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La telaraña cubana de Trujillo *
Enrique Cirules

I
Acabo de leer ochocientas páginas de la investigación realizada por el Dr. Eliades Acosta Matos, bajo el título La telaraña cubana de Trujillo (ediciones del Archivo General de la Nación, Volumen CLVII, Santo Domingo, 2012), que puedo asegurar que se trata de uno de los más reveladores y fascinantes textos sobre Cuba y la República Dominicana, en los veinticinco años que antecedieron al triunfo de la Revolución cubana.
En dos tomos, Acosta Matos nos entrega un texto que deleita y asombra, para conocer y profundizar en espacios históricos desconocidos, rodeados de misterio y de incógnitas.
La telaraña cubana de Trujillo es la historia de la tiranía, del crimen y la infamia del general Trujillo en República Dominicana, y sus relaciones, entrelazamientos y contradicciones con la Mayor de las Antillas, durante el proceso de conformación de un Estado Delictivo.
En esta obra de Acosta Matos, que al mismo tiempo es un texto de consulta, estudio, y apertura, a través de cual se nos va revelando con un conjunto de las actividades secretas, entrelazadas, que se produjeron entre Cuba y la República Dominicana, signadas por las operaciones encubiertas emprendidas por el general Leónidas Trujillo, cabeza visible de los intereses estadounidenses en el Caribe, entre 1930 y 1961, cuando ya, poco menos que desechable, un comando armado terminó por completar su ajusticiamiento.
Por las páginas de La telaraña cubana de Trujillo transitan los más disímiles sucesos que estremecieron y degradaron a la nación cubana, en los desmanes y mezquindades de la actividad delictiva y mafiosa de Estados Unidos; es la época de grandes entrelazamientos entre la política y el crimen organizado, y los intereses estadounidenses. Época de coincidencias y profundas contradicciones, urdidos y dilucidados a través de una fabulosa urdimbre de la actividad de inteligencia, generadora de crímenes, infamias y mezquindades.
Es significativo que esta espléndida obra investigativa pueda leerse también como si se tratara de una fascinante novela, sin que deje de ser una profunda investigación histórica, y un documento ensayo de incalculable valor para entender los secretos del escenario político militar. Documento de estudio y reflexión de la época en que los servicios especiales estadounidenses mayoriaban los destinos de los pueblos latinoamericanos, a través de dictaduras que garantizaban la subordinación de las economías de América Latina y el Caribe a los intereses y proyectos de Estados Unidos.
En La telaraña cubana de Trujillo encontramos una enorme cantidad de referencias sobre la realidad económica, política y social de los dominicanos y los cubanos. El estudio de este asombroso texto del Dr. Acosta permite asegurar que Trujillo, después de Estados Unidos, fue el enclave político del poder aparente que más influencia y actividad práctica ejerció sobre la historia y el destino de los cubanos, durante los veinticinco años que antecedieron al triunfo de la Revolución cubana.
Si esta obra de Acosta Matos constituye un aporte de gran alcance para el conocimiento y estudio de la realidad histórica del arco antillano, constituye también, a su vez, un aporte para abrir nuevos espacios a la comprensión y el conocimiento de la dominación norteamericana sobre el Caribe y Centroamérica, a través de las clásicas dictaduras fascistas, organizadas, promovidas y sostenidas, por los Estados Unidos.
Esta modalidad del fascismo, le permitió a Estados Unidos someter el destino económico, político y cultural de América Latina, y en especial a la siempre inquieta región del Caribe y Centroamérica.
Esta investigación de Acosta Matos, en una dirección temática desconocida, muy poco estudiada, en la Era de las operaciones encubiertas, en la que prevalecía una filosofía de hacer, y cambiar realidades, sin dejar rastros, convierte a La telaraña cubana de Trujillo en un clásico de la investigación histórica contemporánea.
Dije anteriormente que asombra la prodigiosa aportación de datos, documentos, notas, cartas, referencias, informes, análisis, planes y proyectos que ofrece la obra de Acosta Matos. De esa manera, los lectores se sumergen con el autor en la búsqueda y el hurgar de la historia, para encontrarse con los más diversos personajes de la infamia, esos que fraguaron, que proyectaron, y ejecutaron los más insólitos desmanes y nutrieron con sus actividades las grandes infamias.
Los dos libros de Acosta Matos se centran en ese espacio de tiempo que va de 1934 a 1958, época en que los servicios especiales, la mafia y los grupos financieros radicados en los Estados Unidos conformaron en el archipiélago cubano el típico Estado Delincuencial contemporáneo.
Como en una vorágine, por las páginas de La telaraña cubana de Trujillo, transitan las relaciones secretas de Gerardo Machado, los entrelazamientos y contradicciones con el clan político mafioso que, como cabeza visible regenteó el sargento-coronel-generalpresidente Batista; los más ilustres jerarcas de los periodos de gobiernos auténticos; y a partir de marzo de 1952, de nuevo con el general Batista.
Nombres de prestigiosos intelectuales, periódicos y periodistas, cadenas de radio, grupos operacionales, y agentes secretos de inteligencia, basados en La Habana y Santiago de Cuba, contribuyeron de manera efectiva al proceso de feroz represión trujillista contra el movimiento revolucionario dominicano y sus personalidades.
