de vidrio de Murano, «en vidrio entre rosa y malva», todo un inusitado esplendor para guardar en la muerte a quien fulguró en vida con su belleza. Desde ahí, arquitectura y vida, inteligencia y sentimiento, arte y cotidianidad, se entretejen para contar esta interesante y desbordada historia donde seguimos un destino, pero también un contexto complejo donde nosotros mismos nos inscribimos y cuyos embates nos afectan. Observamos minuciosamente cómo el ser humano se construye un sentido a partir del espacio que crea para su devenir y goce.
La arquitectura tiene un peso sustantivo en la novela: es el motivo que desencadena la investigación sobre la prisionera de aquel mausoleo, y también prisma para visualizar épocas con sus poderes, intereses, tendencias y maneras entronizados. Se describe la mansión de Catalina, además de su sepulcro, otras casas de La Habana, elementos de París, Viena y Londres, con referencias a estilos y arquitectos con sus aportaciones. También es barómetro para precisar el clima de degradación y negligencia con que los hombres, bajo determinadas circunstancias y apremios, abandonan las ciudades y sus edificaciones. Es tal la gravitación que la arquitectura adquiere en el texto para entender las personas, sus afanes y competencias, que casi la sentimos como un personaje supraindividual y pantagruélico. En algún instante el propio arquitecto-narrador-protagonista expone lo que parece ser el eje sustantivo de la novela: «es que me gusta relacionar edificios y sitios con historias personales».
Entonces vemos que la novela se ramifica en ciertos elementos de sentido que amplifican su núcleo anecdótico. La trama deriva por varios planos principales de relato. Uno es el de Catalina y su romance con Juan Pedro Baró, que la llevó al rechazo y el aislamiento; otro, las edificaciones que tuvieron que ver con Catalina y, por extensión, su ciudad, La Habana, las ciudades por donde pasó, anheló y dejó huellas sensibles. En esos espacios se han movido seres, han materializado sus empeños y razones, han tatuado sus prepotencias y mezquindades (como en ese mausoleo saqueado), y han vislumbrado las inminencias hacia donde derivan.
Por último, es el narrador y su empecinado sortilegio por esa mujer, lo que se torna obsesión por entender un drama personal y un momento del arte constructivo, y al mismo tiempo, análisis de su propia situación y perspectiva como persona, en algo que él mismo teme corroborar, «sé que evito usar la palabra verdadera, amor. No estoy loco, tengo muy claro todo lo que nos separa, pero la necesito…». Creo que Catalina es solo un espejo y que el verdadero centro de interés de la obra es este personaje reflexivo, dubitativo, inquiridor, que pasa por su centrífuga de análisis tiempos, espacios, razones y dilemas para aprehender mejor su condición actual. Es un modo de entender al ser humano y a su trasfondo histórico y cultural, unas razones epocales y un resultado que el narrador enfrenta diariamente al salir a la erosionada ciudad. Recuperar esto es parte de mantener su sensatez y sensibilidad.
Uno de los elementos más atractivos de la novela es su perspectiva. Nos enfrentamos a una narración de una ventajosa polifonía. El autor no se ata a un solo punto de vista, sino que hace por meterse en los huesos de sus personajes para sentir, ver, pensar como ellos y así dar una historia menos convencional, más rica en ángulos vivenciales. A veces narra cada uno en primera persona, otras cuenta el arquitecto desde su distancia; pero también dialogan los personajes entre sí, en instantes que pueden localizarse en los años de la vida de aquellos, o conversar el arquitecto desde el presente con el pasado de sus personajes, incluido el tiempo de la muerte (precisamente la novela se abre con un monólogo de Catalina ya muerta que cuenta lo que siente en su traslado hacia la Isla). Igualmente se incluyen cartas entre distintos protagonistas principales y secundarios que ayudan a matizar con circunstancias, emociones y datos, todo el tejido de la espinosa relación.
Un aspecto de fuerte tensión por sobre toda la novela es la actitud del narrador principal. Este arquitecto que, atraído por un espacio, se ha deslizado hasta el umbral de un raro afecto por un personaje ya extinto, alcanza un sutil estado surreal. Confiesa:
Y treinta años más tarde, después de tantos torpes intentos por alcanzarla, o al menos vislumbrarla, no ya verla, menos aun retenerla, comprendo que esa fue la primera vez en que empecé a sentirla, porque Ella es el Silencio, que se aleja cuando lo buscas, y se acerca coquetamente, cuando menos lo esperas. Llevo prendido algo de esa luz furtiva, o más bien la invento, cristalizada por el tiempo y la distancia […] sé que al empeñarme en buscarla avanzo inevitablemente hacia la destrucción de aquello que persigo, pero no puedo evitarlo.
Esta búsqueda se ha tornado en aliento de vida y razón de sus actos y sueños. Es el prisma por donde observa todo cuanto es y cuanto ha sido, cuanto tiene y no tiene, así como el tiempo y el espacio que le rodea.
El acercamiento a la mansión donde reinara aquella bella y transgresora criatura deviene suerte de Troya a conquistar:
Todo empezó por aquella altiva mansión que cubre media manzana de El Vedado […] fue convertida en Casa de la Amistad Cuba-URSS […] Los tiempos cambian, el nombre se redujo a Casa de la Amistad, la solidaridad proletaria evolucionando con sentido práctico hacia la ganancia, restaurante, cafetería, jardines alquilados para fiestas…
He aquí cómo el espacio explica el tiempo. Los rasgos materiales hablan de las veleidades y permutaciones de la mente de los hombres.
En esta obra, que como toda novela con auténticas intenciones estéticas tiende a la totalidad, hay cientos de sutiles observaciones y disquisiciones sobre la historia de Cuba y su cruce con los sucesos mundiales, la política y las artes de esos años, el trato a los inmuebles y las ciudades, las relaciones entre clases, el vínculo entre arte y vida diaria, el peso de las frivolidades en el discurrir de la vida, las razones de la moda y de los cambios culturales, la maneras de ser de los isleños, etc. Todo esto hace que cada línea, cada párrafo se disfrute con el gusto de un coloquio enriquecedor y detonante de otras actualizaciones reflexivas.
Un lector sensible irá por la novela sintiendo a cada instante un pálpito de amor y dolor. El viejo dilema de eros y tanatos se reanima en el texto. No solo hacia una hembra de belleza espléndida, sino hacia lo que construyen y destruyen los hombres con su inteligencia y su odio, a una ciudad y un tiempo donde obraron altos fulgores. Es una lectura altamente enriquecedora por los no pocos momentos ensayísticos que tiene, donde el narrador nos habla de arquitectura, de signos culturales que caracterizaron todo el período visitado, de ciudades vistas como solo un conocedor puede verlas, sentidas desde sus entrañas que a veces no percibimos. Así mismo hay muchas sutiles observaciones sobre las veleidades humanas, los desatinos de asumir ciertas verdades, las manipulaciones del poder, y la estupidez cotidiana de los hombres sin atributos.
Novela inteligente, culta y sensible no abre nuevos derroteros, pero anda distinguidamente sobre los que ya están constituidos. Sirve para repasar una situación humana, e igualmente un tiempo y unas circunstancias, con sus bellezas y fealdades, para conocimiento sin olvido y también para que recordemos que los seres humanos solo tenemos un aire que empuja nuestro vuelo: vivir intensamente con el amor y la belleza como propulsores. Todo lo demás es anécdota, incidente, que si no ayuda a este vuelo, solo obstruye y fatiga.
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