Es una suerte que el Dr. Eliades Acosta Matos rastreara en los archivos secretos (espulgados) de República Dominicana, porque a través de esa fabulosa papelería, cartas, documentos, informes, legajos y ordenes, ha podido reconstruir, paso a paso, algunas de las más pavorosas operaciones que se realizaron en el Caribe, desde finales de los años veinte a 1961 del pasado siglo.
Personajes conocidos por los lectores cubanos (y otros sumergidos), entre otros muchos, aparecen y ocupan importantes y significativos espacios en el proceso de la investigación: por supuesto que Trujillo y su clan tiránico, Batista y su estructura político militar mafiosa; los jerarcas del Autenticismo, encabezados por Grau San Martín, Genovevo Pérez Damera, José Manuel Alemán, Carlos Prío Socarrás, José Ignacio Rivero, además de Carlos Saladriga, Santiaguito Rey Pernas, el coronel Cowley, Policarpo Soler, Rolando Masferrer, «El Extraño», Rafael Soler Puig, El Muerto el coronel Blanco Rico, los Tabernillas, Miguel Suárez Fernández, José Suárez Rivas, Orestes Ferrara, Jaime Mariné, Aureliano Sánchez Arango, Tony de Varona, el general Eulogio Cantillo y el coronel Ugalde Carrillo, entre un listado mayor.
No faltan, por supuesto, los célebres del Imperio. Ni los sucesos y personajes, en acciones insospechadas, cubiertos por una nómina de periodistas, escritores y órganos de prensa al servicio incondicional, secreto, de Leónidas Trujillo, entre políticos y militares
Las grandes operaciones alrededor de la frustrada expedición de cayo Confites, en 1947; y los entrelazamientos y proyectos conjuntos con una CTC cubana regenteada por Eusebio Mujal y la presencia de los lobby trujillistas, no solo en Cuba, sino también en Estados Unidos, Venezuela, México, Chile, y el resto del Caribe y Centroamérica; así como las relaciones con el clan de los Somozas en Nicaragua, los Rojas Pinilla en Colombia, los Carias en Honduras, los Pérez Jiménez en Venezuela, y los Duvalier en Haití.
Y está, por supuesto, las repercusiones y desafíos que conmovieron a toda la región, el ataque al cuartel Moncada, y el proceso que condujo a la guerra revolucionaria dirigida por Fidel Castro, que acabaría por destrozar el aparato militar organizado, dirigido y apoyado por Estados Unidos en Cuba, y el resultado consecuente de que los torturadores y asesinos fueron recibidos por Trujillo. Una parte sustancial del clan mafioso batistiano, con Batista a la cabeza.
Pero Acosta Matos no solo se concentra en las actividades secretas realizadas por la dictadura Trujillista, en un entrelazamiento de intereses con el Estado Delictivo conformado en Cuba, sino que, en sus afanes investigativos, Acosta va más allá y encuentra la existencia de no pocas contradicciones entre los regímenes fascistas de estas dos naciones caribeñas. En ese sentido, entre asombros, en la medida en que el lector avanza en la lectura de La telaraña cubana de Trujillo, va entrando en contacto con un impresionante conocimiento, y el resultado es una mayor y precisa información de las contradicciones entre estos dos regímenes en los prolegómenos de 1956, cuando el clan político militar batistiano llegó incluso a elaborar un proyecto de invasión a República Dominicana, con la utilización del Ejército cubano.
Estas contradicciones, entre uno y otro dictador, pusieron en primer plano las actividades de elementos cubanos al servicio de Trujillo, entre los que se contaban «El Extraño », «El Muerto» y Eufemio Fernández, así como Policarpo Soler, ordenado general por Trujillo en República Dominicana, que se dedicaron a estudiar los posibles planes de asesinato contra el general Batista.
Esto, para 1956, desataría un proyecto de plan estratégico de invasión del Ejército cubano para el asalto a República Dominicana, utilizando siete columnas de dos unidades de 500 hombres cada una, que deberían partir a la hora cero desde siete puertos o enclaves en la región oriental de Cuba. La fuerza A, zarparía del puerto de Nuevitas; la fuerza B, desde Puerto Padre; la fuerza C, de Gibara; la fuerza E, desde Santa Cruz del Sur; la fuerza F, de Campechuela; y la fuerza D, desde el puerto de Santiago de Cuba. Antecedería a este desembarco de tropas, un ataque aéreo contra las posiciones, bases y cuarteles militares de Trujillo.
Sería demasiado extenso reseñar todo el universo investigativo realizado durante largos meses por Acosta Matos; y sería, además, una manera de arrebatarle a los lectores el placer de ir descubriendo el fabuloso complejo de relaciones secretas, a través de uno de los más fascinantes libros que abordan las historias de lo acontecido entre Cuba y la República Dominicana, en una época caracterizada por desmanes, crímenes y desafueros, con la tolerancia de Estados Unidos, a través de las dictaduras tropicales, y la mirada siempre tolerante de los servicios especiales del Potomac, operando en el escenario del gran Caribe.
La Habana, 12 de enero del 2015.
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